Menos derecho de autor y más derecho a leer

diadellibro

La fotografía es de la Cámara del Libro

Cada 23 de Abril, día en que además se supone que murieron Cervantes, Shakespeare y el inca Garcilaso, la UNESCO celebra el día internacional del libro y el derecho de autor. A nivel local, el viernes recién pasado la Cámara Chilena del Libro junto con las autoridades inauguraron las celebraciones locales con, faltaba más, una feria del libro en plena Plaza de Armas de Santiago.

Junto con las cartas que algunos interesados han enviado a los diarios, es curioso que quienes más celebren la existencia de los libros y del derecho de autor sean intermediarios, industrias y gerentes antes que creadores y público en general. La pregunta que surge de inmediato es la razón de la celebración. ¿Qué es lo que hay que celebrar? ¿Que existan los libros o lo que producen?

Para la Cámara -que reúne a más librerías que editores- está claro. Como lo que hay que celebrar es este modelo de negocios que consiste en la venta de ejemplares físicos que contienen obras intelectuales, celebramos abriendo una feria. En lugar de ofrecer acciones que alienten a fortalecer las bibliotecas públicas o mejorar los índices de lectura, para los viejos amigos de la Cámara lo que es motivo de celebración es la organización de tenderetes de venta con promotores que reciben sueldos fiscales.

De alguna manera celebrar el libro sin celebrar el conocimiento, el acceso y la cultura es como celebrar el día del cassette cuando queremos festejar la música.

En un mundo donde reforzar los derechos de autor avanza de la mano con cercenar derechos fundamentales de la mayoría y proteger a ciertos objetos industriales del furioso paso del cambio de formatos y modelos de distribución, tal vez sea mejor idea celebrar las oportunidades que hoy tenemos para acceder, disfrutar y re-crear la cultura. Peter Singer indicaba un par de días que si hemos sido capaces de poner un hombre en la luna y descifrar la secuencia del genoma, las razones de no tener una biblioteca universal gratuita no son técnicas, es solamente una decisión política. De hecho, hay un imperativo moral. Si se trata de celebrar, quién no disfruta haciéndolo, propongo menos celebrar objetos y más celebrar nuestro derecho a leer.

Lo que le falta a la revista Qué Pasa

Qué Pasa

La Revista Qué Pasa ha renovado su página web. No sólo ha hecho un muy interesante cambio en su sistema de navegación y en su página de inicio, sino también en la forma en la que sus textos conversan entre sí. Como ya es casi lugar común, tiene un importante componente social, permitiendo compartir los textos en Facebook y Twitter, además de comentar e imprimir.

Sinceramente, muchos de los textos de Qué Pasa me gustan mucho. Sin ir más lejos los artículos de Andrew Chernin y las crónicas de Álvaro Bisama son, creo, de lo mejor que produce la prensa escrita hoy en Chile. Como suele suceder en muchos de estos textos, es la longitud y su complejidad, la tranquilidad y el talento con el que están escritos es lo que les da un especial valor. Y, por lo mismo, se nos hace difícil poder leerlos en el navegador.

Para poder resolver el problema de la lectura de artículos largos en la web la arquitectura de la información ha inventado muchos sistemas, como enviar por correo electrónico o imprimir para leer en papel. Para algunos, entre los que me incluyo, Read it LaterInstapaper (servicio de Marco Arment del que prometo hablar en las próximas semanas) se ha transformado en algo vital para la lectura reposada, permitiendo guardar esos artículos para leer después incluso en dispositivos móviles.

Es para poder resolver la encrucijada de la lectura de artículos largos en web, entonces, que se hace necesario el poder ver los artículos completos. En una single page, usando argot dos punto cero.

New York Times

La web del New York Times, por ejemplo, no sólo permite compartir el contenido en redes sociales sino que, como opción básica, da la alternativa de leer sus artículos largos en página completa.

Como si se tratara de un extraño caso de esquizofrenia, mientras se incentiva el compartir en Facebook y Twitter, no se permite compartir los artículos por correo electrónico o poder siquiera visualizar los artículos largos en pantalla completa. Supongo que se trata más de una desprolijidad antes que de una absurda decisión editorial.