Burning the ships, el libro

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“Burning The Ships: Intellectual Property and the Transformation of Microsoft” es un libro recién aparecido escrito por Marshall Phelps, vice presidente corporativo sobre políticas de propiedad intelectual y estrategias de Microsoft (cerebro tras los cambios en las políticas de derechos de autor de la compañía) y el periodista David Kline, consultor en mismas materias y autor de “Rembrandts in the Attic”, un libro sobre el valor de las patentes en empresas TI.

Más allá del alcance de nombre del libro con este blog (Burning the ships, es la traducción exacta de “Quemar las Naves”), es un ejercicio interesante la lectura de la entrevista que hace Intellectual Property Watch a sus autores, respecto de la innovación, el rol de las patentes, Creative Commons y el supuesto cambio de dirección que está sufriendo Microsoft en materia de apertura y estándares.

De recomendable lectura.

DELL, la venta de computadores y la pillería

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Foto por effigie en Flickr

Hace algunas semanas, por un error de algún tipo la página de la empresa de computadores DELL permitió la venta de computadores Inspiron 1525 a USD$150, siendo que su precio normal parte en los $279.001 pesos chilenos o USD$535.

Me di cuenta del asunto estando en Colombia revisando el correo electrónico, con muchas personas avisándome de la noticia y otros preguntándome qué hacer, cómo podían exigir que les llegue un computador pagando el 10% de lo que se suele pagar por un notebook nuevo.

Varios han salido comentando el asunto, hasta el propio Director del SERNAC quien afirmó que la empresa debe respetar el precio informado tal como lo señala la Ley del Consumidor.

Y eso es cierto. Pero está mal.

Es que la ley del Consumidor, así como el Código del Trabajo, pretende proteger los intereses de quienes están más desprotegidos en una relación. A los consumidores, en el primer caso; a los trabajadores en el caso de relaciones laborales. Es que la ley supone, con mucha razón en ciertos casos, que debe propender a proteger a quienes no tienen la mejor posición de negociación en una relación que en principio es privada, y como tal debiera proteger la autonomía de la voluntad de los involucrados. Así, por mucho que un trabajador pretenda trabajar más de 48 horas semanales, e incluso esté dispuesto a esclavizarse y a formar un contrato que así lo estipule, la legislación laboral se lo impedirá por razones que van desde derechos inalienables establecidos en la Constitución, hasta el entender que muchas de esas condiciones fueron acordadas en condiciones desfavorables para el más débil.

Apuesto a que muchos empleadores y empresas serían felices sin pagar las cotizaciones previsionales de los trabajadores y sin darles horarios de colación. Y todos estaríamos en contra y probablemente miraríamos con regaño y algo de desprecio a esos empleadores sin corazón ni ética. Y con razón.

Pero en Chile estamos acostumbrados a beneficiar al pillo, al vivaz, al oportunista. En Chile pareciera ser un valor el talento para funcionar al borde de lo permitido y beneficiarse del desorden ajeno. Así es como por ejemplo nos parece tolerable y hasta justificamos al niño que aprovecha la más mínima desatención de su amigo para quitarle parte del postre, y aplaudimos a las empresas que para evitar pagar impuesto a la renta crean sociedades de responsabilidad limitada filiales, a quienes envían regularmente sus excedentes.

Permitimos que los pillos se suban a las micros del Transantiago por las puertas traseras y seguimos leyendo el diario, o aprovechamos de cambiar la canción del MP3 asegurándonos de esquivar alguna perdida mirada escrupulosa que no esté de acuerdo silenciosamente con el actuar del héroe que es capaz de evitar pagar el mismo viaje por el que nosotros sí pagamos.

Y en el caso de DELL y sus computadores a 77 mil pesos es igual. Una ley que pretende y ha beneficiado a una serie de consumidores de todo el país de los abusos que regularmente realizan multitiendas, supermercados, tarjetas de crédito y bancos, esta vez pretende beneficiar no al consumidor sino al pillo.

Es que los derechos de quienes enhorabuena compraron los computadores no son derechos que deriven de su calidad de consumidores. Son ‘intereses’ que derivan de su calidad de oportunistas, en el buen sentido de la palabra. De su talento para haberse ubicado en el lugar preciso y haber seguido el conjunto de instrucciones y la seguidilla de clicks que permitía que el sistema de compras de DELL le entregara un regalo navideño a precio de huevo.

Y así como creo firmemente la necesidad de resguardar los intereses de los consumidores ante las compras en línea, también creo que es necesario tomarnos en serio la ley que sugiere protegernos para que no se transforme, como puede suceder, en un arma de doble filo. De doble filo porque mientras por un lado es posible conseguir un beneficio ante la torpe digitalización del precio por parte del programador de la página de DELL, por otro puede implicar efectos desastrosos.

No me sorprendería que de ser condenado DELL a entregar todos esos computadores a un precio irrisorio, una serie de empresas de tecnología y de las otras piensen muy bien antes de embarcarse en un negocio en internet. Claro, porque ante cada desatención del digitador de precios, va a haber una jauría de geeks esperando el descuido para atacar en grupo.

Y la verdad de las cosas es que la ley está hecha para proteger a los consumidores de las empresas que sin escrúpulos publicaban precios baratos en catálogos de día domingo para lugar publicar erratas en letra Arial 9 el día martes. Pero la ley, ni esta ni cualquiera, está para proteger el aprovechamiento, la frescura y al pillo que todos llevamos dentro.

Circobit#11 especial Hiperbarrio.org

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Fotografía por Gabriel CC:BY-SA-NC

Con esto cierro el ciclo de post dedicados a Campus Party Bogotá.
El cierre es con una entrevista que hice a Álvaro Ramírez y a Gabriel Jaime de Hiperbarrio.org

Como les he comentado, Hiperbarrio es un colectivo de usuarios de la biblioteca de La Loma en Medellín, quienes a partir de la tecnología han comenzado a rescatar la memoria histórica del barrio, dejando de lado la historia reciente de violencia.

En la entrevista explican cómo lograron que hoy esos chicos de un barrio muy pobre y estigmatizado estén hoy escribiendo en blogs, haciendo podcast, entrevistando a vecinos, e incluso una de ellas viajó a Budapest al Summit anual de Global Voices.

Si para algo debe servir la tecnología, es para esto. Les dejo la entrevista, también disponible, como siempre en Podcaster.

[audio:hiperbarrio_cbit11.mp3]

Notas de Campus Party, Día 2

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Ya es Jueves, el sol salió en Bogotá, apuntes del día 2.

1.- El taller que dicté ayer estuvo bastante mejor de lo que pensé. Hubo una buena cantidad de gente y preguntas muy interesantes, algunas de ellas muy basadas en el contexto colombiano, lo que fue especialmente importante porque ayudó a comprender el contexto y la importancia que tiene el desarrollo de los blogs como herramienta para la libertad de expresión. Especialmente en países que o tienen regímenes lejanos al ideal democrático liberal, o bien para países con precarias condiciones para el desarrollo de derechos fundamentales, como es el caso Colombiano.

2.- John Mad Dog Hall es director ejecutivo de Linux International y es una celebridad. Es como un viejo pascuero bonachón, viene a dar una charla sobre las empresas del futuro basadas en código abierto. Pasa todo el día sacándose fotos con los frikis, cosa que según me entero con posteiroridad, está en su contrato y también en el mio. Pero claro, yo soy un pájaro chico

3.- Se acaba de realizar un flashmob en el marco de un taller de comunidades virtuales organizado por Álvaro Ramírez, de quien ya conté ayer, donde precisamente se apuntó a enviar un mensaje en contra de la proliferación de armas en Colombia. Un tema no menor, como podrá comprender cualquier lector atento. Si bien todavía no entiendo bien el lado trascendente de estas “comunidades casuales”, sí intuyo que tiene mucho que ver con el trascender el entorno tecnológico y mostrar que en definitiva todo esto no es una red de computadores sino una red de personas. Y no, no me estoy poniendo jipi de repente.

Notas de Campus Party, Día 1

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1.- Me ha impactado positivamente la cantidad de mujeres que hay. De hecho la foto que corona este post es perfectamente gráfica respecto de la proporción de mujeres por hombres que calculo al ojímetro en un 30%. Me ha impresionado mucho, dado que en un encuentro de geeks como este uno podría pensar en un local lleno de gorditos bueno para las espadas laser. Bueno, los hay, pero con una respetable estadística de mujeres. Punto para Campus.

2.- Yo lo hacia con mis amigos hace algunos años atrás. Esto de juntarnos con cerveza y pizzas a conectar nuestros computadores a un hub y jugar toda la noche. Claro, jugar y compartir. Evidentemente. Y me ha llamado la atención notablemente que acá en Campus la experiencia de conectividad parece ser disfrutada sólo a nivel individual, pero no a nivel de compartir archivos a nivel masivo. No sé si esto es bueno o malo, pero teniendo una red que permite conectarse a una velocidad de 3 megabytes por segundo, llama la atención que la gente sólo juegue, chatee y se conecte a Facebook.

3.- Vía mis amigos David Sasaki y Carolina Botero conocí a Álvaro Ramírez y a los chicos de Hiperbarrio.org, un notable proyecto de inclusión social a través de tecnologías que se definen como un programa de asistencia social en medios ciudadanos que pretende ayudar a personas parte de las clases trabajadoras que viven en las colinas periféricas de Medellín a utilizar la tecnología para contar sus historias a través de podcast, blogs e imágenes. Es un proyecto notable que últimamente ha establecido un nexo importante con Global Voices.

En fin, son sólo las notas del día 1. Hoy, ya mediodía del martes, está lleno de actividades paralelas en las que los participantes de Campus pueden asistir a talleres y charlas de tópicos tan distintos como interesantes, desde Juegos y Simulación hasta Blogs, Software Libre y Desarrollo tecnológico.

Desde Campus Party 2008, Bogotá

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Ya estoy instalado (nunca mejor dicho) en el recinto CORFERIAS en Bogotá, Colombia por invitación de la gente de Futura Networks y los encargados de Campus Blog a lo que publicitan como el mayor evento de entretenimiento electrónico en red del mundo, el famoso Campus Party que por segunda vez se hace en sudamérica.

A pesar de lo que uno podría creer en un principio, no está TAN lleno de geeks parecidos al de Los Simpsons y no ha sido concebido como un tarreo. Es decir, hay mil quinientos puntos de red con enchufes, sillas y mesas, pero la organización se ha preocupado de organizar un impresionante número de actividades paralelas que va desde charlas y mesas redondas sobre astronomía, software libre e inclusión digital, hasta conferencias sobre tópicos específicos. Cuando digo impresionante número de actividades lo digo en serio.

Y bueno, este miércoles estaré dictando un pequeño taller sobre los asuntos legales que todo bloguer debiera conocer y cuales son las formas, los subterfugios y los trucos para ser un buen ciudadano digital 😉 Eso sería a las 14 horas de Colombia del miércoles. El jueves es el turno de una conferencia que estaré dictando llamada “Música, Legalidad y nuevos modelos de negocio”, para el deleite de los campuseros, como son denominados los participantes del evento.

Estuve hablando por la mañana con mi estimadísimo David Sasaki del Global Voices quien viene de montar un interesantísimo proyecto en Medellín y que estará dictando un par de talleres sobre blogs comunitarios. En fin. Va a ser una semana bastante movida, con harta actividad y networking. Voy a estar reportando lo que me parezca más interesante por estos lados y hasta capaz que grabemos un Circobit. Manténgase en sintonía.

DRM: El brazo armado de las discográficas contra los usuarios

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Finalmente el año 2007 no fue el año de la muerte de los sistemas de DRM como algunos quisimos creer. DRM es una sigla que proviene del inglés y que significa Digital Rights Management o gestión de derechos digitales, en castellano. Estos sistemas son medidas tecnológicas de protección que permiten a los titulares de derechos patrimoniales de autor controlar el acceso o uso de archivos digitales por parte de terceros, incluyendo su impresión, copia o incluso visualización.

Como su propio nombre lo indica, éstas son medidas tecnológicas, esto es, si bien son medidas que los titulares de derechos de autor (no los autores, que no son lo mismo) ejercen en virtud de sus derechos de autor, son impuestas unilateralmente por éstos a través de medios tecnológicos. Además, terminan teniendo nefastos resultados tanto para los fines con que son puestas en práctica, como también para el ejercicio de derechos de todos los usuarios de bienes culturales.

Los problemas de los sistemas de DRM especialmente en el mundo de la música llevan adjuntos problemas que están lejos de ser resueltos y que distan de estar pensados como beneficios para el usuario. Los sistemas de DRM así como lo hemos explicado no están pensados en proteger la “propiedad intelectual” de los artistas que viven de la música, están pensadas para proteger a los titulares de derechos de autor (muchas veces grandes sellos multinacionales) de los radicales cambios que debieran apuntar en un cambio en los modelos de negocio, pero que se resisten a entender. En lugar de enfrentar los cambios con creatividad, lo enfrentan con restricciones absurdas, abusivas y sin sentido para el consumidor final.

Por ejemplo, es gracias (?) a estas medidas que si usted viaja a Estados Unidos y se trae la tercera temporada de Lost en DVD, existen altas probabilidades que mientras usted se encuentre en plena faena de cortado de pizza y sorbeteo de cerveza, aparezca una pantalla anunciándole amablemente que no está dentro de la zona geográfica autorizada y por tanto impidiéndole disfrutar de las aventuras de Jack y sus amigos.

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De más está decir que siempre hay opciones. Creada la restricción, creada la trampa. O interviene el firmware de su reproductor de DVD convirtiéndolo en multizona, o bien lo baja todo desde Internet.

Si bien el caso de los DVD es tal vez el más sintomático y probablemente con el que más seguido nos ha tocado lidiar, no es sino el mercado de la música donde se hace más evidente las falencias de los sistemas de protección y sus nefastas consecuencias para el mercado y para los consumidores.

Hace algunos años atrás, y en conjunto con el lanzamiento de su Windows Media Player 10, Microsoft lanza al mercado el portal MSN Music concebido como la competencia directa a iTunes de Apple, una de las tiendas de música digital más importantes del mundo. Incluso llegaron a firmar acuerdos con otros gigantes mediáticos como Terra. La idea era asociar el sistema de compras de música en línea con el sistema operativo de Microsoft y, gracias al sistema de DRM desarrollado por Microsoft llamado alegremente PlayforSure controlar tanto las reproducciones como las copias de los archivos adquiridos a través de la plataforma MSN Music.

Una de las prestaciones más interesantes (?) del sistema de DRM que contienen cada unos de los archivos “vendidos” a través de MSN Music es que cada uno de éstos deben estar asociados a una copia del sistema operativo. Así, si el usuario decide actualizar su sistema operativo (a Vista, por ejemplo) o cambiar de computador, debe pasar por la autorización del sistema para que los archivos adquiridos puedan ser reproducidos finalmente.

Todo bien hasta la semana pasada, cuando Microsoft anunció que dejaría de prestar soporte a los archivos musicales adquiridos a través de su sistema a partir del 31 de Agosto de este año, lo que significa que a partir de esa fecha los clientes de MSN Music perderán la posibilidad de reproducir la música que legítimamente han adquirido si es que actualizan su sistema operativo o bien deciden cambiar su equipo computacional. Claro, porque a partir de esa fecha ya no podrán realizar el proceso de “re-autorización” de sus archivos de audio una vez que realicen dichos cambios.

Así, a pesar de haber pagado por dichos archivos de audio, éstos se van a volver inutilizables si es que usted cambia de sistema operativo luego del ultimátum de Microsoft. Así, a pesar de haber pagado por dichos archivos, usted no tiene control alguno sobre ellos. Gracias a los DRM la última palabra la tendrá siempre el proveedor y no el consumidor.

La mala noticia es que esto no sólo pasa en Estados Unidos. Si uno hace una revisión somera de lo que sucede en las tiendas de venta de música digital en Chile, se encuentra con un panorama desolador. Así, WOW.cl y Mallmusic.cl realizan venta de archivos digitales de audio, todos en formato Windows Media Audio y con este desquiciado DRM que restringe el número de reproducciones que los compradores pueden hacer, entre otras cosas a un precio que, en el caso de MallMusic llega a prácticamente duplicar el precio que cobra, por el mismo archivo, iTunes Store.

En esta lucha contínua que dicen tener los grandes discográficas contra los sistemas de descarga ilegal, me parece que alguien debiera explicar qué incentivo puede tener un consumidor en comprar el último disco de -ejem- Avril Lagigne con un asqueroso DRM a $6.300 (us$13.4).- siendo que el torrent está a dos clicks de distancia y gratis. Finalmente, pareciera ser que el asunto de la piratería dista de ser un problema delictivo y pasa a ser un problema de índole económica.

A los grandes titulares de derechos de autor ya no les basta con influir decisivamente en las discusiones legislativas respecto de los criterios de protección de los derechos de autor. Hoy, además de alentar por una ley de propiedad intelectual todavía más restrictiva para el público, utilizan medios tecnológicos para restringir los usos que los consumidores legítimamente quieren realizar con los archivos musicales que han adquirido. Nos restringen con la ley y sin ella, sin que tengamos mucho que decir al respecto.

Los DRM suponen, en definitiva, que la decisión final respecto de los usos que puedan realizarse de los archivos esté siempre en el proveedor y nunca en el usuario. Suponen restricciones excesivas y arbitrarias que apuntan en contra del consumidor final, basadas en las ideas de control y restricción y que no toman en consideración el equilibro de los derechos de los autores con los derechos derivados del interés público. Esto refuerza la importancia de una ley de derechos de autor que refuerce las excepciones y limitaciones al derecho de autor y fortalezca el dominio público. Todos los problemas que se derivan de los DRM se ven aumentados injustificadamente con una ley desequilibrada. Si los sellos discográficos no nos van a ayudar, guardamos esperanza que nuestros representantes en el Congreso lo hagan. Los estaremos mirando atentos.

Columna publicada en Fayerwayer.com

NIN: la magia del licenciamiento

Digámoslo así. Supongamos que usted y yo somos amantes de la música. Además, suponga que nuestra banda favorita ha sacado nuevo disco. Hace quince años atrás, la única forma de vencer la ansiedad por conseguirlo era esperar a que la tienda de discos de siempre decidiera importarlo. Lo que sucede hoy es que ya no depende de la tienda de discos, parece depender de la banda misma. Así, si bien para conseguir el disco siempre tenemos la opción de descargarlo a través de Internet, esta vez supongamos que es la propia banda la que nos entrega opciones, que van desde los cinco dólares por acceder a los archivos, hasta trescientos dólares para adquirir una edición de lujo que incluye un disco de vinilo autografiado. Miel para los fans.

Según indica el manoseado sentido común, o lo que diría el famoso hombre medio empírico, la mejor alternativa es la descarga gratuita a través de algún sitio en Internet. Ir directo a The Pirate Bay y ahorrarnos problemas. Indica el sentido común que todos quienes quisieran conseguir el disco, lo conseguirían a través de los sistemas de descarga, muchos de ellos ilegales, que existen en la red. Fuera de todos estos supuestos, esta semana el grupo norteamericano Nine Inch Nails ha decidido hacerse cargo de la distribución en formato digital de su último trabajo al que denominaron Ghost I-IV, ofreciendo la posibilidad de conseguirlo a través de descarga directa a un precio mínimo de cinco dólares por el disco completo y la opción de compra de la versión Super Deluxe limitada y autografiada por trescientos de la divisa norteamericana. En menos de veinticuatro horas, y más allá de cualquier ejercicio de suposiciones económicas, se agotaron los 2.500 ejemplares disponibles de dicha edición.

Lo que ha hecho Nine Inch Nails no es sino un paso más allá de lo ya experimentado en el archi comentado lanzamiento del In Rainbows de Radiohead y los últimos videos lanzados por REM. Lo que podemos apreciar es un movimiento audaz y lúcido de músicos que hace rato dejaron de navegar en las aguas del underground y que están todavía más lejos de ser simples amateurs con ansias de promoción. En una de las últimas ediciones de Wired, el propio David Byrne traía a colación que en algún momento el negocio de la música pasó a transformarse en el negocio de la venta de plástico con contenido musical, y pareciera ser que es precisamente ese modelo de negocio de explotación musical el que está mostrando sus últimos estertores a través de iniciativas como la de Nine Inch Nails o Radiohead.

Pero el paso adicional, y tal vez el más importante, que ha dado el grupo liderado por Trent Reznor se ilustra por las condiciones en las que ha puesto a disposición su último disco. Porque no basta con poner la música a disposición del público en Internet. Tanto así, que cuando Radiohead permite incluso la descarga gratuita de su disco no queda claro para quienes queremos descargarlo qué podemos y qué no podemos hacer con él. Y la pregunta está lejos de ser irrelevante, puesto que no obstante autorizar la descarga enviando un enlace a través del correo electrónico, los usuarios no somos informados si podemos grabarlo en un disco compacto, si estamos autorizados a hacer reproducciones de ese archivo que hemos descargado en diferentes computadores, si podemos pasarle el archivo a nuestro amigo que no tiene conexión a Internet, ni tampoco si podemos subir el volumen de nuestros parlantes al máximo y de esa forma disfrutar del excelente In Rainbows con nuestros padres y amigos. El sólo envío del archivo no nos dice más que eso, tome y descárguelo. En estricto rigor, ni siquiera nos autoriza a darle al ‘play’.

Así como el derecho de autor ha supuesto históricamente -y con muchísima razón, por lo demás- que existen usos de una obra que no van a estar regulados por la ley, tales como vender un libro usado o dormir sobre un disco compacto, la nefasta tendencia a la sobre protección y sobre regulación de estos derechos lleva al absurdo que si nos atenemos al texto de nuestras leyes de derecho de autor, probablemente sea ilegal pasar el disco compacto a archivo MP3. Y es precisamente acá donde se distingue la decisión de Radiohead de la puesta a disposición del último disco de Nine Inch Nails. Mientras Radiohead nada dijo sobre lo que podemos y no hacer con los archivos descargados, Nine Inch Nails lo aclara licenciando el disco con una licencia Creative Commons, permitiendo reproducciones y adaptaciones siempre que no sean con fin de lucro.

Pareciera ser que el próximo paso en este novedoso camino seguido por músicos de todo el mundo es determinar las condiciones con las que dejan su música a disposición nuestra en Internet. Porque mientras la industria tradicional de la música ha dedicado buena parte de su presupuesto a demandar en tribunales a gente como usted o como yo por compartir música a través de sus computadores -y a tratar de convencernos mediante costosas campañas publicitarias que descargar por Internet es similar a robar autos, casas y joyas- los músicos, los artistas parecieran estar comenzando a entender que de lo que se trata no es de proteger un obtuso concepto de propiedad privada, sino la oportunidad que entrega Internet para la difusión y distribución del conocimiento y la cultura. Mientras la industria tradicional de la música sigue anunciando la caída sostenida en la venta de discos y la crisis de la industria, hoy tenemos más recitales y conciertos que nunca antes. Mientras nos intentan convencer que estamos en crisis terminal y que la música se muere, Nine Inch Nails gana más de 750.000 dólares en menos de 24 horas. Y sin poner disco alguno en las estanterías.

Columna publicada en la revista Terra Magazine.

TIC en la escuela: ¿Cabe el plagio en la educación?

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Fotografía por Ficken. CC:BY

Este artículo pertenece a la serie de artículos escrita por invitados finamente seleccionados para usted, celebrando los tres años de Quemarlasnaves.net. Este, es un texto escrito por Paz Peña de Tilt!

UNO. Eres un profesor. Pides un ensayo a tus alumnos que llevará una nota final. El día que recibes los trabajos te das cuenta que uno de ellos te entrega un artículo que te parece sospechoso. Entonces en Google escribes una de las frases más elaboradamente dudosas. Efectivamente, el estudiante ha hecho un cut’n paste descarado y ante esa evidencia de inteligencia tan escueta, decides ponerle nota 1. En el mismo ejercicio pero con otro alumno, te das cuenta que éste ha tomado varias ideas de otros autores sin atribuirlas pero que terminan en un trabajo de gran nivel: síntesis de ideas importantes, relación de conceptos, una clara línea argumental, etc. ¿Qué nota le pones? ¿Es este un plagio entendido como robo o finalmente el estudiante ha sido capaz de sintetizar el conocimiento y transformarlo en algo nuevo?

DOS. En un mundo conectado en nodos comunicativos –donde Internet es solo una muestra- y donde el tráfico de conocimiento es exponencial, estamos cada vez más acostumbrados a oír y discutir sobre samplers, cut’n paste, copyleft, y diversas derivaciones de las problematizaciones del conocimiento y los derechos autorales, pero ¿qué se habla en la educación? Todos pregonan sobre la supuesta importancia de las TIC en la escuela, pero poco se reflexiona sobre las implicancias que ellas tienen en un modelo educativo cartesiano. En este contexto, el plagio sólo es tratado como engaño moral pero nadie se hace la pregunta si hoy, en esta nueva concepción del conocimiento gracias a las TIC, es posible que el plagio quepa como manifestación del saber en la educación.

TRES.

(…) ¿Qué, quieren una originalidad absoluta? No existe. Ni en arte ni en nada. Todo se construye sobre lo anterior, y en nada humano es posible encontrar la pureza. Los dioses griegos también eran híbridos y estaban “infectados” de religiones orientales o egipcias. También Faulkner proviene de Joyce, de Huxley, de Balzac, de Dostoievsky…

CUATRO. Aclaremos primero qué se denomina plagio. La RAE lo considera como “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”. Esto sería, claro, parecido a un robo. Pero me gustaría concentrarme –como Lessig nos enseñó con el copyright- en si las consideraciones de plagio siempre han tenido estas connotaciones negativas a lo largo de la historia. Y la verdad es que son muchas las manifestaciones culturales que se han valido por siglos de un plagio que ha cambiado de nombres (copia, imitación, reciclaje…), pero que en definitiva simbolizan una forma de uso de los saberes, propietarios o no, en la sociedad. Según el colectivo Critical Art Ensamble, “antes de la Ilustración el plagio estaba bien visto. Era útil en tanto que contribuía a la distribución de las ideas”.

Estrictamente hablando, el plagio pertenece a la cultura de después del libro, puesto que es en esa sociedad en la que se puede hacer explícito lo que la cultura de los libros, con sus genios y sus autores, tiende a esconder -, a saber, que la información es mucho más útil cuando entra en contacto con otra información y no cuando se la deifica y se la presenta en el vacío.

En el postcapitalismo, el plagio se lee a través de dos caras de una misma moneda. La primera es una más bien moral. Considerar al plagio como una reacción contra la comodificación (privatización) de los bienes culturales de la sociedad a través de su recontextualización (el ejemplo del colectivo artístico Superflex es muy preciso). La otra cara, la que me parece más interesante para los efectos de la educación, dice relación con la inserción productiva de los sujetos. Si en la economía, el flujo de la producción, distribución y consumo se convierten –gracias a las TIC— en un único acto ininterrumpido, ¿existe espacio para la idea original? En una circulación de conocimientos muchas veces caótica ¿se necesitan más ideas originales si aceptamos que ellas existen? ¿O más bien la sociedad necesita de buenos sintetizadores que con la premura del tiempo productivo puedan insertar sus ideas/productos en el ciclo de la producción, distribución y consumo? La pregunta última, claro, tiene que ver con qué individuos queremos educar y, por sobre todo, para qué.

CINCO. Pero ¿qué se deja atrás cuando se plantea una educación para plagiadores? La respuesta creo que debe hacerse desde la inserción de las TIC en la cultura. En este contexto, se pone en entredicho el conocimiento como objeto ajeno al sujeto, donde el individuo puede aprehender al objeto en su esencia misma, sin connotaciones ni distorsiones. Con las TIC, revolucionariamente, el saber se concibe no como una idea de conocimiento objetivo, sino como producto de la intervención colectiva de sujetos en colaboración (web 2.0). Pero por sobre todo, la idea de autor deja de ser figura exclusiva de principio de coherencia del discurso: el hipertexto llegó para liberar al lector/receptor de la dominación jerárquica de esa fuente de ideal coherencia. En la educación, entonces, ¿tiene sentido seguir considerando al plagio como copia de un autor y saber cartesiano?

SEIS. Si la educación ha de buscar una respuesta, primero no debe escandalizarse con la entrada de las TIC en la vida de los estudiantes. Es imperioso recontextualizar el concepto a la luz de los antecedentes. En este sentido, creo que el plagio al que debemos referirnos no es a esa copia descarada sino más bien a ese trabajo que toma significados culturales y los recontextualiza creando una nueva obra sintetizada. Así, el problema de dar como propia la obra no sería el meollo del asunto, sino el producto que se sintetiza y la recepción de él. Por lo demás, no sería mala idea incorporar al currículum la enseñanza de los Creative Commons como parte de la historia de las ideas pues, en cierto sentido, estas licencias presuponen un saber sintetizado y pueden darle al uso de citas un sentido de colectividad cultural más que de exclusiva atribución individual del conocimiento. Así, si se resignifica el plagio, también deben modificarse lo que evalúan los profesores y sus consecuentes herramientas de evaluación. Si hay consenso en incorporar las TIC en la educación, ¿no sería hora ya de pensar en cómo caben las nuevas lógicas del conocimiento –el plagio como una de ellas- en la educación?

SIETE. Al final de este punteo, no se me ocurre nada mejor que terminar con el que considero gran problema para llevar a cabo una educación para plagiadores: la educación cartesiana propia de nuestra tradición, confiere al conocimiento una atribución de propiedad, es decir, el sujeto “toma” un saber y lo hace “propio”. Y, como ya sabemos, el conocimiento como propiedad privada es el lema del copyright. En esa muralla de tradición, ¿cómo hacemos caber una educación para plagiadores? En eso trabajo. ¿Alguna idea?

Este artículo pertenece a la serie de artículos escrita por invitados finamente seleccionados para usted, celebrando los tres años de Quemarlasnaves.net. Este, es un texto escrito por Paz Peña de Tilt!

Paulo Coelho es un pirata y gana dinero con ello


Fotografía por aart.hilal en Flickr

A fines de diciembre del lejano 2006, les contaba de las buenas razones que uno podría tener para amar a Paulo Coelho. En sentido figurado, Cecilia Bolocco, si me estás leyendo.

En resumidas cuentas, una sobrina iluminó al Guerrero de la Luz (?) respecto de los beneficios de la distribución en línea, la divulgación de su obra y aumento de las ventas de sus libros, por cierto, que es como este señor se gana la vida. No combatiendo sombras ni nada que se le parezca.

Hace un par de días atrás terminó la conferencia DLD (Digital, Life, Design) en Munich, Alemania, donde se habló respecto de innovación digital, ciencia y cultura, y se dieron cita ilustres de la talla de Oliviero Toscani, Jimmy Wales, Martin Varvavsky y Jason Calacanis, entre muchos otros. Ahí, en este lugar, el día 20 expuso en la mesa denominada acertadamente Creating Universes el propio escritor brasileño.

Y Paulo Coelho estuvo a la altura de las circunstancias, si alguno de ustedes tenía suspicacias.


Fotografía por aart.hilal en Flickr

Mientras muchas industrias ligadas al entretenimiento viven acomodándose, como grandes dinosaurios, a la nueva situación en las que las deja la masificación de Internet, Coelho vio una gran oportunidad, como no, de negocios. Y lejos de quedarse sentado esperando, literalmente metió manos a la obra.

Coelho visitó cientos de sitios web y sistemas de descarga y bajó copias de todos sus libros en todos los lenguajes posibles. Entonces, abrió un blog que denominó creativamente Pirate Coelho y subió una a una todas las copias de los libros que encontró, permitiendo ser descargadas gratis. Sí, gratis.

El resultado es que según lo que él mismo señala, todo esto no lo ha hecho porque quiera perder dinero (?). El objetivo es precisamente dejar a la libre disposición de cualquiera el contenido de los libros para aumentar la venta de los libros en formato papel. Y según él, resulta.

In 2001, I sold 10,000 hard copies. And everyone was puzzled. We came from zero, from 1000, to 10,000. And then the next year we were over 100,000. […]

I thought that this is fantastic. You give to the reader the possibility of reading your books and choosing whether to buy it or not. […]

So, I went to BitTorrent and I got all my pirate editions… And I created a site called The Pirate Coelho.

Paradojas más, paradojas menos, resulta que Coelho se “piratea” a sí mismo para poder vender más libros.

¿Será que la experiencia de lectura, al contrario de lo que sucede con la música, es completamente diferente si el formato es digital a si es analógico? ¿Será que el fetiche del libro y la tinta es más fuerte que el contenido mismo del libro? ¿Cuántos modelos de negocio podemos imaginar sólo pensando en que el experimento de Coelho pueda ser replicable para todos?

Bueno, por si no me creen y les sobra una hora y cuarenta de tiempo, pueden ver el video con la conferencia de Coelho completa. La mala noticia es que con esto la obra de Coelho se va a diseminar por todos lados. Shit happens.