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Facundo

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Me puse a pensar qué era lo que me provocaba tanta pena, qué me afectaba tanto con la muerte de Facundo Cabral. Y puse Entre dios y el diablo, ese disco que recuerdo mi padre escuchaba una y otra vez en dictadura. Me acordé, de pronto, que al principio lo único que le entendía a Cabral eran sus chistes. El chiste de las putas cayendo del cielo. El del arca de Noé. Con el tiempo también entendí que existía Galtieri, Videla y, en el fondo, con terror, que había otros Pinochet allá afuera.

Pero lo que más recuerdo de las canciones -en rigor recuerdo más los relatos que sus melodías- fue que aclararon, en mi tierna pubertad, todas aquellas cosas que me incomodaban intuitivamente de la iglesia católica y, en general, de la fe. Hoy me entero que Cabral era un tipo religioso, que aquellas canciones que yo leía en clave irónica e iconoclasta eran en serio. Que de verdad Cabral creía en dios y en el diablo. A Facundo Cabral a partir de hoy lo voy a recordar como un creyente profundo que me ayudó a entender que la religión y la fe están más cerca del espectáculo y el poder que de la rectitud moral trascendente. Chau, F.

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  1. “…lo voy a recordar como un creyente profundo que me ayudó a entender que la religión y la fe están más cerca del espectáculo y el poder que de la rectitud moral trascendente”. Buen recuerdo.

    De la misma época y en casette tengo “Ferrocabral”; donde homenajea a los que “vuelan bajo” y a los que “desean poco y lo poco que desean lo desean poco”. Yo estuve en un recital en la USM de Valpo., donde contó la pérdida de su mujer e hija en un vuelo que él no tomó; “ahí boto la toalla” creo que dijo. Y claro: …terminó con una canción en que pedía perdón porque a veces le costaba ser un ciudadano….