Los artistas del mañana y el derecho de autor del futuro

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Hace un par de semanas, la sociedad de gestión de derechos colectivos española (SGAE) anunció la creación de la Coalición de Creadores e Industrias de Contenidos, la cual pretende representar dos intereses, en principio disímiles, en pos de lograr una adecuada protección de los derechos de los autores frente al florecimiento de la piratería favorecida por la masificación tecnológica. La creación de este tipo de organizaciones, bajo el alero de las sociedades de gestión no es un caso aislado, y se han creado grupos similares en otros países, como Chile, sin ir más lejos.

Lo anterior da muestra de una extraña relación entre dos de los grupos de interés involucrados en la regulación de los derechos de autor. Pareciera ser que, al contrario de lo que uno podría suponer, los intereses de los miles de artistas y creadores se identifican con los intereses de las transnacionales discográficas de la música y del software; que Adobe y Microsoft levantan las mismas banderas que nuestros artistas plásticos y poetas. Pareciera que súbitamente somos testigos de un milagro, de un momento mágico, donde quienes han negociado condiciones nefastas para los artistas durante décadas se transforman en el brazo derecho de la creación de cultura.

La regulación actual de los derechos de autor, a niveles internacional, regional y local, responde a una importante y triste tendencia, que pretende acrecentar progresiva y violentamente unos derechos que fueron pensados para proteger al autor en los tiempos del mundo analógico en detrimento de los derechos de acceso. Es que los derechos de autor no son sino monopolios de explotación exclusiva por un lapso de tiempo. Como sociedad creemos que la creación intelectual es algo importante para nuestra cultura, y por ello inventamos estos derechos, para que nuestros autores puedan explotar comercialmente sus obras intelectuales por un tiempo determinado. Pero esta garantía ha sido entregada a los autores en el entendido que sus obras intelectuales circulen a través del público. Si el autor mantiene sus obras escondidas en un cajón con siete llaves, no tendría sentido alguno que lo beneficiemos con este monopolio de explotación exclusiva.

Lo cierto es que esta tendencia mundial hacia la sobreprotección de los derechos de autor ha llevado a la creación de titulares sui generis de cierto tipo de derechos y a la amputación de las excepciones y limitaciones a los derechos de autor, que pretenden equilibrar el interés de los autores con el interés del público, de todos nosotros. Esto explica que, si analizamos las normativas de la región, veremos un número críticamente insuficiente de excepciones, que supone que muchas de las actividades que diariamente realizamos en Internet se tornan ilegales. Que en ciertos países el acto de transformar las canciones de un disco compacto a un archivo digital o la digitalización de libros con fines de recuperación patrimonial que hacen bibliotecas sean actos de piratería.

Esta regulación la verdad es que dista de proteger a los autores. Una regulación desequilibrada, que no responda a las necesidades de la sociedad de la información, además de perjudicar al público termina perjudicando a nuevas formas de creatividad que se ven facilitadas por la tecnología. Cada día que pasa se avanza en la superación de la denominada brecha digital, que permite además de otorgar acceso a miles de personas que de otra forma no tendrían cómo acceder al contenido que se ofrece en la red, la creación de obras intelectuales a un costo infinitamente menor de lo que sucedía en el mundo analógico; hoy no es necesario tener un piano de cola para poder escribir obras musicales y cada vez es posible acceder a cámaras fotográficas a más bajo precio, las que permiten generar fotografías y por tanto crear obras intelectuales. Pero mientras la tecnología apunta hacia la apertura, esta regulación desequilibrada apunta hacia el control.

Artistas como Warhol o Duchamp, que cambiaron la forma de entender las artes plásticas en el siglo XX lo hicieron lejanos a las rígidas formas que impone la creación cultural de este derecho de autor desequilibrado. Así, hoy artistas que hacen mashups, collages o artes integradas a través de tecnología son denominados también piratas por una regulación que está lejos de querer proteger la creatividad, sino que pretende proteger una determinada industria cultural bajo el nombre de los artistas.

En este contexto, son las entidades de gestión colectiva en conjunto con la industria multinacional de la cultura y el software las que llevan adelante un discurso anticuado y punitivo respecto de cómo debiera ser el derecho de autor del futuro. Mientras el mundo ve oportunidades y acceso, ellos parecen ver piratería, destrucción y ciertamente menos dinero para sus arcas. Probablemente azuzados por los mismos, es común ver connotados creadores rasgar vestiduras por una nueva regulación que -según ellos- destruirá la cultura y a los artistas, exigiendo con histeria más protección de sus derechos, cueste lo que cueste, y abogando por subir al paredón a quienes pretenden un sistema más justo y razonable.

Pero la verdad de las cosas es que la necesidad de tener un derecho de autor equilibrado dista de ser una necesidad sólo del público. Debe ser una necesidad para el público, para los nuevos creadores y para los nuevos emprendimientos. Mientras la tecnología supone grandes oportunidades de desarrollo y avance de las ciencias y de la distribución de las ideas, algunos lo enfrentan poniendo obstáculos en el camino, parecen preferir avanzar con las anteojeras de un caballo de carreras, evitando observar el flujo de información, acceso y oportunidades que presenta la tecnología para el futuro de la innovación y de la creatividad.

Columna escrita originalmente para Terra Magazine.

Notas de Campus Party, Día 2

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Ya es Jueves, el sol salió en Bogotá, apuntes del día 2.

1.- El taller que dicté ayer estuvo bastante mejor de lo que pensé. Hubo una buena cantidad de gente y preguntas muy interesantes, algunas de ellas muy basadas en el contexto colombiano, lo que fue especialmente importante porque ayudó a comprender el contexto y la importancia que tiene el desarrollo de los blogs como herramienta para la libertad de expresión. Especialmente en países que o tienen regímenes lejanos al ideal democrático liberal, o bien para países con precarias condiciones para el desarrollo de derechos fundamentales, como es el caso Colombiano.

2.- John Mad Dog Hall es director ejecutivo de Linux International y es una celebridad. Es como un viejo pascuero bonachón, viene a dar una charla sobre las empresas del futuro basadas en código abierto. Pasa todo el día sacándose fotos con los frikis, cosa que según me entero con posteiroridad, está en su contrato y también en el mio. Pero claro, yo soy un pájaro chico

3.- Se acaba de realizar un flashmob en el marco de un taller de comunidades virtuales organizado por Álvaro Ramírez, de quien ya conté ayer, donde precisamente se apuntó a enviar un mensaje en contra de la proliferación de armas en Colombia. Un tema no menor, como podrá comprender cualquier lector atento. Si bien todavía no entiendo bien el lado trascendente de estas “comunidades casuales”, sí intuyo que tiene mucho que ver con el trascender el entorno tecnológico y mostrar que en definitiva todo esto no es una red de computadores sino una red de personas. Y no, no me estoy poniendo jipi de repente.

Desde Campus Party 2008, Bogotá

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Ya estoy instalado (nunca mejor dicho) en el recinto CORFERIAS en Bogotá, Colombia por invitación de la gente de Futura Networks y los encargados de Campus Blog a lo que publicitan como el mayor evento de entretenimiento electrónico en red del mundo, el famoso Campus Party que por segunda vez se hace en sudamérica.

A pesar de lo que uno podría creer en un principio, no está TAN lleno de geeks parecidos al de Los Simpsons y no ha sido concebido como un tarreo. Es decir, hay mil quinientos puntos de red con enchufes, sillas y mesas, pero la organización se ha preocupado de organizar un impresionante número de actividades paralelas que va desde charlas y mesas redondas sobre astronomía, software libre e inclusión digital, hasta conferencias sobre tópicos específicos. Cuando digo impresionante número de actividades lo digo en serio.

Y bueno, este miércoles estaré dictando un pequeño taller sobre los asuntos legales que todo bloguer debiera conocer y cuales son las formas, los subterfugios y los trucos para ser un buen ciudadano digital 😉 Eso sería a las 14 horas de Colombia del miércoles. El jueves es el turno de una conferencia que estaré dictando llamada “Música, Legalidad y nuevos modelos de negocio”, para el deleite de los campuseros, como son denominados los participantes del evento.

Estuve hablando por la mañana con mi estimadísimo David Sasaki del Global Voices quien viene de montar un interesantísimo proyecto en Medellín y que estará dictando un par de talleres sobre blogs comunitarios. En fin. Va a ser una semana bastante movida, con harta actividad y networking. Voy a estar reportando lo que me parezca más interesante por estos lados y hasta capaz que grabemos un Circobit. Manténgase en sintonía.

Seminario Derecho de Autor y Acceso a la Cultura

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Parte de lo que me ha tenido alejado del blog (no saben las ganas que tengo de hincarle los colmillos al fallo del Tribunal Constitucional) es que en ONG Derechos Digitales tenemos ya listo el seminario Derechos de autor y Acceso a la Cultura que se realizará a partir de mañana Jueves en el Centro Cultural de España, Avenida Providencia 927.

Los dejo con la primera columna que escribo para la querida revista Mouse, donde me detengo en alguno de los temas que se discutirán durante dos días y donde todos están invitados. Si no estás en Santiago o no puedes asistir, tenemos planificada una cobertura especial en vivo del evento a través de la página web del Seminario y del Twitter. Gracias a los amigos de Podcaster, por otro lado, dejaremos disponibles los audios de todas las mesas redondas en formato podcast.

Durante las últimas décadas hemos sido testigos de cómo la normativa de derecho de autor avanza en sentido contrario a los avances tecnológicos. No es, sino así, como se puede comprender la sobreprotección que asumen los intereses corporativos en esta materia, utilizando a los autores sólo como un argumento retórico más que real.

Esta sobreprotección ha sido normada en detrimento de los intereses públicos que supone la regulación de estos derechos. Hoy por hoy, muchas bibliotecas se encuentran al borde de la legalidad por realizar reproducciones de obras intelectuales con fines de conservación patrimonial.

Muchas instituciones educacionales mantienen archivos históricos, sin poder digitalizarlos ante la negativa o dificultad de conseguir las autorizaciones de herederos de autores de estas obras intelectuales.

Más aún, quizás donde más claro se aprecia este absurdo desequilibrio es, precisamente, en los consumidores finales, quienes por cada uso que realizan de obras intelectuales en internet cometen ilícitos para nuestra legislación, que está pensada en el mundo analógico.

Desde el punto de vista de los autores, también se produce un importante desequilibrio. Mientras el derecho de autor tradicional pretendió entregar muchas prerrogativas a los creadores intelectuales para el fomento de las artes, un derecho de autor desequilibrado hoy no tiene el mismo efecto.

Una legislación absoleta

Los jóvenes creadores que utilizan las nuevas tecnologías para generar obras creativas se ven limitados por una legislación que, en lugar de comprender internet y las nuevas tecnologías como una gran plataforma para el desarrollo y difusión de las artes, lo identifica como un campo minado lleno de potenciales ilícitos.

Es por eso que durante los últimos años ha surgido con fuerza en todo el mundo un movimiento que pretende volver a equilibrar los intereses en juego respecto de los derechos de autor.

Este movimiento, pretende poner el foco de atención en las garantías de acceso antes que en la persecución penal. Internet y la masificación de las nuevas tecnologías ponen en jaque la forma en la que la persecución penal se configura y también las limitaciones históricas de acceso a los bienes culturales.

Es esta dicotomía la que pretende ser discutida en el Seminario Acceso a la Cultura, donde expertos nacionales y extranjeros se darán cita para discutir sobre los necesarios equilibrios normativos que exige el derecho de autor, en virtud de las potencialidades de restricción y acceso.

Es precisamente esta dicotomía -restricción versus acceso- la que permitirá analizar aspectos complejos e interesantes, como son los sistemas de control de contenido digital, las excepciones para fines educacionales, y cómo fortalecer el patrimonio cultural común.

Publicado en Mouse el 22 de Abril de 2008.

Hágase un donante de su Propiedad Intelectual

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Desde hace unos años en Chile, si usted quiere renovar o sacar por primera vez permiso de conducir le hace firmar un papelito donde usted declara si es o no donante de órganos. Suena un poco creepy al principio, pero resulta de suma relevancia para efectos de eventuales transplantes de alguno de los órganos que queden útiles luego de un accidente de tránsito que le cueste la vida.

Así también mi abuela, que es testigo de Jehová, tiene un autoadhesivo bien poco discreto en la parte trasera de su cédula de identidad donde, con grandes letras rojas, expresa su voluntad de no recibir transplante de sangre alguno, sea cual sea el motivo, por razones religiosas.

Usted podría pensar que sólo riñones, hígados o glóbulos rojos/plaquetas pueden ser objeto de un esfuerzo previo del futuro occiso para expresar de manera tangible su decisión respecto del destino de aquellos elementos que le son constitutivos. Pero no, un grupo de creativos activistas (que también han montado un countdown que muestra la cantidad de años que falta para que la obra de Notorious B.I.G. pase al dominio público(?)) ha ideado una forma práctica para hacerse cargo de antemano de toda la propiedad intelectual sobre las valiosas obras que hemos aportado a la humanidad.

Así, puede usted descargar fácilmente un set de pegatinas para pegar en su carné de conducir o en su cédula de identidad expresando su decisión de donar toda su obra intelectual al dominio público. Así, se ahorra abogados, problemas y aprovechadores que quieran ganar su pedazo con la gestión de su obra intelectual. Supongo que a Pablo Neruda no le habría gustado que los dineros recaudados por sus derechos de autor sean hoy administrados por un íntimo de Ricardo Claro, de manera perpetua.

Esta anécdota me trae a colación uno de los más bonitos absurdos de nuestra añeja, vetusta y desequilibrada ley de propiedad intelectual. Resulta que en general usted puede renunciar a los derechos que la ley le entrega, siempre que mire sólo a su interés individual y no esté, obviamente, prohibida su renuncia. Así, usted puede renunciar a la pensión alimenticia que la ley establece a su favor y mandarle la plata de vuelta a su papito corazón, pero no puede renunciar a sus derechos laborales.

Así, suena lógico que usted pueda renunciar a sus derechos patrimoniales de autor. Es decir, al derecho que la ley a usted le entrega de beneficiarse de la explotación comercial de su creación intelectual. Tanto así, que la propia ley sostiene que cuando se perfecciona una renuncia, la obra de aquel autor pasa a lo que se denomina patrimonio cultural común (artículo 11.c.). Entre nosotros, dominio público.

Todo bien hasta que leemos la tramposa norma del artículo 86, escondida en la parte final de la ley que señala:

Son irrenunciables los derechos patrimoniales que esta ley otorga a los titulares de los derechos de autor y conexos, especialmente los porcentajes a que se refiere los artículos 50, 61, 62 y 67.”

Así, mientras el artículo 11 nos dice que si renunciamos a los derechos de autor nuestra obra pasa al dominio público, el artículo 86 nos dice que la renuncia está prohibida (!). No voy a darles la lata explicando detalladamente cómo, en mi modesta opinión, esta flagrante y absurda contradicción debe resolverse, pero desde ya tenemos que asumir que es necesario eliminar derechamente la norma del artículo 86 o bien restringirla a los derechos morales que sí son irrenunciables o bien a los porcentajes a los que hace referencia. Eso sí que es más lógico y razonable. No parece razonable que una ley me prohiba regalarle a alguno de ustedes, por ejemplo, el lindo afiche de Wilco que adorna mi oficina.

Ya a estas alturas lo sabe: Los caminos del Señor y del derecho de autor son muy sinuosos y los gobiernan extraños intereses, todos a nombre de los autores y muchas veces contra los autores.

La discoteca chilena imposible

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Fotografía por Ficken. CC:BY

Este artículo pertenece a la serie de artículos escrita por invitados finamente seleccionados para usted, celebrando los tres años de Quemarlasnaves.net. Este, es un texto escrito por Marisol García, periodista.

Un mercado discográfico pequeño no es sólo el que consigue cifras de venta insatisfactorias para los álbumes prioritarios del año o el que no logra justificarse como plaza de conciertos internacionales. Suficiente se ha escrito ya sobre nuestra marginación geográfica para grandes tours y las exiguas estadísticas de inversión en música de los consumidores locales. En comparación con los países con una industria musical sólida, en Chile somos pocos, pobres y –para peor– teleadictos. Dedicarse a la música, desde la plataforma que sea, aquí exige cierto estoicismo (sí, incluso cuando se hacen baladas).

Pero que los chilenos seamos poco melómanos sostiene, también, otra serie de taras culturales que rara vez se analizan y que internet está obligando a revisar. Mucho más allá de la manida crisis de los sellos, la música popular se defiende aquí de acuerdo a una dinámica de interrupciones, prejuicios y descuido que es mucho más preocupante que el pirateo del último de Chayanne. Un mercado mezquino en la compra de discos es, también, uno que no justifica la existencia de prensa especializada, que desvaloriza a la música popular en comparación con otras manifestaciones creativas, que ubica a los músicos en los márgenes del mercado del entretenimiento (no merecedores, por lo tanto, ni de buenos espacios ni de buenos salarios) y que bloquea el acceso a todo aquel registro que no suponga un lucro inmediato.

Un buen argumento de Lawrence Lessig contra el histerismo en torno a la piratería de discos ha sido demostrar la falacia en la suposición de la industria de que cada disco “bajado” es un disco menos que se vende. Rodrigo Olavarría es un joven santiaguino que desde hace un tiempo mantiene dos blogs ineludibles para cualquier interesado en la música chilena de los años ’60 (principalmente). En discosvioleta.blogspot.com, Olavarría ha dispuesto en links de descarga gratuita desde Rapidshare la discografía completa de Violeta Parra, junto a otras ediciones (libros, tributos, notas de prensa) vinculadas a su eterno legado. La oferta está más cerca del sentido común que de la provocación legal: de los siete álbumes grabados por Violeta para Odeón, sólo hay uno disponible en CD (Carpa de La Reina, reeditado recién el año pasado), y la edición que circula de Las últimas composiciones, su último y mejor disco, no le ha rendido ni un peso jamás a ella o sus herederos, debido a un turbio apropiamiento maquinado luego del Golpe de Estado por un sujeto cuya historia merecería otro posteo. Ante tan patético panorama –¿no sería inconcebible que no hubiera CDs ni regalías de Atahualpa Yupanqui, Elis Regina o Chabuca Granda, por poner ejemplos cercanos?– no me extraña en lo absoluto que los hijos de Violeta Parra no sólo agradezcan el blog de Olavarría, sino que hasta lo hayan contactado para hacer algo similar con sus propias descontinuadas discografías. El mismo blogger mantiene Dicap y más, el único modo que hoy tenemos los no coleccionistas de conocer el catálogo del mejor sello independiente que ha habido en Chile, y cuyos masters y vinilos fueron pisoteados y quemados al día siguiente del Golpe militar. La red ofrece otros tantos blogs con buen acceso a discos perdidos del “boom pop” de los años ’80, la primera psicodelia local y las apuestas pioneras en metal y hip-hop chileno.

Para los aficionados a la música, las redes de distribución P2P y los sitios de alojamiento de discos han permitido recuperar un legado discográfico prácticamente perdido del que no se iba a hacer cargo institución alguna (ni privada, ni pública), y cuya reedición probablemente no es lucrativa para quienes están legalmente autorizados de hacer el esfuerzo. Son, como afirma Lessing, discos que se bajan no para ahorrarse la compra, sino para hacer posible el acceso. No puede robarse lo que nadie quiere poner a la venta.

Llegamos a Johnny Cash porque así nos lo dijo Nick Cave, y a éste porque nos lo recomendó Depeche Mode. Nuestra cultura musical se forja en la investigación retroactiva, y esa búsqueda está asegurada en un medio cultural de efectivo resguardo patrimonial. ¿Pero qué hacer en un país que ha asumido como un dogma que la oferta discográfica debe ser un continuo de apuestas nuevas, y en el que una edición de hace cinco años ya es considerada “de colección”? Incluso de Los Jaivas o Los Prisioneros las disquerías de Santiago prefieren tener compilados en vez de los discos originales. ¿Qué le queda, entonces, a Christianes o a Pánico? ¿Cómo aprende un trovador de 22 años los antecedentes locales de su mismo estilo?

Si aceptamos que cada país tiene el mercado discográfico y periodístico que se merece –el capitalismo es hábil para cargarnos sus negligencias–, entonces también sostengo el derecho a subsanar las deudas derivadas de esa limitación con una búsqueda autónoma, creativa y de compromiso sincero a través de los medios técnicos al alcance. Habrá dónde subir las entrevistas a bandas que a “nadie le importan” (según tu editor) y habrá también desde dónde bajar los discos de músicos “que no le han ganado a nadie” (según el A&R de turno). Y en esa combinación de bodegas visibles e invisibles, con la guía de esas notas de tinta o de luz, iremos armando nuestra discoteca ideal.

Este artículo pertenece a la serie de artículos escrita por invitados finamente seleccionados para usted, celebrando los tres años de Quemarlasnaves.net. Este, es un texto escrito por Marisol García, periodista.

Be Kind Rewind: el triunfo de los amateurs

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Es hasta políticamente correcto a estas alturas decir que Michel Gondry es un gran, pero gran talento. Para mi por ejemplo, Eternal Sunshine of the Spotless Mind debe ser una de las diez mejores películas que he visto en la vida. Y para qué nos vamos a poner a hablar de los videoclips que Gondry dirigió antes de dedicarse a las películas: son inolvidables sus videos de Björk o de Chemical Brothers, sólo por nombrar alguno de los más geniales.

El asunto es que Gondry estrena película nueva y se llama Be Kind Rewind, protagonizada por Jack Black. Este es el momento que si usted no ha visto el trailer de esta película, haga click aquí, invierta bien cuatro minutos de su tiempo y luego vuelva a leer este post, que no se va a arrepentir. Si no quiere ir, o le tienen bloqueado Youtube, le cuento que el trailer trata de un par de empleados de una tienda de arriendo de videos que tienen que reconstruir cada una de las películas que tienen en arriendo luego que por alguna extraña razón se han borrado todas. Como es obvio (?), decidieron grabarlas ellos mismos. Y claro, la idea tuvo más éxito que las películas que ellos mismos pirateaban.

Okey. Como ven, en la definición de ‘original’ en Wikipedia debiera aparecer el guión de Be Kind Rewind y nada más fantástico que la idea de recrear en forma amateur tantas y tantas películas. Claro, el guión de la nueva de Gondry probablemente es mejor que esta pobre forma de contar lo que más me llamó la atención del trailer. Pero lo interesante viene ahora.

A pesar que la película se estrena recién la próxima semana en Estados Unidos, desde hace un tiempo gracias a las bondades de las cámaras de video y a Internet, un creciente numero de personas ha tenido la misma idea: en momentos de ocio, reconstruir películas grabándolas y actuándolas ellos mismos. El resultado es hilarante. Lo que verán a continuación es una versión libre de The Matrix, con bullet time incluído:Y esto, Titanic:

Y esto, Karate Kid.Con ustedes, señores, la cultura del remix en su estado puro. El triunfo de los amateurs, de los aficionados. Más videos acá.

BCN versus la Cámara de Diputados o quién esconde la información

En general, me esfuerzo por ser un tipo afable. Por sonreír cuando corresponde, por ceder el asiento, demostrar mi cariño a mis amigos, por ofrecer la mano a la novia cuando nos bajamos glamorosamente de una micro. Pero así también hay cosas que fácilmente me hacen reaccionar. La que les voy a contar a continuación es una de ellas. Guardando toda proporción, claro está.

Desde 1811 ,y con algunas interrupciones no poco relevantes, en Chile existe Congreso Nacional. Como usted se podrá imaginar, es un órgano complejo que desde 1883 cuenta con una “Biblioteca, concebida para satisfacer las necesidades, exigencias y preocupaciones del Congreso Nacional, especialmente con las vinculadas al ejercicio de las múltiples funciones de los parlamentarios.

Desde la vuelta a la democracia, y principalmente desde la llegada a la dirección de doña Soledad Ferreiro, la BCN ha cambiado levemente el rumbo y ha enfilado hacia tener un servicio hacia la comunidad, relacionar la labor parlamentaria con los intereses de información por parte de la ciudadanía. Tanto así que desde el proyecto BCN Innova han relanzado su sitio web, licencian con Creative Commons, etcétera. En definitiva, han hecho un trabajo notable desde el punto de vista del acceso a la información a través de la tecnología.

Esta es la parte donde usted se pregunta para dónde voy. O si estoy de novio con la hija de la señora Ferreiro. Y no.

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Fotografía por Vastlk, CC:BY-NC-SD

Saco todo esto a colación porque, y esta es una de las cosas que me encanta de BCN, estoy suscrito al feed RSS de una serie de contenidos provistos por ella. Uno de ellos es Actualidad Legislativa que, aunque parezca ñoño, me mantiene al día de noticias relativas a proyectos de ley interesantes que se están discutiendo. Y el último mes han bombardeado con notas sobre el famoso proyecto de ley que reforma la ley de propiedad intelectual del cual -sí, lo sé- les debo dos posts 😛

Así uno puede enterarse que podrán reproducirse obras con fines educacionales, que ampliarán derecho a citar, que el delito de piratería se castigará aunque no exista ánimo de lucro, que se modificarán las penas, y que sancionarán a quienes se atribuyan obras de dominio público, entre otras.

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Lo que usted ve arriba es el párrafo final de todos esos artículos, donde se supone uno puede seguir la tramitación del proyecto de ley que comentan. Lo gracioso, es que dicho link nos lleva, gracias a la magia de la internets, al famoso Sistema de Información Legislativa la Cámara de Diputados del Congreso Nacional, que se supone entrega toda la información relativa a la tramitación de los proyectos de ley que se encuentran en el Congreso.

Llama la atención, de entrada, lo interesante de la idea. Es decir, una página web que permita bucear entre cientos de proyectos de ley en tramitación y revisar los documentos donde están las discusiones que se dieron en las comisiones parlamentarias no tiene desperdicio. Está muy bien. Pero la forma de acceder a esta valiosa información nos recuerda más la época cuando la web la gobernaba Geocities y todos creían que se harían ricos con empresas puntocom que a la red de hoy, la de la web semántica y el boom de las aplicaciones sociales.

Que los documentos estén disponibles al público en formatos propietarios como .doc de Microsoft Word es sólo un detalle cuando usted quiere hacer un seguimiento de un proyecto de ley en tramitación. Porque, a pesar que lo permite la tecnología, no hay forma alguna de acceder a las actas que documentan las discusiones internas de las comisiones en forma actualizada. Y el ejemplo del proyecto que reforma la LPI se torna revelador: no obstante encontrarse en tramitación desde hace casi cinco meses, el único documento que puede leerse es el mensaje presidencial, no obstante que todos sabemos que, entre otras, organizaciones como la SCD, ARCHI y ONG Derechos Digitales hicieron presentaciones formales en Valparaíso expresando sus puntos de vista.

Pero todo esto está oculto a los ojos de los mortales de a pie como usted o como yo. Pareciera ser que los únicos que pueden tener acceso a estas discusiones son quienes se encuentran presentes en cada una de las salas de las comisiones de la Cámara, diputados, asesores ministeriales y asesores de diputados.

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Fotografía por teverdeconlimon

En un mundo gobernado por el RSS, ¿Hasta cuando vamos a esperar a que nuestros representantes se dignen a publicar lo que se discute? Tengo la impresión que es más bien la institucionalización de la cultura del secretismo a la que estamos tan acostumbrados y es la óptica del oscurantismo y de los prejuicios con la que analizamos nuestras instituciones.

Cuando en una aburrida clase de derecho procesal, mi profesor intentaba explicar los beneficios de la reforma procesal penal y en particular de los principios de la oralidad, en lugar de explicarnos la belleza de dejar atrás un sistema contrario a los derechos fundamentales y profundamente anti democrático, nos decía que lo mejor de todo era que el juez ahora iba a poder mirar face to face al delincuente y de esa forma darse cuenta si es que era o no un pato malo sin papeles de por medio.

ONG Derechos Digitales en DUOC: Ilegalizando la Creatividad

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La creatividad siempre avanza por caminos que son opacos para el derecho. A pesar de eso, la ley siempre ha intentado regular esto que denominamos creatividad y la forma mediante la cual se integra en el mundo económico. Así nace el derecho de autor, como una forma de regular formas de distribución de obras creativas.

La masificación del derecho de autor no ya como un “derecho“, sino más bien como una mercancía, un commodity, se ha visto expresado en cada uno de los tratados internacionales que tienen relación con comercio que firman nuestros países. Y tanto ésta como la regulación interna han estado influidas por grandes actores económicos, los titulares de derecho de autor, buscando siempre profundizar el desequilibrio entre sus intereses y los intereses del público. ¿Los autores? Terminan o siendo meros observadores, o, peor, cooptados por intereses corporativos.

Si sumamos la masificación de Internet, finalmente, vemos como esta forma de entender el derecho de autor provoca que los perjudicados con una regulación como la que existe, sean los creadores y el público, ilegalizando, muchas veces, nuevas formas de creatividad.

Amablemente, los chicos de Inconciente Colectivo me han invitado a hablar de todo esto en el cierre del ciclo de charlas denominadas Utilitario.

En fin, de esto y otras cosas más estaré hablando el Jueves 30 de Agosto desde las 15:00 horas, en el Auditorio de la Sede San Carlos de Apoquindo del DuocUC, Camino el Alba 12575, Las Condes, Santiago. Plena precordillera.

La actividad es gratuita y de libre asistencia. Quedan cordialmente invitados. No prometo ni vino ni coctel, sí ganas y esforzarme porque no duerman siesta mientras muestro videos y arte ilegal 😉

Actualización:
Los organizadores me pidieron responder unas pocas preguntas que acaban de subir al sitio de Inconcientecolectivo. Les dejo el enlace para que vean las fotos artíshticas.

Como matar de nuevo a Gabriela Mistral

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Cuando Gabriela Mistral murió en Estados Unidos en 1957 había a lo menos dos certezas. La primera, que su deseo fue que los dineros que se obtengan por la venta póstuma de sus libros en latinoamérica iría para los niños de Montegrande. La segunda, que su obra pasaría al dominio público el año 2007, cincuenta años luego de su muerte.

Hoy, ninguna de esas dos certezas son tales. La administración de los derechos de la poetisa es digna de un thriller legal cinematográfico, donde últimamente se ha dicho mucho, pero poco se ha hecho desde el punto de vista de la preservación y difusión de la obra de la premio Nobel. Si usted lee lo que se ha escrito en la prensa al respecto, por ejemplo, verá prácticamente una sola forma de analizar el problema: lo importante es quien va a recibir los inéditos encontrados en South Hadley y cómo se va a repartir el dinero de los derechos de autor.

Pero la historia es aún más entretenida. Y tiene en un diputado un protagonista inesperado.

A la muerte de Gabriela Mistral se hizo público su testamento donde la premio Nobel, consciente de los problemas que podían provocarse con su herencia luego de su muerte, días antes de su muerte decidió dejar estipulado el destino de muchos de sus bienes, documento que entre otras cosas sostenía que

(…) todos los dineros que se me deban que provengan de la venta de mis obras literarias en América del Sur, se los lego a los niños pobres del pueblo de Montegrande, Valle de Elqui, Chile. Dichos dineros deberán ser pagados a la referida Orden de San Francisco la que los recibirá y distribuirá, y la que decidirá acerca de qué niño o niños han de recibir este beneficio (…)

Hasta acá todo bien. Los dineros de la venta de los derechos en latinoamérica a los niños de Montegrande, administrados por los franciscanos. Trece años luego de la muerte de la Mistral, Chile tiene una nueva ley de propiedad intelectual, la hasta hoy vigente 17.336, que entre otras cosas estipulaba que el plazo de protección de las obras intelectuales sería durante toda la vida del autor más treinta años luego de su muerte. Esto significaba que, a la fecha de la publicación de dicha ley, había certeza que la obra de la poetisa pasaría al dominio público el año 1987. Pero tenía que pasar algo antes.

Luego de cambiarle el nombre al Edificio construido por el presidente Allende, posteriormente conocido como “Diego Portales”, Maximiano Errázuriz, por entonces un oscuro funcionario de la dictadura que se desempeñaba como sub-gerente de la editorial Universitaria tuvo una genial idea. Luego de haber llegado a sus manos una serie de cartas de amor escritas por Manuel Magallanes Moure a Gabriela Mistral, sospechó lo relevante que dichas misivas fueran publicadas por su editorial. Se puso en contacto, entonces, con Doris Dana, heredera universal de la poetisa, quien le negó el permiso para hacerlo.

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Al no tener el permiso, el hoy ingenioso diputado Errázuriz ideó una fórmula para poder publicar de todos modos ya no sólo las cartas, sino que también toda la obra de la poetisa, pasando por alto la autorización de la legítima administradora de los derechos de la premio Nobel. Dicha fórmula fue materializada a través del Decreto Ley 2560 del 24 de Abril de 1979, el que en un artículo único sostenía

Artículo único.- Autorízase la reproducción en Chile de la obra literaria de Gabriela Mistral, en forma total o parcial, ya se trate de obras inéditas o publicadas con anterioridad a este decreto ley.
Los interesados en realizar tales reproducciones deberán celebrar, previamente, con la Orden Franciscana de Chile, el correspondiente contrato de edición, el que se regirá por las normas de la ley Nº 17.336.

En otras palabras, y sin que existiera Congreso Nacional, se autorizaba la publicación en Chile de la obra de la Mistral obviando la autorización de Doris Dana. La respuesta de Doris Dana, claro, fue negar el agua y la sal a Chile. La respuesta de las editoriales, editar y publicar sin cesar.

El año 1992, habiéndose cumplido treinta y cinco años de la muerte de la poetisa, Chile realiza una modificación a la ley 19.336 del año 1970, aumentando el plazo de protección de derecho de autor a cincuenta años luego de la muerte del titular.

¡Hey, momento!
En el año 1992, aplicaba la regla establecida en la ley de 1970, que establecía un plazo de protección de treinta años luego de la muerte del autor. Esto significa que, oh sorpresa, no aplica para la obra de Gabriela Mistral en Chile, dado que la obra de Gabriela Mistral pasó al dominio público el año 1987, esto es, treinta años luego de su muerte.

Esto significa que desde el año 1987 en adelante, es posible usar libre y gratuitamente la obra de Gabriela Mistral sin pagar derechos de autor, porque estos derechos de autor le pertenecen al patrimonio cultural común. Pero la historia está lejos de terminar aquí.

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En las últimas semanas ha habido muchísimo revuelo periodístico por las obras inéditas de la Mistral que se hallaron a la muerte de Doris Dana. Luego de una serie de contactos y trámites, el argentino Guillermo Scallan y Luis Binimellis pasaron a ser representantes de Doris Dana en Chile y Latinoamérica, pensando en crear una fundación que, a la usanza de la Fundación Neruda, administre el dinero que por concepto de derechos le correspondería a la sucesión de Gabriela Mistral. Incluso equipos de investigadores se ha preocupado de ordenar y catalogar esta obra inédita que incluso reparticiones públicas se han encargado de repartir.

Y se ha ido más allá. En un nuevo arrebato de originalidad, y probablemente algo extasiados luego de tanto baile del koala, hace un par de semanas un par de diputados presentaron un proyecto de ley que pretende aumentar el plazo de protección de la obra inédita que se ha descubierto hasta setenta años de la publicación de la ley. Esto es, este par de diputados, uno Álvaro Escobar, el otro, que vuelve a la escena del crimen, Maximiano Errázuriz, pretenden que la obra de la Mistral pase al dominio público más allá del año 2077.

Más allá de la tontera, irresponsabilidad y frivolidad que supone este proyecto de ley, la discusión es ligeramente más importante, y se trata del rescate del dominio público. Una idea que rondó en influyentes legisladores como el a la postre Presidente Patricio Aylwin, quien sostuvo en la discusión parlamentaria de la ley de 1970 que “En verdad, una creación intelectual, por genial que sea su autor, no es sólo fruto de la mente de un hombre. Ese hombre pertenece a la comunidad. (…) Toda creación artística o intelectual, en alguna medida, pertenece a ese patrimonio cultural común, enriquece a toda la comunidad”.

Llama la atención que lo que más se haya repetido en la prensa es el deseo de la Mistral que los niños de Montegrande se beneficien de las ventas de sus obras. Y se ha repetido que el hecho que falten aún 20 años más para que sus obras pasen al dominio público es una buena noticia para estos niños que no han podido disfrutar de los beneficios según los deseos de nuestra premio Nobel.

La idea del dominio público es, precisamente, que la sociedad entrega a los autores una especie de monopolio de explotación por un lapso de tiempo de las obras que crean. Fundamentalmente, porque se cree que de esa forma se promueve la creación de nuevas obras. La figura del dominio público, por tanto, pretende equilibrar los intereses en juego, tanto los de los autores como el del público relativo al acceso público.

El que la obra de Gabriela Mistral esté en el dominio público es por tanto una gran noticia no sólo para los niños de Montegrande, sino para todos los niños toda vez que podrán usar, reproducir, y crear sobre la obra de la Premio Nobel, sin necesidad de retribución monetaria. Pretender que la obra de la poetisa se encuentre en el dominio privado, para de esta forma perseguir una explotación comercial de su obra, no es sino una forma más de apropiación del conocimiento y patrimonio cultural común. Cuando algunos hablan de protección, a veces quieren decir lucro y abuso.