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Creative Commons: el futuro del derecho de autor

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En los últimos años, la propiedad intelectual pasó a ser uno de los elementos más importantes en los tratados internacionales de connotación comercial, cuyos ejemplos más cercanos en nuestra región con los acuerdos bilaterales de libre comercio. Esto, lejos de implicar un estándar equilibrado a nivel internacional, ha ido en detrimento de los intereses del público.

Esta tendencia sobreprotectora se ve reflejada en distintos campos, pero no es sino en la devastación de las excepciones y limitaciones al derecho de autor donde se hace más evidente, dejando al desnudo al público y a los nuevos creadores. Así, al suscribir tratados de libre comercio, y obligarse por tanto a homologar su normativa interna, nuestros países no miden con la misma medida las normas que permiten mayor protección que las que permiten equilibrar esto con los intereses del público, derivados del acceso.

La masificación de la tecnología, y en particular la relevancia de Internet como una oportunidad de desarrollo cultural, ha supuesto la necesidad de replantear los paradigmas que fundamentan la regulación tradicional de derecho de autor. Esto se produce porque la regulación tradicional no ha dado respuesta a las necesidades de los autores en la era digital y, principalmente, al hecho de que hoy, en alguna medida, somos todos creadores. Más aún cuando los intereses de las grandes industrias del entretenimiento -no necesariamente de los autores- son quienes han liderado las reformas para que la legislación se adapte a la era digital.

Uno de los cambios fundamentales que ha supuesto Internet es la mejora radical y sustantiva de los medios de distribución de contenido. Internet, para muchos, ha implicado la oportunidad única para cambiar la forma mediante la cual la cultura y el arte llegan hasta el público, para hacerlos más accesibles y directos. El problema es que esta regulación, a pesar de ser realizada con el apoyo de los sectores que representan a los autores, ha terminado limitando la creación y desaprovechando las oportunidades que brinda la tecnología.

Es así como se explica el nacimiento de alternativas de licenciamiento abierto o libre, que permiten utilizar las potencialidades que otorgan las nuevas tecnologías para la difusión de la cultura. Estas alternativas, entre las cuales Creative Commons surge como una de las de mayor impacto, se construyen a partir del sistema de derecho de autor tradicional para dar respuesta a los desafíos que impone la masificación de la tecnología y que no son resueltos en forma satisfactoria por la legislación vigente.

Así, Creative Commons ofrece a los autores la posibilidad de marcar sus obras con las libertades que deseen, entre seis alternativas posibles. Lo que en un principio era solamente un sistema de licenciamiento libre y gratuito, se he transformado en mucho más, siendo hoy un movimiento de carácter internacional, con presencia en más de 70 países y contando con más de 170 millones de obras licenciadas en todo el mundo. Son miles de autores los que utilizan un modelo de derecho de autor que se aviene mejor con la nueva realidad para la difusión del conocimiento y de la cultura.

Creative Commons se transforma en una alternativa gratuita y original para, por un lado, entregar certezas a terceros que encuentran estas obras a través de la red y, por otro lado, permitir a los autores utilizar en forma amplia las posibilidades que entregan estas nuevas tecnologías para la difusión de sus obras. Lo anterior se facilita con las herramientas de búsqueda avanzada, tales como Yahoo! y Google, que permiten encontrar obras licenciadas de esta forma.

Pero Creative Commons no ha supuesto sólo beneficios para creadores y públicos. Alternativas derivadas del software libre y de licenciamiento abierto en general han permitido el nacimiento de nuevas formas de negocio. Negocios que no se acaban con el boom de las “punto com”, sino que basan su valor precisamente en el trabajo colaborativo de sus miembros, generando una nueva economía, una economía horizontal que ha sido denominada “sharing economy”. Sellos discográficos como Magnature o Jamendo, periódicos como 20minutos y sitios web como el de la Presidencia mexicana o la Biblioteca del Congreso chilena, han decidido licenciar sus contenidos con alguna de estas licencias, permitiendo que sus obras se difundan legalmente a través de internet y, de esta forma, generar réditos distintos a los que se esperaban en la economía del pasado.

Hoy, cuando el valor parece estar en el cambio radical de los modelos de negocio en las industrias del entretenimiento existentes, Creative Commons se sitúa en un lugar equidistante entre el dominio público y el derecho de autor tradicional. En definitiva surge desde la necesidad de los autores por utilizar la tecnología a su favor, saltándose los intermediarios. Una alternativa para evitar los absurdos de un derecho de autor del pasado.

Columna publicada en la edición de Diciembre de Terra Magazine

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  1. De acuerdo, creo que por ahi va la cosa. Sobre todo en la industra de la música. Los sellos no se han dado cuenta de que el vender discos dejó de ser su negocio.

  2. Hola!
    Gracias por mencionar jamendo entre los web que utilizan licencias Creative Commons…
    La verdad es que para una plataforma musical como la nuestra, es lo ideal, es es lo que ha permitido nuestro éxito!
    Un saludo y hasta pronto
    Lucile alias jamanda en Jamendo

  3. Lo interesante será cuando la licensia CC pase de un uso centrado en internet a otras áreas: publicaciones científicas, libros (reales no virtuales), centros culturales etc…