Pirate Bay: The RIAA Is Delusional and Must Be Stopped

Una pequeña lección para Mr Glazier: Si alguien roba algo, ya no lo tienes más. Si lo copias, ambos lo tienen. Esto significa que: si alguien roba tu copyright (a.k.a. un “ladrón del copyright”) ya no tienes más el copyright. Se me hace difícil ver que es lo que pasa, dado que el copyright en realidad no es tangible.

Los trabajos que dices que han sido robados en Estados Unidos sí son tangibles. Y si alguien roba esos trabajos, ¿a dónde van? ¡Tal vez ya no están más! Eso es lo que hace la tecnología. Sorry, es 2012 y no 1912. ¿O la idea es prohibir los robots también, dado que están robando trabajos?

(…) Ah, y por favor paren de denominarse “la comunidad creativa”. Ustedes no son una comunidad, son una coalición de algunas de las empresas más ricas del mundo. Y la única cosa en la que son creativos es el los procedimientos contables.

Traducción libre de la respuesta -épica- de ‘Winston’ de The Pirate Bay a un ridículo artículo de Mitch Glazier de la RIAA. (Vía TorrentFreak)

Tres reflexiones sobre el TPP

Mariano Amartino me pidió un par de reflexiones sobre TPP en Chile. Esto es lo que salió publicado en uno de mis blogs favoritos.

Si hay algo que la guerra contra la piratería nos ha enseñado en todos estos años es que no ha derrotado a la piratería. Que ha sido un rotundo fracaso. Las demandas a mansalva en Estados Unidos, los acuerdos con ISPs, las estrategias legales locales (DMCA, COICA, SOPA, PIPA, etc), la ley SINDE y los three strikes son ejemplos de esfuerzos legales -tan brutales como fallidos- para combatir la distribución informal de contenidos en internet. Y todos ellos han fracasado.

NewImage

En lugar de demostrar que quizás el problema de la piratería no es normativo sino tal vez de mercado, esta estrategia -liderada por la poderosa industria de contenidos- ha adoptado los foros internacionales como una de sus principales trincheras. Así, no satisfechos con cooptar desde hace décadas un organismo internacional dependiente de las Naciones Unidas (la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual), han sido los acuerdos comerciales bilaterales y multilaterales los escenarios de los mayores triunfos de esta estrategia legal para derrotar a la piratería en internet.

Ejemplos de ello han sido los tratados de libre comercio que han firmado países de la región con EEUU que, desde la órbita de los derechos de autor, no hacen sino aumentar los estándares de protección. Resultado de ello es que luego de la firma de estos tratados, países como Chile y Perú tienen estándares de protección más altos que la DMCA pero sin las garantías de acceso existentes en Estados Unidos. Nuestros países se comprometen, en definitiva, a modificar sus legislaciones para hacerlas más parecidas a las norteamericanas para la protección, pero no para garantizar acceso.

El último esfuerzo de esta estrategia internacional se llama Trans-Pacific Partnership (TPP), un acuerdo de cooperación comercial para crear un área de libre comercio en la zona Asia-Pacífico. Hoy son nueve los países que son parte de las rondas de negociación que pretenden ajustar un texto de tratado: Australia, Brunei, Chile, Estados Unidos, Malasia, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Los alcances, aún por definir. Pero de lo que se sabe, hay al menos tres elementos que creo debieran invitarnos a la reflexión.

1

Nadie sabe mucho del alcance de las negociaciones. Lo único que sabemos es aquello que ha sido filtrado a través de redes de activistas y que da cuenta de lo importante de los elementos vinculados a los derechos de autor en internet. La propuesta de Estados Unidos, sin ir más lejos, va mucho más allá de lo establecidos en la propia regulación norteamericana y es un criterio que pretende imponer al resto de los países negociadores. Se ha sabido algo respecto de las negociaciones pero no tenemos clara idea respecto del tenor de la discusión, los puntos que se han cerrado y la transacción que están llevando adelante los negociadores.

En una época donde la transparencia y el acceso a la información parecen ser principios en los que estamos todos de acuerdo, resulta injustificado mantener como secretos aspectos tan importantes para el desarrollo de los derechos a la luz de las nuevas tecnologías. Sin ir más lejos, el gobierno chileno denegó la solicitud de acceso a información que elevamos como ONG Derechos Digitales para obtener acceso al texto del acuerdo.

2

Del texto filtrado hay muchos aspectos preocupantes vinculados a derechos de autor, algunos incluso más preocupantes que los impresentables proyectos SOPA-PIPA. Entre ellos:

  • Extiende los plazos de protección. Mientras los TLC con Estados Unidos han obligado a los países firmantes a aumentar sus plazos de protección de 50 años luego de la muerte del autor (estándar internacional del Convenio de Berna) a 70 años, TPP incluye fórmulas para aumentarlo nuevamente hasta 120 años en ciertos casos, lo que es un atentado violento contra el dominio público.
  • Criminaliza la elusión de medidas tecnológicas de protección yendo muchísimo más allá de lo establecido en los «tratados internet» de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, haciendo ilegal la circunvención de dichas medidas aun sin que exista infracción a derechos de autor.
  • Establece un sistema de responsabilidad de prestadores de internet que no solo eleva el estándar de la DMCA sino también de los mejores estándares establecidos en la legislación chilena. De esta manera, se pretende no sólo aumentar penas sino también establecer medidas de identificación de supuestos infractores, bajada de contenido y desconexión de internet.

3

A veces resulta más sencillo pensar que estas espantosas iniciativas legales como SOPA, ACTA, PIPA y TPP son producto de desinformación de los legisladores respecto de como funciona internet. Que, básicamente, son intentos legislativos productos de la ignorancia. La verdad es que no es cierto. La existencia de estas propuestas no prueba la ignorancia sino que prueba la influencia que la industria del entretenimiento tiene en nuestro sistema político a contrapelo de los intereses del resto, de todos nosotros.

Una de las conclusiones a las que llegó un reporte encargado por el gobierno inglés el año recién pasado fue que en la regulación de los derechos de autor en internet hay una brutal falta de evidencia empírica. Ojalá llegue el momento en que, en lugar de legislar de la mano de Hollywood, nuestros legisladores decidan pensar en serio internet como una plataforma para el ejercicio de derechos fundamentales. Para llegar a eso hace falta dos cosas. Uno, tal vez, es partir por exigir evidencia y no intuición para regular estos temas sensibles. Dos, que todos nosotros nos tomemos esto en serio y hagamos algo.

SOPA y PIPA, respuestas para Revista Qué Pasa

Hace algunos días me escribió José Simián, quien estaba documentando un artículo sobre SOPA y PIPA para la revista chilena Qué Pasa que resultó publicado el número pasado. Me envió una serie de preguntas para documentar su artículo, las que transcribo a continuación. Al no ser una entrevista, obviamente no salió completa en la versión impresa, pero amablemente José me ha autorizado a publicar la versión extendida de sus preguntas y mis respuestas.

1) De todos los aspectos que generaron críticas de SOPA y PIPA (derechos de los usuarios, libertad de expresión, restricciones a los usos justos y la creatividad, daño a la actividad económica de Internet, etc), ¿cuál te parecía el más relevante?

Destacaría dos, de distintos niveles. El primero tiene que ver con la mecánica de este tipo de tratados. Desde un tiempo a esta parte la estrategia de las empresas titulares de derechos pareciera ser influir a nivel internacional en tratados o convenios comerciales que se negocian secretamente. SOPA y PIPA, a nivel local en Estados Unidos, y TPP y ACTA a nivel internacional son convenios comerciales cuyos términos de negociación están ocultos para el público en general, incluyendo al resto de los poderes del Estado.

El segundo tiene que ver con que todas estas iniciativas tratan de entender las nuevas tecnologías e internet fundamentalmente como un lugar opaco que cuyas prácticas hay que regular con severidad para resguardar mecánicas de negocio de la era previa a internet. Así, otros derechos que ven en internet una zona segura y de fácil desarrollo, como la libertad de expresión, termina cediendo a favor de intereses comerciales vinculados a la explotación de los derechos de autor. Todas estas iniciativas pretenden, por la vía legal, resolver un problema que es básicamente de mercado, económico, como es el intercambio de archivos en internet o lo es lo que la industria denomina piratería.

2) ¿Cómo se gestó la participación de Derechos Digitales en la carta enviada por organizaciones de derechos humanos a la Cámara de Representantes de Estados Unidos? ¿Están planeando nuevas actividades o iniciativas?

Nosotros entendemos que los problemas derivados de la sobreprotección de los derechos de autor en el entorno en línea no son sólo locales. Son problemas y desafíos globales. Así, hemos entendido que la única manera de hacer frente a esta tendencia es tender redes y establecer alianzas con otras organizaciones sociales que, desde el interés público, pretenden establecer un sistema de derechos de autor equilibrado, que al mismo tiempo que proteja a los autores no lo haga a costa de los derechos del resto de los ciudadanos. Hoy somos parte de varias redes de activistas internacionales con presencia en Estados Unidos y en OMPI con el fin de poner los temas que en estos días han tenido tanta exposición a propósito de SOPA, en la agenda legislativa.

3) En conexión con lo último, ¿cómo ves el panorama futuro de la legislación para regular Internet en Estados Unidos y el resto del mundo? ¿Crees que va a haber un consenso en el corto o mediano plazo para que se logren legislaciones de compromiso?

Es difícil responder aquello. Se me ocurren dos ideas. La primera es que la tendencia normativa internacional a nivel comparado ha sido que cada vez que hacemos cambios a nuestras leyes de derechos de autor son reformas que apuntan a aumentar los estándares de protección y no los de acceso. A aumentar las penas, los delitos, las infracciones y los derechos y no aumentar con la misma energía la protección y difusión del dominio público y de las excepciones y limitaciones que, por ejemplo, favorezcan a bibliotecas y discapacitados. Visto así, y tomando en cuenta las recientes medidas en España y Francia, el panorama no parece ser muy alentador.

La segunda idea es que esto en algún momento tiene que parar. La denominada guerra contra la piratería ha tenido costes importantes en los últimos veinte años y no ha bajado ni en un punto los intercambios de archivos en internet. Es más, en muchos casos los gastos judiciales y derivados del lobby superan con creces las pérdidas que la propia industria dice tener a propósito de la piratería. Hace algunos meses se publicó un estudio que encargó el gobierno británico (el Review of Intellectual Property and Growth) respecto de las políticas de derecho de autor del futuro. El informe Hargreaves, denominado así por el nombre del profesor encargado de hacerlo, concluyó, entre otras cosas, que las normas de derecho de autor han respondido más al lobby de la industria que a la respuesta frente a la evidencia empírica.

Tengo la esperanza que en algún momento tengamos un debate en serio respecto de los derechos -en general- en internet y en particular de los derechos de autor. Hoy tenemos leyes que nos dicen a todos que somos piratas. Esto no sucede porque un día por la mañana despertamos todos con un parche en el ojo y una pata de palo, sino que sucede porque de un momento a otro -con la emergencia de internet- nuestras leyes se hicieron absurdas. Y por eso tenemos que cambiarlas.

4) ¿Qué te parece el proyecto de ley OPEN, actualmente en el senado de Estados Unidos? ¿Te parece que, efectivamente, no afecta la estructura y seguridad de Internet como hacía SOPA, y que establece medidas efectivas o al menos aceptables para proteger la propiedad intelectual e industrial en Internet?

OPEN, a diferencia de SOPA, es una propuesta que ha sido de debate abierto y además pretende, entre otras cosas, apuntar a medidas que efectivamente ataquen el intercambio comercial a gran escala de productos protegidos por derecho de autor, junto con entregarle más atribuciones a organismos públicos. Hoy ha sido apoyada por una serie de importantes empresas de internet, aunque tengo mis dudas respecto de si tendrá piso político para terminar el trámite legislativo. De todas maneras creo que es un buen primer paso para comenzar a debatir con algo más de seriedad y calma asuntos extremadamente complejos y sensibles desde el punto de vista de nuestros derechos en internet.

5) ¿Cómo sería para ti una legislación adecuada para regular estas materias?

Una legislación adecuada debiera ser una legislación equilibrada. Que proteja los derechos de los autores -cuyos intereses no son necesariamente los de la industria que dice defenderlos- pero al mismo tiempo no lo haga a costa de los derechos del público. Esto, que parece muy general, es importante porque me parece que en todo este debate hemos escuchado más la voz de entidades de gestión colectiva e industria del entretenimiento que a los creadores en general. Una ley que proteja a los autores debiera escuchar también la opinión de académicos, investigadores, fotógrafos, bibliotecarios y usuarios de tecnología en general. Adicionalmente, una legislación adecuada debiera descansar en evidencia empírica. ¿Cuál es el verdadero costo de la piratería en internet? ¿Quiénes se ven perjudicados? ¿Cómo, en qué magnitud? ¿El hecho que nunca antes en la historia del país haya tanta gente que esté dispuesta a pagar por ir a ver shows en vivo, tendrá algo que ver con la democratización del acceso y las nuevas tecnologías? Además, una normativa decente de derechos de autor debiera hacerse cargo de los problemas vinculados de la sobreprotección del derecho de autor. Hacerse cargo, por ejemplo, de las obras huérfanas, ese conjunto enorme de obras cuyo plazo de protección no ha expirado pero que se hace muy difícil poder conocer su titularidad. Si hoy una editorial quiere  editar una antología de la mejor poesía chilena de la mitad del siglo XX, se va a encontrar con un problema importante para conseguir los derechos aún no expirados. La opción es o publicar exponiéndose a que aparezca un heredero con ganas de demandar o desistir de la publicación. El problema de esto no es que hoy no se edite el libro. El problema es que cuando en unos años más las nuevas generaciones quieran saber qué poesía se escribía en Chile en la mitad del siglo XX no van a tener fuentes donde consultar. Y de este problema nuestras leyes de derechos de autor no se hacen cargo.

6) Finalmente, ¿qué semejanzas o diferencias ves entre esta barrida contra las nuevas formas de compartir contenido que permite Internet y las de la década anterior, como Napster? ¿Crees, efectivamente, que quienes apoyaban SOPA y PIPA “no entienden la Internet”?

Creo que eso es un error. SOPA, PIPA, ACTA y TPP no existen por ignorancia. Nuestras leyes de derecho de autor no están sobredimensionadas producto de ceguera legislativa. Existen por la enorme influencia de la industria del software, de la música y del cine sobre nuestros legisladores. La experiencia del caso SONY, donde la industria del cine intentó ilegalizar la distribución de los grabadores de VHS caseros en Estados Unidos, Napster, Grokster, la DMCA y las propuestas legislativas actuales muestran como la industria reacciona frente a la emergencia de condiciones distintas a las que vieron crecer sus negocios. La ley de derechos de autor se ha convertido -paradójicamente, al igual que en sus inicios- en un instrumento de control de mercado y de control para la circulación de bines culturales a favor de una industria particular.

No es casual que Lawrence Lessig, uno de los más influyentes pensadores y escritores críticos al derecho de autor actual, esté hoy dirigiendo un centro encargado de estudiar la corrupción en el sistema político.

Hacia una internet libre de censura en américa latina

censurapalermo

El año recién pasado el director del Centro de Estudios de la Libertad de Expresión dependiente de la Universidad de Palermo (Argentina), Eduardo Bertoni, me invitó a participar en una investigación sobre el estado de la libertad de expresión en internet en latinoamérica. Acepté encantado.

El resultado de dicha invitación es lo que fue publicado hace algunos días y que es posible descargar desde la web de la Universidad de Palermo. Es una compilación de artículos más que interesante de temas que van desde difamación hasta responsabilidad de prestadores de servicio.

Es precisamente el último de los temas el que trabajamos desde Chile. Hablo en plural porque buena parte del artículo se hizo gracias al trabajo de Juan Carlos Lara, investigador de la ONG Derechos Digitales.

Si bien la publicación lamentablemente no está disponible con licencia de uso abierta, nuestro artículo sí. Lo pueden descargar desde acá mismo (PDF, CC:BY-SA).

Dos ideas sobre la censura en Twitter

twittercensor

Alarma ha provocado el anuncio que hace algunos días hizo Twitter respecto del cambio en sus términos y condiciones de uso. En ellas, señalan que (la traducción es mía)

En la medida que continuamos creciendo a nivel internacional, entraremos en países que tienen ideas distintas sobre los contornos de la libertad de expresión. Algunas son tan distintas de las nuestras que no vamos a ser capaces de existir allí. Otras son similares, pero por razones históricas o culturales, restringen ciertos tipos de contenido, como Francia o Alemania, que prohíben el contenido pro-nazi.

Hasta ahora, la única manera de hacerse cargo de los límites existentes en esos países era remover el contenido a nivel mundial. A partir de hoy, tendremos la capacidad de reactivamente retener el contenido de los usuarios en un país determinado, quedando disponible para el resto del mundo.

La cosa es así. Si en Argentina usted decide que la fotografía que filtró su amante en la red social, puede recurrir a tribunales y solicitar la bajada de dicho contenido. En Argentina, de hecho, hay muchos casos así. Hasta ahora, el efecto que tendría dicha orden judicial, sería de carácter global, impidiendo a cualquier poder acceder a esa imagen. La nueva política implicaría que en lugar de tener efectos mundiales, el bloqueo tendrá efectos solo locales, permitiendo a usuarios de otras jurisdicciones poder acceder a dichos contenidos no obstante estar bloqueados en un determinado país.

Esos son los hechos. Ahora, dos reflexiones.

UNO.

Antes de hablar de censura y abuso en los nuevos términos de uso hay que tomar en cuenta que hoy se bajan contenidos de redes sociales. Todos los días. Y todos lo hacen, algunos con mayor transparencia (Twitter, Google), otros con menos (Facebook). Y esto, por lo demás, es razonable que ocurra. Es un derecho vinculado a la protección de la privacidad poder solicitar la bajada de ciertos contenido bajo las circunstancias que la ley local establezca para la protección de cierta información personal. Esto no va a cambiar con las nuevas políticas.

La diferencia entre lo que sucede hoy y las nuevas políticas es que ahora dicho bloqueo sólo tendrá efectos locales. De censura poco puede haber si las bajadas de contenido se hacen 1) Localmente; y 2) bajo las reglas establecidas en las leyes locales y no de manera arbitraria.

Más aún, Twitter ha señalado que colaborarán aún más estrechamente con el proyecto Chilling Effects del Berkman Center de Harvard que monitorea las bajadas de contenido en internet. O sea, más encima con transparencia.

DOS.

Si existe un problema, éste es normativo, no de los términos de uso de Twitter. Y se me ocurren al menos dos problemas.

  1. Twitter lidia con ser una empresa con domicilio en Estados Unidos que presta servicios para el resto del mundo. Como tal, tiene dos opciones. O bien pretende estar por sobre las leyes del resto y aplica la jurisdicción de California ante cualquier evento -lo que implicaría quedar fuera de países con estándares legales diferentes (de libertad de expresión, privacidad o derechos de autor)- o bien se adapta a la normativa local. Y tengo la impresión que la nueva política apunta a lo segundo. Con lo que lidia, en definitiva, Twitter, es con el carácter global de internet y, en mi opinión, no lo hace de la peor manera. Si en Irán los jueces estiman que hacer bromas con la religión es un acto prohibido no creo que sea razonable para el resto del mundo estar sujetos a dicha prohibición.
  2. Mi colega Alberto Cerda me hacía ver el problema vinculado a la jurisdicción internacional. Si existe un tratamiento similar para la, digamos, protección de datos personales en una serie de países, no parece razonable que los efectos de una sentencia judicial en un país de aquellos no pueda tener los mismos efectos en el resto. Esto pensando especialmente en la posibilidad de demandar por perjuicios. Ahora claro, este es, de nuevo, un problema de la normativa, no de las ToS. Tengo dudas que un servicio privado tenga la obligación de tener mejores estándares que lo que establecen las leyes locales.

Recomiendo, adicionalmente, leer las reflexiones de Jillian C. York, de EFF, sobre el tema. De censura, entonces, pocazo. A apagar las alarmas.

Occupy internet

Gran paradoja de la tecnología es que mientras los avances tecnológicos nos suelen sorprender entregándonos acceso a información y cultura, la legislación que se hace cargo de ella suele estar centrada en elaborar sofisticados mecanismos de control y restricción de derechos.

La propuesta denominada ‘SOPA’ no es sino un ejemplo, feroz y extremo, de lo anterior. La propuesta legislativa del senador Lamar Smith pretende entregar nuevas herramientas a los titulares de derechos de autor para enfrentar la amenaza de la llamada piratería en internet. Entre otras, las medidas propuestas implican la inyección de filtros y monitoreos constantes a servicios web en búsqueda de eventuales infracciones a derechos de autor, la facultad de bloquear sistemas de pago online e intervenir el DNS, sistema que hace funcionar la WWW tal como lo conocemos.

Esto explica la alarma a nivel internacional. Lo más grave de SOPA es que con la excusa de proteger un interés privado se pretende romper la internet que conocemos. Y eso merece movilizarse. Así como miles se movilizaron y ocuparon espacios públicos en protesta por las injusticias del sistema, quizás ahora es el momento de ocupar internet.

(Escrito para Las Últimas Noticias, 18 de enero de 2012.)

LOCKDOWN: La guerra que viene contra la computación (Cory Doctorow)

Cory Doctorow, uno de mis héroes personales, fue invitado a hablar al Chaos Computer Congress en Berlín el mes pasado. Allí, Doctorow habló no respecto de los derechos de autor -o quizás sí- sino de algo un poco más tenebroso. De como la regulación de la tecnología apunta a quitarnos derechos y de cómo las guerras del derecho de autor son solo el primer paso en una larga batalla a favor de la libertad.

A continuación una traducción libre hecha por el amigo Martín Mois y editada ligeramente por el suscrito. Si les da lata leer, acá pueden ver el video de la conferencia. Y leer acá el texto original en inglés.

—–

Los computadores de propósito general son asombrosas. Son tan asombrosas que nuestra sociedad aún se resiste a entenderlas, para qué sirven, cómo incluirlas, cómo tolerarlas. Esto nos hace volver a algo sobre lo que probablemente están cansados de leer: copyright.

Pero, entiendan, esto es sobre algo muchísimo más importante. La forma que han tomado las guerras del copyright nos muestra pistas de una venidera lucha acerca del destino de la computadora de uso general en sí misma.

Al principio, teníamos software empaquetado y sneakernet. Teníamos floppy disks en bolsas plásticas, en cajas de cartón, en vitrinas para venta en tiendas, y vendidos como dulces y revistas. Eran inherentemente susceptibles de ser duplicados, y eran copiados rápida y ampliamente, para la desazón de la gente que hacía y vendía software.

Así surge la Gestión de Derechos Digitales en una sus formas más primitivas: llamémoslo DRM 0.96. Ésta introdujo indicios físicos revisados por el software -por daño intencional, dongles, sectores ocultos– y protocolos de desafío-respuesta que requerían tener grandes e incómodos manuales difíciles de copiar.

Esto fracasó por dos razones. En primer lugar, porque eran comercialmente impopulares, al reducir la utilidad del software para sus compradores legítimos. Los compradores honestos resentían la no-funcionalidad de sus respaldos, odiaban perder un -en esos momentos- escaso puerto periférico para instalar un dongle de autentificación, y les irritaba tener que acarrear enormes manuales cuando querían ejecutar su software. En segundo lugar, no detuvieron a los piratas. Para ellos fue simple parchar el software y eludir la autentificación. La cantidad de gente que usaba el software sin pagar se mantuvo intacta.

Típicamente, la forma en que esto sucedió era que un programador, con conocimientos y experiencia tecnológica igual de sofisticadas que la del vendedor de software, usaba ingeniería inversa sobre el software y hacía circular versiones crackeadas. Si bien suena a algo altamente especializado, en la práctica lo era poco. Descubrir aquello que los programas redundantes hacían, y eludir los defectos físicos, eran habilidades básicas para los programadores, especialmente en la era de los floppy disks y los rudos primeros días del desarrollo de software. Las estrategias anti-copia se volvieron aún más inútiles con la expansión de las redes; una vez que tuvimos bulletin boards, servicios en línea, grupos de noticias de USENET y listas de correo, la experiencia de aquellos que habían resuelto cómo derrotar estos sistemas de autentificación podía empaquetarse en software tan pequeño como los archivos para crackear. Al aumentar la capacidad de las redes, las imágenes de la llave del disco o incluso los ejecutables podían esparcirse por sí mismos.

 

Continue reading

Mimosines

Un mimosín sería -y parafraseo ahora la ya citada definición de troll de la Wikipedia- la persona que sólo busca halagar su propia estima, generando complicidad y buena onda, y provocando de este modo reacciones predecibles, con fines diversos, desde la simple ostentación de buenos sentimientos hasta la fervorosa exaltación de una suerte de ecumenismo cuyo efecto más corriente es el empantanamiento de toda posibilidad de debate en una sopa boba compuesta a partes iguales de asentimiento indiscriminado, de cursilería moral y de autosatisfecha beatería.

Ignacio Echevarría, Tolls y mimosines. El Cultural, 6/01/2012.