Una foto con Obama excesivamente cara

Estos días son críticos para el futuro del TPP, al menos a nivel internacional. Como es sabido, los ministros de comercio de los países que negocian el Acuerdo Transpacífico se encuentran reunidos en Singapur, con el fin de cerrar políticamente todo aquello que los negociadores técnicos no han podido, en más de tres años de negociaciones.

Las dudas respecto de la transparencia del proceso y los graves perjuicios que el TPP traerá a las economías en vías de desarrollo -como la chilena- siguen presentes y no parecen resolverse, pese a la gran presión que existe en la comunidad internacional.

Durante los últimos días, una nueva filtración ha levantado las alarmas de la prensa mundial. Un par de documentos de trabajo, que parecen ser posteriores a la última ronda técnica en Salt Lake City, se han hecho públicos. A diferencia de los “leaks” anteriores, se trata de apuntes y no de documentos oficiales, pero en ellos puede verse la gran cantidad de desacuerdos que aún persisten en los capítulos más problemáticos del TPP, incluyendo propiedad intelectual.

Algún observador ocasional podría llamar a la calma, al notar lo lejos que parecen estar las negociaciones de llegar a puerto. La verdad parece ser que, con cada día que pasa, los países tienen menos margen de maniobra.

La presión de Estados Unidos es manifiesta en los documentos filtrados y, junto a la información anteriormente revelada, dan cuenta de un cambio dramático en la estrategia norteamericana, que través de la presión externa a los equipos negociadores, pretende llegar a acuerdos imposibles de alcanzar de otro modo. Básicamente, los documentos ilustran cómo el TPP no es tanto un acuerdo comercial, como una gran imposición de las economías desarrolladas a los países más pobres.

Adicionalmente, los documentos entregan pequeñas luces sobre el polémico y (quizás por lo mismo) poco estudiado capítulo denominado ISDS (Investor-State Dispute Settlement, o solución de controversias inversionistas-Estado). En dicho capítulo- que regula el sistema de disputas donde inversionistas extranjeros pueden demandar a los países del tratado en un tribunal internacional- se pretende ampliar las definiciones de “inversiones” y de “acuerdos de inversión” socavando la soberanía regulatoria de los países.

No son los Estados parte los que promueven estas demandas por incumplimientos supuestos de los términos de un tratado, sino que los privados. Actualmente, dichos ISDS existen en algunos acuerdos comerciales, con consecuencias muy favorables para los intereses de determinadas industrias. Sin ir más lejos, la tabacalera Phillip Morris demandó a Australia en 2011 por establecer por ley una norma de etiquetado de cigarrillos, para prevenir enfermedades en los consumidores.

La ampliación de los criterios para este tipo de resoluciones no será sino un obstáculo adicional para que nuestros países tomen mejores soluciones regulatorias en el futuro, en temas tales como minería o concesiones de obras públicas, entre otros.

Los documentos filtrados confirman además un secreto a voces entre quienes han seguido las negociaciones durante los últimos años: se habría acordado entregar minutas a los ministros, donde cada uno de los temas más polémicos y sensibles quedaría reducido a un par de opciones. Las largas negociaciones técnicas se convierten así en un juego infantil, al ritmo de los intereses corporativos.

Es tragicómico pensar en cómo un tratado tan ambicioso como el TPP, termina siendo negociado en una sala cerrada, donde representantes políticos resuelven asuntos sensibles a espaldas del Congreso, a espaldas de la gente e incluso, en el caso de Chile, a espaldas de la realidad política, que indica que el Presidente Sebastián Piñera dejará La Moneda en cosa de meses.

Michelle Bachelet ha señalado públicamente su preocupación por la velocidad de las negociaciones, mientras que el Congreso ha planteado la necesidad de detenerlas y abrir un proceso de participación. ¿Y el Gobierno? En silencio. Más que estar preocupados del futuro regulatorio, parecen estar preocupados de la fotografía con Obama. Una fotografía excesivamente cara.

 

Columna publicada en Derechos Digitales.

Se filtró el texto de TPP. Esto dice.

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Wikileaks hoy ha filtrado el capítulo de propiedad intelectual, probablemente el más polémico del Trans-Pacific Partnership (TPP). El TPP ha estado sujeto a estándares inéditos de secretismo que han hecho imposible el escrutinio público de lo que nuestros países se están comprometiendo. Bueno, hasta ahora. 

ONG Derechos Digitales en colaboración con Wikileaks tuvo acceso privilegiado al texto y de esta manera entregar contexto y análisis a un capítulo complejo, lleno de detalles, fisuras y problemas. No voy a repetir lo que ya hemos publicado (y seguiremos publicando) en detalle en la web de ONG Derechos Digitales. Pero quería aprovechar de compilar acá, sin ánimo de ser exhaustivo porque la noticia está en pleno desarrollo, los análisis que ya se han publicado en exclusiva alrededor del mundo. 

Análisis de Derechos Digitales:

Todo lo que tienes que saber sobre el TPP. (Claudio Ruiz)

– El TPP incrementará costos y aumentará la inefectividad del Sistema Penal. (Alberto Cerda)

– El TPP es una renegociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. (Francisco Vera)

– El capítulo sobre Propiedad Intelectual del TPP: las polémicas persisten(Juan Carlos Lara)

– Análisis TPPPlazos de protección. Por Juan Carlos Lara, director de contenidos de ONG Derechos Digitales.

– Análisis TPPMedidas tecnológicas de protección. (Juan Carlos Lara)

– Análisis TPPNuevo derecho de importación(Juan Carlos Lara)

– Análisis TPPMedidas civiles e indemnizaciones(Juan Carlos Lara)

– El TPP empeorará protección de la vida privada en Internet. (Alberto Cerda)

Análisis de CIPER:

Nueva filtración devela los alcances de la negociación del tratado secreto TPP.

Análisis de La Jornada (México):

– El gobierno mexicano negocia un acuerdo que limitaría la libertad de acceso a Internet.

Análisis de KEI:

KEI analysis of Wikileaks leak of TPP IPR text (inglés).

Análisis de Public Citizen:

Factsheet: How the TPP Endangers Access to Medicines (inglés). 

 

TPP

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A principios de los dos mil Chile estaba en una situación diferente. Luego de décadas de exclusión en el contexto internacional, la economía de Chile necesitaba un empujón que permitiera su desarrollo comercial, y para ello la firma de un tratado de libre comercio con Estados Unidos fue un objetivo que al que Chile quiso llegar como quiera fuesen las circunstancias y sus costos. Los costos fueron varios, pero de entre los más sonados son el aumento radical de los criterios de protección en materia de derechos de autor, incluyendo aumento de plazos de protección más allá de los estándares internacionales.

Hoy Chile está en un momento diferente. Y el mundo está en un momento diferente. No solo China ha desplazado a nuestros principales socios comerciales de la época, sino también Chile tiene en su cartera una buena cantidad de acuerdos comerciales que fomentan el libre comercio a nivel global. Con todo esto, es llamativa la tenacidad del gobierno de Sebastián Piñera de cerrar un nuevo tratado de libre comercio llamado eufemísticamente Trans Pacific Partnership (TPP), que tiene como socios solo a países con los cuales Chile tiene ya firmados acuerdos de libre comercio lo que supondrá re-negociar estos acuerdos que no tienen ni siquiera diez años desde su suscripción. A lo anterior, debiera indicarse aspectos aún más problemáticos, como el excesivo celo en las negociaciones, declaradas secretas, que hace imposible saber -incluso para el Congreso Nacional- a qué nos estamos comprometiendo normativamente en el TPP.

Las voces críticas en contra de la conveniencia de este tratado vienen de todas partes. Sin ir más lejos, el que fuera jefe negociador de Chile en TPP hasta hace un par de meses, levantó alertas respecto de lo que los países están comprometiendo y los problemas que esto podría suponer. Adicionalmente, un informe del ex-jefe de DIRECON durante 2004-2010 añade aún más dudas, indicando que las ganancias para Chile en TPP serían, de existir, marginales; y los costos altísimos, destacando, entre otros, temas de derechos en internet. 

Este es un tratado que se negocia de manera secreta, sin que existan señales claras de los beneficios que podría tener para el país -pero muchas luces de sus problemas- y que, dado lo complejo de su alcance, sus negociaciones se han trabado en aspectos sensibles. Pese a todo lo anterior, el gobierno del presidente Piñera parece esmerado en cerrarlo antes de la cumbre de presidentes APEC en Octubre de este año. La pregunta entonces ya no es solo por qué el gobierno mantiene como secreto algo que se supone beneficioso, sino también qué razones -y a cual precio- el presidente Piñera está ofreciendo cerrar este acuerdo y a sólo algunos meses de dejar el poder. Quizás, este es el momento en que debiera intervenir la política. 

-Columna escrita para ONG Derechos Digitales.

TPP sigue ahí: un tratado con pocas razones y muchas amenazas

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Foto de Public Citizen, CC: BY-NC-SA

Durante las primeras semanas de Septiembre se llevará a cabo una nueva ronda de negociaciones del Trans-Pacific Partnership (TPP), de las que es parte nuestro país junto con otros países del área pacífico. El alcance de estas negociaciones se mantiene en una nebulosa impropia de acuerdos comerciales de este tipo y toda la información que se ha podido recoger, tanto oficialmente como a través de filtraciones, da cuenta de un acuerdo con consecuencias graves desde la óptica de los derechos fundamentales en internet (ver Dossier especial en PDF).

Chile no necesita un acuerdo comercial como este. Nuestro país tiene acuerdos comerciales bilaterales con los nueve países hoy parte de TPP, por lo que no pareciera haber buenas razones para abogar con tanta energía por lograr tener un nuevo acuerdo que complemente o reemplace acuerdos previamente establecidos y plenamente vigentes en Chile. Adicionalmente, buena parte de los la información que se ha filtrado relativa a derecho de autor supone un aumento importante a los estándares de protección sin tomar en consideración de manera adecuada estándares de acceso. Dicho aumento no se encuentran respaldado por estudio alguno que entregue evidencia empírica de su conveniencia regulatoria.

Para efectos de contrarrestar las numerosas críticas que ha supuesto este tratado, el gobierno norteamericano anunció la inclusión de una débil cláusula que obliga a los países a buscar un equilibrio en sus sistemas de derecho de autor incluyendo ciertas excepciones y limitaciones basadas en la regla de los tres pasos del Convenio de Berna. Si bien en principio suena razonable, no todas las excepciones en Berna están sujetas a esta regla. No lo está ni la doctrina de la primera venta ni lo están las normas de su Anexo. Adicionalmente, en foros como la OMC desde hace un tiempo se ha intentado forzar la interpretación de esta regla de manera restrictiva, lo que supone restringir el alcance de excepciones y limitaciones al derecho de autor que equilibran los intereses en juego, lo que incluso ha sido alertado por el Max Planck Institute este mismo año. Un acuerdo comercial razonable, equilibrado y justo no debiera poner en riesgo los precarios derechos establecidos a favor del público en materia de derechos de autor.

En Chile necesitamos más información y más transparencia en las negociaciones comerciales cuando ellas ponen en riesgo derechos fundamentales. Todo indica, particularmente las filtraciones y la fuerte oposición de organizaciones de derechos humanos en su contra, que TPP será un retroceso radical para los derechos en el entorno digital, debido fundamentalmente a la influencia de la industria farmacéutica y del entretenimiento norteamericano. Una democracia sana necesita que su gobierno defienda con fuerza los derechos fundamentales en el entorno digital y no los utilice como moneda de cambio para un acuerdo que se negocia a puertas cerradas con un dudoso alcance comercial e innumerables dificultades para la privacidad y el interés público en materia de derechos de autor.

(publicado también en ONG Derechos Digitales)

El Gobierno y el TPP

Departamento jurídico de la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales (DIRECON) (22/03/2012):

“Al igual que en todas las negociaciones de Acuerdos Económicos que Chile ha llevado adelante, los textos propuestas y presentaciones nacionales y de las contrapartes son confidenciales.”

Presidencia de la República, respondiendo a una solicitud de acceso a la información (03/05/2012):

“no existe registro ni antecedente alguno en nuestra Institución que dé cuenta de las negociaciones que Chile realiza en el Acuerdo de Asociación Trans Pacífico de Libre Comercio (TPP).”

Rodrigo Contreras, director interino de la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales (DIRECON) (05/09/2012):

– O sea, ¿cabe la posibilidad de que Chile así como sigue en este acuerdo también pueda bajarse?
– Sí, siempre vamos a elegir lo mejor para el país.

Presidente Piñera (21/05/2012):

“Hemos seguido ampliando nuestra integración con el mundo, firmando nuevos tratados de libre comercio con Vietnam, Malasia, Turquía. Y estamos en proceso de negociación o ampliación de tratados con India, Tailandia y el Trans Pacific Partnership, que se convertirá en la zona de libre comercio más grande del mundo.”

 

Reporte TPP desde Dallas

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Durante el fin de semana pasado tuve la oportunidad de estar presente en Dallas, Texas, y acreditarme como stakeholder en la ronda XII de negociaciones del funesto Trans Pacific Partnership (TPP). Lo que sigue a continuación son las impresiones que me traje, publicadas obviamente en el sitio de la ONG Derechos Digitales, que orgullosamente dirijo. Se las comparto acá por si no la vieron allí.

* * *

Durante cerca de dos semanas, se realizó en Dallas la ronda XII de negociaciones del polémico Acuerdo Transpacífico o Trans-Pacific Partnership (TPP), un TLC que, en palabras del presidente Obama, es un acuerdo de nueva generación, clave del siglo XXI, y que pretende establecer un tratado multilateral de libre comercio entre nueve países de la zona Asia-Pacífico.

Pese a la importancia del tratado -que a diferencia de lo que sucede con otros acuerdos de comercio supondrá la modificación de normativa interna en un número importante de áreas- el contenido de sus negociaciones se mantiene en secreto. Movimientos sociales desde la academia y la sociedad civil han exigido conocer el texto de la negociación luego de haberse filtrado en 2011 la problemática propuesta de texto estadounidense que, desde el punto de vista de los derechos de autor, no solo aumenta ferozmente los estándares de protección de nuestro países sino que, además, obliga a modificar una normativa, en el caso chileno, recientemente promulgada, alejándose así peligrosamente de criterios aceptados en instrumentos internacionales en la materia.

Durante esta última ronda estuvimos en Dallas y pudimos observar algunos detalles que dan luces tanto de las tensiones que ha enfrentado la negociación (esta vez centrada en las medidas de enforcement criminal de propiedad intelectual), como también de los problemas de participación para organizaciones sociales presentes con el fin de proveer de retroalimentación a los equipos negociadores.

La participación acreditada

Muchas críticas, y no solo de sectores sociales, recibió la forma en que participarían en esta ronda los stakeholders, denominación que incluía a organizaciones tan diferentes como ONG Derechos Digitales y Public Citizen como a la Copyright Alliance. Por ejemplo, se organizó una sala especial donde todos los actores acreditados pudieran llevar sus pendones y esperar que pasara por allí -o no- alguno de los cientos de negociadores de los nueve países. Una actividad que respondía a la idiosincrasia de los anfitriones pero que, para algunos, parecía más bien una kermesse colegial con escasas posibilidades de hacer llegar observaciones técnicas de los textos filtrados.

Más directo, aunque con un alcance igual de general, fue el stakeholder briefing, donde los jefes de las delegaciones dieron solo algunas luces respecto de los avances y se sometieron a las preguntas de los stakeholders acreditados. Allí conocimos, por ejemplo, que hay un avance cercano al 50% en el Tratado y que hay muchos temas resueltos, como medidas de frontera o asuntos laborales. Pero para otro tipo de información -más concreta, si se quiere-, las delegaciones más bien contestaron generalidades encubiertas en diplomacia. Eso ocurrió con las preguntas relativas al acceso a los textos como también para asuntos más concretos, como la pregunta que hicimos en nuestro caso, que hacía ver los problemas de establecer un texto equilibrado, tomando en consideración los problemas de implementación de un acuerdo que, en derechos de autor al menos, excede de forma holgada los estándares internacionales en la materia. Finalmente esto implicó más bien una instancia donde los stakeholders presentes hicieron llegar sus dudas e inquietudes frente a jefes negociadores sin facultades para responder más allá de las buenas maneras.

La participación no acreditada

Las imponentes medidas de seguridad que rodearon a todo el evento, sin embargo, no impidieron las manifestaciones del movimiento Occupy y de los activistas Yes Men. Estos últimos, realizaron una divertida performance donde, personalizados en una supuesta asociación de empresas a favor del TPP, quisieron entregarle un premio a Ron Kirk (el representante de la USTR, quienes deciden discrecionalmente todos los años poner a Chile en la lista roja de piratería) por la energía puesta a favor del establecimiento del tratado. Todo muy parecido a #SiTPP.

Sigilosamente, además, los Yes Men deslizaron una carta bajo las puertas de las habitaciones de los negociadores, pidiéndoles que representen el sentir del 99% de la población, haciendo referencia directa al movimiento Occupy, quienes se manifestaron también en las afueras del hotel durante la semana (en la foto).

Nuestra percepción

La sensación de ambiente es que el TPP va camino a convertirse en una realidad en el mediano plazo, aún con todas las potentes manifestaciones ciudadanas y cuando sus alcances, lamentablemente, no son conocidos con certeza por la ciudadanía de los países que están negociando.

Pero el eventual acceso al texto del TLC, aunque crucial, no resuelve los graves problemas de una negociación marcada por los embates de los intereses estadounidenses y la resistencia que, en la medida de lo posible, realizan aquellos pocos países que cuentan con equipos técnicos competentes y una visión política de largo plazo.

Desde una óptica local y luego de dos años de negociación (y más de un millón de dólares gastados solo por el gobierno de Chile), quizás sea el momento de enmendar el rumbo y dar una señal potente al mundo y a la ciudadanía chilena, a través del establecimiento de consensos locales respecto de la forma en que queremos comprometernos a un acuerdo que, al menos hasta el momento, pareciera suponer más problemas, trabas y restricciones que beneficios para nuestro país.

 

Tres reflexiones sobre el TPP

Mariano Amartino me pidió un par de reflexiones sobre TPP en Chile. Esto es lo que salió publicado en uno de mis blogs favoritos.

Si hay algo que la guerra contra la piratería nos ha enseñado en todos estos años es que no ha derrotado a la piratería. Que ha sido un rotundo fracaso. Las demandas a mansalva en Estados Unidos, los acuerdos con ISPs, las estrategias legales locales (DMCA, COICA, SOPA, PIPA, etc), la ley SINDE y los three strikes son ejemplos de esfuerzos legales -tan brutales como fallidos- para combatir la distribución informal de contenidos en internet. Y todos ellos han fracasado.

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En lugar de demostrar que quizás el problema de la piratería no es normativo sino tal vez de mercado, esta estrategia -liderada por la poderosa industria de contenidos- ha adoptado los foros internacionales como una de sus principales trincheras. Así, no satisfechos con cooptar desde hace décadas un organismo internacional dependiente de las Naciones Unidas (la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual), han sido los acuerdos comerciales bilaterales y multilaterales los escenarios de los mayores triunfos de esta estrategia legal para derrotar a la piratería en internet.

Ejemplos de ello han sido los tratados de libre comercio que han firmado países de la región con EEUU que, desde la órbita de los derechos de autor, no hacen sino aumentar los estándares de protección. Resultado de ello es que luego de la firma de estos tratados, países como Chile y Perú tienen estándares de protección más altos que la DMCA pero sin las garantías de acceso existentes en Estados Unidos. Nuestros países se comprometen, en definitiva, a modificar sus legislaciones para hacerlas más parecidas a las norteamericanas para la protección, pero no para garantizar acceso.

El último esfuerzo de esta estrategia internacional se llama Trans-Pacific Partnership (TPP), un acuerdo de cooperación comercial para crear un área de libre comercio en la zona Asia-Pacífico. Hoy son nueve los países que son parte de las rondas de negociación que pretenden ajustar un texto de tratado: Australia, Brunei, Chile, Estados Unidos, Malasia, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Los alcances, aún por definir. Pero de lo que se sabe, hay al menos tres elementos que creo debieran invitarnos a la reflexión.

1

Nadie sabe mucho del alcance de las negociaciones. Lo único que sabemos es aquello que ha sido filtrado a través de redes de activistas y que da cuenta de lo importante de los elementos vinculados a los derechos de autor en internet. La propuesta de Estados Unidos, sin ir más lejos, va mucho más allá de lo establecidos en la propia regulación norteamericana y es un criterio que pretende imponer al resto de los países negociadores. Se ha sabido algo respecto de las negociaciones pero no tenemos clara idea respecto del tenor de la discusión, los puntos que se han cerrado y la transacción que están llevando adelante los negociadores.

En una época donde la transparencia y el acceso a la información parecen ser principios en los que estamos todos de acuerdo, resulta injustificado mantener como secretos aspectos tan importantes para el desarrollo de los derechos a la luz de las nuevas tecnologías. Sin ir más lejos, el gobierno chileno denegó la solicitud de acceso a información que elevamos como ONG Derechos Digitales para obtener acceso al texto del acuerdo.

2

Del texto filtrado hay muchos aspectos preocupantes vinculados a derechos de autor, algunos incluso más preocupantes que los impresentables proyectos SOPA-PIPA. Entre ellos:

  • Extiende los plazos de protección. Mientras los TLC con Estados Unidos han obligado a los países firmantes a aumentar sus plazos de protección de 50 años luego de la muerte del autor (estándar internacional del Convenio de Berna) a 70 años, TPP incluye fórmulas para aumentarlo nuevamente hasta 120 años en ciertos casos, lo que es un atentado violento contra el dominio público.
  • Criminaliza la elusión de medidas tecnológicas de protección yendo muchísimo más allá de lo establecido en los «tratados internet» de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, haciendo ilegal la circunvención de dichas medidas aun sin que exista infracción a derechos de autor.
  • Establece un sistema de responsabilidad de prestadores de internet que no solo eleva el estándar de la DMCA sino también de los mejores estándares establecidos en la legislación chilena. De esta manera, se pretende no sólo aumentar penas sino también establecer medidas de identificación de supuestos infractores, bajada de contenido y desconexión de internet.

3

A veces resulta más sencillo pensar que estas espantosas iniciativas legales como SOPA, ACTA, PIPA y TPP son producto de desinformación de los legisladores respecto de como funciona internet. Que, básicamente, son intentos legislativos productos de la ignorancia. La verdad es que no es cierto. La existencia de estas propuestas no prueba la ignorancia sino que prueba la influencia que la industria del entretenimiento tiene en nuestro sistema político a contrapelo de los intereses del resto, de todos nosotros.

Una de las conclusiones a las que llegó un reporte encargado por el gobierno inglés el año recién pasado fue que en la regulación de los derechos de autor en internet hay una brutal falta de evidencia empírica. Ojalá llegue el momento en que, en lugar de legislar de la mano de Hollywood, nuestros legisladores decidan pensar en serio internet como una plataforma para el ejercicio de derechos fundamentales. Para llegar a eso hace falta dos cosas. Uno, tal vez, es partir por exigir evidencia y no intuición para regular estos temas sensibles. Dos, que todos nosotros nos tomemos esto en serio y hagamos algo.

TPP es el nuevo ACTA

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Fotografía de Cory Doctorow, CC:BY-SA

Antes fueron los Tratados de Libre Comercio (TLC). Está siendo desde hace un tiempo en el norte y Europa ACTA. Hoy Trans-Pacific Partnership o TPP es la nueva sigla de moda. La nueva sigla que merece nuestra atención.

Pensado en principio como una manera de establecer mejores condiciones de libre comercio entre países de la región Asia-Pacífico, el TPP es un acuerdo comercial multilateral que pretende regular distintos asuntos relativos al intercambio de bienes, servicios e información. Como viene siendo una nefasta tendencia en estas materias, las negociaciones han revestido carácter de secretas y por tanto, tal como sucede con la discusión relativa a ACTA, ha sido sólo a partir de la filtración de los términos de negociación que grupos de la sociedad civil han podido ejercer algo más de control respecto de los eventuales acuerdos que estos países pueden llegar a tener.

Como suele suceder en estos casos, la agenda de la propiedad intelectual vuelve a ser uno de los temas más importantes en las negociaciones. Si bien países como Nueva Zelanda han tenido una posición de relativo equilibrio, la semana pasada se filtró la propuesta del Estados Unidos sobre la materia, el que no sólo pretende ir más allá de lo establecido en los tratados bilaterales sino que en ciertos casos excede incluso los polémicos estándares del ACTA. Entre otras cosas, se propone:

  • Aumentar los términos de protección de 70 años luego de la muerte del autor (lo que ya es un absurdo exceso) a 95 años en el caso de los fonogramas.
  • Criminalizar la elusión de medidas tecnológicas de protección yendo muchísimo más allá de lo establecido en los «tratados internet» de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.
  • Establecer un sistema de responsabilidad de prestadores de internet que va más allá no sólo de la nueva legislación chilena sino también de la nefasta DMCA. De esta manera, se pretende no sólo aumentar penas sino también establecer medidas de identificación de supuestos infractores, bajada de contenido y desconexión de internet.

Estas medidas no sólo van en contra de los ya elevadísimos estándares en materia de protección que tiene Chile luego de la firma del TLC con Estados Unidos, sino que además obligaría a establecer legalmente medidas de dudosa constitucionalidad y que atentan contra el ejercicio de derechos fundamentales especialmente en internet.

Chile no debería aceptar ni negociar medidas que afecten derechos fundamentales de sus ciudadanos bajo el pretexto de proteger un sistema de propiedad intelectual defectuoso, anquilosado en el tiempo y que por lo demás reporta dudosos beneficios para la industria local. Por el contrario, los esfuerzos por tener un mejor sistema de derechos de autor por parte de distintos grupos de la sociedad civil que se vio reflejado en la última reforma legal debiera ser un elemento decisivo para que nuestro gobierno haga una apuesta madura y potente hacia el fortalecimiento de los equilibrios involucrados, que potencie y no ahogue el acceso al conocimiento y la innovación.