El reglamento de la ley es mejor para la neutralidad

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Lo que sigue es una columna escrita para la web de la ONG Derechos Digitales.

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A mediados del año 2010, publicamos nuestras dudas respecto de la entonces recién promulgada ley de neutralidad de la red. Pese a la euforia inicial, acrecentada por la idea de ser la primera legislación sobre neutralidad de la red en el mundo, la normativa que modificaba la Ley General de Telecomunicaciones (LGT) mostraba una serie de problemas, además de entregar muy amplia discrecionalidad al ejecutivo al momento de redactar el reglamento de la ley. Varios meses después, con el reglamento a la vista, se hace necesario volver a analizar cómo los principios de neutralidad se ven o no insertos en la normativa y si, en definitiva, es o no una reglamentación que impida la discriminación entre tipos de contenidos y aplicaciones por parte de los prestadores de servicios de Internet.

El reglamento establece una regla general, de la misma forma que lo hace el artículo 24h a) de la LGT, negando a los ISP la posibilidad de intervenir “arbitrariamente” en el uso de Internet por sus usuarios. A continuación, establece en el Artículo 8º ciertos casos en que se puede vulnerar el principio de neutralidad, señalando que los ISP podrán llevar a cabo medidas de gestión de tráfico y administración de red siempre que ello no tenga por objeto afectar la libre competencia. En dicho caso, agrega el inciso segundo, ello deberá ser informado previamente a los usuarios.

Adicionalmente, el inciso final del Artículo 8º -en una confusa redacción- indica qué considerará como acción restrictiva a la neutralidad, entendiendo como tal aquellas medidas de gestión de tráfico y/o de administración de red que tiendan a bloquear, interferir, priorizar -entre otras acciones- el acceso a servicios, aplicaciones y contenidos de la red no informadas a los usuarios o bien ejecutadas de manera arbitraria o discriminatoria. Finaliza el artículo indicando que entenderá por arbitraria y/o discriminatoria aquellas acciones que apunten a un tratamiento injustificadamente diferenciado entre proveedores de aplicaciones y/o usuarios.

Cabe destacar que publicado el reglamento, se extraña un proceso más participativo en su redacción –como ha sucedido en otras áreas-, toda vez que es un texto complejo, lleno de tecnicismos pero crucial para el desarrollo de Internet en el país. Una participación abierta de diversos actores sin lugar a dudas habría evitado algunas lecturas apresuradas y habría permitido tener un texto más rico y consistente.

Con todo, si bien siguen existiendo normas problemáticas, como la referencia a las actividades de carácter “legal” o la débil mención a la protección de los datos personales de los usuarios, ello no parece ser producto del texto del reglamento, sino de inconsistencias que ya están presentes en el texto legal. Es decir, de las carencias aún existentes en la regulación de la neutralidad de la red en Chile, no se colige que el texto del reglamento sea un paso atrás, sino por el contrario: la determinación clara de aquellos actos que se consideran “arbitrarios” (mucho más acotado que lo esbozado por la ley), y la exigencia a todo evento de información previa sobre los actos contrarios a la neutralidad autorizados por ley, hacen pensar que estamos dando un paso adelante hacia la consagración de un principio fuerte de neutralidad de la red en Chile.

OpenInternet: La administración pública y la neutralidad de la red

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Estamos en época de elecciones en Chile y todos quieren ser Obama. Todos quieren ser Obama pero, claro, se parecen más a McCain y no se dan cuenta. Como si ser tocado por el fuego sagrado del ahora presidente estadounidense tuviera que ver con montar una página web, tener una página en Facebook y tener a un equipo actualizando Twitter.

Entre otras muchas formas en las que se materializa en nuestros candidatos presidenciales esta dicotomía entre discurso y propuestas tiene que ver con cómo enfrentan los desafíos derivados de las nuevas tecnologías. Al día de hoy, y teniendo cinco candidatos en carrera, sólo se ha hecho pública la propuesta del candidato de la derecha Sebastián Piñera, que hasta donde se sabe no contempla ninguna modificación normativa de relevancia más allá de ciertas exenciones tributarias. Se extraña, en concreto, una propuesta relativa a un nuevo estatuto de protección de datos personales, de delitos informáticos, cómo va a enfrentar la adecuación de la ley de propiedad intelectual a los requerimientos del TLC con Estados Unidos, o cómo entiende la neutralidad tecnológica en el Estado. Para qué nos vamos a poner exquisitos y pedir una declaración oficial sobre la neutralidad de las redes informáticas, tema que los gobiernos de la Concertación han evitado durante todos estos años.

Como explica Mariano, respecto de la neutralidad de la red para la administración Obama, Open Internet es el sitio oficial en el cual se explica claramente el valor estratégico de la neutralidad de la red y el por que es necesario para tener una internet que crezca y se desarrolle como se desarrolló hasta ahora e incluya el espectro móvil.

Mientras en Estados Unidos pasan cosas como éstas, en Chile tenemos una Estrategia Digital absolutamente desintegrada, sin ideas y sin liderazgo. Una Estrategia Digital que no ha sido capaz de liderar una agenda real de modificaciones que alienten mejoras legislativas sustantivas hacia la protección de los derechos de las personas y hacia el establecimiento de condiciones tecnológicas adecuadas para un desarrollo acorde a ello. Una Estrategia Digital que, finalmente, no ha sido capaz de posicionar los temas tecnológicos en la agenda del futuro.

Para algunos, las campañas hacia la protección de la neutralidad de la red no es más que una estrategia para proteger a los ISP, para gobiernos como el norteamericano es un estándar a seguir. Mientras en otros países vemos avances sustantivos, en Chile queremos llegar a ser un país desarrollado sin propuestas serias en la regulación de nuestras nuevas tecnologías.