Arcade Fire, el secreto de nuestro éxito

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Arcade Fire are now one of the biggest live acts in the world. It’s not all about record sales. It’s about making great records and it’s about building a loyal fan base. Ther band make great albums, they’re not a radio driven singles band. On top of that, they own their own masters and copyrights and are in complete control of their own destiny. Things couldn’t be better.

«Arcade Fire es hoy por hoy tiene uno de los shows en vivo más grandes del mundo.  Y no es por las ventas de discos. Es por hacer grandiosos discos y construir una base leal de fans. La banda hace buenos discos, no hacen discos para insertar singles. Además de eso, ellos tienen propiedad sobre los masters y derechos de autor y están en completo control de su destino. Las cosas no pueden ser mejor.»

(Scott Rodger, manager de la banda)

Fotografía de Phil King, CC:BY

El reglamento de la ley es mejor para la neutralidad

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Lo que sigue es una columna escrita para la web de la ONG Derechos Digitales.

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A mediados del año 2010, publicamos nuestras dudas respecto de la entonces recién promulgada ley de neutralidad de la red. Pese a la euforia inicial, acrecentada por la idea de ser la primera legislación sobre neutralidad de la red en el mundo, la normativa que modificaba la Ley General de Telecomunicaciones (LGT) mostraba una serie de problemas, además de entregar muy amplia discrecionalidad al ejecutivo al momento de redactar el reglamento de la ley. Varios meses después, con el reglamento a la vista, se hace necesario volver a analizar cómo los principios de neutralidad se ven o no insertos en la normativa y si, en definitiva, es o no una reglamentación que impida la discriminación entre tipos de contenidos y aplicaciones por parte de los prestadores de servicios de Internet.

El reglamento establece una regla general, de la misma forma que lo hace el artículo 24h a) de la LGT, negando a los ISP la posibilidad de intervenir “arbitrariamente” en el uso de Internet por sus usuarios. A continuación, establece en el Artículo 8º ciertos casos en que se puede vulnerar el principio de neutralidad, señalando que los ISP podrán llevar a cabo medidas de gestión de tráfico y administración de red siempre que ello no tenga por objeto afectar la libre competencia. En dicho caso, agrega el inciso segundo, ello deberá ser informado previamente a los usuarios.

Adicionalmente, el inciso final del Artículo 8º -en una confusa redacción- indica qué considerará como acción restrictiva a la neutralidad, entendiendo como tal aquellas medidas de gestión de tráfico y/o de administración de red que tiendan a bloquear, interferir, priorizar -entre otras acciones- el acceso a servicios, aplicaciones y contenidos de la red no informadas a los usuarios o bien ejecutadas de manera arbitraria o discriminatoria. Finaliza el artículo indicando que entenderá por arbitraria y/o discriminatoria aquellas acciones que apunten a un tratamiento injustificadamente diferenciado entre proveedores de aplicaciones y/o usuarios.

Cabe destacar que publicado el reglamento, se extraña un proceso más participativo en su redacción –como ha sucedido en otras áreas-, toda vez que es un texto complejo, lleno de tecnicismos pero crucial para el desarrollo de Internet en el país. Una participación abierta de diversos actores sin lugar a dudas habría evitado algunas lecturas apresuradas y habría permitido tener un texto más rico y consistente.

Con todo, si bien siguen existiendo normas problemáticas, como la referencia a las actividades de carácter “legal” o la débil mención a la protección de los datos personales de los usuarios, ello no parece ser producto del texto del reglamento, sino de inconsistencias que ya están presentes en el texto legal. Es decir, de las carencias aún existentes en la regulación de la neutralidad de la red en Chile, no se colige que el texto del reglamento sea un paso atrás, sino por el contrario: la determinación clara de aquellos actos que se consideran “arbitrarios” (mucho más acotado que lo esbozado por la ley), y la exigencia a todo evento de información previa sobre los actos contrarios a la neutralidad autorizados por ley, hacen pensar que estamos dando un paso adelante hacia la consagración de un principio fuerte de neutralidad de la red en Chile.

Libro Internet, Copyright y Derecho: Opiniones Contingentes

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Siempre cuento que si le pidieran a mi madre que describiera aun ligeramente lo que hago para ganarme la vida, la pondrían en una situación incómoda. Bueno, una de las cosas que hacemos en ONG Derechos Digitales es escribir cosas y publicarlas.

Mañana Jueves 13 de Enero tendremos la oportunidad de lanzar nuestra última creación. Es un libro que hemos denominado «Internet, copyright y derecho: Opiniones contingentes” y que consiste en una serie de columnas que escribimos con Alberto Cerda sobre temas relacionados con el derecho y la tecnología. Es un texto de aproximación sobre temas de alta complejidad pero de directa relación con el interés público. Lo que intentamos hacer allí fue concebir artículos para la lectura breve que provoque una pasajera reflexión siquiera acerca de las nuevas y las viejas ventajas y problemas que las tecnologías, e Internet en particular, ocasionan a nuestra existencia.

Yo estoy particularmente orgulloso de su existencia.

Mañana en nuestra querida Facultad de Derecho de la Universidad de Chile lanzaremos este libro gracias al apoyo de los amigos del CEDI y comentarán el libro Alejandro Barros (ex Secretario Ejecutivo de la Estrategia Digital y actual director de ACTI) y Salvador Millaleo (profesor de derecho UDP). Será a las 18:30 horas y, además de tener el libro a precio rebajado, dicen que habrá vino de honor para los asistentes. Estoy seguro que varios de los lectores del blog les interesaría asistir. Si lo desean, les ruego confirmar al correo cedi@derecho.uchile.cl.

Mirko Macari sobre HidroAysén y El Mostrador

Muchos se alarmaron con la publicidad de Hidroaysén que repentinamente comenzó a mostrar el periódico electrónico El Mostrador. Algunos, de hecho, intentaron hacer cruces y relacionarlo con la partida de la periodista de medio ambiente a la competencia.

Mirko Macari, director de El Mostrador, escribe una editorial para hacer frente al tema pero termina diciendo un par de verdades respecto del estado actual del debate público en Chile. Les recomiendo la columna completa y comparto un extracto del final.

(…)

El punto es que este no es un hecho aislado sino uno de los síntomas más nítidos de la decadencia de la discusión pública en Chile, convertida en un espacio sin espontaneidad ni alma, donde todos recitan clichés y frases huecas calculadas por asesores bien pagados. Un lugar donde nadie está dispuesto a dejarse convencer, ni a escuchar, ni menos seducir.

Y aunque uno esté cada vez más viejo y por lo mismo crea cada vez en menos cosas, en lo que sí sigo comulgando a pie juntillas es en el periodismo que cuenta buenas historias sin calcular objetivos. En el periodismo que se hace sin razón de Estado, en el periodismo que renunció a cambiar el mundo, pero quiere comprender los procesos. En el oficio que se resiste hasta el final al guión de los buenos contra los malos y tiene clara conciencia de sus limitaciones y falibilidades. Que vive feliz en la incertidumbre y se niega a disparar desde una trinchera preestablecida, como lo fue la prensa partisana del siglo XX.

Sorry si los decepciono pero no escribo calculando la huella de carbono del notebook. Perdón si duermo tranquilo y no tengo pesadillas por el duopolio ni me deprimo por el avance de las transnacionales. Excúsenme si abuso de mi libertad de responder.

 

Software y Piratería

(Sí, esta es parte de la serie “Cartas a El Mercurio que no publicarán”)

Señor Director,

Don Juan Pablo Silva se hace eco de “recientes noticias llegadas desde España” señalando que las grandes distribuidoras de DVD norteamericanas estarían pensando en retirarse del mercado español debido al ingobernable pirateo de películas en la península. Además sostiene preocupación por las pérdidas que tendría la industria del software por este mismo concepto, agregando números que, de ser ciertos, serían seguramente alarmantes.

El debate sobre el mal denominado “pirateo” es complejo y lleno de matices, por lo que es necesario evitar generalizaciones que enturbien el debate. En este caso, sin ir más lejos, el señor Silva utiliza una noticia publicada en el blog de un periódico, reproducida en España, y desmentida categóricamente hace varios días atrás por la fuente. Además, las cifras que hace mención distan de ser verdades irrebatibles, toda vez que aun suponiendo que el porcentaje de copias ilícitas que se indican en la carta sea cierto, no hay prueba ni estudio alguno que sostenga que una copia de software obtenida irregularmente sea equivalente a una venta menos del original.

En lo que sí tiene razón el abogado Silva es en el problema que supone que las empresas utilicen software sin sus respectivas licencias, obteniendo de esta forma ventajas competitivas en el mercado. Quizás sea el momento para que nuestras empresas, en lugar de utilizar masivamente copias ilícitas de software -como pareciera ser el caso según el señor Silva- hagan apuestas innovadoras en el uso de programas de computación, utilizando alternativas como las que entrega el software libre o abierto que incluso en ambientes corporativos han resultado, además de perfectamente competitivos, eventualmente más baratos que las alternativas propietarias existentes en el mercado.

Para el registro

Hoy sentí el mismo aroma a tiza que sentía en la Escuela Platón D 284 de Quinta Normal. A las dos cuadras, sentí ese olor que traían los juegos y cassetteras nuevas del Atari 800Xl que tanto me gustaba. Primera conclusión, hay que salir más seguido en bicicleta por Providencia más allá del área casa-oficina. Segunda conclusión, a veces uno es tan conservador, tan feliz con ciertos recuerdos claves. Con tan poco, en definitiva.

Derecho de autor: cuando la privacidad es sólo una contingencia

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Suponga usted que se reuniera la policía del país y asegurara que los mayores índices de consumo y tráfico de drogas duras se hace dentro de los hogares. Asegurarían, presumiblemente, que ello hace muy complicada la persecución de estos ilícitos. Claro, la intimidad y esas cosas extrañas llamadas derechos fundamentales son siempre problemas para poder capturar a los delincuentes.

Frente a esta realidad, se reúne con otras instituciones, incluidas aquellas pro-familia y acuerdan que la mejor forma para poder pesquisar dicho tráfico -y además evitar la desintegración de las familias del país por el flagelo de la droga- es que comenzarán a monitorear con cámaras ocultas lo que sucede en las oficinas de empresas privadas, baños y camarines de clubes deportivos y en las salas de estar y comedores de todos los hogares del país. Ahora suponga que eso no lo quiere hacer la policía, sino que un grupo de privados.

Probablemente lo anterior suene raro, abusivo y hasta orwelliano, diría alguno. Hay una buena y una mala noticia respecto de esto. La buena, es que una vez más la literatura demuestra su de poder adelantarse a lo que sucederá en la sociedad. La mala noticia, naturalmente, es que lo que acabo de parafrasear podría estar ocurriendo, y para proteger un bien jurídico infinitamente menos relevante que la lucha contra la droga. Menos relevante sin duda, pero económicamente rentable para muchos: las descargas a través de Internet.

Así es como la semana recién pasada se reunieron en Aspen, Colorado, representantes de los más importantes titulares de derechos de autor, esto es, productores fonográficos y multinacionales de la música y el espectáculo comandados por Warner, la RIAA y la MPAA. La industria pretende establecer alianzas con los proveedores de acceso a Internet con el fin de filtrar el contenido que circula a través de la red y de esta forma dar un golpe de efecto a la creciente y desastrosa -según sus propios cálculos, claro- proliferación de las descargas de contenido protegido por derecho de autor.

Lo anterior no es sino una demostración de dos hechos fundamentales en la lucha contra la piratería en Internet. El primero, es que es claro que todas estas decisiones comerciales no responden necesariamente a proteger a los autores. Quienes promueven estas medidas representan intereses más bien comerciales que artísticos y resulta natural y obvia la reunión entre dichos intereses y los intereses de quienes proveen conexiones a Internet. Más aún cuando ellos mismos se han ido transformando, a su vez, también en proveedores de contenidos. El segundo hecho fundamental que queda al descubierto, es que para esta industria -que por cada día que pasa ve cómo se desmorona tras de sí un modelo de negocio que los sustentó durante más de un siglo- la persecución de infracciones a derechos de autor debe hacerse a como dé lugar, sin importar otros derechos civiles tan importantes como la privacidad o la inviolabilidad de las comunicaciones privadas.

En un mundo donde las grandes industrias que gestionan derechos de autor se han transformado en importantes grupos de presión y ostentan un poder económico que es capaz de intimidar a los gobiernos más probos de la región, los grandes perdedores de esta lucha son quienes han tenido menos oportunidades de opinar y accionar, el público. Para nuestra sociedad resulta importante proteger los derechos de autor, son sin lugar a dudas claves para la preservación de la cultura. Pero cuando esta necesidad de sobre protección pretende destruir a su paso la construcción republicana de los derechos fundamentales, en pos de la preservación de privilegios comerciales, es el momento de re-estudiarlos y re-estructurarlos en forma severa y radical.

Artículo publicado por Terra Magazine bajo Licencia Creative Commons Chile

Imagen: Sometimes I invade her privacy por oh that rachel!, CC:BY-NC-SA

Copiar es natural

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Giacomo Rizzolatti es uno de los neurobiólogos más importantes del mundo. Entre otras cosas, descubrió las denominadas “neuronas espejo“, neuronas que se activan cuando un animal o persona desarrolla la misma actividad que está observando ejecutar por otro individuo. Según expertos “El descubrimiento de las neuronas espejo hará por la psicología lo que el ADN por la biología”. En entrevista recién publicada en España, Rizzolatti se refirió a las formas de creatividad, la copia y la cultura

¿Y la creatividad? ¿La historia se reduce a la mera imitación?

Copiar es la base de nuestro aprendizaje, gracias al sistema espejo. Sin imitación no habría cultura. Es más, somos grandes imitadores, no como los monos. Hacemos como los viejos pintores: iban al taller, la bottega del artista, aprendían y luego desarrollaban su estilo. ¡Veamos los primeros cuadros de Picasso! Una vez interiorizado, mejoramos, inventamos. Ahí llega la originalidad.

Ups, parece que la creatividad no aparece por generación espontánea. Si los desarrollos científicos se basan en descubrimientos anteriores, ¿Alguien podría sostener seriamente que los nuevos científicos debiesen pagar un royalty a quienes hicieron descubrimientos con anterioridad? ¿Los científicos al matrimonio Curie o a Fleming? ¿Los astrónomos a Copérnico y Newton? ¿Jorge González a The Clash? ¿Huasonic a Leo Prieto? 😛

Los comunistas del derecho de autor

e715cbbb9c0ddd871525284d4b4925940_main.jpg(Siempre pensé que era claro que este era un blog personal. Que el que tenía dudas se dirigiría silenciosamente a leer el link correspondiente. Pero bueno, parece que no. Lo aclaro acá mismo entonces: esto que usted ve aquí ES UN BLOG PERSONAL).

Durante la dictadura en Chile, los prohombres que dirigían este país debían esforzarse por explicar las fechorías que cometían en nombre de la libertad. Y para explicarle a la dueña de casa y al trabajador desempleado de qué se trataba esta lucha dirigida desde los cuarteles y CEMA Chile solían recurrir a ingeniosas formas.

Pero había dos metáforas que eran por lejos las favoritas de Pinochet y sus amigos.

La primera, era tratar de mostrar a las autoridades castrenses con alguna ligazón al ideario religioso nacional. “El demonio es manejado desde Moscú“, solía decir la máxima autoridad del ejército. Nombrar a la Virgen del Carmen como patrona, incluso su aparición en Villa Alemana en los momentos más escabrosos de la represión política y que su imagen pudiera verse entre las trizaduras de uno de los vidrios del Mercedes Benz luego del atentado en El Melocotón son sólo perlas que explicaban un mandato metafísico, espiritual de la Junta Militar. La segunda metáfora recurrente era caricaturizar con fineza militar a quienes no estaban de acuerdo con el régimen. “Auquénidos metamorfoseados” para referirse a los bolivianos que pedían salida al mar, “marihuaneros, drogadictos, melenudos, homosexuales y sindicalistas” apuntando al ejército de la RFA de postguerra. Moscotivas y humanoides a quienes osaban levantar la vista y preguntar por las violaciones a los derechos humanos.

“El diálogo es un juego que tienen los comunistas. A mi no me interesa”

comentó alguna vez el desaparecido general.

Todo esto a propósito de las discusiones aparecidas por la reforma a la ley de propiedad intelectual hoy en curso. Algunos han utilizado añejas tácticas para enturbiar la discusión a través, entre otras cosas, de ese viejo amigo que es el miedo . El miedo al cambio de paradigma era lo que impedía a los navegantes de la antigüedad entender por que yendo hacia el occidente era posible llegar a oriente. La arrogancia y la desinformación las nuevas herramientas utilizadas por algunos para evitar estar de acuerdo.

Trato Justo para los Artistas chilenos es el nuevo eslogan. La exigencia para un gobierno que ha sido electo gracias a ellos y no gracias a los votos de todos nosotros, según su particular forma de entender la democracia.

Como militares en dictadura, han recurrido a las mismas metáforas para explicarle a la gente común de la justicia de sus peticiones. Al mismo tiempo que sostienen carteles en marchas a favor de derechos que creen violentados por un proyecto de reforma que a todas luces en su mayoría no han leído, señalan con el dedo a quienes piensan diferente manoseando el ideario religioso y utilizando repetidamente las palabras comunismo y anarquismo para referirse a quienes plantean diálogo y una postura moderada y diferente. Desacreditando gratuitamente a quien piensa distinto en lugar de discrepar. Primero te ignoran. Luego se ríen de ti. Después te atacan. Entonces ganas.

Justificar una posición utilizando las palabras despojo, indefensión, hipocresía, abuso patronal, expropiación, doble estándar, pillería, escándalo y multinacionales nos debiera hacer reaccionar a todos, qué duda cabe. Diciendo que existe gente que pretende destruir a los artistas. Que hay una serie de ideas que destruirán a los artistas chilenos y que son enumeradas por donde pasamos.

Dicen que todo el proyecto de ley se ha hecho a espaldas de los artistas. Que no han sido oídos. Que la Ministra de un momento a otro perdió la cordura y se olvidó de sus colegas, de artistas, cantantes y saltimbanquis. Que los colmillos de las multinacionales ha llegado al Congreso y ha arrasado a los artistas con su lobby.

Lo siento, pero llegó el momento de decir las cosas como son, de transparentar.

  • Que el proyecto de ley no pretende exterminar a los artistas, sino que pretende romper desequilibros inaceptables en una normativa de derecho de autor. A tatuárselo en el brazo, compañeros.
  • Que si hay alguien que ha sido oído tanto en el Congreso como en la Moneda misma, consiguiendo entrevistas privadas con políticos –de las que por lo demás se jactanhan sido los mismos artistas que levantan carteles y quedan disfónicos de tanto gritar contra las multinacionales.
  • Que los que más han visitado el Congreso en el marco de esta ley han sido las sociedades de gestión que agrupan precisamente a los que más fuerte sostienen los carteles denunciando depredación y destrucción.

Entonces llega el momento de decir basta de tergiversaciones, demonizaciones y caricaturas. En democracia tenemos derecho a disentir y a poner argumentos sobre la mesa. Pero la mesa de la discusión sobre la propiedad intelectual en Chile está separada entre quienes aportan propuestas e información y quienes avanzan con anteojeras hacia la concesión de privilegios sin propuestas normativas claras.

En esta democracia de salón, donde todos son condes, duques y príncipes, la única forma de disentir parece ser a través de la descalificación ad hominem y la ofensa. A través del monólogo y la burla soterrada. A través del silencio cómplice y el cuchicheo tras las bambalinas del poder.

En una democracia de verdad los ciudadanos tenemos derecho a exigir que las políticas públicas sean dictadas en base al bien colectivo y no a intereses gremiales de un grupo de ciudadanos. Por eso no se puede discutir ni puede haber intercambio de ideas sobre lo que es mejor para el país cuando no hay propuestas del otro lado de la mesa. Cuando las únicas propuestas parecen estar del lado de la billetera antes que del corazón, descalificando de paso a quien se ponga en frente acusándolo de delirantes alianzas con empresas multinacionales y extraños e imaginarios anarquismos.

Frente a eso, queridos lectores de este humilde blog, no queda más que rebelarse. Rebelarse frente a estos demócratas de salón que con discursos trasnochados e insostenibles no pretenden convencernos, no pretenden hacernos entrar en razón.

Pretenden imponernos una versión particular de la realidad que sólo es posible ser visualizada a través de anteojos 3D especialmente diseñados al efecto. Mientras todo el mundo ve una táctica magistral de Radiohead para saltarse a las multinacionales de la música que históricamente han maltratado a los artistas, ellos ven insólitamente fracasos. Un poco como la democracia del general, donde si no estábamos con él estábamos contra él, donde quienes disienten son infiltrados de multinacionales.

El derecho de autor requiere de un trato justo para todos. Para príncipes, para artistas, para periodistas, blogers, fotógrafos. Para amateurs y profesionales. Para bibliotecarios, profesores y hermanos chicos.

Pero en este debate, los que tenemos que exigir respeto y un trato justo y digno somos todos los ciudadanos. Basta de permanecer inmóviles frente a panfletos con desinformación y delirios, los ciudadanos tenemos que exigir información.

La ilustración de arriba es una ilustración de la edición de 1550 de la "De sphaera mundi", libro de astronomía más influyente del siglo XIII. En el dominio público, naturalmente.