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Elvis y la apropiación del conocimiento

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Foto, EFE@20minutos.es

Ya perdí la cuenta las veces que he visto Aloha from Hawaii y ya no me acuerdo cuando fue la primera vez que me conmoví con Also Sprach Zarathustra de Strauss, con la que El Rey acostumbraba abrir sus conciertos. Todavía guardo -casi sin poder escucharlo- el cassette donde solía escuchar reiteradamente aquel recital en el Madison Square Garden. Y por supuesto que sé casi de memoria Can’t Help Falling In Love, que hacía del final algo absolutamente glorioso.

En la última de las siempre interesantes columnas de mi admirada Marisol García intenta desmarcar a Elvis de las acusaciones de racismo que se le han formulado hasta hoy, y sostiene que una de las explicaciones de la antipatía que generaba en círculos conservadores se explica, en gran medida, porque Presley cantaba “cosas de negros y como los negros a las hijas de las familias blancas y decentes“.

Y claro, uno de los lugares más comunes que existen respecto de la figura del hijo ilustre de Memphis es que a través de su música logró romper barreras sociales absolutamente consolidadas en la época, dándose el gusto de rescatar desde el ostracismo de la segregación racial a viejas leyendas de la canción negra. De más está agregar, qué hizo El Rey con las barreras sexuales: sacudidas de pelvis hasta más allá de lo permitido mientras en países como el nuestro, nuestras madres o abuelas recién aprendían lo que era tener derecho a voto.

Y como sucede en casi todo lo que tiene que ver con Elvis, hay discusiones profundas y sin solución a la vista. Como decía, para algunos, Elvis tuvo la gracia de cooptar la rica tradición musical afroamericana que de otra forma era muy difícil que pudiera ser conocida a través de medios tradicionales en los años cincuenta. Para otros, estas indudables contribuciones de la música negra al rock&roll se transformaron en aportes invisibles a la transformación de la música popular, sirviéndose por tanto, Elvis, de la música negra sin dar los suficientes créditos de su éxito.

Sea como fuere, hasta hoy Elvis es también una máquina de hacer dinero. Y bien lo sabe la temible EPE, siglas de Elvis Presley Enterprises, figura legal que hoy controla la explotación de todo lo que tenga que ver con la figura del rey del rock. Y dicho sea de paso, desde hace varios años que sus dueños distan de tener relación con familiares directos de Elvis Presley.

Desde su fundación, esta compañía ha intentado controlar cualquier tipo de utilización o explotación comercial que se haga no sólo de la música de Elvis, que como cuenta Erika Doss, ha llegado incluso a llevar a juicio a algunos imitadores suyos en Las Vegas, quienes hacían uso indebido -según EPE- de características propias del Rey, como el falsete, los trajes y el peinado.

Con el tiempo es claro que Elvis es uno de los mayores ejemplos conocidos de alusión musical, de uso y re uso del patrimonio cultural musical. Lo que resulta paradójico una vez más, es que al igual que lo que sucede con el nefasto Stephen Joyce, los intereses de quienes terminan siendo titulares de los derechos de creadores distan profundamente de lo que el propio artista quiso expresar. Lo que Elvis hizo con B.B King, Chuck Berry, Ike Turner, Arthur Crudup y Fats Domingo, los músicos actuales no pueden hacerlo por miedo a las empresas Presley.

Hoy, que se cumplen treinta años de la muerte del Rey, sigue vendiendo más discos que hace décadas atrás y generando más discusiones que a su muerte. Desde acá el más sincero homenaje de QLN.

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