Burning the ships, el libro

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“Burning The Ships: Intellectual Property and the Transformation of Microsoft” es un libro recién aparecido escrito por Marshall Phelps, vice presidente corporativo sobre políticas de propiedad intelectual y estrategias de Microsoft (cerebro tras los cambios en las políticas de derechos de autor de la compañía) y el periodista David Kline, consultor en mismas materias y autor de “Rembrandts in the Attic”, un libro sobre el valor de las patentes en empresas TI.

Más allá del alcance de nombre del libro con este blog (Burning the ships, es la traducción exacta de “Quemar las Naves”), es un ejercicio interesante la lectura de la entrevista que hace Intellectual Property Watch a sus autores, respecto de la innovación, el rol de las patentes, Creative Commons y el supuesto cambio de dirección que está sufriendo Microsoft en materia de apertura y estándares.

De recomendable lectura.

Piñera la democracia y la cultura según la derecha

Hay una antigua discusión respecto del rol que debe asumir el Estado respecto de ciertos derechos fundamentales. Por ejemplo respecto de la libertad de expresión, para algunos el rol del Estado se agota en no interferir en el ejercicio de tal derecho, mientras que para otros, dicho rol debiera ser activo en orden a, además, establecer condiciones igualitarias para el debate de ideas en el foro público, a través de, por ejemplo, el fomento de opiniones disidentes a las mayoritarias.

De esto me acordé al leer el acierto de Gonzalo Maza respecto de la opinión del candidato presidencial de la derecha chilena Sebastián Piñera -y gran favorito para las elecciones de diciembre- respecto de las políticas culturales de su eventual gobierno, en particular respecto de los fondos públicos destinados a proyectos culturales, una de las formas en las que ese rol activo del Estado se manifiesta en estos temas.

En entrevista televisada, el candidato Piñera sostiene que

“Nosotros vamos a crear un Fondo de la Promoción de la Cultura y el Arte Chileno (…). En lugar de asignarlo con cuoteo político, como ocurre hoy día, lo vamos a asignar democráticamente. Le vamos a pedir a la propia gente para que, a través de encuestas de opinión pública, ellos decidan hacia donde quieren ellos que vayan estos fondos de promoción de la cultura. Que la propia gente decida qué cultura es la que quiere promover.

– Sin jurados especialistas…
– No, no, no. Si los jurados especialistas al final tú sabís que de especialistas tienen re poco y al final termina siendo puro cuoteo político… Nosotros pretendemos hacer una cosa mucho más democrática. Preguntarle a la gente, a través de una consulta, cuáles son los artistas, cuáles son las áreas de la cultura chilena que se quiera promover.

Además de lo sorpresivo de estas declaraciones, resulta notable considerar que esta debe ser de las pocas ocasiones donde el candidato se ha referido a las políticas culturales que su eventual gobierno promovería. Sobre todo en estos días donde se hace cada vez más patente la escasa importancia que tienen los temas culturales en el programa presidencial de la derecha.

Por lo demás, estas declaraciones sorprenden por varias razones. Les comparto dos.

Primero, porque las propuestas artísticas más interesantes y de vanguardia -las que requieren recursos- no siempre son populares. Casos hay para regodearse, pero es cosa de pensar desde los pintores flamencos hasta el graffitti pasando por los impresionistas y el arte pop. La misma experiencia nos dice que estas propuestas suelen ser críticas respecto de las estructuras sociales y de poder. La pregunta es si la sola elección popular es un criterio suficiente para apoyar propuestas artísticas valiosas. Y la experiencia nos dice que no es así. Si lo que queremos es financiar sólo éxitos probados, pues entonces esa debiera ser una directriz política.

Segundo, porque pareciera ser que para algunos la democracia se consume con la elección popular. Y mientras más asuntos complejos resolvamos de acuerdo a la regla de la mayoría, más apegados somos a los estándares democráticos, lo que está lejos de ser un supuesto. En primer lugar, hay ciertos derechos que hemos denominado fundamentales que están lejos del juego de las mayorías, porque como sociedad así lo hemos querido. El tener este tipo de derechos no nos hace menos democráticos. Y en segundo lugar, si utilizáramos la regla de mayoría para resolver -por ejemplo- casos judiciales, en buena cantidad de oportunidades veremos que los ánimos del momento nos llevarían a situaciones extremas que no son razonables desde la lupa del derecho constitucional.

Soy de los primeros interesados en conocer las propuestas de política cultural por parte de los candidatos presidenciales. Pero la verdad es que con la información que nos llega no nos queda otra que seguir mirando el futuro con resignación y molestia.

El P2P genera riqueza para la economía (2 parte)

Les contaba a fines de Enero sobre el interesantísimo informe encargado por los Ministerios de Economía, Justicia y Cultura de Holanda para analizar los reales efectos de las descargas de internet para la industria del entretenimiento.

El informe original está en holandés, pero me acaba de llegar una copia del informe en inglés. Varios me lo pidieron, así que he decidido colgarlo ilegalmente acá.

Obama-HOPE: La utopía de la apropiación

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Shepard Fairley a.k.a. Obey, se hizo famoso mundialmente por ser la cabeza tras la intervención artística que encabeza este artículo y que fue utilizada repetidamente durante la campaña de Barack Obama. Pero la verdad es que el trabajo de Fairley parece ir bastante más allá de la utilización de ciertos filtros y degradaciones de color en el rostro del entonces candidato presidencial.

Fairley viene del mundo del skateboarding y del arte callejero. Antes del Obama-Hope, Fairley tuvo un éxito relativo a través de la masificación de la campaña de street art llamada “Andre the Giant has a Posse” en 1986, por medio de la cual una serie de ciudades norteamericanas fueron tapizadas con las pegatinas del gigante. Con la ayuda de la comunidad de skaters, estaba haciendo un experimento fenomenológico, en palabras del propio Fairley.

Como suele pasar cuando se trata de obras artísticas, las obras superan a la persona del autor.

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Así fue como Baxter Orr, un diseñador gráfico de Texas, intervino la imagen del gigante anteponiéndole una máscara clínica. A pesar de lo que usted pudiera pensar, a Fairley no le hizo mayor gracia la iniciativa y, además de llamar “parásito” a Orr, sus abogados solicitaron amablemente que dejara de vender los stickers basándose en los derechos de autor que ostentaba el creador original.

Paradojas del destino, hoy Fairley se encuentra en la misma posición en la que puso a Orr.

Hace algunas semanas se identificó la fotografía que sirvió de base para el poster Obama-Hope, la que fue tomada por el fotógrafo freelance Mannie García y cuyos derechos ostenta Associated Press. A Associated Press, como usted podrá suponer, tampoco le pareció correcta toda la situación y decidió recurrir a instancias jurisdiccionales para obligar a Fairley al pago por el uso no autorizado de la fotografía, además de una porción de las ganancias derivadas de la explotación comercial de la intervención posterior. La defensa de Fairley -que lleva adelante en este caso Anthony Falzone, director del Fair Use Project de Stanford-, ha argumentado que nada de lo que ha hecho el artista es ilegal y que por el contrario, se enmarca en los “usos justos” (fair use) que contempla la normativa de derechos de autor nortemericana, toda vez que el uso de la fotografía de García ha sido utilizada sólo como una referencia y ha sido transformada en una

“sensacional, abstracta e idealizada imagen que creó poderosos nuevos significados y expresa un mensaje radicalmente distinto al disparo del fotógrafo original”.

Las dos historias anteriores, hermanadas por el hilo conductor de su protagonista, me llaman la atención no por ser particularmente excepcionales, sino porque ilustran de alguna forma los bordes de la protección legal, por un lado y de la creatividad por otro. No tengo claro cómo será resuelto el caso de terminar en una sentencia judicial, pero sí tengo claro que como sociedad debiera importarnos especialmente la actividad creativa de tipos como Fairley -en este caso- que gracias a técnicas más o menos sofisticadas, logran re-interpretar el significado de obras de otros. Creo que ese es el quid del asunto. No entender lo anterior, implica arrinconar -con las herramientas que entrega este derecho de autor travesti- interesantes formas de creatividad que se desarrollan en los pliegues de la cultura oficial.

Con este caso, de hecho, me acordé de un pasaje muy interesante de uno de mis libros veraniegos llamado “La utopía de la copia”, de Mercedes Bunz:

La elaboración de material preexistente sustituye a la antigua producción origial de este. Los “escombros de la cultura” constituyen, por así decirlo, el futuro cercano de la producción. Continuar con las reglas hasta hoy vigentes significaría, en el futuro, plantearse las siguientes preguntas: ¿a quién le está permitido ser creativo?, ¿quién no se lo puede costear? ¿a quién excluye la economía por no poder pagar las licencias o declarar los derechos? Abordar seriamente esas preguntas no significa de ningún modo cuestionar el derecho de autor en sí. Pero significa que no se puede seguir utilizando ese derecho sin modificarlo.

Bunz dixit.

En Colombia por dos

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Llegué ayer a Bogotá para participar en dos eventos muy interesantes. El primero fue ayer, el Salón Creative Commons Bogotá, donde compartí lugar con Diego Ramírez (cineasta) y Andrés Succar (abogado y músico -no sé dónde más he escuchado eso 😉 ), donde conversamos respecto de distintas aplicaciones de las licencias Creative Commons. En mi caso, fui invitado a hablar de la experiencia de Super45 como una plataforma multimedios (qué viejo suena eso) que promociona y fomenta, entre otras cosas, la música independiente chilena pero poco a poco también la extranjera. Principalmente me concentré en explicar los eventos que hemos organizado y en lo que se viene este 2009 con la realización de la segunda versión de NoaNoa, esta vez concentrado en netlabels que tienen su catálogo licenciado con Creative Commons.

El segundo evento se está llevando a cabo desde hoy, se denomina Acceso 2.0, y se lleva a cabo en la Universidad Nacional de Colombia. Entre otros, están invitados junto conmigo Werner Westermann de Educalibre, Ignasi Labastida de la Universidad de Barcelona y Creative Commons España y John Wilbanks presentando el proyecto Science Commons. Mi presentación será mañana muy temprano (acá las cosas comienzan a la hora en la que regularmente suelo comenzar ese complejo proceso de despertarse) y se llama “Llevando el copyfight a la estrategia legislativa“, donde me concentraré en explicar cómo llevar la discusión sobre el derecho de autor del futuro hacia la agenda legislativa desde el punto de vista del interés público comprometido. Va a estar bien bonito y todo se transmite por streaming, para el que esté interesado.

fotografía por stephen downes, cc:by-nc

Campañas infames contra autores chilenos

Lo anterior reafirma lo señalado desde el primer momento por este Consejo Directivo, en cuanto a tu absoluta falta de responsabilidad en ese hecho, que sabemos te ha afectado muy dolorosamente en lo personal y que hoy anima a los enemigos del derecho de autor a desatar una campaña infame e hipócrita en contra de los autores chilenos.

Lo de arriba es un extracto de la carta que la directiva de la SCD le hace llegar a Fernando Ubiergo, adjunta a los resultados de la auditoría hecha por los amigos de la ADS (Asociación de Distribuidores de Software), donde se da cuenta de que en un total de cuatro computadores se detectaron “instalaciones erróneas de software“.

Desde acá me gustaría hacer un llamado a detectar y funar a todos esos enemigos del derecho de autor que han hecho estas campañas en contra de los autores chilenos. A pesar de haber estado involucrado desde el primer momento en la discusión legislativa, la verdad es que al parecer mi astigmatismo me ha impedido ver a estos infames sujetos que están tratando de destruir a nuestros autores. Si alguien tiene algún dato adicional que permita su identificación, por favor comuníquese por interno.

El P2P genera riqueza para la economía

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En una iniciativa conjunta, los Ministerios de Economía, Justicia y Cultura de Holanda encargaron un informe sobre los reales efectos desde el punto de vista cultural y económico que tienen las descargas de internet en la industria del entretenimiento.

El informe [que se puede descargar en holandés (!)], preparado por la consultora TNO, el centro de investigación económica SEO y el Instituto de Información Legal de la Universidad de Amsterdam, cuenta con más de 140 páginas sostiene que las descargas de canciones, películas y juegos genera más beneficios que pérdidas, echando por tierra el discurso de titulares de derechos como las discográficas multinacionales representadas por la IFPI. Y de pasadita el de unos otros amigos de la casa obsesionados con los cobros.

Algunas recomendaciones del informe que me parecen interesantes de destacar:

Pérdida del control: El intercambio de archivos ha provocado que la industria, en especial la musical, que basaba su modelo de negocio en controlar el acceso de los usuarios a las obras, pierda ese control.

Marco legal: En Holanda, la descarga para uso personal no es delito. Los intentos de persecución criminal y las restricciones técnicas han fracasado allí donde se han implantado.

Aún hay mercado: Mientras que el 84% de los holandeses aún compra productos que podría conseguir gratis, un 35% descarga archivos. Ambas cifras no son excluyentes.

Efectos colaterales: Los usuarios que descargan música van a más conciertos (3,8 al año frente a 1,6). En el cine, no hay más visitas a las salas. En general, no hay causalidad entre descargas y menores compras.

Consejo a la industria: Los contratos ‘360 grados’, donde la discográfica recibe parte de las entradas y el ‘merchandising‘, pueden funcionar con los artistas consagrados. Con los noveles, Internet es un gran aliado.

No a la persecución: Los usuarios del P2P son los mejores clientes de la industria. Su persecución legal sería negativa incluso para los enemigos del intercambio.

Alianza con la tecnología: La industria, en vez de recelar de la tecnología, debe colaborar con proveedores de acceso, operadores de telefonía móvil y creadores de programas para construir un nuevo modelo de negocio.

La verdad es que más allá de las diferencias culturales existentes entre países civilizados y ricos como Holanda y nuestra realidad, resulta muy interesante que un estudio encargado por un gobierno -y no por entidades de cobro o titulares con intereses comerciales en sus resultados- recomiende medidas que desde los paradigmas analógicos son derechamente incomprensibles. ¿A cuantos Ministerios chilenos habría que enviarles este informe?

Por lo demás, el radical aumento de conciertos y del interés de los chilenos para ver (y pagar) por espectáculos artísticos no parece ser producto de la generación espontánea ni de la naturaleza. Tiene que ver con el acceso.

Creadores versus Cobradores

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De partida, quiero aclarar algo que pareciera ser evidente, obvio, pero que para algunos no deja de ser sino una anécdota, que esto es un blog personal.

La noticia de lo que va del año es la renuncia de Santiago Schuster a la Dirección General de la SCD, cargo que ha desempeñado en los últimos 24 años. Según la nota de prensa y la declaración oficial de la entidad de gestión y cobro, la renuncia se produce luego del vergonzoso affaire que involucró al cantante Fernando Ubiergo -a la sazón Presidente de la entidad- con la utilización de software sin licencia en una presentación oficial en el norte del país.

En este blog, en otros y en público he hecho saber mis profundas discrepancias con las políticas promovidas por la SCD en materia de derechos de autor, que históricamente han promovido un sistema que sólo supone beneficios para algunos creadores en detrimento de todos los ciudadanos. Algunos desinformados -o a estas alturas derechamente ignorantes- insisten en que quienes mantenemos una posición divergente pretendemos la abolición del derecho de autor o que nuestros autores no reciban lo que merecen por la utilización de sus obras. Incluso algunos se han atraveido a vociferar histéricamente que algunos amedrentamos y somos pagados por multinacionales para acabar con los derechos de los artistas. Con declaraciones ridículas y sitios web delirantes, algunos han pretendido satanizar a quienes pensamos distinto.

Pero me da la impresión que el descalabro tras el vergonzoso episodio del software pirata (parecida a la historia del cura que oficiaba la misa en colaless) debiera ser una gran oportunidad para separar aguas dentro de la entidad de gestión.

A la luz del desarrollo de las nuevas tecnologías, esta política de sobre protección y tolerancia cero a las excepciones y limitaciones que favorecen al público sólo favorece a los mayores detentores de royalties por derechos de autor que no son los músicos sino que son las empresas discográficas. Por eso llama la atención que en el marco de la discusión por la modificación de la ley de propiedad intelectual, los únicos que están junto a la SCD sea la IFPI, agrupación internacional que agrupa a las disqueras multinacionales. En otras palabras, mientras Fernando Ubiergo subía toda su discografía a su página web, los Directores del organismo se asociaban con las discográficas para tener una ley todavía más restrictiva.

Lo que quiero decir con esto, es que tal vez es el momento que los músicos y creadores chilenos tomen las riendas de la entidad de gestión. Tal vez llegó el momento en el que los intereses de la entidad de cobro (que por lo demás se lleva un 30% de lo que recauda sólo en el vago concepto de “administración”, repartiendo la mitad de eso a los músicos chilenos) se separen de los intereses de los creadores y artistas.

Quiero pensar que los creadores chilenos no pretenden una ley que criminalice lo que hacemos en internet y me gustaría creer que los artistas de Chile también están de acuerdo en tener un trato justo para todos, para bibliotecas y para el público. Tal vez llegó el momento que los intereses de la SCD sean también los intereses del público, de los creadores, de los artistas y de sus socios. De todos sus socios, claro está.