Contra la meritocracia

En el Chile postdictatorial, la élite gobernante (de derecha e izquierda) ha convencido al pueblo de que en democracia mandan la ley y las instituciones, no la gente. Y si mandan las instituciones, entonces manda la élite tecnocrática que, como en toda burocracia que –desde Weber en adelante– se precie de moderna, se estructura en torno a la noción de mérito. Nos han convencido, como dice el cientista social Eduardo Rojas, de que en Chile no manda el pueblo, sino la élite, y que así es como debe ser. Es una nueva élite, mezcla de aristocracia tradicional, nuevo empresariado y expertos del Estado, pero élite al fin. Así, nos dicen, es como debe lucir un país moderno. Es, sin embargo, un país eminentemente no deliberativo. En el Chile meritocrático las instituciones funcionan, y la democracia sobrevive en sus márgenes.

Matías Cociña publica dos estupendos artículos en CIPER sobre la meritocracia que tienen pasajes como el que destaco acá arriba. Hacía tiempo que no leía un par de textos no solo bien escritos, sino al mismo tiempo provocadores y brillantes.