Do shit. Put humanity into technology

We just have to define technology. There’s no one answer. Sometimes you have to burn yourself. Maybe there are a lot of kids now who don’t know how to walk in a forest and do basic outdoorsy things. You can be on Facebook for a long time, and then you get a feeling in your body like you’ve had three hamburgers. You know it’s trash. I always advise my friends: just go for a walk for an hour and come back and see how you feel then. I think we’re meant to be outdoors. I was brought up in Iceland, and even if it was snowing or raining, I would be outdoors all day. Entertain yourself. Do shit. I think we need to put humanity into technology—the soul. It’s about using technology to get closer to people, to be more creative.

— Bjork interviewed by Alex Frank on Pitchfork.

tantas canciones buenas, el newsletter

tantas canciones buenas es un newsletter que envío cada domingo donde selecciono discos que me gustan. Casi todos (bueno, hasta el momento todos) son parte de mi colección de discos, por lo que hago el esfuerzo de buscarlos, escucharlos y recomendarlos.

Es un proyecto que surgió como un experimento durante mis vacaciones con el objetivo de compartir cosas que para mi son valiosas, como la música. Pero también es valioso el ejercicio de hacerlo, el ejercicio de seleccionar los discos que quieres, el hecho de compartirlo con amigos y desconocidos y tratar de forzar una conversación en torno a ello. No necesariamente en torno a la calidad técnica, en torno a las ventas o al hype, sino al cariño por lo que está puesto allí. Esa es un poco la apuesta de mi modesto newsletter.

Obviamente el nombre es un pequeño guiño a esa hermosa y antigua canción de la Javiera Mena.

Internet, burbujas de opinión y noticias falsas

En 2006 Yochai Benkler publicaba The Wealth of Networks. Allí, haciendo un guiño a Adam Smith, Benkler teorizaba sobre la sociedad de la sociedad de redes a la que dio paso la denominada sociedad de la información industrial. El libro sugiere que los cambios en medios de producción, consumo e intercambio de contenido supondrían beneficios para construir una sociedad cada vez más abierta e igualitaria.

De alguna forma, el influyente libro de Benkler entregaba un sustento teórico a un fenómeno tan novedoso como acelerado, aquel que destruía la distinción emisor-receptor propia de la era industrial para dar paso a un estadio donde sería la tecnología la que disminuiría de manera radical las brechas existentes, pudiendo cualquiera ser un emisor de contenidos online, sin necesidad de pasar por las anquilosadas estructuras de los medios de comunicación tradicionales.

Diez años después de la publicación de The Wealth of Network vale la pena preguntarse qué tan fundado estaba el optimismo expresado por Benkler en el potencial democratizador de Internet. La misma Internet que permitió la irrupción de los blogs, redes sociales y Wikipedia también permitió la existencia de violencia de género y discriminación online, supresión de contenidos críticos y formas novedosas de censura. En este mismo sentido, a propósito de la última elección presidencial estadounidense, ha llamado la atención la aparición de conceptos como las burbujas de filtros y las ‘fake news’, en las que quisiéramos detenernos con algo más de detención.

Burbujas de filtros

La popularidad de los servicios online más populares depende, en gran medida, de la capacidad que tienen de mostrarnos aquello que queremos ver. Eso explica, por ejemplo, que Facebook cambie hace años la forma en que presenta el contenido en su página principal, desde un criterio cronológico a una fórmula algorítmica misteriosa cuya decisión toma en cuenta con quiénes hemos interactuado últimamente, dónde nos encontramos, qué perfiles hemos visitado con anterioridad, entre otros factores. Lo mismo ha hecho, más recientemente, Instagram y Twitter. Asimismo, Google es capaz de mostrarnos resultados más “precisos” gracias al data mining y nuestro historial pasado de búsqueda.

Que nuestros principales métodos de comunicación y de obtención de información nos muestren preferentemente lo que queremos ver no puede sino tener consecuencias en la forma en que nos informamos e interactuamos. Varias estadísticas muestran cómo, en particular los jóvenes, se informan primordialmente cada vez más a través de redes sociales (incluso cuando redirijan a grandes sitios de noticias) que directamente en sitios o medios tradicionales de comunicación. Sin embargo, la información que se despliega ha sido procesada previamente por un algoritmo que ha decidido cuáles son las noticias más relevantes para cada uno de nosotros. Lo que vemos allí no son sólo aquellas cosas que nuestras redes y amigos comparten. Son aquellas noticias e informaciones que queremos leer.

Esto es lo que se ha denominado la “burbuja de filtros” y se le ha achacado un deterioro en la capacidad de discusión democrática. Después de todo, ¿cómo aprenderemos a discutir con posiciones distintas a la nuestra si el contenido que consumimos sólo refuerza nuestra posición ya adquirida? Autores como Cass Sunstein han demostrado que si sólo nos exponemos a argumentos similares tenderemos a extremar posiciones, debilitando una discusión de ideas racional e igualitaria. Expuestos a una constante reafirmación positiva, hasta lo irracional puede llegar a sonar lógico.

Noticias falsas

La estructura actual de la economía digital se sustenta, en buena medida, en la publicidad. Google y Facebook son, básicamente, grandes empresas cuyo modelo de negocio no reside en la oferta de servicios, sino en la gestión de publicidad finamente orientada a perfiles de usuario. Lo que los usuarios pagan a cambio de un servicio de búsqueda online de calidad o por participar en una red social como Facebook es el costo de la información personal que es procesada para enviarnos publicidad contextual.

Es por ello que buena parte de los modelos de negocio asociados a contenido online están vinculados al tráfico de visitas, tráfico que supone finalmente mayores tasas de retorno por publicidad. Medios tradicionales han debido explorar diversos métodos para mejorar sus SEO (Search Engine Optimization) para obtener visitas que, mayormente, provienen de búsquedas online.

De la mano de este modelo de negocio surgen sitios web que intentan capturar visitas a través de agresivas estrategias de SEO que han derivado en los últimos meses en la creación de sitios que no sólo intentan mejorar sus técnicas para titular sus noticias y hacerlas más atractivas, sino que derechamente desentenderse de la veracidad del contenido y ofrecer contenido falso. Contenido no verificable, pero atractivo para masas de visitas que parecen preferir hacer click allí donde se anuncian hechos improbables antes que la aburrida descripción de la cotidianidad. “Viralizar” se transforma en hacer explotar a través de las redes enlaces a lugares donde, en el fondo, más importa su atractivo masivo antes que su veracidad.

Regular el contenido no es la solución

Ante este desafío no han faltado las voces que han exigido a los intermediarios de contenido tomar cartas en el asunto. Algunos afirman que son estos intermediarios -Google, Facebook, Twitter, otros- quienes tienen un deber de control editorial, tal como cualquier medio de comunicación. Soluciones como ésta no hacen sino amplificar el problema y llevarlo a otro lugar: en vez de hacer que sea lo atractivo de un enlace lo que lo haga viralizable, será la decisión editorial de la empresa dueña de la plataforma la que determinará la veracidad de los contenidos. Decisión editorial que será tomada por un programa computacional, de que se tiene poco o nada de control externo fuera de la compañía.

Los efectos de la burbuja de filtros pueden atenuarse a través de mecanismos de transparencia algorítmica. Estos deben permitir al usuario saber los criterios utilizados para desplegar información y tal vez permitir elegir mecanismos distintos de ordenación, tales como cronológico o aleatorio.

Ni las noticias falsas ni las burbujas de filtros deben ser combatidas a través del control de los contenidos. Los mecanismos de solución deben permitir más y no menos expresión y ofrecer cierta transparencia en la forma en la que los contenidos son presentados a través de sus redes. De otra manera, las soluciones que se planteen, en lugar de mejorar, empeorarán las condiciones de debate y discusión pública.


Este artículo fue publicado en la revista Palabra Pública de la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones de la Universidad de Chile y lo escribimos con Pablo Viollier, de Derechos Digitales.

Los temores en la era big data

Foto de http://lonestarlegal.us/field-surveillance/

Se nos dice que la privacidad ya no existe. Que lo privado o lo íntimo, en esta era de redes sociales, big data y el cloud, es más bien un resabio de épocas pasadas, que poco tienen que ver con aquellas cosas que configuran esta era digital. Como si estos principios estuvieran a punto de desaparecer, como si se tratara de un ejemplo más de la avalancha digital. Como está pasando con la oferta hotelera o los taxis, ciertos principios serán superados por la oferta de apps.

Buena parte de las autoridades de nuestras ciudades vive bajo el embrujo de lo smart. Como si se tratara de una promesa que viene desde el mañana, en su visión la tecnología viene a revolucionar la manera de hacer las cosas, a cambiar la óptica, el enfoque y las prioridades de lo público, de manera tal de configurar una realidad que será necesariamente mejor. Por ejemplo, nuestras interacciones con la ciudad son cuantificables, -la realidad no parece ser más que una serie de datos, nos indican- y mientras más sepamos de ellas, mejor podemos tomar decisiones de políticas públicas. De allí se explica la implementación de sistemas biométricos para la compra de bonos de salud, la irrupción de cámaras de vigilancia sostenidas en globos o la necesidad de asociar el RUT a las compras de medicamentos para obtener una rebaja del precio. Pequeñas compensaciones, nos dicen, que representan una enorme utilidad en la vida diaria. Nos repiten la palabra big data como un mantra, pese a que nadie sea capaz de definirla con precisión, cuando se trata de información respecto de nosotros, sobre la que paradójicamente tenemos poco o nulo control.

Lo anterior se hace un poco más concreto y con consecuencias importantes con la deficiente regulación de protección de datos personales en Chile. Uno de los pocos aspectos que unen a industria, academia y sociedad civil en este tema es que la ley actual es incompleta y que necesita ser modificada para adaptarse a estándares internacionales. En Chile no existe protección real respecto de nuestra información personal, sea que se encuentre o no en línea, lo que ha favorecido la existencia de prácticas tanto privadas como de instituciones públicas que sobrevuelan con impunidad la protección de nuestros datos. Pese a que la Presidenta de la República anunció en mayo de 2016 el envío de un proyecto de ley que creaba una institucionalidad hoy inexistente (“dentro de algunas semanas”, señaló), no parece que vaya a materializarse en una ley dentro de su mandato, ilustrando los énfasis legislativos en materia digital.

De manera preocupante, el 2016 nos deja un amplio legado de prácticas de vigilancia masiva contra la población, escudada en una malentendida preferencia ciudadana por la seguridad y en algunos casos con escaso control jurídico. Es el caso de los globos de vigilancia de Lo Barnechea y Las Condes, donde la Corte Suprema obligó a las municipalidades a montar mecanismos de protección para proteger a la población; la compra y uso por parte de la Policía de Investigaciones de tecnología de dudosa legalidad para hackear computadores y teléfonos móviles y grabar sin autorización del usuario sonidos, movimientos y fotografías; o la creación de un registro público de evasores del Transantiago. Los anteriores son ejemplos de un frenesí que no tiene necesariamente asidero real en datos empíricos (¿Es posible saber con exactitud si el valor de las cámaras de vigilancia es proporcional a su utilidad?), sino con una lamentable práctica donde el respeto de los derechos son un obstáculo -y no un punto de partida- para nuestras políticas públicas.

Que la privacidad ha muerto y que vivimos en la era del big data son frases que de tanto verlas repetidas algunos ven que se materializan en algo concreto, cierto y hasta con alguna legitimidad. Lo que estos últimos meses nos han enseñado es una tendencia preocupante, donde nuestros políticos y autoridades se han convencido de a poco que dichas frases son ciertas y no eslóganes publicitarios, porque están asociadas a un futuro brillante, innovador y smart. Nuestras autoridades han puesto en manos de la tecnología las respuestas que durante décadas hemos esperado de la política. Pero esas respuestas seguirán esperando si no las integramos con requerimientos de justicia y de respeto a los derechos fundamentales de la población, que no debieran ser visto como un obstáculo sino como parte elemental de cualquier decisión de política pública.


Esta columna fue publicada en el especial Puntos de Inflexión: Agenda Global del diario La Segunda el miércoles 18 de enero de 2017.

 

Mis discos favoritos del 2016

Car Seat Headrest

Hacía muchos años que no estaba tan convencido de cuál sería mi disco favorito del año. El 2016 estuvo lleno de publicitados experimentos estéticos en el mainstream: Kanye West publicando seis versiones diferentes de The Life of Pablo dependiendo de su actual estado de ánimo, Beyonce estirando todavía más lo que ya había hecho en 2013, esta vez incluyendo una mini película distribuida por HBO. O el ejemplo de Frank Ocean, editando un disco -en realidad, dos- donde el oyente se enfrenta al desafío de sumergirse en una incomprensible melcocha de autosuficiencia para rescatar algún par de canciones.

Car Seat Headrest, por su parte, vienen a rescatar viejas fórmulas, justamente esas que cada cuánto se dan por muertas. Si bien ‘Teens of Denial’ es el segundo disco que les edita Matador, la banda ha editado profusamente en formato digital a través de Bandcamp. Como suele pasar, una parte de la crítica musical se ha detenido en las cosas obvias: la juventud de sus integrantes, las renovadas referencias noventeras. Pero curiosamente, nada de eso es lo verdaderamente importante.

Pavement, Weezer y quizás algo de The Strokes son parte de la fórmula de ‘Teens of Denial’, que no tiene dobles lecturas ni abusa del oyente con juegos grandilocuentes que esperando ser descifrados con elementos que se venden por separado. El disco contiene más de una hora de música y 12 canciones que avanzan, mutan y se transforman en otras diferentes, repletas de ideas que se van desgranando violentamente al principio, de a poco hacia el final. Lo que conecta a ‘Teens of Denial’ con sus colegas de los noventa no es solamente el sonido, sino que está construido con mucha atención a las canciones como su centro gravitacional. Todo gira en torno al riff que gatilla, al estribillo pegajoso, a las cuatro notas que van a quedar en la cabeza.

Y las letras. Muchos han tratado de conectar a la banda, y en particular a Will Toledo -el letrista y voz principal-, con una suerte de voz adolescente. Las canciones hablan de historias de cambio, de relaciones complicadas que se transforman con el tiempo, de la de nuestros padres, con las drogas, con la resaca, con los amigos con los que construimos nuestro universo juvenil. El disco de Car Seat Headrest se queda con nosotros porque despeja a patadas la pretensión del mainstream cosecha 2016, porque refresca fórmulas rockeras probadas por décadas, y porque ofrece ideas diferentes. Ya lo decían otras viejas glorias, los sueños adolescentes son tan difíciles de vencer.

(Publicado también en Super45)

Esta es la lista de mis discos favoritos del año que pasó:

1. Car Seat Headrest – Teens Of Denial
2. James Blake – The Colour In Anything
3. Anohni – Hopelessness
4. Kate Tempest – Let Them Eat Chaos
5. Angel Olsen – My Woman
6. A Tribe Called Quest We Got It From Here… Thank You 4 Your Service
7. Michael Kiwanuka – Love & Hate
8. Nicolas Jaar – Sirens
9. Parquet Courts – Human Performance
10. Nick Cave & The Bad Seeds – Skeleton Tree
11. Leonard Cohen – You Want It Darker
12. Kaytranada – 99.9%
13. Goat – Requiem
14. A Tribe Called Red – We Are The Halluci Nation
15. Teenage Fanclub – Here

Chilenos:

1. Caravana – Caminata
2. Columpios Al Suelo & Dolorio Y Los Tunantes- Gritos Y Susurros
3. Los Valentina – Señora Ep
4. Diego Lorenzini – Pino
5. Colectivo Etereo – Antiwo

Derecho a protesta y vigilancia policial en redes sociales

El problema de esa aproximación es que ignora que la seguridad y la privacidad no se define por el uso de una herramienta, sino por pautas culturales. Decirle que “Facebook es el mal” a integrantes de movimientos sociales que gracias a esa plataforma han logrado ejercer muchos de sus derechos es, probablemente, no comprender la complejidad del uso de las tecnologías, y desconocer el efecto de red que genera una plataforma con tantos usuarios. Las formas de aproximarse a la privacidad y seguridad de nuestros datos depende de variables como edad, género, clase social, etcétera. Una forma de trabajar con los activistas en riesgo por la vigilancia a las redes sociales debe comenzar por comprender y hacerse cargo de esa circunstancia.

Ver el artículo completo de Paz Peña y Francisco Vera en Digital Rights LAC.

Fiebre en las Gradas 2014 E04

Fiebre en las Gradas – la cobertura indie del mundial (Episodio 04): La eliminación de Chile del mundial es el tópico central del cuarto capítulo de Fiebre en las Gradas. Nicolás Castro, Fernando ‘Sánguches’ Contreras y Claudio Ruiz, discuten, teorizan y pelean al respecto.

Se acabó la primera ronda, los octavos en Brasil y nosotros llegamos invictos al episodio 4. Nuestro trío de animadores comentan desde la pena, con el corazón todavía apretado por la eliminación de Chile. ¿Será posible juntarse con amigos en el corto plazo sin mencionar siquiera de pasada lo que pasó en esa tarde siniestra? Repasan sus pronósticos para el futuro de nuestra selección, qué debiera hacer Sampaoli (obvio, ¿por qué no?) y qué rico que debe saber el sabor de la revancha en una eventual final de Copa América en una lluviosa noche en el Estadio Nacional con Brasil enfrente.

En el tercer y último bloque, hacen un barrido por lo que queda del Mundial, por Argentina, la preciosa selección Colombia, unas pinceladas de Argelia, lo gélido del equipo francés y se cuela por ahí una políticamente incorrecta evaluación de la selección tica (?). Lo que nos gustaría ver y lo que seguramente veremos.

La música esta vez la traen Nicolas Jaar, Beck y James (yeims, el británico).

Cuéntale a tus amigos.

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Primavera Fauna: Jorge González

Lo que sigue es lo que me pidieron escribir sobre lo de Jorge González -el ‘invitado sorpresa’- en el festival Primavera Fauna de la semana pasada. El texto fue publicado en Super 45 y las fotografías son de mi amigo Rodrigo Ferrari. 

“Amiga mía” abrió los fuegos como de costumbre, con un público respetuoso que copó el ala oriente del recinto y con un Jorge González más conectado que nunca con un público que coreó cada momento de la presentación, pese a la inminente presentación de Pulp en el escenario contiguo. Acompañado además por Cecilia Aguayo -otra injustamente incomprendida en la historia de la banda- no hizo un ejercicio de memoria o de trivia descontextualizada, sino que conectó al público presente con un espacio creativo particular y brillante, gracias a las fórmulas probadas (“Estrechez de corazón”, “Tren al sur”), pero particularmente gracias a esos instantes tensos, que tuvieron en “Cuéntame una historia original” y “Es demasiado triste” dos de los momentos más interesantes de todo el festival.

Mientras La voz de los ochenta le disparó al pecho a la década de las zampoñas y el vino navegado, Corazones fue el canto del cisne de la banda de rock más importante que haya existido en las últimas décadas. Jorge González, vigente y en forma, de alguna manera regaló también un trozo de esos dolores que le dieron forma a Corazones. Reconciliado con ese pasado, y particularmente agradecido por la oportunidad de mostrarlo en público, González además nos llenó de guiños que de pronto explican no sólo la dimensión de un disco que sigue sonando vigente, sino la potente influencia sobre varios de los músicos que amenizaron la jornada sobre ese mismo escenario. Mostrar un disco como este se va a quedar con nosotros así como se quedan esos recuerdos borrosos de amores confusos que nos prenden las luces del camino. Como toda estrechez de corazón.

Guido Girardi y la agenda de la UNA

El parlamentario se comprometió a patrocinar, es decir presentar a su nombre, todas las indicaciones al proyecto de ley que desee incorporar la Unión Nacional de Artistas. Para ello encomendó a uno de sus asesores para trabajar en conjunto con la UNA.

Si lo que dice la Unión Nacional de Artistas (sic) es cierto, es bastante grave.

Una cosa es escuchar a interesados en determinada discusión parlamentaria, que es parte de la democracia. Otra muy distinta es comprometerse a patrocinar todas las indicaciones que le proponga un grupo de interés.

Girardi, un senador preocupado por la transparencia y la fiscalización da una muy mala señal al entregar un cheque en blanco a una agrupación que reúne una serie de organizaciones privadas vinculadas con la cultura y, cuando se trata de batallas legislativas, tiene una sospechosa tendencia a defender en el Congreso posiciones conservadoras y estrechamente vinculadas a entidades de gestión colectiva y a la industria del entretenimiento internacional.