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Egipto y el derecho de autor travesti

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Fotografía por ancama_99, Flickr

Zahi Hawass es un buen hombre. El egiptólogo, hoy secretario general del Consejo Superior de Antigüedades del gobierno egipcio, el año 2003 fue parte de una campaña gubernamental que exigía la devolución de una serie de reliquias antiguas como el Busto de Nefertiti que se exhibe en Berlín, las estatuas de Hatshepsut, hoy en el MET, el obelisco de la Plaza de la Concordia en París y, por supuesto, la famosísima Piedra Rosetta, en manos británicas desde principios del siglo XIX.

Esta semana, algunos días antes del día de los inocentes, notas de prensa internacional informaban de una propuesta del gobierno egipcio para reformar sus normas de propiedad intelectual y les permitiese recibir réditos por las reproducciones de obras de arte antiguo egipcio en el resto del mundo. Las confusas informaciones que se pueden obtener a través de la red, indican que esta norma -apoyada por Hawass- estaría pensada en las réplicas de iguales dimensiones (?) que las obras originales. Según BBC, indica el propio Hawass que el hotel Luxor en Las Vegas no se vería afectado por esta norma, toda vez que no sería una réplica exacta y su interior difería del interior de las pirámides originales (?).

Hablar del absurdo de la idea no tiene mucho sentido y largo se ha escrito en este mismo blog respecto del tema. Sólo deténgase a pensar en la forma de hacer efectiva la norma en todo el mundo, de ser aprobada. Sí creo que es posible sacar dos conclusiones al respecto.

La primera, denominémosla la del buen samaritano. La idea de conseguir fondos para que países del tercer mundo puedan mantener su patrimonio arquitectónico o artístico suena fantástico, de una corrección política de manual. Quién podría oponerse a una iniciativa como esa. La cuestión fundamental, que en nuestras sociedades rurales nos cuenta tanto enfrentar, es quién paga, cuál es el costo. La idea egipcia no es sino una muestra más de utilización, por parte de países en vías de desarrollo, de argumentos que provienen de las grandes economías mundiales, quienes concentran largamente los beneficios que se recaudan por concepto de royalties. Es una apropiación o propietarización del dominio público, que se distingue sólo ligeramente de lo que hace DIBAM a través de su proyecto Memoria Chilena.

En segundo lugar, el derecho de autor, entre otras cosas está pensado como una herramienta legal para el fomento a la creatividad. Es decir, se explica la existencia de este conjunto de derechos precisamente porque su explotación supondrá que los autores puedan recibir réditos por la explotación de sus obras y por tanto fomentar la creación de nuevas obras artísticas. Pero así como el constante aumento de los plazos de protección no ayuda a entender esta situación, la apropiación o privatización de obras que se encuentran en el dominio público apunta precisamente al sentido contrario. A través de este tipo de iniciativas arrancamos obras que se encuentran disponibles para nuestro libre uso y las encerramos con estas llaves legales, prohibiendo, clausurando.

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Fotografía por Ali-PG, en Flickr

Pero si hemos llegado a que el gobierno egipcio piense siquiera en todo esto es porque tenemos un derecho de autor que hace rato no está siendo usado para fomentar la creación. Desde hace años somos testigos de un morboso crecimiento de un derecho que dice proteger a los autores pero más bien protege a poderosos intermediarios. Un derecho que en lugar de fomentar la nueva creación a partir de la tecnología digital, la inhibe levantando cercas y alambres de púa a todo lo que huela a utilización de terceros.

La serie de cambios que ha supuesto el que los derechos de autor sean regulados en tratados internacionales de comercio tienen como directa consecuencia que pueda ser utilizado para fines que distan por lejos de la libertad de crear y difundir las artes. Aumentos de plazos de protección, disminución del dominio público, pulverización de excepciones y limitaciones al derecho de autor son sólo herramientas para que este derecho sea esgrimido por multinacionales del entretenimiento en contra de sus potenciales clientes. Son herramientas para ser utilizadas por los guerreros del derecho de autor que distan de ser creadores.

Así logramos tener un derecho de autor travesti, que dice proteger la creación pero que finalmente es un cálido hogar para la explotación políticamente correcta del patrimonio cultural de la humanidad. Que se viste de santo para propietarizar nuestra cultura.

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  1. Excelente, como siempre.

    Coincido plenamente con la parte final de su reflexión y el alejamiento paulatino de la propiedad intelectal de su fin último cual es el impulso de la creatividad, propiciada por los mercaderes y no por los autores.

    Al final acabaremos todos pagando a los griegos por las aportaciones de su filosofía o cuando alguien ponga una columna en su casa.

    Otro absurdo más y van….

    Un saludo.

  2. Impresionante. Este tema no deja de sorprenderme. En especial porque ahí donde parece haber sentido de equidad (o al menos sentido común) uno descubre nuevamente la sinrazón.

    Esto me lleva a pensar (digresiones de una) La concentración del conocimiento y la cultura se empieza a ir de las manos y se toman medidas que parecen desesperadas, irracionales.

    Lo mejor de todo es a quien van dirigidas estas cargas. La clase media, trabajadora. El comercial que se muestra en el cine de la familia mexicana donde la madre (que parece una madre trabajadora, muy cansada, de una familia que parece ser de jefatura femenina, con dos niños que se ve no asisten a los mejores colegios) compra una película pirata y luego se le lanza en la cara un argumento moral para favorecer el control social de su conducta desviada, una moraleja para el pueblo, es un buen reflejo de esto.

    Al final esto tiene que ver con la distribución del poder, que no me vengan con cuentos.

    Y sí, algo debe quedar para nuestros hijos.

    Gracias, buenísimo el texto ¿por qué no estás en columnas en papel? ¿o estás?