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TIC en la escuela: ¿Cabe el plagio en la educación?

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Fotografía por Ficken. CC:BY

Este artículo pertenece a la serie de artículos escrita por invitados finamente seleccionados para usted, celebrando los tres años de Quemarlasnaves.net. Este, es un texto escrito por Paz Peña de Tilt!

UNO. Eres un profesor. Pides un ensayo a tus alumnos que llevará una nota final. El día que recibes los trabajos te das cuenta que uno de ellos te entrega un artículo que te parece sospechoso. Entonces en Google escribes una de las frases más elaboradamente dudosas. Efectivamente, el estudiante ha hecho un cut’n paste descarado y ante esa evidencia de inteligencia tan escueta, decides ponerle nota 1. En el mismo ejercicio pero con otro alumno, te das cuenta que éste ha tomado varias ideas de otros autores sin atribuirlas pero que terminan en un trabajo de gran nivel: síntesis de ideas importantes, relación de conceptos, una clara línea argumental, etc. ¿Qué nota le pones? ¿Es este un plagio entendido como robo o finalmente el estudiante ha sido capaz de sintetizar el conocimiento y transformarlo en algo nuevo?

DOS. En un mundo conectado en nodos comunicativos –donde Internet es solo una muestra- y donde el tráfico de conocimiento es exponencial, estamos cada vez más acostumbrados a oír y discutir sobre samplers, cut’n paste, copyleft, y diversas derivaciones de las problematizaciones del conocimiento y los derechos autorales, pero ¿qué se habla en la educación? Todos pregonan sobre la supuesta importancia de las TIC en la escuela, pero poco se reflexiona sobre las implicancias que ellas tienen en un modelo educativo cartesiano. En este contexto, el plagio sólo es tratado como engaño moral pero nadie se hace la pregunta si hoy, en esta nueva concepción del conocimiento gracias a las TIC, es posible que el plagio quepa como manifestación del saber en la educación.

TRES.

(…) ¿Qué, quieren una originalidad absoluta? No existe. Ni en arte ni en nada. Todo se construye sobre lo anterior, y en nada humano es posible encontrar la pureza. Los dioses griegos también eran híbridos y estaban “infectados” de religiones orientales o egipcias. También Faulkner proviene de Joyce, de Huxley, de Balzac, de Dostoievsky…

CUATRO. Aclaremos primero qué se denomina plagio. La RAE lo considera como “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”. Esto sería, claro, parecido a un robo. Pero me gustaría concentrarme –como Lessig nos enseñó con el copyright- en si las consideraciones de plagio siempre han tenido estas connotaciones negativas a lo largo de la historia. Y la verdad es que son muchas las manifestaciones culturales que se han valido por siglos de un plagio que ha cambiado de nombres (copia, imitación, reciclaje…), pero que en definitiva simbolizan una forma de uso de los saberes, propietarios o no, en la sociedad. Según el colectivo Critical Art Ensamble, “antes de la Ilustración el plagio estaba bien visto. Era útil en tanto que contribuía a la distribución de las ideas”.

Estrictamente hablando, el plagio pertenece a la cultura de después del libro, puesto que es en esa sociedad en la que se puede hacer explícito lo que la cultura de los libros, con sus genios y sus autores, tiende a esconder -, a saber, que la información es mucho más útil cuando entra en contacto con otra información y no cuando se la deifica y se la presenta en el vacío.

En el postcapitalismo, el plagio se lee a través de dos caras de una misma moneda. La primera es una más bien moral. Considerar al plagio como una reacción contra la comodificación (privatización) de los bienes culturales de la sociedad a través de su recontextualización (el ejemplo del colectivo artístico Superflex es muy preciso). La otra cara, la que me parece más interesante para los efectos de la educación, dice relación con la inserción productiva de los sujetos. Si en la economía, el flujo de la producción, distribución y consumo se convierten –gracias a las TIC— en un único acto ininterrumpido, ¿existe espacio para la idea original? En una circulación de conocimientos muchas veces caótica ¿se necesitan más ideas originales si aceptamos que ellas existen? ¿O más bien la sociedad necesita de buenos sintetizadores que con la premura del tiempo productivo puedan insertar sus ideas/productos en el ciclo de la producción, distribución y consumo? La pregunta última, claro, tiene que ver con qué individuos queremos educar y, por sobre todo, para qué.

CINCO. Pero ¿qué se deja atrás cuando se plantea una educación para plagiadores? La respuesta creo que debe hacerse desde la inserción de las TIC en la cultura. En este contexto, se pone en entredicho el conocimiento como objeto ajeno al sujeto, donde el individuo puede aprehender al objeto en su esencia misma, sin connotaciones ni distorsiones. Con las TIC, revolucionariamente, el saber se concibe no como una idea de conocimiento objetivo, sino como producto de la intervención colectiva de sujetos en colaboración (web 2.0). Pero por sobre todo, la idea de autor deja de ser figura exclusiva de principio de coherencia del discurso: el hipertexto llegó para liberar al lector/receptor de la dominación jerárquica de esa fuente de ideal coherencia. En la educación, entonces, ¿tiene sentido seguir considerando al plagio como copia de un autor y saber cartesiano?

SEIS. Si la educación ha de buscar una respuesta, primero no debe escandalizarse con la entrada de las TIC en la vida de los estudiantes. Es imperioso recontextualizar el concepto a la luz de los antecedentes. En este sentido, creo que el plagio al que debemos referirnos no es a esa copia descarada sino más bien a ese trabajo que toma significados culturales y los recontextualiza creando una nueva obra sintetizada. Así, el problema de dar como propia la obra no sería el meollo del asunto, sino el producto que se sintetiza y la recepción de él. Por lo demás, no sería mala idea incorporar al currículum la enseñanza de los Creative Commons como parte de la historia de las ideas pues, en cierto sentido, estas licencias presuponen un saber sintetizado y pueden darle al uso de citas un sentido de colectividad cultural más que de exclusiva atribución individual del conocimiento. Así, si se resignifica el plagio, también deben modificarse lo que evalúan los profesores y sus consecuentes herramientas de evaluación. Si hay consenso en incorporar las TIC en la educación, ¿no sería hora ya de pensar en cómo caben las nuevas lógicas del conocimiento –el plagio como una de ellas- en la educación?

SIETE. Al final de este punteo, no se me ocurre nada mejor que terminar con el que considero gran problema para llevar a cabo una educación para plagiadores: la educación cartesiana propia de nuestra tradición, confiere al conocimiento una atribución de propiedad, es decir, el sujeto “toma” un saber y lo hace “propio”. Y, como ya sabemos, el conocimiento como propiedad privada es el lema del copyright. En esa muralla de tradición, ¿cómo hacemos caber una educación para plagiadores? En eso trabajo. ¿Alguna idea?

Este artículo pertenece a la serie de artículos escrita por invitados finamente seleccionados para usted, celebrando los tres años de Quemarlasnaves.net. Este, es un texto escrito por Paz Peña de Tilt!

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18 Comments

  1. El Plagio en la Educación: La defensa del autor y la honestidad intelectual.

    Quisiera hacer un reconocimiento al acto de tomar ideas ya desarrolladas por otro, mal entendido a veces como plagio, como un acto plenamente válido. Ello tiene, sin duda, plena vigencia en nuestra educación -por cierto más lenta en su “crecimiento” que el de la tecnología- Es más, ha sido incluso premiado, bajo el nombre de “usos de fuentes bibliográficas”, de las referencias al final de un paper que en ocasiones termina siendo lo más revisado, más que las ideas del propio autor.
    Sin duda, en ese sentido, la diferencia entre plagio y citar, estaría, más bien estaría dada por un asunto de forma y no de fondo (poner por escrito el nombre del autor).
    Sin embargo, ello no es tan así. Defiendo al “autor” -partiendo de la base de la inexistencia absoluta de la originalidad en su estado puro- por su esfuerzo de síntesis realizado. Rescato acá el concepto de síntesis, no como una mera recopilación, sino como el proceso derivante de la tesis y la antesis, viejos conceptos rescatados por la Modernidad, y con una plena vigencia en la mal entendida postmodernidad. Rescato al autor, en su puesta escena, en su relectura de lo antiguo y su contribución a este continuo proceso de síntesis, y el reconocimiento a este trabajo debe ser apreciado y reconocido por quienes los hemos incorporado a nuestras propias elucubraciones y borradores. Enseñar que las ideas están allí como manzanas prestas a ser devoradas sin más por quien quiera es una tentación de insospechadas consecuencias, y un incentivo a la patudez y el descaro. La razón es que la probabilidad de pasar de la síntesis al mero resumen se hace mayor, lo que constituye una involución.
    Otra cosa es el copyright, que es la recompensa monetaria a la “creación” de un autor, del que cuesta cada vez más justificar su existencia, aún cuando es entendible en el sentido que los hombres se mueven por el interés propio y no el colectivo. Los cambios de formato (o mas bien de soporte) han introducido pequeños caballos de troya con finales inciertos. Y por cierto, otra gran cosa es la patente, que la distingo a propósito -aunque quizá de manera incorrecta- como el interés de la compañía o mecenas del autor por retribuir su “inversión”. Ésta línea abierta la dejo ahí, “debido a que es un camino con un final – o desenlace- insospechado e imposible de abordar en la presenta “respuesta”.

  2. 1
    Estoy con Rodrigo: el copy-paste, aunque de varios sitios distintos, sin una aportación propia, una línea argumental, acompañada de reflexiones, críticas de uno mismo, es plagio.

    2

    “es posible que el plagio quepa como manifestación del saber en la educación”

    De modo alguno.
    El famoso “rip, mix, burn” supone una creatividad al enlazar imágenes, o remezclar sonidos, al darles una historia que no tenían, etc. En el texto escrito, esa creatividad supone unos nexos, conceptuales además de meramente gramaticales, crear una historia o un análisis, etc.

    3

    “¿Qué, quieren una originalidad absoluta? No existe.”

    Utilizar esa afirmación es una mala excusa. Dejando al margen la veracidad o falacidad de esa afirmación, en el proceso educativo no evaluamos la originalidad, sino la capacidad demostrada del estudiante de aprender y de utilizar esos conocimientos. No vamos a evaluar su “creación”: vamos a utilizarla de proxy para intentar evaluar su proceso de aprendizaje. Nos interesa, pues, cómo ha construido su ensayo, cómo lo ha elaborado… no hasta qué punto sus ideas (que no sus contenidos) son originales. Si copia todo, el proceso fue nefasto, aunque el resultado sea “excelente”.

    4 – 7

    Me remito al punto anterior: a mi entender, estamos hablando de cómo evaluar el proceso de aprendizaje del estudiante a través del proceso de creación, no de la obra final. Esto tiene poco que ver con la creatividad (originalidad, arte…) del trabajo.

    Sobre la cuestión de la propiedad intelectual, no me pronuncio porque creo que es otra historia muy distinta, tal y como apunta Rodrigo.

    🙂

  3. A mi parecer uno de los temas relevantes en esta columna tiene que ver con “…La pregunta última, claro, tiene que ver con qué individuos queremos educar y, por sobre todo, para qué” siendo ese ¿para qué? un elemento paradigmático e incluso contradictorio para las instituciones formativas.

    Ya no es sorpresa para nadie que muchas Universidades decoran sus campañas publicitarias con frases tales como “espacios abiertos”, “libertad para crear”, etc. y son las mismas instituciones que ponen en el “contrato-matrícula” la cláusula de la creación intelectual dentro de los espacios de la Universidad son propiedad de la Universidad.

    Y últimamente está apareciendo la frase “curriculo basado en competencias”, lo que, haciendo abuso de un reduccionismo conveniente, se traduce en una lista de “funciones-operaciones-transacciones” (muy conductual by the way) que sus futuros profesionales deben evidenciar y sistematizar.

    En otras palabras la retórica publicitaria de la educación chilena desconoce y reniega de la creación a partir de lo ya existente, dicho esto desde la trinchera de “donde las ideas nacen”, y por otro lado los programas se articulan y evaluan desde la aplicación sistemática de procesos declarados que desconocen autoría (aún existiendo) y que castran el desplazamiento creativo y reinterpretación de los mismos… ya que si te mueves de ese camino significa que no tienes desarrollada la competencia funcional.

    o sea ¿castigamos el plagio defendiendo la creación desde la nada, pero castigamos la creación desde la nada porque se aleja de la evidencia de la competencia? ¿formamos desde el plagio disfrazado de autoría?

    ¿formamos para qué? es una vez más la pregunta… esto me confunde, como se evidencia que estoy mal educado.

    IGVO

  4. No se si me perdi en algún punto del fabuloso escrito, pero mi opinión es que la propuesta es dejemos de lado la adoración por la “originalidad”, partamos de la idea de que la creación es colectiva, en ese marco el reconocimiento es importante pero, particularmente en el proceso creativo, lo es mucho más la capacidad de “aprehender” el conocimiento más que “apropiarlo”… ahora, el copyright efectivamente se concentra en el aspecto del incentivo económico, pero en nuestro sistema de derecho de autor el énfasis (se supone) está en “el autor” aunque incluya “la obra” lo que de hecho nos forma también mentalmente para negar algún valor positivo al plagio.
    Gracias, interesante poner estas ideas sobre el tapete

  5. Supongo que el texto de Paz es más largo de lo que finalmente publicó, pero de todas formas me parece excelente e ilustrativo.

    Respecto del plagio, me parece muy interesante darle una vuelta quizás a la idea de la deificación del autor. Sin ir más lejos, Foucault sugiere que la relevancia de vincular una obra con una persona nace a partir de la hermenéutica cristiana y adquiere vuelo en la baja Edad Media. Hoy llegamos a extremos como sostener que el derecho de autor es una especie de propiedad, con todo lo que ello significa. En Chile propietarizamos desde la luz hasta las ideas, pasando por la educación, ciertamente. Y esta tendencia es importada incluso en lo jurídico, donde tendemos incluso a propietarizar lso derechos fundamentales. Así, resulta paradójico que en nuestro sistema constitucional para poder defender el derecho a la educación, tengamos que hacerlo a partir de un ‘derecho de propiedad sobre la matrícula’ para evitar que una chica sea expulsada por quedar embarazada o al chico por no cortarse el pelo.

    Además, la vinculación con el tema educativo es clave. Mientras con buenas intenciones hay quienes quieren llenar las salas de clases de nuestros países con computadores, sigue sin responderse una pregunta fundamental que es el para qué. Si seguimos teniendo estructuras educativas ‘cartesianas’ es bien poco lo que las tecnologías van a ayudar para el desarrollo de pequeños en edad escolar.

  6. Creo que la defensa que se hace del autor -y que bien refleja Rodrigo- es no a su capacidad de síntesis, sino más bien a la idea de un principio de coherencia discursiva que, como nos enseñó Foucault, está más cercana al control del discurso por cierto orden social (El Orden del Discurso). En ese sentido, cuando el copyright funciona como mecanismo de castigo, también funciona como mecanismo de control de los discursos sociales que circulan.

    Es en ese punto donde me cuesta estar de acuerdo con la opinión de Ismael, cuando pone como primera prioridad educativa la “la capacidad demostrada del estudiante de aprender y de utilizar esos conocimientos”. Primero, porque se desprende una sola forma de aprender válida –supongo que la que el profesor le parece adecuada en un modelo aboslutamente cartesiano– y, segundo, porque termina siendo una educación que replica el poder estatal como institución, en tanto estrangula la capacidad de que los estudiantes conozcan o produzcan nuevos discursos sociales.

    Sólo para terminar y no extenderme me quedo pensando lo de critical art ensamble sobre las citas: “La función de vigilancia de la nota a pie de página impone interpretaciones fijas en una secuencia lingüística e implica la propiedad del lenguaje y de ideas por parte del individuo citado. La nota se convierte en un homenaje al genio que supuestamente ha sido el artífice de la idea. Esto sería aceptable si todo aquel que merece ser reconocido lo fuera; sin embargo esta acreditación es imposible, puesto que supondría un retroceso infinito. …Hay que darse cuenta de que la escritura misma es un robo; se trata de cambiar las características del viejo texto-cultura de la misma forma que se camuflan los objetos robados. No quiero decir que no hay que volver a citar a las firmas, sino que hay que recordar que la firma no es más que una señal, un texto taquigráfico…”

  7. Bueno, creo que se me malinterpretó 🙂

    Yo no dije que la “primera prioridad educativa” fuese la “capacidad demostrada del estudiante de aprender y de utilizar esos conocimientos”, sino que en el proceso de evaluación nos centramos en medir el aprendizaje y el manejo de conocimientos, no la creatividad ni la originalidad.

    Dicho de otro modo: la evaluación de un proceso educativo (que no es lo mismo que la prioridad educativa) debe centrarse, a mi parecer, en la evaluación de las competencias, no en su expresión final (el medio y no el fin).

    De hecho, y ya lo comenté anteriormente, creo que en este texto – y los comentarios así lo demuestran – estamos hablando de dos cuestiones distintas que inducen al equívoco: por una parte, el ensayo, la creación audiovisual, etc. como herramienta, como instrumento para evaluar el aprendizaje; por otra parte, el ensayo, la creación audiovisual, etc. como objetivo per se, como creación, como final.

    Son, en mi opinión, cuestiones muy distintas que piden enfoques diferentes. Las reflexiones sobre el copyright, los derechos morales, Foucault, etc. tienen que ver, creo yo, con el segundo punto de vista. Sin embargo, la primera pregunta en negrita del texto (“¿Es este un plagio entendido como robo o finalmente el estudiante ha sido capaz de sintetizar el conocimiento y transformarlo en algo nuevo?”) iba claramente dirigida a la cuestión de la evaluación… y eso me despistó.

    🙂

  8. Aún sigo manteniendo mi posición. Es decir, digo que consideras las evaluaciones de los alumnos como “la capacidad demostrada del estudiante de aprender y de utilizar esos conocimientos”. Por su puesto, con esa posición, no evalúas creatividad sino un proceso que es cartesiano (según como la autoridad del sujeto -profesor- cree que su estudiante debe aprehender bien la realidad). Y en base al resultado, la obra final, le pones una nota.

    Pero creo, Ismael, que la reflexión no se trata de dos cosas aparte. De hecho, creo que separarlos es artificial. Todo tiene que ver con la pregunta sobre qué enseñamos y para qué. Desprendo de tu posición que consideras que enseñas para que el estudiante repita un proceso que el profesor considera válido (un método). Pero en ese método no hay separación de reflexiones sobre el autor ni sobre el copyright, como si la educación fuera un tubo de ensayo donde las variables de los discursos sociales no interfirieran. Al contrario, en esa posición hay copyright, hay reflexión autoral, porque la educación es un discurso social.

    En ese contexto, la pregunta de este punteo -es sólo un punteo de ideas- tiene que ver con dejar de considerar la educación como un tubo de ensayo, y entender que la educación debe considerar otras variables. para qué educamos? Y si respondemos esa pregunta diciendo que educamos para el cambio social… puede ser la educación para plagiadores una oportunidad verdadera? Si el único “pecado” es no atribuir citas… el conocimiento se desecha? realmente en una educación para plagiadores evaluamos el producto y no el proceso?

    saludos,

  9. Esto se resume a algo bastante sencillo… cuando un profesor saca material desde Internet, eso se llama investigación… cuando lo hace un alumno, se llama copia….

  10. A veces, sólo a veces, internet es una gran biblioteca o un gran laboratorio de re-elaboración de conocimientos. En esto vale la pena ser bien kantiano y recordar que no hay ideas nuevas. Ni siquiera hay que irse a Foucault. Pero bueno, también.

    Otra cosa, muy diferente, es la copìa, la flojera, el pegoteo, la mañosa utilización de internet como un gran “rincon del vago” y, aqui me parece que hay que detenerse, el uso de internet para repetir cosas dichas por otros sin pensar sobre ello. Ese plagio -antes que delictual o no- forma estudiantes/clientes, trabajadores disciplinados (que no creativos ni críticos ni nada que merezca la pena evaluar), conformistas que no leen lo que copian, forma un infantil subdesarrollo en vez de ideas. Para qué hablar de ciudadanía. Forma consumidores de información que, a mi entender, sólo agregan un foco de distorsión a lo mucho que se escribe y lo poco que se sabe.

  11. Bueno, tengo un gran lio con todo esto. En uno de mis trabajos finales de investigacion, se me dijo por parte de la profesora que ante la carencia de material para mi investigacion podia utilizar cualquier ayuda externa para completar mis ideas. Dicho esto, y ya finalizado mi trabajo, puse en escrutinio de uno de mis mejores amigos mi trabajo. Este me sugirio anadirle varias oraciones que el tenia para mejorar mi trabajo. Sin pensarlo dos veces,las anadi a mi trabajo y lo mande a la profesora, quien a su ves encontro que estas palabras habian sido modificadas de un escrito dejado en el internet. Ahora olvidandose de sus palabras “puede utisizar cualquier ayuda externa”, esta misma profesora me acusa de plagiarismo, poniendo en juego mi carrera, mi futuro y el de mi familia.
    Es sentido de las oraciones estan modificados para actuar en un contexto diferente al que se presume es el original del internet.
    Cometi plagio????, debe acabar mi carrera por este descuido???,las ideas son diferentes aunque utilizan varias palabras de igual significado, aun asi hay plagio???. Rompio su palabra la profesora al autorizarme utilizar cualquier ayuda externa????.

  12. El artículo señala en su punto “Cuatro”: “Aclaremos primero qué se denomina plagio. La RAE lo considera como ‘copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias’. Esto sería, claro, parecido a un robo”. Obviando que lo “primero” hubiera ido mejor en el punto “Uno”, en eso consiste el plagio y no se parece a un robo: lo es. Las reflexiones acerca de la irrefutable construcción colectiva del conocimiento social son absolutamente irrelevantes respecto del tema. Que todo saber se apoya en un saber previo y que toda obra es deudora de otras no tiene nada que ver con la copia textual que se hace circular como propia; para saldar las deudas que todo texto tiene con otros, hace mucho que se inventaron la cita y la referencia. Tampoco tiene mucho que ver la cuestión jurídico- capitalista del derecho de autor, un tema discutible pero distinto. ¿No es obvio que quien reproduzca unos versos anónimos de hace 10, 15 o 20 siglos y los presente como propios mediante su firma falsamente autoral estaría cometiendo fraude? Las posturas pseudo- anarquistas (¿post- capitalistas?, yo juraría que el capitalismo aún vive y colea) acerca de la desaparición de la burguesa figura de autor, se desmoronan por su propio peso cuando el fulano que dice sostenerlas… ¡firma sus textos! ¿Pero no era que nada es de nadie sino todo de todos?, ¿a santo de qué pone entonces su firma individual?
    Plagio es la copia de textos ajenos que se hace pasar como propia y no hay modo de atribuírsela sino firmándola. El académico que plagia es un delincuente que pretende sacar (y en general, saca) un rédito ilegítimo, ilegal y 100% egoísta en términos de evaluación, prestigio, carrera, inserción y remuneración. En todo caso, si por alguna cuestión de principios se niega a citar otros textos, si se trata de un militante contra la apropiación individual del conocimiento colectivo, entonces que no ponga su nombre: que haga llegar su trabajo (al docente, al congreso, al editor) de manera anónima con la firma genérica de “La humanidad”.
    Todo lo otro no es más que apología de un delito que parece inocente pero, lento y seguro, destruye la educación y con ella la producción de nuevo saber.

  13. Uf Deliverio, tranquilo, parece algo alterado(a).

    Cosas en las que creo y que al parecer nos alejan de manera irremediable: 1. que el conocimiento no es una apropiación privada. 2. las nuevas tecnologías se basan en principios que permiten la copia. 3. producto de lo anterior tenemos dos opciones: gastar miles de dólares en un software anti plagio que quedará obsoleto o será hackeado, o que la educación comience a asumir que quizás la cuestión autoral no es una piedra fundante de los procesos de aprendizaje. (4. otra solución sería impedir, por ejemplo, cualquier digitalización de textos).

    Evidentemente, Deliverio, usted prefiere métodos como el software. Le deseo sincera suerte en eso.

    Yo, al contrario de usted, creería que ni la humanidad ni la civilización se destruiría si la educación, como la literatura, se hace cargo del tema desde la apropiación que desde el rechazo policial.

    Con respecto al argumento de por qué no firman como ‘humanidad’, Deliverio, hay que hacer la distinción básica entre la figura del autor con respecto a los nombres propios.

    saludos cordiales

    PD: no se me puede quedar en el tintero que noté alguna idea suya de que las posturas post capitalistas o post modernistas, etc., no pueden sostenerse mientras haya capitalismo (!!). Deliverio, distinga: las críticas agrupadas en el nombre de fantasía ‘post capitalismo’ no reflejan que estamos viviendo una nueva etapa después del capitalismo, sino fundamentalmente SON UNA CRÍTICA AL CAPITALISMO EXISTENTE.

  14. Ya que el comentario de Paz me interpela de manera directa y exclusiva, vuelvo a comentar e intentaré ser breve.
    Primero, Paz, no estoy alterado, estoy tranquilo. Su “respuesta” es de tal inconsistencia lógico- discursiva que impide abordarla con mediana seriedad. Además, le agradecería que no me atribuya posiciones sobre temas que ni siquiera he tratado. Las nuestras respecto del plagio académico se hallan tan alejadas que resultan opuestas por el vértice: Ud. lo defiende y yo lo combato. Punto y aparte.
    Por último, supongo que Ud. no es como el necio y soberbio Humpty Dumpty que pretendía atribuir a sus palabras el significado que él decidiera (Lewis Carrol, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí). “Postcapitalismo” significa después del capitalismo del mismo modo que “postmodernidad” significa después de la modernidad, “postgrado” significa después del grado y así.
    Por favor, Paz, distinga: el prefijo “post” -y mejor “pos”- no significa “crítica a”, Ud. no es Humpty Dumpty y yo no soy Alicia.
    Saludos cordiales.

  15. ya, entrar a explicar que la existencia de la crítica postmoderna no significa que hoy estemos dejando de de vivir en un paradigma -político al menos- moderno (¡vivimos en un estado nación pero gracias a las TIC ya muchos se sienten ciudadanos del mundo!) es, al parecer, una empresa que no nos va a llevar a nada. tampoco si quiera dar los ejemplos de la existencia en latinoamérica incluso de la superposición de mundo premodernos (sí, pre) con los modernos y postmodernos.

    con respecto a lo de Lewis Carrol, decir que me hizo acordar de estupendos análisis postmodernos (sí, postmodernos) de los diálogos de (me entero ahora ‘necio y soberbio’) Humpty Dumpty y Alicia.

    del resto del comentario que ha decidido acabar con el diálogo respetuoso, pues nada, que no comments. no hay otra.

  16. “¿Cómo hacemos caber una educación para plagiadores? En eso trabajo. ¿Alguna idea?”. Yo trabajo en la educación de ladrones de bancos. Puedo financiar “una educación para plagiadores” a cambio de una rentabilidad acorde a los grandes riesgos de la empresa. Contáctame en las afueras de Salt Lake City: tengo pedida la captura.

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