Debemos someternos al mal para asegurar el bien

«El derecho de autor es un monopolio (…) Es bueno que los autores deban ser remunerados; y la forma menos censurable de hacerlo es a través de un monopolio. Pero el monopolio es un mal. En aras del bien, debemos someternos al mal; pero el mal no debe durar ni un día más de lo que sea necesario a fines de asegurar el bien.»

Thomas Babington Macaulay, discurso realizado en la Cámara de los Comunes el 5 de Febrero de 1841, oponiéndose al aumento del plazo de protección a 60 años luego de la muerte del autor.

 

Claudio Gay y la sustracción del dominio público

Señor Director,

Hace algunas semanas se dio a conocer la sustracción de valiosos manuscritos de Claudio Gay desde el Archivo Nacional por parte de desconocidos. En carta publicada ayer doña Magdalena Krebs, directora de Bibliotecas, Archivos y Museos, destaca dicha recuperación y la importancia que dicha documentación reviste.

Dichos manuscritos pertenecen al patrimonio cultural común, pudiendo ser usados, reproducidos y publicados por cualquiera de nosotros sin pago de derechos. El portal Memoria Chilena, dependiente de DIBAM, ha hecho una gran labor de difusión de este tipo de obras pero, lamentablemente, sus condiciones legales de uso dificulta su utilización y difusión, al establecer restricciones que contrarían lo dispuesto en la ley de propiedad intelectual impidiendo la libre difusión de obras tan importantes para nuestro acervo cultural.

Las confusas condiciones de uso en este sitio web suponen una nueva y triste sustracción al patrimonio cultural común. A pesar de ser materialmente recuperadas, los manuscritos de Claudio Gay siguen estando de alguna manera perdidas sin beneficiarse de las posibilidades de difusión y acceso que otorgan las nuevas tecnologías.

Claudio Ruiz

OMPI publica estudio sobre dominio público

Históricamente, la organización mundial de la propiedad intelectual (OMPI) no se ha caracterizado precisamente por su compromiso con los equilibrios en materia de derechos de autor. Pero en el marco de la denominada Agenda para el Desarrollo, ha avanzado algunos pasos en comprender la propiedad intelectual como un asunto vinculado también al acceso al conocimiento.

En cumplimiento de las recomendaciones 16 y 20 de esta Agenda, la OMPI le encomendó a la belga Séverine Dusollier hacer un estudio sobre derechos de autor y conexos vinculados al dominio público en los países miembros de la organización. El estudio acaba de ser publicado (por el momento sólo en inglés) y es de gran ayuda, entre otras cosas, para analizar la configuración del dominio público como un motor para el desarrollo.

Perros que ladran y jinetes que debaten

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Mientras la discusión por un derecho de autor razonable y más justo parece haber calmado un poco la ofensa y descalificación de algunos, los otros seguimos con nuestra propositiva y de llevar la discusión al nivel que se merece.

Es en ese marco que a partir del miércoles se realizará un evento único en su tipo que hemos denominando Latam Commons 2008, con la presencia de una serie de invitados nacionales y extranjeros, entre los que se cuentan casi todos los equipos locales que portaron las licencias Creative Commons a latinoamérica.

El día Jueves se realizará el workshop sobre educación abierta ccLearn, con la presencia de expertos en educación venidos de distintos lugares del mundo y representantes de distintas instituciones nacionales como Conicyt, Ministerio de Educación, entre muchas otras.

El evento culmina el día viernes 21 con el Seminario Internacional de Dominio Público “Una reflexión acerca del estado del Patrimonio Cultural común en Latinoamérica”, organizado en conjunto entre ONG Derechos Digitales y DUOC-UC y con el patrocinio de organizaciones como ENLACES, Biblioteca del Congreso Nacional y Ford Foundation. Contará con la presencia de la Ministra de Cultura doña Paulina Urrutia. Sí, leyó bien.

Tomando en consideración las modificaciones en curso a la Ley de Propiedad Intelectual Chilena actualmente debatidas en el Senado, este Seminario será una instancia de discusión con respecto a la regulación de los derechos de propiedad intelectual, específicamente en lo relacionado con las obras de dominio público (creaciones que ya no tienen derechos patrimoniales de autor), y su impacto en el acceso a la cultura y el conocimiento.

Los registros están abiertos y están todos invitados. Nos vemos allá.

Créditos Fotografía: JMRobledo. CC:BY-NC-SA

Sita Sings the Blues o la mejor animación que nunca veremos

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Nina Paley ya ganó la versión 2008 del International Animation Festival con su película animada “Sita Sings the Blues”, una adaptación musical de la leyenda india Ramayana. En el último festival TRIBECA logró un éxito inusitado, incluso calificándola la New York Magazine como “Una de las mejores películas exhibidas en el Tribeca Film Festival este año”.

La película cuenta la historia de la leyenda Ramayana, una de las más importantes obras literarias de la India antigua, que consiste en la historia del rey-dios Rāma, y de cómo su esposa Sītā fue raptada por el demonio Rāvana y llevada a la isla de Lanka. Rāma obtiene ayuda de una tribu de monos, liderados por Sugrīva y Hanumān, que construyen un puente a través del mar y rescatan a Sita. Básicamente, la historia explica cómo dos dioses a pesar de su condición no pueden hacer funcionar su matrimonio. En un paralelo muy interesante, la película cuenta además la historia de la propia Nina Paley, cuya historia personal tiene que ver con una ruptura matrimonial bastante más alejada de antiguos dioses orientales.

Fue esta historia personal la que paradójicamente la llevó a darle sonido a ˝Sita Sings the Blues”. En uno de sus múltiples cambios de hogar luego de su separación, Nina llegó a casa de un amigo quien le mostró las particulares grabaciones de Annette Handshaw, una antigua cantante de jazz de mediados de los años veinte. Nina se fascinó por la voz de la Handshaw y la incorporó en la animación que daría vida a Sita Sings the Blues.

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La película contiene 11 canciones grabadas por Annette Handshow entre los años 1927 y 1929. Las canciones, naturalmente, están en el dominio público. Como ustedes saben, la industria de los contenidos se ha encargado en todo el mundo de establecer reglas cómodas para la explotación de su negocio. En una de aquellas curvas en el complejo y peligroso camino hacia el dominio público, y a pesar de haber sido escritas hace más de setenta años, en el marco del sistema norteamericano de derecho de autor las composiciones sobre las que grabó la Handshaw aún se encuentran protegidas.

Esto ha supuesto un problema mayor para Nina Paley en estos complejos días para la especulación y el riesgo comercial. La negociación con los titulares de derechos de autor de las composiciones utilizadas, en este caso Universal Music Publishing Group, Warnel-Chapell y Sony-ATV, han solicitado un pago de us$500 por cada una de las canciones utilizadas para efectos de permitir la exhibición de la película en festivales, única forma de conseguir distribuidor y por tanto financiamiento. En el caso de la licencia para poder vender DVDs de la película, el pago de derechos a estos intermediarios ascendería en una cifra que fluctúa entre los us$15.000 y los us$26.000 por canción.

La conclusión es que la animación de Nina Paley probablemente nunca tenga una distribución regular. No por una apuesta rupturista con el sistema por parte de la creadora, sino por las barreras que suponen los intereses corporativos en la negociación de los derechos de autor que en lugar de protegerla la convierten en una delincuente.

Una historia adicional para contarles a aquellos que torpe y ciegamente insisten en que una regulación justa de los derecho de autor supone proteger con energía la propiedad intelectual y aumentar las penas frente a las infracciones. Pareciera ser que los únicos que se ven beneficiados en definitiva por un derecho de autor como el que tenemos son corporaciones que distan de velar por intereses culturales y que cuentan con lujosos directivos cuya fortuna se termina haciendo a costa de aquellos ilusos artistas que en lugar de ver las tecnologías como una oportunidad para evitar estos abusos, prefieren el camino más cómodo y políticamente correcto, levantando carteles y consignas ridículos por una lucha que han perdido hace décadas y nadie les avisó.