El 2011 es el mejor año para el cine en Chile desde 1978

(…) el 2011 tendrá aproximadamente unos 16.500.000 tickets cortados, lo que lo pone como el mejor año para el cine desde 1978 cuando hubo 23.490.014 espectadores… el último gran año para las salas justo antes de la llegada del televisor a color en Chile, nada menos.

Esta es la conclusión que al menos saca el crítico Gonzalo Maza luego de repasar las cifras de la distribución de películas local. Añade un interesante cuadro estadístico comparando el total con el público de películas chilenas:

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Lo que es interesante de todo esto es que esta estadística se da en un momento especialmente interesante para la distribución de contenidos en internet y de cine en particular. Se da en un contexto donde, en Chile, acaba de aparecer iTunes, y donde Bazuca ha dado buenos golpes en la distribución casera de películas en streaming junto con el para algunos desilusionante ingreso de Netflix a latinoamérica. De hecho sería bueno conocer también cifras de distribución de películas por medios alternativos.

Interesante. Todo esto sin contar la piratería rampante que se supone existe en países del tercer mundo. Sin contar que, a menos que usted haya estado en una cueva los últimos 2 años, todo el mundo conoce Cuevana. Tal vez sea que existe mercado para todos. Tal vez sea que más y mejores condiciones de acceso promueven más que desalientan la asistencia a salas. Tal vez a la gente simplemente le guste ver películas mascando cabritas.

Los números tienen esa rara propiedad de la claridad. Tal vez sea interesante que cada vez que se propongan nuevas políticas públicas de fomento a la creación y a la distribución, echar un ojo al acceso. De pronto ahí hay una clave olvidada para mejorar las condiciones de distribución de películas locales que, sea por su contenido o por no estar asociadas a distribuidores fuertes, se encuentran fuera del mercado tradicional.

Ataque de Pánico: cómo hacer 30 millones de dólares

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Seis meses de trabajo y 300 dólares le tomó a Federico Álvarez Mirate hacer el video Ataque de Pánico!, que apenas terminado subió a Youtube.

El video muestra cómo un grupo de robots gigantes destruye la ciudad de Montevideo. Pasaron las semanas y se contactó con él la productora de Sam Reimi Raimi (que se pronunica “reimi” _P) para hacerle una propuesta. Aceptó. Difícil decir que no al ofrecimiento de hacer una película de 30 millones de dólares.

Una vez más. ¿Internet es un obstáculo o una plataforma para el autor?

Los piratas como la distribución del futuro

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Hace un par de días me contaba Juan Pablo Fernández de SURE de los pocos espacios que hay para el mundo audiovisual hoy por hoy y cómo la publicidad parece ser la única salida para quienes quieren producir cine. Y Juan Pablo –que estrena película a fines de Octubre– no lo decía necesariamente en una crítica simplista y llorona contra la piratería sino que lo decía porque no parece haber mayores alternativas que el product placement para una industria latinoamericana que cada día se ve más ninguneada por las salas de exhibición ante la avalancha de películas provenientes del lejano oeste norteamericano. Más todavía, cuando más del 50% de lo que pagamos en la boletería para ver la película que queremos se la lleva el dueño de la sala.

En estos días se desarrolla en México DF el 1er Congreso de Cultura Iberoamericana [pésimo sitio en Flash, están avisados] titulado “Cine y Audiovisual en latinoamérica” y se han dado cita allí una serie de representantes de la industria audiovisual, incluyendo a gente como Antonio Banderas, el cubano Reynaldo González, y el chileno Miguel Littin.

En una de las mesas, los cineastas explican como razones importantes para el momento del cine latinoamericano la desaparición de pequeñas salas de cine donde se expongan películas que no necesariamente responden a criterios comerciales, como pasa generalmente con las que provienen de esta parte del continente. “Los cines de barrio son ahora las películas piratas“, sostuvo el venezolano Román Chalbaud, para explicar la aparición de nuevos métodos de distribución informal.

En este contexto, según lo apunta Terra España, Miguel Littin fue más allá al afirmar que él mismo distribuye a los vendedores piratas chilenos sus películas cuando el mercado oficial no las quiere exhibir.

Resulta interesante la vuelta de tuerca. Mientras algunos prefieren llorar y exigir preferencias por parte del Estado, otros encuentran métodos inteligentes de distribución. Quien sabe, quizás tal como sucede con música en principio marginal en Brasil como el tecnobrega o el bailefunk, sean los piratas el método de distribución de contenidos del futuro.