Grooveshark a la industria de la música: “Somos legales y somos el futuro”

En la Apple Store no es posible encontrar la aplicación. En el Android Market, fue eliminada a principios de Abril. El resultado es que hoy no es posible acceder –a lo menos de manera fácil– a Grooveshark desde las dos mayores plataformas de teléfonos móviles en el mundo. El servicio, que consiste básicamente en ofrecer streaming de música ilimitada a través de internet, parece poner en jaque no solamente el modelo de la iTunes Store sino también las anticuadas legislaciones de derecho de autor y de protección a la libre competencia.

Luego de la eliminación de la aplicación de la plataforma de Google, Paul Geller de Grooveshark ha decidido filtrar una carta abierta a la industria de la música -traducida por Bitelia– donde aclara varios puntos relativos a la legalidad del servicio y a lo que significa Grooveshark en el ecosistema comercial de la distribución de música por internet. ¿Alguien dijo fomento a la innovación? 😉

Google no ha especificado claramente lo que significaban sus “Términos de Servicio” que presuntamente violamos, pero sí parece haber cierta confusión acerca de si Grooveshark es o no un servicio legal. Así que vamos a dejar las cosas claras: no hay nada ilegal en lo que Grooveshark ofrece a los consumidores.

Aún así, algunos están confundidos en cuanto a la forma en la que somos legales. En primer lugar, hay una distinción clara entre legal y con licencia. Las leyes vienen del Congreso. Las licencias provienen de las empresas. Grooveshark es completamente legal ya que cumple con las leyes aprobadas por el Congreso, el único problema es que no tenemos todas la licencias con los sellos (todavía). Somos una empresa de tecnología que opera dentro de los límites de la Digital Millennium Copyright (DMCA). Algunos tratan de hacer creer que nosotros hacemos un uso de la DMCA para innovar de manera incoherente bajo la infracción. No es así.

Los puertos seguros de la DMCA animan a las empresas de tecnología para innovar con la esperanza de que finalmente se resuelvan algunos de los problemas que padecen hoy en día los productores de contenidos. La disposición de puerto seguro se lee como que fuera escrita específicamente para YouTube y Grooveshark, y su necesidad sigue siendo ilustrada todos los días. Si no fuera por este concepto, muchos de los productos y servicios que ahora están tomando la piratería nunca habría nacido.

Dicho esto, Grooveshark no sólo se basa en la protección de la ley, se basa en el otorgamiento de licencias en todo el mundo en más de un millar de sellos, grandes y pequeños. Pagamos a las tres principales organizaciones de EE.UU, cumpliendo con los derechos, así como a algunos organismos internacionales, y estamos trabajando activamente en acuerdos con los que no lo hacemos. Recientemente hemos firmado con Merlín. Este fue un día particularmente feliz para nosotros, porque nos trajo a The Arcade Fire a la familia. Nosotros pagamos por nuestro streaming, y negociamos activamente con prácticamente todos los propietarios de contenido único. Hemos tumbado más de 1,76 millones de archivos y suspendido los privilegios de subida a 22.274 usuarios. Desde luego, estas no son las características de una empresa “dedicada a la infracción de derechos de autor”. A medida que trabajamos con los artistas y los sellos para hacer más contenidos a disposición de nuestros usuarios, Grooveshark se vuelve más competitiva, una alternativa a la piratería.

Los socios de contenido utilizan Grooveshark para hacer marketing dirigido, visitas de apoyo y ventas, singles de prueba, encuestas y paneles exclusivos. El modelo de Grooveshark nos pone en una posición única como la única fuente de datos sobre el consumo puro de más de veinticinco millones de usuarios únicos mensuales en más de 150 países. Estamos traducidos en 24 idiomas, lo que nos ayuda a obtener beneficios económicos de las economías en desarrollo y entregar los ingresos a los propietarios de contenido desde territorios donde antes era demasiado difícil. Las sellos, los sociedades gestoras y los artistas que se aprovechan de nuestra gama completa de servicios deben saber el grado de eficacia que tiene la aplicación de Grooveshark, la cual puede racionalizar los gastos y generar ingresos.

En vista de las noticias engañosas relativas a la aplicación de Grooveshark, es importante dejar claro que vamos a defender nuestro servicio y la letra y el espíritu de la ley en los tribunales y en el Congreso. Vamos a defender nuestro nombre y nuestros ideales por el bien de nuestros usuarios, que esperan los modernos sistemas de difusión y el acceso global a través de dispositivos, por el bien de los artistas y propietarios de contenido, que temen una década de declive, y para otros innovadores que siguen aportando nuevas ideas al mercado a través de la expresión de la creatividad en forma de tecnología.

Pedimos a Google y Apple que abracen el espíritu de la competencia y hagan el bien por los propios usuarios, aceptando nuestras aplicaciones disponibles para los consumidores de inmediato.

Paul Geller, Grooveshark.com

 

Las cifras de la industria del libro chilena

¿Quién debiera ser el responsable de estudiar el sector? Naturalmente, quienes tienen intereses comerciales, o sea, las asociaciones de empresas vinculadas a la industria del libro local: la Cámara Chilena del Libro y la Asociación de Editores Independientes. Ninguna de ellas tiene estudios serios y regulares sobre el mercado editorial. Pero también es responsabilidad de los organismos del Estado que orientan políticas públicas hacia el sector, y que hasta ahora lo han hecho intuyendo los beneficios que esas políticas podrían tener (pienso en los concursos de adquisiciones del Consejo Nacional del Libro, por ejemplo, o los apoyos de ProChile a la presencia del libro chileno en el exterior). ¿Es posible medir el éxito de una política pública sin manejar cifras sobre su impacto? Es bien difícil.

La anterior es una reflexión del editor y librero Marco Coloma, una observación aguda respecto de nuestra amateur industria editorial. Mientras el resto del mundo la industria editorial busca con desesperación nuevas formas de capitalizar la avalancha digital en Chile preferimos estar en la cómoda isla de la ignorancia.

Examen a la comunidad FLOSS en Chile: una reflexión

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Fotografía por yggg, CC:BY-NC

La frase de Linus Torvalds que nos recuerda Eduardo Díaz «talk is cheap, show me the code» se me aparece, por distintas razones, repetidamente en el día a día. En parte porque ganándome la vida desde la esquina del non-profit y el activismo es muy común ver propuestas tan bienintencionadas como poco prácticas, en parte porque muchas veces somos mejores proponiendo que haciendo. Mucho gestor, poco actor. Pero esa es otra historia.

Hacía rato que tenía ganas de aportar a la discusión que astutamente ha propuesto Marco Zúñiga para tener más datos respecto del estado real de la comunidad de desarrollo de software libre en Chile. En resumen, Marco propone entregar un premio a quien sea capaz de identificar a lo menos tres empresas exitosas en Chile cuyo negocio se base en productos Open Source, y explicitar tres proyectos de desarrollo comunitario en Chile con más de 10.000 usuarios, más de 10 desarrolladores activos y duración de más de un año. Un desafío más que interesante en el marco del desastre de licencia GPL-CL presentada por la Secretaría de Desarrollo Digital.

Eduardo Díaz tomó el desafío y se fue a bucear al -en las últimas semanas tristemente polémico- Chileforge. Los resultados, como es posible esperar, son por sí solos tristes y desalentadores, estando prácticamente sin actividad en los últimos seis meses.

Hasta acá uno podría concluir apresuradamente varias cosas. Que no existe comunidad de software libre o que de existir es muy débil. Que los esfuerzos públicos han tenido escaso efecto para alentar al desarrollo de software FLOSS. Que, por tanto, resulta un mal negocio seguir invirtiendo plata y recursos públicos en un modelo que no parece tener sustentabilidad como industria.

Los números son expresivos. Pero también es expresiva la estadística, aquella ciencia que dice que si usted tiene dos autos y yo no tengo, resulta que mágicamente ambos tenemos un auto. Sin análisis, los datos no nos sirven. Bajo ese supuesto, yo quería agregar sólo un par de reflexiones para la discusión.

En primer lugar, Marco Zúñiga explicita que el objetivo de su propuesta es validar la afirmación «Existen múltiples casos de éxito de proyectos comunitarios y modelos de negocio exitosos OSS/FLOSS en Chile». De no validarse, entonces Marco no aceptará dicho argumento ni tampoco afirmaciones que sean consecuencia directa de ella. Razonable y lógico. Lo que Marco no se pregunta -astutamente, porque es un viejo zorro ;-)- es qué consecuencias de políticas públicas tendría la invalidación de la afirmación. ¿No más apoyo público a estas iniciativas? ¿Restar representatividad a las escasas y lamentablemente débiles agrupaciones de software libre chilenas? ¿Olvidarnos del FLOSS y concentrarnos en los servicios? Yo creo que la respuesta es negativa en todos estos casos, fundamentalmente porque existen argumentos que exceden la conformación actual de una industria (incentivos, asociatividad), y porque aun no existiendo casos exitosos en Chile, lo único que podría colegirse de aquello es que tenemos una conformación de mercado concentrada y débil. Y eso debería cambiar.

En segundo lugar, resulta evidente preguntarse qué es lo que provoca la inexistencia de proyectos FLOSS exitosos. ¿Es suficiente quedarnos con que no tenemos industria o es que acaso -al contrario de lo que el sentido común nos indica a priori- deberíamos poner todavía más energía y recursos en el desarrollo de una industria TI basada en herramientas libres y abiertas? La respuesta a esta y otras preguntas está además condicionada a la inexistencia de una institucionalidad con facultades y, unido a ello, las confusas y tambaleantes políticas públicas que ha tenido el Estado de Chile en materia tecnológica durante los últimos años, y que ha tenido su broche de oro con la tristemente célebre licencia GPL-CL. En otras palabras, si el rimbombante Comité Consultivo Nacional de la Estrategia Digital se ha reunido una vez en los últimos cuatro años, ¿Qué le podemos pedir a nuestra débil industria TI?

 

Metallica, banda de rednecks

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El vaciamiento revulsivo del rock mercantilizado hasta el cerebelo no es un fenómeno nuevo. Ni siquiera es un fenómeno interesante. Lo interesante son los grados de reacción ante lo nuevo desde los polos concentrados de venta de revulsión más contemporáneos. Pues bien, camaradas, yo no le regalaría mi dinero a una banda de rednecks cuyo “album and its song titles have just become the soundtrack of Wall Street for fall 2008”, como dice The Wall Street Journal.

Reflexión de Nicolás Mavrakis en Amphibia.

Foto de deep_schismic, en Flickr. CC:By-NC

La SCD no entiende lo que son los usos justos

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La SCD no está muerta. En una alarmada comunicación enviada a sus socios -con el pobre “arturito” de Tejeda sufriendo-, explican que en la sesión pasada se habría aprobado la famosa súper excepción de los derechos de autor que vulneraría absolutamente sus derechos y perjudicaría a los creadores.

Se colige de la comunicación, que se oponen a esta norma básicamente porque:

1.- Sería ajena a nuestro sistema jurídico.
2.- Sería contraria a intereses de autores al “ensanchar en forma ilimitada las posibilidades de uso sin autorización” sin una “remuneración justa y equitativa”.

Vamos por parte.

¿Súper excepción?

La súper excepción a la que se refieren parece ser una indicación parlamentaria del senador Mariano Ruiz-Esquide, la número 116 que sostiene

116.- (…)

“Serán admisibles excepciones distintas a las prescritas precedentemente, siempre que se circunscriban a casos especiales, que no atenten contra la explotación normal de la obra, de la interpretación o ejecución y del fonograma, ni causen un perjuicio injustificado a los intereses legítimos del titular de los derechos. “.

Bueno, este supuesto atentado a los derechos de los creadores proviene de la famosa regla de los tres pasos del artículo 9.2 del Convenio de Berna, que sostiene

Se reserva a las legislaciones de los países de la Unión la facultad de permitir la reproducción de dichas obras en determinados casos especiales, con tal que esa reproducción no atente a la explotación normal de la obra ni cause un perjuicio injustificado a los intereses legítimos del autor.

Luego, de súper excepción nada, dado que su aplicación es marginal y que, upsi, el Convenio de Berna es ley de la República desde el año 1975, sin que se conozca un efecto perjudicial para los artistas.

La súper excepción sería ajena a nuestro sistema jurídico

Dejando de lado lo dicho anteriormente, que una norma similar es ley chilena desde el año 1975 sin que se conozca oposición alguna al respecto, resulta a lo menos simpático este argumento.

A pesar de lo que algunos quisieran, desde hace muchos años los sistemas jurídicos tienden a converger, a unirse antes que separarse, sobre todo producto de los desarrollos comerciales e industriales de los últimos años. Es por ello que no nos extraña la irrupción de normas -sobre todo en ámbitos comerciales- que claramente tienen un origen distinto a las reglas canónicas del derecho civil romano europeo, pero que sin embargo resultan más adecuadas para la realidad actual.

Sin ir más lejos, el ejemplo más claro de esto es cómo precisamente en materia de propiedad intelectual Estados Unidos mismo ratificó el Convenio de Berna antes citado en 1989, sin que se haya producido desastre normativo alguno que se conozca.

La súper excepción “ensancharía en forma ilimitada las posibilidades de uso sin autorización” sin una “remuneración justa y equitativa”

Bueno, por definición una excepción no es una norma de aplicación general, cosa que algunos parecen olvidar. En segundo lugar la norma misma del Convenio de Berna, ya citada antes, es clara respecto de su alcance, que por lo demás, supone que confluyan tres elementos en forma copulativa:

1- Que se trate de un caso especial.
2- Que no atente contra la explotación normal de la obra.
3- Que no cause un perjuicio injustificado a los intereses del autor.

Si estamos frente a un caso que cumpla con estos tres criterios, no veo por que podría ser un problema para los autores o titulares del derecho.

Por otro lado, se habla de una remuneración justa y equitativa. Es cierto que algunos países contemplan remuneración correlativa frente a ciertas excepciones (caso de España), pero hasta donde yo entiendo, en el caso de las propuestas de la SCD no contemplan en parte alguna la necesidad de tener más excepciones que favorezcan al público y que eventualmente, claro podrían suponer una remuneración para los titulares de derechos.

Incluso más, en mi opinión, resulta incluso más adecuada la redacción de una norma general de excepción como la que contemplan las indicaciones 123 y 124, antes que la de Ruiz-Esquide. Tengo fe que las campañas que se han desarrollado a favor de estos usos justos den como resultado que se aprueban dichas indicaciones, que suponen más certeza normativa y una mejor técnica legislativa.

A mi, la verdad, me da la impresión que todo esta alharaca por la famosa “súper excepción” por parte de la SCD y sus amigos responde a la misma lógica del Coyote cuando tenía hambre, que comenzaba a ver pollos en lugar de piedras y árboles. La SCD, en lugar de avanzar hacia una normativa más equilibrada y justa, prefiere entender los derechos de autor como privilegios de unos pocos en detrimento de muchos.

Y yo, por lo menos, no estoy dispuesto a hacer concesiones con eso.