in General

Youtube y los beneficios del negocio (parte 2)

Más complicado de la cuenta nos ha salido la redacción de la anunciada segunda parte del artículo donde hablábamos de Youtube y los beneficios del negocio. Lo complicado ha venido principalmente por la cantidad de noticias que todos los días dispara este tema, desde la valorización de la empresa hasta fórmulas de negocios con grandes de la industria.

Todo esto nos dice, obvio, que el tema está de lo más hot, por tanto no podemos ser menos en QLN.

En el capítulo anterior les explicaba la situación de Youtube en el tiempo y en el espacio. Les contaba en particular de las decisiones que deben estar tomándose en estos momentos respecto de cual modelo de negocios seguir para explotar económicamente este monstruo mediático.

La pregunta sobre cómo se financie Youtube ha sido materia de discusión bastante dilatada en distintos lugares, especialmente en blogs y similares. Tanto que algunos como Nick Douglas han apostado a la inminente muerte de Youtube atreviéndose incluso a tirar nueve razones de porqué morirá.

Como la intención acá no es darle tips a Chad Hurley o a Steve Chen, intentaremos develar las implicancias que tendría asumir el modelo de la explotación de los derechos de propiedad intelectual cedidos por los usuarios al servicio.

Toda esta discusión fue ilustrada hace unos días por Xeni Gardin en -donde más- BoingBoing, donde explican los cambios que hubo en los términos de uso de Youtube.com. Estos cambios, según explica Eliot Van Buskirk de Wired, implica que los usuarios que suben videos a la red de Youtube le entregan a ésta muchos más derechos que antes.

La cláusula es la 5.B de los términos de YouTube que señala:

However, by submitting the User Submissions to YouTube, you hereby grant YouTube a worldwide, non-exclusive, royalty-free, sublicenseable and transferable license to use, reproduce, distribute, prepare derivative works of, display, and perform the User Submissions in connection with the YouTube Website and YouTube’s (and its successor’s) business, including without limitation for promoting and redistributing part or all of the YouTube Website (and derivative works thereof) in any media formats and through any media channels. You also hereby grant each user of the YouTube Website a non-exclusive license to access your User Submissions through the Website, and to use, reproduce, distribute, prepare derivative works of, display and perform such User Submissions as permitted through the functionality of the Website and under these Terms of Service.

En castellano, significa que Youtube podría eventualmente hacer un compilado de videos o bien vender alguno de los videos subidos por usuarios a alguna agencia de publicidad para ser parte de un spot televisivo (tal como pasa sin ir más lejos con Myspace), todo esto sin el previo consentimiento explícito del autor, puesto que él se encuentra implícito en las condiciones de uso del servicio.

Teniendo este dato sobre la mesa, uno podría fácilmente pensar que las condiciones de Youtube son abusivas para los usuarios que suben contenido y que en definitiva constituye la particularidad del sitio web. Frente a esto, Jennifer Nielsen, Directora de Marketing de YouTube, apunta que Youtube “nunca ha intentado vender ni obtener ningún derecho para vender en un CD o en algún otro medio físico ningún video subido por sus usuarios”. Aclara, además, que el contrato de términos de uso del servicio establece que “Para efectos de claridad, usted retiene todos los derechos de autoría de sus User Submissions (videos subidos)”, finalizando diciendo que “La precedente licencia consentida por usted termina una vez que usted quita o elimina un User Submission (video) desde el sitio deb de YouTube.”

Todo clarito, salvo el hecho que la frase anterior sólo aplica para hechos consumados. Me explico, si YouTube eventualmente vendiera algún contenido a un tercero, explotándolo comercialmente y el usuario quien subió el video no estuviera de acuerdo, pues entonces no bastaría con darse de baja en YouTube o eliminar el video, puesto que según los términos de las condiciones de uso, ya hemos autorizado a ello. Todo esto, por supuesto sin que el usuario vea peso alguno de la explotación de sus videos.

Pero todos sabemos que un sitio como YouTube necesita sobrevivir y pagarle a sus empleados y crecer y todo eso. Y por tanto una de las alternativas que seguro se barajan son la explotación de los derechos de autor de dichos videos. De los derechos de autor de quien, se preguntará usted, lector atento. Pues en los términos explicados arriba, de los derechos de autor de sus usuarios, claro está.

Dejando de lado lo justo o no de dicha eventual situación, si pensamos en que la gracia de sitios como Youtube es precisamente la capacidad de albergar todo tipo de videos y la posibilidad que cada uno de nosotros pueda subir a la red videos caseros hechos con creatividad y gracia, pues pareciera ser que un modelo de negocios que no comparta los beneficios de la compañía con lo que le da precisamente valor a la compañía es un modelo de negocios que podría atentar contra el ethos de YouTube, el que es un sistema amistoso y que permite la colaboración entre los usuarios. Todo esto sin tomar en consideración, por ejemplo, que al contrario de lo que sucede con otros ejemplos de sitios colaborativos de similares características como Flickr, en YouTube los usuarios no tienen posibilidad alguna de licenciar a través de sistemas alternativos los contenidos que suben, quedando por tanto todos los videos con la protección por defecto del derecho de autor. Así es, con todos los derechos reservados. Y eso que Steve Chen en persona hace más de un año atrás comentaba que estaban estudiando la posibilidad de establecer un procedimiento para que los usuarios escojan la protección que quieren, incluyendo el sistema Creative Commons.

Frente a esto, han aparecido varios “clones” de Youtube (algunos apuntan que hay más de 150) que con mayor o menor éxito pretenden conseguir una parte del mercado que Youtube ostenta casi en soledad, salvo con la timida y algo fallida aparición de Google Video.

Les pongo un ejemplo real. Fritz Grobe y Stephen Voltz son dos norteamericanos con algo de tiempo libre que a partir de 101 botellas de Coca-Cola Light y 523 pastillas de Mentos realizan una performance notable imitando fuentes de agua a partir de la reacción química que se produce en la mezcla de esas dos sustancias. Subieron el video a Revver.com y en pocas semanas los resultados fueron espectaculares: más de 6 millones de visitas al video sin contar que muchos usuarios subieron el mismo a Youtube y a una cantidad inimaginable de clones.

¿Y por qué no en YouTube? Pues porque Revver.com es un “clon” de YouTube que toma en consideración lo que hemos apuntado más arriba permitiéndole a los creadores que suben videos al sitio el compartir las ganancias recibidas por la publicidad incluida en ellos. ¿Resultado? Luego del video Grobe y Voltz han recibido más de us$20.000 sólo por este concepto, compartiendo por partes iguales los beneficios publicitarios con Revver.

Tanto éxito tuvo el video, que como les contaba, fue subido en paralelo a YouTube, a Google Video y a una serie de otros clones más, cosa que a Grove o Voltz no les hizo nada de gracia, puesto que estas compañías no comparten sus eventuales beneficios con ellos. Así es como en su página web piden expresamente no postear sus videos en sitios como YouTube y Google.

A la larga, pareciera ser que montar un servicio colaborativo y no tener una política clara de colaboración también respecto de las ganancias de la compañía podría llevar a que Youtube se transforme en el nuevo Napster, como algunos sostienen.

Al parecer los vientos de la economía están llevando a que el modelo escogido sea el establecer relaciones fuertes con los grandes conglomerados de medios para que sean dichos beneficios los que permitan solventar financieramente las subidas gratuitas por parte de los aficionados. Y de paso, hacerse socios con quienes eventualmente podrían taparlos de demandas por usos no autorizados de contenidos protegidos por derecho de autor. La colaboración, a final de cuentas, y en algun sentido, nos podrá hacer libres, parecen decir.

Write a Comment

Comment