in Uncategorized

Instituto Nacional

En mi primer año en la Facultad, una de las cosas que más me llamó la atención fue el primer 10 de Agosto. En la semana previa, misteriosamente aparecieron afiches artesanales en las paredes del edificio invitando a una celebración en el patio a un costado de la pileta. Fui, claro. Y compartí con perfectos desconocidos un vasito de champaña y gritamos el famoso grito del colegio.

Idioteces, dirá usted. Y bueno, sí. Idioteces, pero que tienen algún sentido, como no pasa con la gran mayoría de las idioteces. ¿Idioteces que hacen sujetos que se creen pertenecientes a algo especial? No creo. Más bien prefiero verlos como ritos, ritos inexplicables e importantes que nos reconocen como lo que somos no más, ni menos: sujetos privilegiados por habernos educado en colegio municipal, de esos con número, pero con educación de calidad y con un rigor prusiano que a estas alturas de la vida uno igual aprende a agradecer. Incluso algunos lo agradecemos con los dientes apretados, pero no nos queda otra. De alguna forma lo que somos se ve moldeado por nuestra educación, y en el caso nuestro, de una educación laica, de alguna forma estatal y con valores republicanos. Y que el trabajo todo lo vence.

Y eso es algo que no se ve en todos lados.

Y por eso quiero a mi colegio y todavía me emociona recordarlo. Feliz 193 aniversario.

Write a Comment

Comment

  1. Felicidades también para usted, porque todos somos Institutanos, del auxiliar hasta el rector (bueno, depende de quién esté).

    Sí, suena como mafia organizada, ¿pero quién no se ha encontrado con alguien del Instituto en la circunstancia más extraña…?