Derecho de autor: cuando la privacidad es sólo una contingencia

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Suponga usted que se reuniera la policía del país y asegurara que los mayores índices de consumo y tráfico de drogas duras se hace dentro de los hogares. Asegurarían, presumiblemente, que ello hace muy complicada la persecución de estos ilícitos. Claro, la intimidad y esas cosas extrañas llamadas derechos fundamentales son siempre problemas para poder capturar a los delincuentes.

Frente a esta realidad, se reúne con otras instituciones, incluidas aquellas pro-familia y acuerdan que la mejor forma para poder pesquisar dicho tráfico -y además evitar la desintegración de las familias del país por el flagelo de la droga- es que comenzarán a monitorear con cámaras ocultas lo que sucede en las oficinas de empresas privadas, baños y camarines de clubes deportivos y en las salas de estar y comedores de todos los hogares del país. Ahora suponga que eso no lo quiere hacer la policía, sino que un grupo de privados.

Probablemente lo anterior suene raro, abusivo y hasta orwelliano, diría alguno. Hay una buena y una mala noticia respecto de esto. La buena, es que una vez más la literatura demuestra su de poder adelantarse a lo que sucederá en la sociedad. La mala noticia, naturalmente, es que lo que acabo de parafrasear podría estar ocurriendo, y para proteger un bien jurídico infinitamente menos relevante que la lucha contra la droga. Menos relevante sin duda, pero económicamente rentable para muchos: las descargas a través de Internet.

Así es como la semana recién pasada se reunieron en Aspen, Colorado, representantes de los más importantes titulares de derechos de autor, esto es, productores fonográficos y multinacionales de la música y el espectáculo comandados por Warner, la RIAA y la MPAA. La industria pretende establecer alianzas con los proveedores de acceso a Internet con el fin de filtrar el contenido que circula a través de la red y de esta forma dar un golpe de efecto a la creciente y desastrosa -según sus propios cálculos, claro- proliferación de las descargas de contenido protegido por derecho de autor.

Lo anterior no es sino una demostración de dos hechos fundamentales en la lucha contra la piratería en Internet. El primero, es que es claro que todas estas decisiones comerciales no responden necesariamente a proteger a los autores. Quienes promueven estas medidas representan intereses más bien comerciales que artísticos y resulta natural y obvia la reunión entre dichos intereses y los intereses de quienes proveen conexiones a Internet. Más aún cuando ellos mismos se han ido transformando, a su vez, también en proveedores de contenidos. El segundo hecho fundamental que queda al descubierto, es que para esta industria -que por cada día que pasa ve cómo se desmorona tras de sí un modelo de negocio que los sustentó durante más de un siglo- la persecución de infracciones a derechos de autor debe hacerse a como dé lugar, sin importar otros derechos civiles tan importantes como la privacidad o la inviolabilidad de las comunicaciones privadas.

En un mundo donde las grandes industrias que gestionan derechos de autor se han transformado en importantes grupos de presión y ostentan un poder económico que es capaz de intimidar a los gobiernos más probos de la región, los grandes perdedores de esta lucha son quienes han tenido menos oportunidades de opinar y accionar, el público. Para nuestra sociedad resulta importante proteger los derechos de autor, son sin lugar a dudas claves para la preservación de la cultura. Pero cuando esta necesidad de sobre protección pretende destruir a su paso la construcción republicana de los derechos fundamentales, en pos de la preservación de privilegios comerciales, es el momento de re-estudiarlos y re-estructurarlos en forma severa y radical.

Artículo publicado por Terra Magazine bajo Licencia Creative Commons Chile

Imagen: Sometimes I invade her privacy por oh that rachel!, CC:BY-NC-SA

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4 Comments

  1. Impresentable. Y la neutralidad de la red ?? Y los principios básicos de privacidad ??
    Afortunadamente ya hay gente que se preocupa de esto en el campo de la computación. El “Onnion Routing” es una técnica de navegación anonima por la web y su mayor exponente es el proyecto TOR.

    Ver Más: http://www.torproject.org
    Pero aún cuando podamos navegar y descargar anónimamente, me parece que estos acuerdos rayarían en la anti-constitucionalidad. Los artistas que defienden estas prácicas pensando que los benefician a ellos son realmente estúpidos.

  2. Juntando el artículo de Claudio con la opinión de Mugre: las asociaciones de derecho de autor son los mejores amigos de pederastas y terroristas, ya que con sus políticas de violación del derecho a la privacidad incentivan el desarrollo y popularizan el uso de herramientas de navegación anónima. Los detectives, cuando se les habla de TOR (y no hablemos ya de la paranoica FreeNet), deben ponerse a llorar como niños.
    Pero, ya que estamos en eso, Claudio, ¿podrían llegar los ISP a un acuerdo similar en Chile? ¿Sería legal que lo hicieran?

  3. Es buena la reflexión que hacen sobre TOR y los problemas para las policías. Así funcionan las cosas cuando las haces apresuradamente y legislas en caliente.
    Sobre la pregunta de Fabián, algo así sería inconstitucional por varias razones. Pero yo ya estoy curado de espanto y cualquier cosa puede pasar.

  4. Pienso que lo que dichas organizaciones no comprenden, es que si la inciativa no establece igualdad de condiciones para que cualquier proveedor de fonogramas se beneficie (la cola larga), el sistema será subvertido rápidamente. Por eso propongo una iniativa basada no en control, si no en el muestreo, y sin restricciones, para no vulnerar la privacidad ni privilegiar a los que no tienen relación alguna con el arte mismo.

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