NIN: la magia del licenciamiento

Digámoslo así. Supongamos que usted y yo somos amantes de la música. Además, suponga que nuestra banda favorita ha sacado nuevo disco. Hace quince años atrás, la única forma de vencer la ansiedad por conseguirlo era esperar a que la tienda de discos de siempre decidiera importarlo. Lo que sucede hoy es que ya no depende de la tienda de discos, parece depender de la banda misma. Así, si bien para conseguir el disco siempre tenemos la opción de descargarlo a través de Internet, esta vez supongamos que es la propia banda la que nos entrega opciones, que van desde los cinco dólares por acceder a los archivos, hasta trescientos dólares para adquirir una edición de lujo que incluye un disco de vinilo autografiado. Miel para los fans.

Según indica el manoseado sentido común, o lo que diría el famoso hombre medio empírico, la mejor alternativa es la descarga gratuita a través de algún sitio en Internet. Ir directo a The Pirate Bay y ahorrarnos problemas. Indica el sentido común que todos quienes quisieran conseguir el disco, lo conseguirían a través de los sistemas de descarga, muchos de ellos ilegales, que existen en la red. Fuera de todos estos supuestos, esta semana el grupo norteamericano Nine Inch Nails ha decidido hacerse cargo de la distribución en formato digital de su último trabajo al que denominaron Ghost I-IV, ofreciendo la posibilidad de conseguirlo a través de descarga directa a un precio mínimo de cinco dólares por el disco completo y la opción de compra de la versión Super Deluxe limitada y autografiada por trescientos de la divisa norteamericana. En menos de veinticuatro horas, y más allá de cualquier ejercicio de suposiciones económicas, se agotaron los 2.500 ejemplares disponibles de dicha edición.

Lo que ha hecho Nine Inch Nails no es sino un paso más allá de lo ya experimentado en el archi comentado lanzamiento del In Rainbows de Radiohead y los últimos videos lanzados por REM. Lo que podemos apreciar es un movimiento audaz y lúcido de músicos que hace rato dejaron de navegar en las aguas del underground y que están todavía más lejos de ser simples amateurs con ansias de promoción. En una de las últimas ediciones de Wired, el propio David Byrne traía a colación que en algún momento el negocio de la música pasó a transformarse en el negocio de la venta de plástico con contenido musical, y pareciera ser que es precisamente ese modelo de negocio de explotación musical el que está mostrando sus últimos estertores a través de iniciativas como la de Nine Inch Nails o Radiohead.

Pero el paso adicional, y tal vez el más importante, que ha dado el grupo liderado por Trent Reznor se ilustra por las condiciones en las que ha puesto a disposición su último disco. Porque no basta con poner la música a disposición del público en Internet. Tanto así, que cuando Radiohead permite incluso la descarga gratuita de su disco no queda claro para quienes queremos descargarlo qué podemos y qué no podemos hacer con él. Y la pregunta está lejos de ser irrelevante, puesto que no obstante autorizar la descarga enviando un enlace a través del correo electrónico, los usuarios no somos informados si podemos grabarlo en un disco compacto, si estamos autorizados a hacer reproducciones de ese archivo que hemos descargado en diferentes computadores, si podemos pasarle el archivo a nuestro amigo que no tiene conexión a Internet, ni tampoco si podemos subir el volumen de nuestros parlantes al máximo y de esa forma disfrutar del excelente In Rainbows con nuestros padres y amigos. El sólo envío del archivo no nos dice más que eso, tome y descárguelo. En estricto rigor, ni siquiera nos autoriza a darle al ‘play’.

Así como el derecho de autor ha supuesto históricamente -y con muchísima razón, por lo demás- que existen usos de una obra que no van a estar regulados por la ley, tales como vender un libro usado o dormir sobre un disco compacto, la nefasta tendencia a la sobre protección y sobre regulación de estos derechos lleva al absurdo que si nos atenemos al texto de nuestras leyes de derecho de autor, probablemente sea ilegal pasar el disco compacto a archivo MP3. Y es precisamente acá donde se distingue la decisión de Radiohead de la puesta a disposición del último disco de Nine Inch Nails. Mientras Radiohead nada dijo sobre lo que podemos y no hacer con los archivos descargados, Nine Inch Nails lo aclara licenciando el disco con una licencia Creative Commons, permitiendo reproducciones y adaptaciones siempre que no sean con fin de lucro.

Pareciera ser que el próximo paso en este novedoso camino seguido por músicos de todo el mundo es determinar las condiciones con las que dejan su música a disposición nuestra en Internet. Porque mientras la industria tradicional de la música ha dedicado buena parte de su presupuesto a demandar en tribunales a gente como usted o como yo por compartir música a través de sus computadores -y a tratar de convencernos mediante costosas campañas publicitarias que descargar por Internet es similar a robar autos, casas y joyas- los músicos, los artistas parecieran estar comenzando a entender que de lo que se trata no es de proteger un obtuso concepto de propiedad privada, sino la oportunidad que entrega Internet para la difusión y distribución del conocimiento y la cultura. Mientras la industria tradicional de la música sigue anunciando la caída sostenida en la venta de discos y la crisis de la industria, hoy tenemos más recitales y conciertos que nunca antes. Mientras nos intentan convencer que estamos en crisis terminal y que la música se muere, Nine Inch Nails gana más de 750.000 dólares en menos de 24 horas. Y sin poner disco alguno en las estanterías.

Columna publicada en la revista Terra Magazine.

Nine Inch Nails hace un Radiohead con Creative Commons

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Fotografía por jennaphoenix, CC:by-sa-nc

Con precios que fluctúan entre los 5 y los 300 dólares Nine Inch Nails sigue la senda de Radiohead y de lo que ya había esbozado hace unos meses con The Inevitable Rise And Liberation Of Niggy Tardust, ofreciendo su último disco, enteramente instrumental llamado Ghosts: I-IV.

Según se explica en la propia web, puedes escuchar el disco completamente gratis a través de un pequeño player en flash o bien comprarlo según las distintas opciones que cuenta la propia página web.

Las opciones serían:

a) Gratis: Descarga gratuita de los nueve primeros tracks del disco, en formato MP3 encodeados con LAME a 320 kbps sin DRM + PDF de 40 páginas y extras como wallpapers, iconos, etc.

b) us$5: pagar 5 dólares y así puedes escoger si prefieres MP3 en 320kbps encodeados con LAME, FLAC o Apple Loseless. Todo sin el asqueroso DRM, por cierto. Además te llevas un librito en formato PDF de 40 páginas y una serie de extras.

c) us$10: pagar 10 dólares por un CD set de 2 discos, que además te da derecho para descargar el disco en las mismas condiciones que la opción anterior.

d) us$75: Pagar 75 dólares, que te da derecho a una edición deluxe que incluye los 2 cds, un DVD con los archivos de audio en WAV para reconstruir las pistas, un disco Blue-Ray con las mezclas en audio de alta resolución (sic), un mega libro de 48 páginas con lindas fotos de Phillip Graybill y Bob Sheridan + la descarga del disco en la forma que ya se ha explicado.

e) us$300: pagar 300 dólares por la edición ultra exclusiva-delux, con todo lo anterior + otro libro y todo firmado por el mismísimo Trent Reznor.

Pero tal vez en lo que es la movida más interesante, además de poder ser descargado, el disco se encuentra licenciado con Creative Commons Atribución, No comercial, Compartir Igual, lo que quiere decir que estamos autorizados para copiar, distribuir el disco y hacer obras derivadas como remixes y demases siempre que mantengamos la atribución de los tracks originales, no hagamos usos comerciales y las obras derivadas que se hagan sean licenciadas también con Creative Commons.

Harvard se decide por el open access

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El derecho de autor supone, entre otras cosas, la necesidad de equilibrar los intereses que se encuentran comprometidos. Y cuando se analiza la forma que el derecho de autor ha ido tomando en los últimos años, veremos cómo la tendencia más clara es hacia la sobre protección de estos derechos en detrimento de los intereses públicos. Es que el derecho de autor implica un monopolio de explotación exclusiva para quienes crean obras de carácter intelectual, pero este monopolio va evidentemente de la mano con que estas obras intelectuales puedan ser distribuidas y disfrutadas por el público, por todos nosotros. Si las obras intelectuales creadas tuvieran por objeto reposar en el tiempo en gavetas escondidas bajo llave, no tendría mayor sentido que sus creadores gozaran de este monopolio de explotación.

Esta desafortunada protección de los derechos de autor, excesiva y desequilibrada, ha supuesto una serie de efectos altamente perniciosos para el público y para el acceso.

Una de las disciplinas donde más relevante se hace aclarar esta dicotomía entre más protección y necesidad de acceso es en ambientes académicos. A pesar de la relevancia que supone en principio que las investigaciones llevadas a cabo en contextos universitarios sean accesibles a la mayor cantidad de lectores posible, para de esta forma tener retroalimentación y seguir desarrollando la investigación inicial, ha habido una tendencia importante y marcada hacia la ‘propietarización’ (si se me permite la frase) de este conocimiento hacia revistas científicas especializadas. De esta forma, si una investigación de carácter académico quiere ser tomada en serio, esta tendencia supone que debe pasar por los exámenes que supone la publicación en estas publicaciones académicas llamémoslas ‘tradicionales’ para ser publicadas durante un lapso de tiempo que no es menor a seis meses, incluso un año en algunos casos.

Una de las características de estas revistas, que por otro lado supone también su existencia, es que sus contenidos revisten el carácter de exclusivos. Esto es, si usted no tiene el dinero que cuesta la suscripción a dicha publicación tradicional, simplemente no tiene acceso. Esto ha llevado a que buena parte de los recursos que cuentan las bibliotecas universitarias esté destinado, precisamente a hacerse cargo de la suscripción de estas reputadas publicaciones de carácter académico. Y supone, en esta parte del mundo, que muchos de nuestros académicos e investigadores no pueden ser parte del conocimiento que circula y se distribuye a través de sistemas cerrados y de alto valor de mercado.

Es así como han surgido, desde la misma academia por cierto, iniciativas que apuntan precisamente a lo que en principio las publicaciones académicas necesitan: no estar cerradas ante el acceso de terceros, sino que utilizar las redes informáticas para llegar a más interesados en compartir su conocimiento. Este movimiento, en términos genéricos, se ha denominado Open Access, o Acceso Libre/Abierto y propone el acceso inmediato, permanente y a texto completo de los trabajos desarrollados por académicos, principalmente gracias a las posibilidades que ofrece Internet. De esta forma, según dicen quienes recogen estos principios, se disminuye la brecha para el acceso al conocimiento que supone que las investigaciones académicas se mantengan ‘cerradas’ por publicaciones privadas con altos precios de suscripción.

En esta misma dirección, la semana recién pasada los académicos de la Universidad de Harvard decidieron por unanimidad distribuir los resultados de sus investigaciones y sus trabajos académicos a través de repositorios institucionales que responden a los criterios de acceso abierto y gratuito a todo el mundo. Los autores, en cualquier caso, mantienen sus derechos de autor y por tanto la posibilidad de publicar estas investigaciones en revistas especializadas tradicionales dado el carácter de no exclusivo del permiso que tiene la Universidad para poder publicar estos trabajos en los repositorios universitarios.

La decisión de la comunidad de la Universidad de Harvard no es sino cambiar el paradigma de distribución de los contenidos de acuerdo a la masificación y los beneficios que supone Internet para superar los altos costos de distribución de los trabajos académicos y superar por tanto las barreras para que el conocimiento pueda diseminarse a través de la comunidad académica. A través de una opción por el Open Access, en este caso, el conocimiento que se ha producido en el seno de una de las Universidades más prestigiosas del mundo puede circular a través de distintas comunidades académicas permitiendo que sus investigaciones puedan influir y tener retroalimentación no sólo entre quienes tienen la posibilidad de pagar altos precios de suscripción para revistas especializas, sino que también para los académicos e investigadores de nuestros países.

La decisión tomada por la comunidad académica de la Universidad de Harvard reconoce en Internet y en las nuevas tecnologías una oportunidad única en la historia para que los autores no dependan de los intermediarios para poder llegar al público, logrando un mayor acceso y difusión de los logros universitarios.

Artículo publicado en Terra Magazine bajo Licencia Creative Commons Chile

Paulo Coelho es un pirata y gana dinero con ello


Fotografía por aart.hilal en Flickr

A fines de diciembre del lejano 2006, les contaba de las buenas razones que uno podría tener para amar a Paulo Coelho. En sentido figurado, Cecilia Bolocco, si me estás leyendo.

En resumidas cuentas, una sobrina iluminó al Guerrero de la Luz (?) respecto de los beneficios de la distribución en línea, la divulgación de su obra y aumento de las ventas de sus libros, por cierto, que es como este señor se gana la vida. No combatiendo sombras ni nada que se le parezca.

Hace un par de días atrás terminó la conferencia DLD (Digital, Life, Design) en Munich, Alemania, donde se habló respecto de innovación digital, ciencia y cultura, y se dieron cita ilustres de la talla de Oliviero Toscani, Jimmy Wales, Martin Varvavsky y Jason Calacanis, entre muchos otros. Ahí, en este lugar, el día 20 expuso en la mesa denominada acertadamente Creating Universes el propio escritor brasileño.

Y Paulo Coelho estuvo a la altura de las circunstancias, si alguno de ustedes tenía suspicacias.


Fotografía por aart.hilal en Flickr

Mientras muchas industrias ligadas al entretenimiento viven acomodándose, como grandes dinosaurios, a la nueva situación en las que las deja la masificación de Internet, Coelho vio una gran oportunidad, como no, de negocios. Y lejos de quedarse sentado esperando, literalmente metió manos a la obra.

Coelho visitó cientos de sitios web y sistemas de descarga y bajó copias de todos sus libros en todos los lenguajes posibles. Entonces, abrió un blog que denominó creativamente Pirate Coelho y subió una a una todas las copias de los libros que encontró, permitiendo ser descargadas gratis. Sí, gratis.

El resultado es que según lo que él mismo señala, todo esto no lo ha hecho porque quiera perder dinero (?). El objetivo es precisamente dejar a la libre disposición de cualquiera el contenido de los libros para aumentar la venta de los libros en formato papel. Y según él, resulta.

In 2001, I sold 10,000 hard copies. And everyone was puzzled. We came from zero, from 1000, to 10,000. And then the next year we were over 100,000. […]

I thought that this is fantastic. You give to the reader the possibility of reading your books and choosing whether to buy it or not. […]

So, I went to BitTorrent and I got all my pirate editions… And I created a site called The Pirate Coelho.

Paradojas más, paradojas menos, resulta que Coelho se “piratea” a sí mismo para poder vender más libros.

¿Será que la experiencia de lectura, al contrario de lo que sucede con la música, es completamente diferente si el formato es digital a si es analógico? ¿Será que el fetiche del libro y la tinta es más fuerte que el contenido mismo del libro? ¿Cuántos modelos de negocio podemos imaginar sólo pensando en que el experimento de Coelho pueda ser replicable para todos?

Bueno, por si no me creen y les sobra una hora y cuarenta de tiempo, pueden ver el video con la conferencia de Coelho completa. La mala noticia es que con esto la obra de Coelho se va a diseminar por todos lados. Shit happens.

La paradoja de los plazos de protección

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Fotografía por woodsy

El derecho de autor implica una serie de derechos, patrimoniales y morales, que suponen restricciones tanto de fondo como temporales, las que dicen relación con el justo equilibrio entre los intereses comprometidos en esta regulación, los de autores, de los titulares y del público. Algunos incluso han llegado a sostener que estos derechos de autor son una especie de derechos de propiedad, tal como la propiedad que usted tiene sobre el computador que usa o sobre el libro que lleva en su bolso.

Si bien es una aseveración que tiene asidero tanto en la opinión pública como en una serie de instrumentos legales, la verdad es que si fuese un derecho de propiedad sería una propiedad bastante especial, dado que uno de los elementos fundamentales del derecho de autor es su limitación temporal, esto es, que al contrario de la propiedad sobre su libro, el derecho de autor dura por un lapso de tiempo limitado por la ley.

La existencia de un plazo de protección surge como una reacción de la legislación para que los beneficios de la explotación de los derechos de un creador, luego de su muerte, pase a sus herederos, de manera tal que se proteja “a lo menos a dos generaciones de descendientes”. Esto explica que la regla internacional de protección de derecho de autor, establecida en el Convenio de Berna, es de toda la vida del autor más cincuenta años luego de su muerte.

Si bien no son pocos quienes sostienen la conveniencia de tener este tipo de protección post mortem, lo cierto es que en sus inicios la existencia de esta protección no se argumenta en base al progreso de las ciencias y las artes, sino en los beneficios que pudieren percibir eventualmente los herederos por la explotación de las obras de sus antecesores.

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La creciente importancia para la economía de los países de la explotación de derechos de índole intelectual -Hollywood mediante- comienza una imparable tendencia a la sobreprotección de los derechos de autor en detrimento del interés público comprometido, y en especial una tendencia preocupante de aumentar progresivamente los plazos de protección post-mortem. No ya para proteger a los descendientes de los creadores, sino para mantener los privilegios de una industria.

Es así como, además de Estados Unidos, en nuestra región Argentina, Colombia, Costa Rica, Chile, México y Perú tienen una protección post-mortem muchísimo mayor que el estándar internacional establecido en el Convenio de Berna, como se ve en la figura.

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Aunque muchos pretenden argumentar este aumento en beneficio de los autores, lo cierto es que quienes se ven perjudicados con este aumento progresivo es claramente el público, el cual ve afectada directamente la posibilidad de beneficiarse del incremento del patrimonio cultural común a favor no siempre de los sucesores de los autores, sino que cada vez en más, de los intereses corporativos de los titulares derivados.

Sobre el particular, en Chile, a raíz de la aparición de manuscritos inéditos de la Premio Nobel Gabriela Mistral, fallecida en 1957, este tema ha tomado una actualidad súbita. Han aparecido actores preocupados de la recuperación del patrimonio literario de la poetisa, esperando guardar las nuevas obras con celo en instituciones públicas. Y han aparecido otros -incluso apoyados por estudios formales- pensando en formas mediante las cuales poder seguir explotando monopólicamente la obra de la poetisa, no obstante ser parte del patrimonio cultural común desde 1987.

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Fotografía por Capgros

Lo anterior no es sino una aplicación más de cómo la retórica de la protección de los autores se utiliza para arrebatar bienes comunes hacia la explotación privada. Es que la poetisa no va a volver a escribir Lagar si seguimos aumentando los plazos de protección. Menos si la arrebatamos del dominio público. Lo único que sucederá es entregarnos certezas para poder utilizar libre y gratuitamente en forma masiva la obra de Gabriela Mistral, utilización que, con este tipo de interpretaciones, se pone seriamente en riesgo.

Un sistema legal decente debe estar pensado siempre en el equilibrio de intereses que supone su regulación, y el derecho de autor no es la excepción. Un sistema de derechos de autor que, sea a partir de la extensión progresiva de plazos de protección, sea a partir de mañosas interpretaciones legales, permita que privados se apropien del patrimonio cultural común es un sistema que no responde a este necesario equilibrio del que debe hacer gala la regulación de países que miren al futuro a través de normas razonables y justas.

Good Copy – Bad Copy, el documental

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En una de los últimas Cinco del Lunes les recomendaba la muestra de la 27 bienal de Sao Paulo que se exhibe en el MAC. Lo que no les recomendaba, pero está, es la exhibición de los chicos de Superflex, quienes hacen un cruce muy interesante entre arte y comercio. Son los mismos del Guaraná Power y de la famosa Free Beer de la que algo les comentaba en el reporte del último iCommons Summit.

Esta semana fue lanzado el documental Good Copy – Bad Copy. El nombre ya dice bastante sobre el contenido de la película. Good Copy Bad Copy es un estupendo documental acerca del estado actual del derecho de autor, la piratería y la cultura libre que se genera a través de la masificación de tecnología.

Este documental seguramente no va a llegar al Hoyts de Huérfanos ni al Cinemark de Puente Alto. Pero seguramente a muchos de ustedes les va a llamar la atención. Y lo van a terminar viendo.

Dirigido por Andres Johnsen, Ralf Christensen y Henrik Moltke, la película incluye sendas entrevistas a productores, profesores y músicos, todos quienes algo tienen que decir respecto de las desequilibradas normas que hoy regulan el derecho de autor, con una mirada esencialmente comercial del fenómeno, dejando de lado los derechos de acceso inherentes a esta protección legal.

Las entrevistas a Danger Mouse, Girl Talk, la música de RJD2, Gnarls Barkley, De la Soul entre otros, le agrega más pimienta al asunto.

Absolutamente recomendado. Ah, y por supuesto, listo para ser descargado en The Pirate Bay.

El trailer, después del salto:

publicado también en Super45

La reforma a la Ley de Propiedad Intelectual, la introducción

Tal como le prometí, querido lector, desde las calurosas tierras del norte, el equipo de esclavos que trabaja para este blog está terminando de redactar el primero de tres artículos (este es el cero, no cuenta) que desmenuzarán el famoso proyecto de ley de reforma a la ley de propiedad intelectual 17.336, y la propuesta de desmenuce, en un ataque de originalidad que todavía me sorprende, va como sigue:

En la primera parte, analizaremos el nuevo sistema de penas que le trae consigo este proyecto. Le contaremos cómo en el proyecto de reforma se aumentan las penas ante la violación de derecho de autor en más de un 4000% en algunos casos y cómo en lugar de multas, ahora el pirata amigo que vende en la cuneta podría eventualmente pasar una buena temporada encerrado.

En la segunda parte, le contaré de una de las novedades más importantes de la nueva ley: la limitación de responsabilidad de los prestadores de servicios de Internet. Le contaremos por qué es una buena noticia desde el punto de vista de la neutralidad tecnológica que se intenta también regular (y que el “gurú tecnológico” número uno de Chile (?) el senador Fernando Flores acaba de basurear en una iluminación de sabiduría). Y también le diré por qué es importante desde el punto de vista de la protección de sus datos personales y de su historial de navegación.

En la tercera parte y final, nos meteremos quizás al tema más polémico de todos los que trae consigo este proyecto, las excepciones y limitaciones al derecho de autor. Le contaré cuales son las nuevas excepciones, como se protege el dominio público y le contaremos, a través de exquisitos ejemplos, por qué es importante que usted se informe respecto de lo que sus legisladores tendrán que decidir pronto y por qué le afecta a usted, en su calidad de estudiante, de profesor, de blogger, de músico o en su calidad de dueña de casa (?). En definitiva, le contaremos por qué es importante luchar por esto.

Todo esto será un esfuerzo importante, pero confiamos en que todo saldrá más claro de lo que parece. Muchas veces cuando uno balcucea la palabra “ley”, tres cuartos de la audiencia empiezan a mirar la hora y a pensar en lo que harán más rato. Esta vez a lo menos saldrá informado y le prometo que exclamará un par de “ahhh” por post.

Manténgase en sintonía 😉

El Congreso, la televisión, el Dominio Público y una sorpresa


Fotografía Figuromo en Flickr

Como si de una aventura tecnológica de Lili Perez se tratara, la parlamentaria norteamericana Nancy Pelosi montó en su blog, The Gavel, varios videos con debates de la Casa de Representantes. Un grupo de parlamentarios Republicano la acusó de violar el derecho de autor al publicar en Youtube estos 16 videos grabados desde la señal C-SPAN, que es el equivalente a nuestro canal de la Cámara de Diputados CDTV. (no insistan, no se ve en Firefox)

La cadena C-SPAN señaló prontamente que las grabaciones correspondían a obras del gobierno, tomadas por cámaras que pertenecen al propio gobierno, por lo que -según señala la normativa estadounidense- todo el contenido estaba en el dominio público y mal podría entonces acusarse a Pelosi de violación del derecho de autor, como los republicanos quieren hacer creer.

Pelosi siguió entonces publicando videos bajo estos términos. Todo bien hasta la semana pasada, donde la actitud de C-SPAN cambió drásticamente y solicitó la bajada de determinados contenidos publicados en su blog toda vez que eran transmisiones de la declaración de Pelosi ante el comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Representantes, transmitidas a través de cámaras ya no del gobierno sino que de la propia cadena televisiva.

Por tanto, la discusión comenzó y opinaron todos. La pregunta del millón finalmente era si la cobertura televisiva del Congreso realizada por C-SPAN estaba sujeta o no a derechos de autor de alguien, o bien eran también parte del dominio público, situación en la que cualquiera podría utilizar libremente dichos contenidos. Así como podemos, por ejemplo, hacernos poleras con poemas de Pedro de Oña (?) sin pagarle a sus herederos.

¿El final del cuento? Que C-SPAN hizo pública una nota de prensa donde señala que dejará disponibles al público “videos de audiencias del congreso, de la casa blanca y otros eventos federales” bajo una licencia que requiere atribución y está limitada a usos no comerciales. Sí, parecida a una licencia Creative Commons, como ellos mismos aclaran. Buena noticia aunque algunos sostengan posiciones algo más drásticas.

Usted, lector atento que ha llegado hasta acá se preguntará cual es la sorpresa. Y la respuesta, como suele pasar en las películas de suspenso, está más cerca de lo que creía. Sí, sospechó bien. La sorpresa es lo que pasa en Chile.

Lejos de esta polémica entre medios, política y derecho de autor, la situación es la siguiente: Dado que en Chile de no decir nada una obra protegible por derecho de autor se encuentra en el dominio privado, y dado que en nuestro país no existe una norma expresa que contemple que los documentos públicos, las sentencias e incluso las leyes se encuentren en el dominio público, tanto las discusiones que se dan dentro del Congreso Nacional como las transmisiones televisivas vía CDTV o SenadoTV pertenecen al dominio privado y ni yo ni tú, querido lector, podríamos, por ejemplo, subir parte de esos contenidos a Youtube o Revver sin pedir permiso a sus titulares (¿El presidente de la cámara? ¿el parlamentario que habla? ¿El Estado?).

En Chile, entonces, no podríamos hacer un video podcast extrayendo escenas del canal de televisión de los diputados para contrastar sus opiniones dentro del foro con las opiniones a los medios de comunicación, no podríamos hacer una selección de las opiniones más desafortunadas realizadas dentro del Congreso, etc, etc, etc. sin la autorización de su titular (?).

La sorpresa, mis amigos, es que en Chile se da la paradoja que aquellos documentos que se producen para nuestro beneficio, muchas veces para que nos informemos, y financiados por los impuestos que pagamos todos nosotros, no nos pertenecen y más aún, no podemos utilizarlos.

Una vez más, los absurdos del derecho de autor golpean nuestra libertad de expresión con un golpe seco y directo al mentón.

El mapa de la propiedad intelectual

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Worldmapper es un proyecto extremadamente interesante. Su objetivo es construir mapas del mundo no sujeto a condiciones geográficas sino a distintos datos que resultan interesantes.

¿Lo de arriba? Un mapa que explica la concentración de los pagos por propiedad intelectual (derecho de autor + patentes) en el mundo.

Más de la mitad (53%) del valor de todos los royaltys y licencias pagadas en 2002 fueron recibidas en un territorio: Estados Unidos. Grandes proporciones de estos pagos fueron también recibidos en Japón y en el Reino Unido.

Estos fees son los pagos hechos por alguien que quiere usar una idea, invención o creación artística que legalmente le pertenece a otro. Para recibir estos pagos se necesita de un titular de derecho de autor o patentes, quienes permanecen activos por varios añpos después de su invención inicial. Así, de los US$44 mil millones recibidos como pago por royalty y licencias en los Estados Unidos en 2002, buena parte de esto será recibido por obras que fueron realizadas anteriormente a ese año.

Otro buen argumento para saber quien toma las decisiones y de quien son los intereses que se protegen cuando se habla de derecho de autor en el mundo.

Todo esto, gracias al gentil auspicio de una conocida de siempre.

Tejeda, la originalidad y la copia

Fotografía por GT, CC:BY-NC-SA

Describir a Juan Guillermo Tejeda es difícil. Quizás para la generación post 20 años su mayor gracia debe ser el que estuvo detrás del envío del famoso iceberg a la expo Sevilla 1992. Pero Tejeda es formalmente diseñador, artista, profesor, y escritor. Y muchos lo consideran un verdadero maestro del diseño en Chile.

De manos de FACO he tenido acceso a su último libro, Diccionario Crítico del Diseño (Paidós, 2006), donde analiza palabra a palabra cuestiones fundamentales de la estética y el diseño contemporáneo. Y me detuve en su relación con el concepto de copia, que comparto con ustedes.

Para la generación más joven la copia es un mero hecho de la realidad: se trata simplemente de la herramienta copy/paste de los programas de textos. Instalados en la copia, copiamos cada día, y lo hacemos de cualquier manera, ya que el hecho de copiar es genético y pertenece a nuestra condición más íntima. La vieja advertencia de “si van a copiar que por lo menos copien bien” no es sino la manifestación de una mirada impaciente y pesimista que escasamente ayuda a la creación.

(…)

Es decir, la imitación es por una parte un instinto natural y casi definitorio del hombre, y por otra una fuente de placer. ¿Qué razón puede haber para privarnos de ella?

En su ensayo la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, Walter Benjamin sostuvo que lo que los hombres habían hecho, podía ser imitado por los hombres. Nietzche estaba convencido del eterno retorno de lo mismo. Picasso formuló su célebre yo no busco, encuentro. Borges se limitó a contar de nuevo lo ya contado por otros. La copia es hoy (lo ha sido siempre) una forma de solidaridad o de simpatía, un signo de modestia, una herramienta para vivir en sintonía con la tradición y con el medio. Cada cual copia según su genio y talante. Un mundo sin copia es tan inconcebible como un mundo sin originalidad.

Un mundo sin copia es tan inconcebible como un mundo sin originalidad. Con ustedes, Tejeda.