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Las confusiones y la guerra del presidente de la SCD

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En estos días se desarrolla en Washington DC el denominado World Copyright Summit, pretencioso encuentro que reúne a la crema y nata de las industrias multinacionales de la cultura, además de sus asociados estratégicos, las entidades de gestión colectiva.

En una nota publicada ayer por el diario español El País, algunos participantes hablan de algunos puntos que les interesan y que creen es la forma adecuada de enfrentar esta lacra social llamada internets.

Y en el último párrafo le dan un pase gol al flamante presidente de nuestra SCD, quien premunido de la verborrea incontrolable de quienes hablan desde la verdad y la corrección moral, le explica a la agencia EFE los problemas que él ve con el derecho de autor. Los destacados son míos, por cierto:

El presidente de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD), Alejandro Guarello, está de acuerdo y lamenta que en su país exista una presión creciente para imitar la legislación estadounidense. Para el representante de la SCD uno de los problemas de EEUU es que “no se reconoce necesariamente al creador”. “Se reconoce al titular del derecho”, explicó a Efe Guarello. “Eso significa que si una persona está en un pequeño pub cantando y no ha registrado su pieza y viene un representante de una compañía y la compra el autor pierde todo el poder porque lo que importa en EEUU es el que tiene el derecho”. Guarello indicó que si el tema se convierte en un éxito el que recibe los ingresos de los derechos es la compañía y no el autor, que se queda sin nada. “Esa línea es la que se intenta implementar en Chile y nosotros estamos absolutamente en guerra, absolutamente”, concluyó Guarello. A diferencia del modelo anglosajón, en el modelo europeo continental y latinoamericano los derechos asociados a la propiedad intelectual son irrenunciables.

Es una torpeza decir que en EEEUU no se reconoce necesariamente al creador. La explicación de por que sería importante “reconocer al autor” en lugar del titular de derechos es simplemente risible, considerando que los principales clientes de las entidades de gestión colectiva son titulares de derechos -empresas- y no necesariamente autores. Decir que en Chile se intenta implementar una “línea” que pretende entregarle los éxitos a las compañías es ignorar quienes han sido quienes realmente han esquilmado a nuestros artistas en los últimos sesenta años, que ciertamente no ha sido el público, no ha sido la tecnología ni ha sido internet. Han sido los mismos sellos discográficos y los mismos modelos de negocio que financian el seminario al que asiste en Washington. Basta ya de mentiras.

Más allá de las falacias asociadas a una profunda ignorancia normativa -como decir que en el sistema continental los derechos asociados a la propiedad intelectual son irrenunciables-, sinceramente me intriga quién estará tras el guión que siguen con obediencia los voceros de la entidad de gestión colectiva chilena.

Es que Alejandro Guarello está en una guerra. En una guerra que, como otra no muy lejana en Chile, sólo se libra gracias a los delirios de la misma entidad de gestión.

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  1. Demás está decir que el Congreso es en el “Ronald Reagan Center”.

  2. Ja, reparé en el mismo detalle del (Cristiano) Ronald Reagan Ctr. Pero mi punto es otro:

    Alejandro Guarello como músico y como académico es el principal responsable (o al menos uno muy importante) de la difusión de la “música contemporánea” en Chile. Música que está muy avanzada en la difusión por net labels, que es escuchada por un público super segmentado y -en general- muy sensible a la tecnología. Gente que sabe que sin internet, sin tecnologías, sin sellos con modelos de negocio muy diferentes a los “majors”, estarían perdidos.

    Entonces, que venga a decir estas leseras contradice una parte importante de su propia trayectoria y de las cosas que enseña a sus alumnos. De verdad, lamento sus declaraciones.

  3. Desde mi ignorancia entiendo que más allá del reconocimiento al creador, los derechos patrimoniales son transables tanto en EEUU, Latinoamérica o Europa.

    En todo caso, restringir el derecho a la venta anticipada de futuros e inciertos ingresos es algo que perjudica a los creadores que están fuera de la industria del entretenimiento, frente a los “éxitos” prefabricados dentro de los conglomerados de la industria, tipo Hanna Montana.

  4. A mi siempre me ha parecido curiosa la resistencia de los artistas por reconocer que no somos las personas los culpables de su, muchas veces, injusta situación económica.
    No somos nosotros, el público, el culpable de que a los escritores les paguen un 10% del precio de venta de un libro y que tengan que ganarse la vida haciendo clases o cobrando por conferencias y entrevistas.
    Ellos saben muy bien cual es el problema.

  5. No logro entender la posición de la SCD. Para mi el tema es claro como el agua con el siguiente ejemplo.
    Si me dedico a la creación de productos (en mi caso es un tema tecnológico, pero como esto va a “toda” creación) y viene una empresa y me contrata (un sello para hacerlo más parecido), en el contrato siempre aparecerá la frase que indica que “todo” el trabajo realizado por mi para dicha empresa es de propiedad de la empresa… tan simple como eso, y si no me gusta, puedo negociar o me cambio de empresa.
    No veo xq en el caso de la música no debiese ser igual. Si viene un sello y te paga $X por tus próximos 2 discos, por más que tú los hayas escrito, son de propiedad del sello, más que mal te paga por ellos. Si negocias mal y te pasan por encima, toma un par de ramos en la universidad para que adquieras formación profesional y sepas cuanto cobrar, así pasarían de ser artistas “indefensos frente al mercado y las malévolas discográficas” a ser artistas ilustrados que sabrían cuanto, como y donde cobrar.
    Ahora, siendo súper honestos, si Internet les ofrece todo un medio de distribución de contenido con costo cero, marketing viral y la posibilidad de traspasar fronteras (el sueño del artista “nacional”), ¿porqué no dejan de ser unos “pobres” artistas y estudian para lograr comprender el negocio completo?.
    Hay mucho de comodidad en este cuento, pareciera que ellos sólo pudieran dedicarse a componer y a tocar y fuesen incapaces de ver todo lo que implica el negocio, que es lo mínimo que se le pide a un empleado de cualquier empresa… entender que eslabón es de toda gran cadena.