La cultura del todo gratis

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La fundación Wikimedia acaba de recaudar 16 millones de dólares en su campaña de recaudación de fondos, dinero donado por más de medio millón de personas alrededor de más de 140 países. En promedio, cada uno donó 22 dólares a la fundación que maneja, entre otros, la ubicua y maravillosa Wikipedia.

Además de ser una gran noticia (no sólo por llegar a la meta sino también para dejar de ver la cara de perro apaleado de Wales), me ha hecho recordar los rabiosos argumentos por los paladines del derecho de autor en Chile sobre esa extraña cultura del todo gratis que esgrimen algunos y que pareciera ir en contra de la cultura y nuestros autores.

Esta cultura, que pareciera ser una campaña orquestada quién sabe en qué oficina de odiosa multinacional, estaría llevando a una crisis en nuestra industria cultural, que pareciera estar pereciendo cada minuto que pasa producto de estos malditos internautas que no pagan lo que debieran.

Tres ideas. (1) En Chile se editaron 70 nuevos discos chilenos el 2010, sólo dos de ellos por multinacionales: Los Bunkers (Universal) e Inti Illimani (Warner). (2) No se recuerda en Chile otro año con más conciertos en vivo que el 2010. (3) Si Wikimedia recauda 16 millones de dólares, quizás el problema no es que la gente no quiera pagar. El problema quizás está en que no les ofrecen algo por lo que valga la pena pagar, que es diferente.

La fotografía es de Mike Perez, CC:BY

Sobre la ley de cuotas de música chilena en radios

La Zamacueca

 

imagen: Reproducción de La Zamacueca, pintura de Manuel Antonio Caro. En dominio público.

Otra vez Carlos Peña tiene razón. Parte relevante del argumento a favor del polémico proyecto de ley que se encuentra en el Congreso y que pretende obligar a las radios a programar a lo menos un 20% de música nacional, es profundamente conservadora y naturalista. Conservadora porque supone un valor especial a aquellas obras musicales que tienen la característica de ser chilenas; naturalista, porque pareciera que esas características de lo chileno estuvieran allí, delante de nuestros ojos, existieran independiente de nuestras reflexiones.

Además supone que lo que le faltara a los músicos en Chile es más difusión a través de las radios y no mejores condiciones en sus contratos discográficos, mejores lugares donde tocar y mayor difusión de sus obras. Dos ejemplos. Al día de hoy, el disco Boo-Boo del músico electrónico Francisco Pinto (Pueblo Nuevo, 2008) ha sido descargado más de 80.000 veces. ¿Cuántas veces necesitó Pinto ser tocado en las radios para dejar en ridículo el «disco de oro digital» que recibió Los Bunkers* por sus 8.000 descargas? Hoy, buena parte de la historia musical de mitad de siglo XX en Chile se encuentra sin editar, música cuyos derechos están, en muchos casos, en manos de oscuros productores gracias a contratos que hoy nos harían sonrojar. ¿Y si quizás el problema no es la distribución radial sino el acceso a esas obras?

El proyecto supone, en añadido, que va a significar un empuje a la música nacional, cuando sabemos que ni aunque obligaran por ley a usar un 80% de música nacional tocarían una canción de Congelador en FM Hit o una de Pueblo Nuevo en Radio Carolina. No nos pisemos la capa entre superhéroes. Una ley como esta acrecentará la diferencia entre los que ganan más y los que ganan menos dentro de la precaria industria musical chilena. Más dinero para Alberto Plaza, el mismo para Lluvia Ácida.

Que no se me malinterprete. Cuando se trata de resolver deficiencias del mercado, como ciertamente existe en el caso de la difusión de música chilena en las radios, las cuotas no son a priori una mala idea. No es un misterio que las plantas gerenciales de nuestro concentrado mercado radial no se caracterizan por su empuje hacia la programación de música nacional (sea lo que sea que eso signifique). La pregunta que nadie se ha hecho, además de aquella a la que da respuesta Carlos Peña, es si es cierto que la deuda más urgente que tengamos en Chile para con nuestros músicos sea su distribución radial.

¿No será quizás un buen momento para dejar de pensar sólo en formas de recaudación -la evidente preocupación de la SCD- y darle una mirada también al acceso?

*Gracias Germán por la corrección. Continue reading

¿A qué venía Robin Gibb a Chile?

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Esta semana se anunció con bombos y platillos la visita a Chile del cantante Robin Gibb, integrante de la banda británica Bee Gees, quien hoy se desempeña como presidente de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (Cisac), la multinacional que agrupa a las entidades de gestión colectiva alrededor del mundo.

Según la nota de prensa publicada, Gibb vendría a Chile a ser homenajeado (?) por la USACH, la que le daría un doctorado honoris causa (?), además de -en palabras de doña Tatiana Urrutia directiva de la SCD- “reposicionar a la Unión Nacional de Artistas (UNA) como la organización que representa a todos los creadores en Chile, reunidos en diversas organizaciones“.

Ya. Interesante que tengan que traer a un artista de extraños y dudosos éxitos a explicar lo que los líderes de la autodenominada “UNA” intentaron hacer hace un tiempo con tristes resultados. Me llama la atención cómo algunos necesitan tener verdades reveladas por un artista que, por lo demás, está lejos de la realidad de la gran mayoría de los creadores culturales de nuestros países.

Es que a menos que el señor Gibb comparta el secreto de su éxito -digámoslo, más vinculado a la tantas veces esquiva suerte y al decidido apoyo de la industria discográfica de los setenta que a otra cosa- resulta a lo menos paradójico que comparta el valor de la asociatividad de un sistema de distribución de regalías por derecho de autor que dista de ser equitativo y que beneficia fundamentalmente a los Gibbs de este mundo y no a la gran mayoría de artistas y creadores de ignotos y lejanos lugares como Chile.

Bueno, la noticia -si es que lo fue en algún momento- es que el señor Gibb canceló finalmente su visita, dejándonos sin la oportunidad de compartir su sabiduría y, de pasada, construyendo una noticia desde el humo. De la intención de venir. Si es que, en realidad, alguna vez la tuvo, claro.

Fotografía de Paul Easton CC:BY-NC-ND

Las confusiones y la guerra del presidente de la SCD

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En estos días se desarrolla en Washington DC el denominado World Copyright Summit, pretencioso encuentro que reúne a la crema y nata de las industrias multinacionales de la cultura, además de sus asociados estratégicos, las entidades de gestión colectiva.

En una nota publicada ayer por el diario español El País, algunos participantes hablan de algunos puntos que les interesan y que creen es la forma adecuada de enfrentar esta lacra social llamada internets.

Y en el último párrafo le dan un pase gol al flamante presidente de nuestra SCD, quien premunido de la verborrea incontrolable de quienes hablan desde la verdad y la corrección moral, le explica a la agencia EFE los problemas que él ve con el derecho de autor. Los destacados son míos, por cierto:

El presidente de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD), Alejandro Guarello, está de acuerdo y lamenta que en su país exista una presión creciente para imitar la legislación estadounidense. Para el representante de la SCD uno de los problemas de EEUU es que “no se reconoce necesariamente al creador”. “Se reconoce al titular del derecho”, explicó a Efe Guarello. “Eso significa que si una persona está en un pequeño pub cantando y no ha registrado su pieza y viene un representante de una compañía y la compra el autor pierde todo el poder porque lo que importa en EEUU es el que tiene el derecho”. Guarello indicó que si el tema se convierte en un éxito el que recibe los ingresos de los derechos es la compañía y no el autor, que se queda sin nada. “Esa línea es la que se intenta implementar en Chile y nosotros estamos absolutamente en guerra, absolutamente”, concluyó Guarello. A diferencia del modelo anglosajón, en el modelo europeo continental y latinoamericano los derechos asociados a la propiedad intelectual son irrenunciables.

Es una torpeza decir que en EEEUU no se reconoce necesariamente al creador. La explicación de por que sería importante “reconocer al autor” en lugar del titular de derechos es simplemente risible, considerando que los principales clientes de las entidades de gestión colectiva son titulares de derechos -empresas- y no necesariamente autores. Decir que en Chile se intenta implementar una “línea” que pretende entregarle los éxitos a las compañías es ignorar quienes han sido quienes realmente han esquilmado a nuestros artistas en los últimos sesenta años, que ciertamente no ha sido el público, no ha sido la tecnología ni ha sido internet. Han sido los mismos sellos discográficos y los mismos modelos de negocio que financian el seminario al que asiste en Washington. Basta ya de mentiras.

Más allá de las falacias asociadas a una profunda ignorancia normativa -como decir que en el sistema continental los derechos asociados a la propiedad intelectual son irrenunciables-, sinceramente me intriga quién estará tras el guión que siguen con obediencia los voceros de la entidad de gestión colectiva chilena.

Es que Alejandro Guarello está en una guerra. En una guerra que, como otra no muy lejana en Chile, sólo se libra gracias a los delirios de la misma entidad de gestión.

Campañas infames contra autores chilenos

Lo anterior reafirma lo señalado desde el primer momento por este Consejo Directivo, en cuanto a tu absoluta falta de responsabilidad en ese hecho, que sabemos te ha afectado muy dolorosamente en lo personal y que hoy anima a los enemigos del derecho de autor a desatar una campaña infame e hipócrita en contra de los autores chilenos.

Lo de arriba es un extracto de la carta que la directiva de la SCD le hace llegar a Fernando Ubiergo, adjunta a los resultados de la auditoría hecha por los amigos de la ADS (Asociación de Distribuidores de Software), donde se da cuenta de que en un total de cuatro computadores se detectaron “instalaciones erróneas de software“.

Desde acá me gustaría hacer un llamado a detectar y funar a todos esos enemigos del derecho de autor que han hecho estas campañas en contra de los autores chilenos. A pesar de haber estado involucrado desde el primer momento en la discusión legislativa, la verdad es que al parecer mi astigmatismo me ha impedido ver a estos infames sujetos que están tratando de destruir a nuestros autores. Si alguien tiene algún dato adicional que permita su identificación, por favor comuníquese por interno.

Creadores versus Cobradores

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De partida, quiero aclarar algo que pareciera ser evidente, obvio, pero que para algunos no deja de ser sino una anécdota, que esto es un blog personal.

La noticia de lo que va del año es la renuncia de Santiago Schuster a la Dirección General de la SCD, cargo que ha desempeñado en los últimos 24 años. Según la nota de prensa y la declaración oficial de la entidad de gestión y cobro, la renuncia se produce luego del vergonzoso affaire que involucró al cantante Fernando Ubiergo -a la sazón Presidente de la entidad- con la utilización de software sin licencia en una presentación oficial en el norte del país.

En este blog, en otros y en público he hecho saber mis profundas discrepancias con las políticas promovidas por la SCD en materia de derechos de autor, que históricamente han promovido un sistema que sólo supone beneficios para algunos creadores en detrimento de todos los ciudadanos. Algunos desinformados -o a estas alturas derechamente ignorantes- insisten en que quienes mantenemos una posición divergente pretendemos la abolición del derecho de autor o que nuestros autores no reciban lo que merecen por la utilización de sus obras. Incluso algunos se han atraveido a vociferar histéricamente que algunos amedrentamos y somos pagados por multinacionales para acabar con los derechos de los artistas. Con declaraciones ridículas y sitios web delirantes, algunos han pretendido satanizar a quienes pensamos distinto.

Pero me da la impresión que el descalabro tras el vergonzoso episodio del software pirata (parecida a la historia del cura que oficiaba la misa en colaless) debiera ser una gran oportunidad para separar aguas dentro de la entidad de gestión.

A la luz del desarrollo de las nuevas tecnologías, esta política de sobre protección y tolerancia cero a las excepciones y limitaciones que favorecen al público sólo favorece a los mayores detentores de royalties por derechos de autor que no son los músicos sino que son las empresas discográficas. Por eso llama la atención que en el marco de la discusión por la modificación de la ley de propiedad intelectual, los únicos que están junto a la SCD sea la IFPI, agrupación internacional que agrupa a las disqueras multinacionales. En otras palabras, mientras Fernando Ubiergo subía toda su discografía a su página web, los Directores del organismo se asociaban con las discográficas para tener una ley todavía más restrictiva.

Lo que quiero decir con esto, es que tal vez es el momento que los músicos y creadores chilenos tomen las riendas de la entidad de gestión. Tal vez llegó el momento en el que los intereses de la entidad de cobro (que por lo demás se lleva un 30% de lo que recauda sólo en el vago concepto de “administración”, repartiendo la mitad de eso a los músicos chilenos) se separen de los intereses de los creadores y artistas.

Quiero pensar que los creadores chilenos no pretenden una ley que criminalice lo que hacemos en internet y me gustaría creer que los artistas de Chile también están de acuerdo en tener un trato justo para todos, para bibliotecas y para el público. Tal vez llegó el momento que los intereses de la SCD sean también los intereses del público, de los creadores, de los artistas y de sus socios. De todos sus socios, claro está.

La regada cena de la SCD con Senadores: FAIL

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Todo el mundo tiene sus informantes. Por el correo de las brujas nos enteramos que ayer por la noche se iba a realizar una cena en un humilde restaurant de la capital ubicado al borde del Cerro San Cristóbal llamado Divertimento donde se darían cita una serie de personajes ligados a la SCD para mostrar su “campaña” por un trato justo sólo para algunos.

Pero claro, la noticia no era esa, sino que estaban también invitados varios Senadores de la República, sí, esos mismos que han sido escogidos por todos nosotros para representar el interés común de toda la sociedad. No obstante la negativa de varios de ellos (todos supongo por razones de diversa índole), respondieron afirmativamente a la invitación los Senadores Alberto Espina y Carlos Ominami.

El ojo del crítico de cine Gonzalo Maza también estuvo ahí y reporteó todo lo que pasó después de la “regada” cena.

Alberto Espina salió a hablar primero. No digamos que tenía un público favorable. Una pequeñas pifias se escucharon al comienzo. Pero Espina fue astuto y dijo lo que presentes esperaban: que apoyaba a los artistas en su causa, que conocía sus trabajos, y que desde siempre los ha apoyado porque “los derechos intelectuales son parte de los derechos de propiedad”. Quizás su argumento más convincente fue cuando dijo que ya en el pasado había escuchado que “cosas malas” ocurrirían si se obligaba a los restaurantes y discotecas a pagar derechos de autor por la música… y finalmente nada pasó. Los restaurantes y discotecas siguen funcionando sin problemas. Espina sacó aplausos.

Con el público ya “caliente”, Carlos Ominami tenía que refrendar las palabras de su antecesor para salir con aplausos similares. Pero en una jugada incomprensible, Ominami empezó a decir que había que tener ojo con este proyecto, porque los artistas tenían que entender que había bienes sociales “superiores” que defender antes que los propios. Y mencionó los derechos de las radios comunales (ante lo que Ubiergo dijo: “no tenemos ningún problema con las radios comunales, tenemos problemas con los consorcios radiales”), y siguió diciendo que había límites para el derecho de propiedad (lo que no cayó nada bien y comenzó algunas pifias) y luego Ominami perdió el control, y en una onda muy laguista, empezó a retar a los asistentes por no saber dialogar ni escuchar algo distinto a lo que querían escuchar.

Y ahí todo explotó.

La pifiadera inundó la sala. Y Ana María Gazmuri, la actriz, tomó el micrófono e hizo la interpelación más impresionante que haya visto en alguna parte. La Gazmuri le dijo a Ominami que no podía decirles que no sabían conversar, porque para conversar primero ellos esperaban que el senador hubiera tenido algo que proponer. La Gazmuri se llevó los aplausos. Y Ubiergo, como un guanaco, dio por terminado el asunto y disipó a la multitud que consternada partió para su casa.

Claro, la misma entidad que pide un trato justo para algunos, la misma entidad que es la principal promotora de juicios por cobro de derechos de autor a pequeños locales comerciales, la misma que ha dicho que quienes pretendemos un derecho de autor equilibrado somos comunistas y comeguaguas, la misma que quiere hacerle creer que hay otros (porque no son ellos, claro que no) poderosos lobbys tras la ley, es la que quiere dirigir una vez más el debate sobre el derecho de autor en Chile.

Basta de mentiras y abusos. Queremos un trato justo para todos*.

Sociedades de gestión colectiva y política

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Ley de Derecho de Autor Uruguaya:

Art. 58. Las asociaciones constituidas o que se constituyan para defender y gestionar los derechos patrimoniales reconocidos en la presente ley, necesitan, a efectos de su funcionamiento como tales, de la expresa autorización del Poder Ejecutivo de conformidad con lo establecido en esta ley y en el decreto reglamentario.

Dichas asociaciones que se denominarán de gestión colectiva deberán ser asociaciones civiles sin fines de lucro, tendrán personería jurídica y patrimonio propio y no podrán ejercer ninguna actividad de carácter político o religioso.

A punta de porrazos uno a veces entiende el sentido de ciertas leyes.

foto: Juan Pedro Catepillán

El Gobierno acepta las pautas de la SCD y acepta una ley abusiva para todos

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El final de esta historia es que el Gobierno tiene un concepto bien torcido de democracia y muy extraño de lo que es un gobierno ‘ciudadano’. Los primeros párrafos de este cuento los escribe la Ministra de Cultura reconociendo públicamente acuerdos que antes habían sido negados y reconociendo cual será la pauta del gobierno en estos temas de acá en adelante. El final de esta historia, mis amigos, se escribe desde los cuarteles generales de la Sociedad Chilena de Derecho de Autor (SCD), desde donde se ha escrito y se está escribiendo en este instante el futuro del derecho de autor en Chile. A costa de Internet, del desarrollo tecnológico y a costa de todos nosotros, por supuesto.

Sabemos que se encuentra en el Senado una de las reformas más importantes a la Ley de Propiedad Intelectual desde el año 1970. Esta reforma pretende adaptar esta ley que data de 1970 a los desafíos del mundo digital y evitar así una serie de absurdos. Además, pretende hacer esta ley razonable desde el punto de vista de las excepciones y limitaciones al derecho de autor que se contemplan en todo el mundo y que en Chile somos meros expectadores. Porque claro, cada una de las reformas que se le ha hecho a esta ley ha sido hecha previa aprobación de la SCD y todas ellas pretenden fortalecer derechos de autor vetustos y añejos en detrimento de los derechos del público. Esta ley pretendía equilibrar de una vez por todas esos intereses.

Pero esto ha provocado una reacción histérica, desinformada y patética. Mientras existía un esfuerzo para lograr una ley que fuera justa para todos, otros han salido a la calle con carteles y pitos a pedir una ley justa sólo para ellos. No una ley que se adapte al mundo de internet, sino que una ley que se adapte a sus propios bolsillos e intereses.

Pero en fin, vamos al grano, dijo el dermatólogo. Los acuerdos a los que ha llegado el gobierno con la SCD a escondidas de la ciudadanía, con el fin de que esta ley salga adelante sin ruido, son los siguientes [descargar versión original]:

1.- No apoyar indicaciones que exigen que exista uso efectivo de obras para que haya cobro por parte de la SCD. Se lo pongo con un ejemplo. Si yo a usted lo demando porque me golpeó luego de una discusión, seré yo quien tengo que probar que tengo un golpe y que ese golpe me lo propinó usted. Esto es muy razonable, porque de lo contrario nos pasaríamos demandando los unos a los otros exigiéndole pruebas de lo contrario al demandado.


Bueno, la SCD quiere lo contrario. El acuerdo supone que el gobierno acepta que la SCD no tenga que acreditar uso efectivo de las obras, sino que se pueda basar sólo en supuestos, para proceder al cobro. Lo que resulta interesante considerado que viene de quienes son los principales promotores de demandas judiciales por derechos de autor en Chile.

2.- Apoyar un proceso de mediación previa en caso que no haya acuerdo sobre el cobro entre las partes. Hoy, quien fija las tarifas que cobra la SCD, es la propia SCD. Así, si usted tiene una discoteque u organiza un evento pequeño musical, tiene que pagarle a la SCD la tarifa que ellos mismos determinan. Como no hay otra entidad que ‘compita’ con la SCD, no queda más remedio que pagar a menos que queramos exponernos a demanda. El proyecto suponía un procedimiento de Arbitraje Forzoso, esto es, que en caso de desacuerdo sobre la tarifa, sea un tercero el que decida obligatoriamente.

Lo que ha aceptado el gobierno a solicitud de la SCD es que en caso de desacuerdo, vayamos a una “mediación previa obligatoria” en la que nos van a conminar a llegar a acuerdos. Si no llegamos a acuerdos, vamos a juicio. Es fácil de entender que esto, en buen chileno, vale hongo y no protege al más débil en la negociación, que ciertamente no es una entidad monopólica.

3.- Apoyar la eliminación de la responsabilidad de los prestadores de servicios internet. En castellano castizo, esto significa dejar la puerta abierta para que mañana la SCD dirija cobros a nuestros proveedores de acceso a Internet por las eventuales descargas que realizan sus usuarios. Los que han pasado por alguna clase de economía, saben que esto significa finalmente un cobro que vamos a terminar pagando todos nosotros.

Ahora, si a mi me preguntan, yo estaría feliz con un canon como este siempre que supusiera una excepción amplia para usos y reproducción no comercial. Pero como a algunos quieren pan y pedazo, quieren meternos un impuesto, pero no entregarnos ningún derecho. Así cualquiera.

4.- Eliminar excepciones para traducción, para usos educacionales y para usos justos. El Gobierno está de acuerdo con la SCD en eliminar esa terrible y macabra excepción que permite que piratas profesores hagan traducciones de textos que se encuentran en otros idiomas para efectos de enseñanza. También está de acuerdo en eliminar la excepción que permite reproducción de obras cortas para fines educacionales.

Lo más grave, es que además acuerda la eliminación de lo más importante de esta ley, la excepción que permite usos justos o legítimos. Que le permite a usted subir a Youtube un video de su hijo que baila una canción que suena en la radio, que le permite pasar un CD a MP3 o que le permitiría por ejemplo, hacer un collage o una presentación en Powerpoint con imágenes y música de fondo para las bodas de Oro de sus papás. Para quienes quieren tratos justos para algunos, hay que pagar.

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En reunión con la Ministra de Cultura, ella reconoció que este acuerdo marcaba la pauta del Gobierno en este tema, por lo que no hay más que conversar.

Me parece lamentable que el Gobierno termine haciendo caso omiso a los reclamos de una serie de organizaciones sociales, gremiales, académicos e industriales que queremos una ley de propiedad intelectual moderna, ajustada a los desafíos de Internet, y que no trate a sus ciudadanos como delincuentes. Que no sea utilizada como privilegios para algunos sino que apunte, en definitiva, a un trato justo para todos.

Pero hay buenas noticias. La buena noticia, es que a partir de ahora, amigos míos, se nos acabó la buena onda. Pronto, muchas más noticias.