in Derecho

Todos juntos, una historia de autores y piratas

El caso de la canción de Los Jaivas, “Todos Juntos”, utilizada para musicalizar el spot televisivo de una multitienda, tiene diversas y sabrosas aristas que han sido ampliamente comentadas en la opinión pública durante los últimos días. En el caso de los derechos de autor, muchos se han enterado recién de un hecho fundamental en el sistema actual de propiedad intelectual: que autores y titulares de derechos de la obra (en este caso Los Jaivas y la compañía Warner Chappell, respectivamente) no son la misma cosa y que, por tanto, no necesariamente comparten los mismos intereses.

En este caso, Warner Chappell, dueña de los derechos de la conocida canción -además de titular de los derechos de “Happy Birthday to You”, que cantamos varias veces al año- pretende maximizar los beneficios comerciales de la misma y autoriza que salga en un spot televisivo, mientras que las intenciones de los autores parecen ser distintas.

El sistema tradicional de propiedad intelectual, en efecto, no sólo permite sino que alienta este tipo de transacciones comerciales. Así, y a modo de ejemplo, por la sola creación de sus canciones Violeta Parra es la titular de sus derechos. A partir una serie de contratos con su sello discográfico y otras entidades, sería posible que hoy -pasados 43 años desde su muerte- existieran múltiples titulares de derechos por cada una de sus canciones. Si quisiéramos hacer una antología de su obra, utilizar trozos de la misma para hacer una obra nueva, musicalizar un documental o interpretar canciones de su autoría, no sólo deberíamos conseguir autorizaciones sino que estas últimas pueden podrían corresponder a entidades -empresas, casi siempre- distintas.

Del mismo modo, y sin tener a la vista los antecedentes completos, no resulta tan complejo desmenuzar a grandes rasgos lo que pasa con los derechos de “Todos Juntos”, la canción de Los Jaivas. Por el sólo hecho de crear la canción en 1972, los músicos son autores y además titulares de manera exclusiva de los derechos de reproducción, publicación, distribución, adaptación y comunicación pública de la misma. Estos derechos se denominan “patrimoniales”, dado que se encuentran en el mercado, tienen valor comercial y son susceptibles de adquisición o autorización de uso por terceros. En el mercado de la música, sin ir más lejos, lo regular es que estos derechos tengan distintos titulares (dueños) y existan quienes -como Warner Chappell, en este caso- se encarguen de su comercialización.

Esta distinción entre autores y titulares, además de la necesaria distinción entre los intereses de unos y otros, suele no estar presente en los debates de nuestras leyes de propiedad intelectual. Como si aquello no fuera un problema, durante el último tiempo hemos visto a nuestros artistas más reconocidos luchar con vehemencia por el respeto de “sus derechos”, sin tomar en cuenta que los beneficios de ser los titulares de los derechos de autor muchas veces no son de ellos debido a que, en buena parte de los casos, los han cedido a grandes consorcios empresariales asociados a sus sellos discográficos.

En un contexto de creciente criminalización al público que utiliza Internet para la descarga de obras, quizás sea el momento de analizar quiénes son los verdaderos explotadores comerciales de nuestros artistas, los verdaderos piratas que abusan de los intereses de los autores. El caso actual de “Todos Juntos” es una buena excusa para comenzar la reflexión.

Columna escrita para Ciper Chile.

Write a Comment

Comment

  1. (Copio comentario que dejé en Ciper y que está a la espera de moderación)

    Una excelente columna, Claudio.
    Coincido contigo en que este episodio, que repite un patrón de casos anteriores, representa una oportunidad para abrir la discusión sobre el rol de las instituciones intermediarias (acá una discográfica) entre creadores y público.
    Ni creadores ni público (por lo menos un grupo significativo de éste) aprueban lo ocurrido. Sin embargo, todo fue ajustado a la norma. Brota a raíz de este anuncio una sensación de violación de un pedazo de nuestra memoria, de comercialización descarada de nuestro patrimonio cultural. Pero no hay ninguna ilegalidad. Es, como hace pocos días escribió Gonzalo Tapia, un problema de ética:
    http://www.elquintopoder.cl/fdd/web/sociedad/opinion/-/blogs/%C2%BFtodos-juntos.
    Y cuando surgen los dilemas éticos, es cuando se reconocen las brechas para replantear lo que es legal y no es legal. Lo que estamos dispuestos a tolerar y lo que nos parece que atenta contra el bien común.

  2. Es interesante. La primera hipótesis es que Warner Chappell, los explotadores, no habrían considerado la sensibilidad de Los Jaivas, los artistas, frente a un buen negocio. Habría que verificar cómo y en qué circunstancias los artistas entraron en complicidad con los explotadores. La segunda hipótesis es que si Los Jaivas hubieran sido titulares de los derechos de explotación de su propia obra no habrían autorizado el spot. En otras palabras, pucha que es bueno cuando los artistas pueden tener el control sobre sus creaciones.

  3. Buena reflexión. Rescato una pregunta que apareció en el link de Elquintopoder.cl que compartió Enzo, y que después retomó Marco Antonio

    “¿Cómo los creativos, ejecutivos, product manager, abogados,etc, etc, etc, no se les ocurrió que sería bueno conversar con Los Jaivas y/o sus representantes antes de sacarlo al aire el spot?”

    Simplemente porque no hacía falta hacerlo para adquirir los derechos de la canción y utilzarlos para fines comerciales, tal como sucedió con este “caso París”. Lo que sucedió no fue ilegal, y sí fue poco ético, y si hay buen dinero de por medio, es bien poco probable que se tomen en cuenta las dimensiones éticas del asunto.

    Lo ideal sería que los artistas tuvieran un poco más de voz y también voto en estas cuestiones. Pero como señala Marco Antonio, hay que ver cómo fue el contrato que se estableción entre Warner y Los Jaivas. Luego de ver a un harto despistado Mario Mutis en “Última mirada” de CHV, el día en que Los Jaivas dieron conferencia de prensa a raíz de este episodio, bien podría establecerse que con un contrato revisado cuidadosamente, Los Jaivas podrían haber evitado este problema, o al menos recibir los réditos que les corresponden por la utilización de su música para fines netamente comerciales.

  4. Yo concuerdo con ustedes, pero mi punto tenía que ver con que esto se hace todo el tiempo y que, por lo demás, buena cantidad de cantantes y artistas, y en especial los más conocidos, tienen contratos similares con publishers como Warner Chapell. Claro, algunos más y otros menos “éticos” como dice José Ignacio.

    Es decir, de toda la cadena de valor de una canción, el interés del músico debe estar en un quinto lugar después de una serie de entidades que tienen control comercial de la música que escuchamos y queremos. Luego, cuando se dice “protejamos más los derechos de autor”, no estamos protegiendo directamente los derechos de los artistas, sino, antes, los derechos de un listado de empresas.

    Saludos,
    Claudio