Neutralidad de la red a la chilena

Neutralidad significa que los prestadores de servicios de internet no pueden discriminar entre distintos tipos de contenidos y aplicaciones en línea. Garantiza las mismas reglas del juego para todos los sitios web y tecnologías web.

Con esas palabras, la ONG norteamericana Freepress define lo que entiende por neutralidad de la red, ese controvertido concepto que ha concentrado la atención de la web durante los últimos días. Google, hasta ahora férreo defensor de la idea de neutralidad, ha anunciado una confusa propuesta con Verizon (uno de los más importantes ISP norteamericanos), lo que ha provocado una masiva reacción del público como también de expertos respecto del tema de moda.

Mientras en Estados Unidos rasgan vestiduras, el lector desprevenido pensará que para qué nos preocupamos tanto si acá tenemos una flamante ley de neutralidad de la red. Quizás debiéramos llevarle a los políticos y activistas norteamericanos esta solución con sabor a empanadas y vino tinto que dejó contentos a moros y cristianos. A activistas, al gobierno y a prestadores de servicio. Pero no.

Si en un ejercicio hipotético lleváramos nuestra ley como propuesta a la gente de Save the Internet, seguramente nos preguntarían de qué tipo de neutralidad estamos hablando. Porque claro, una de las dificultades que tiene el tema tiene que ver con el aspecto conceptual. ¿Queremos una ley contra el traffic shapping, una ley contra el bloqueo de puertos, una ley que mejore la velocidad y la latencia de nuestras conexiones? ¿O una ley que obligue a la neutralidad?

Dejando de lado por el momento que de alguna manera se requiere cierto tipo de intervención para que la internet funcione, una ley de neutralidad en rigor debiera apuntar a establecer restricciones precisas sobre lo que el ISP puede y no puede hacer con los paquetes que transporta de un lado a otro. Y eso no pasa en la ley chilena. En Derechos Digitales publicamos un pequeño informe sobre el punto donde se tratan varios de estos aspectos con más detención. Yo quisiera detenerme sólo en dos de ellos. Dice la ley,

Art. 24 H.- (…) [Los ISP] No podrán arbitrariamente bloquear, interferir, discriminar, entorpecer ni restringir el derecho de cualquier usuario de Internet para utilizar, enviar, recibir u ofrecer cualquier contenido, aplicación o servicio legal a través de Internet, así como cualquier otro tipo de actividad o uso legal realizado a través de la red.

1.- Impide que los ISP «arbitrariamente» restrinjan la red. Este eufemismo quiere decir que si el ISP da razones que justifiquen sus medidas de bloqueo o discriminación, entonces está autorizado por la ley. La jurisprudencia chilena es clara respecto de lo que «arbitrariamente» quiere decir respecto del recurso de protección, sosteniendo que algo es arbitrario cuando responde al «mero capricho». Luego, si no responde al mero capricho sino que a cierta justificación (mejor uso de la red, por seguridad, o lo que sea), el ISP está autorizado a bloquear.

2.- Se refiere a actividades, servicios o aplicaciones «legales». Este es un punto que ha provocado importantes reacciones en la discusión norteamericana. Hasta campañas han hecho para evitar una restricción como esta. En Chile, sorpresivamente a todos parece venirle bien. La ley se preocupa de no definir lo que considera actividades «legales» en el contexto de la ley de neutralidad, lo que le deja la mesa servida a que la SCD y/o la IFPI lleguen a acuerdos con los ISP para bloquear puertos y tecnología que eventualmente permita bloquear estos usos considerados «ilegales».  Si usted creía que esta ley le iba a permitir exigir a su ISP que le deje de bloquear sus puertos destinados a bajar películas por Bittorrent, piénselo de nuevo.

Sólo estos dos puntos, además de otras observaciones que puede hacérsele al contenido del proyecto, son lo suficientemente problemáticos como para ser una solución adecuada al problema de la neutralidad de la red en nuestro país. Es más, si una mira el análisis que hizo EFF de la propuesta Google-Verizon, veremos que dos de sus observaciones tienen que ver exactamente con lo mismo que tendremos en nuestra ley de neutralidad, que denominan «Reasonable Network management» y «“Lawful” Content and Wireless Exclusions».

Yo sí creo que es posible tener una regulación en Chile aun cuando en Estados Unidos no se haya resuelto legislativamente. Pero esa regulación debiera ser en serio y no sólo un saludo a la bandera que, finalmente, implica una normativa llena de vacíos y que parece estar más preocupada de entregar mejor información de los planes de banda ancha (algo importante, pero que poco tiene que ver con la idea global de neutralidad de la red) que de entregar garantías eficaces de no intervención.

OpenInternet: La administración pública y la neutralidad de la red

74C1930F-A958-407D-B6FA-DF64FA057D91.jpg

Estamos en época de elecciones en Chile y todos quieren ser Obama. Todos quieren ser Obama pero, claro, se parecen más a McCain y no se dan cuenta. Como si ser tocado por el fuego sagrado del ahora presidente estadounidense tuviera que ver con montar una página web, tener una página en Facebook y tener a un equipo actualizando Twitter.

Entre otras muchas formas en las que se materializa en nuestros candidatos presidenciales esta dicotomía entre discurso y propuestas tiene que ver con cómo enfrentan los desafíos derivados de las nuevas tecnologías. Al día de hoy, y teniendo cinco candidatos en carrera, sólo se ha hecho pública la propuesta del candidato de la derecha Sebastián Piñera, que hasta donde se sabe no contempla ninguna modificación normativa de relevancia más allá de ciertas exenciones tributarias. Se extraña, en concreto, una propuesta relativa a un nuevo estatuto de protección de datos personales, de delitos informáticos, cómo va a enfrentar la adecuación de la ley de propiedad intelectual a los requerimientos del TLC con Estados Unidos, o cómo entiende la neutralidad tecnológica en el Estado. Para qué nos vamos a poner exquisitos y pedir una declaración oficial sobre la neutralidad de las redes informáticas, tema que los gobiernos de la Concertación han evitado durante todos estos años.

Como explica Mariano, respecto de la neutralidad de la red para la administración Obama, Open Internet es el sitio oficial en el cual se explica claramente el valor estratégico de la neutralidad de la red y el por que es necesario para tener una internet que crezca y se desarrolle como se desarrolló hasta ahora e incluya el espectro móvil.

Mientras en Estados Unidos pasan cosas como éstas, en Chile tenemos una Estrategia Digital absolutamente desintegrada, sin ideas y sin liderazgo. Una Estrategia Digital que no ha sido capaz de liderar una agenda real de modificaciones que alienten mejoras legislativas sustantivas hacia la protección de los derechos de las personas y hacia el establecimiento de condiciones tecnológicas adecuadas para un desarrollo acorde a ello. Una Estrategia Digital que, finalmente, no ha sido capaz de posicionar los temas tecnológicos en la agenda del futuro.

Para algunos, las campañas hacia la protección de la neutralidad de la red no es más que una estrategia para proteger a los ISP, para gobiernos como el norteamericano es un estándar a seguir. Mientras en otros países vemos avances sustantivos, en Chile queremos llegar a ser un país desarrollado sin propuestas serias en la regulación de nuestras nuevas tecnologías.