Llega Amazon.es y no nos sirve de nada

How to Make a Diffusion eBook 6

Ilustración por Giles Lane, CC:BY-NC-SA

Llega Amazon a España y se encienden las alarmas. ¿Irá a cambiar el mercado editorial nacional? ¿Se masificarán por fin los libros electrónicos en castellano? Si es así, ¿podremos disfrutarlo?. Me pidieron la opinión para El Mercurio del domingo pasado y esto fue, más o menos, lo que respondí.

 

El geoblocking es un efecto que es resabio de los viejos contratos editoriales previos a la masificación de internet y de los libros electrónicos.

En base a él, los contratos que unían a autores con distribuidores suponían la exclusividad de determinadas casas editoriales para distribuir ejemplares de libros basados en coordenadas geográficas. Así, por ejemplo, una casa editorial puede negociar la exclusividad en la distribución de ciertos libros en Chile y podría existir otra distinta con las mismas facultares para México o Argentina. Esta exclusividad, en el caso de autores consagrados, tiene alcances regionales y no sólo a nivel nacional, pudiendo establecerse condiciones de distribución, entonces, para una región completa.

Esta práctica contractual, todavía vigente, supuso muchos problemas para las primeras editoriales que quisieron distribuir sus libros a través de medios electrónicos. En parte porque los contratos no contemplaban dicha forma de distribución, en parte porque existían limitaciones geográficas para un tipo de distribución que prescinde de dicha limitante (mal que mal antes era un tema también de transporte y stocks), hoy en día el mundo editorial en lugar de dar un paso para poder aprovechar esta oportunidad del entorno en línea, ha decidido mantener dichas prerrogativas geográficas del mundo analógico aplicándolas al mundo digital, con el evidente problema de distribución para ciertas regiones del mundo que no resultan muy interesantes ni para los vendedores de e-readers ni menos para los de libros electrónicos.

En parte son este tipo de transacciones contractuales-comerciales las que suponen barreras difíciles de comprender para la masificación del comercio en línea de libros electrónicos en Chile.

Es difícil de precisar el impacto de la llegada de Amazon a España, porque su éxito va a estar vinculada a las hasta ahora lamentables decisiones de Libranda (la plataforma de comercialización de libros digitales de las editoriales españolas), que gracias a sus dudosamente legales sistemas de protección anticopia (DRM) y su incompatibilidad de formatos ha hecho imposible la masificación de la venta tradicional de libros electrónicos en castellano.

Hasta el momento, sin ir más lejos, los archivos que contienen libros que pertenecen a Libranda son incompatibles con el Kindle de Amazon y con el iPad de Apple. Es decir, por más que usted desee leer Los Detectives Salvajes de Bolaño en su nuevo Kindle Fire o en su iPad, la única alternativa que tiene es conseguirlo a través de medios informales. No hay forma de conseguirlo, en castellano, de manera legal. Y luego es esta misma industria la que se queja de la masificación de la piratería.

De hecho, la masificación de sistemas de protección anticopia (DRM) ha sido la piedra de tope no solo para la masificación de libros electrónicos sino también para cientos de otras obras intelectuales que circulan a través de medios digitales. Es más, existen casos en otros países donde la ley permite hacer ciertos usos con obras -usos que uno puede hacer libremente en el libro impreso- (derecho de cita, copia privada, préstamo, etc), son bloqueadas a través de estos sistemas informáticos. En mi opinión son estas prácticas -de la industria, por cierto-, y no otras, las causantes de la masificación de los intercambios informales de obras protegidas de derechos. Demanda hay, oferta no.