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Musicos canadienses contra DRM

Varias veces hemos comentado en estas mismas páginas respecto de las reacciones de los músicos ante las medidas de gestión de derechos digitales o gestión de restricciones digitales promovidas por la industria del entretenimiento.

En español, medidas para imponer políticas predefinidas de control de acceso a software, música, películas o cualquier otro dato digital y hardware.

Y es, claramente, una respuesta de la industria dada su preocupación ante la aparición de nuevas tecnologías. Y los músicos, por su parte, deberían tener cosas que decir.

Como lo comentábamos anteriormente, Dave Matthews Band prohibió a Archive.org que sus presentaciones en vivo fueran subidas a su archivo digital, y no contentos con ello su último disco, Stand Up, cuenta con preciosos sistemas de DRM ultra intrusivos, llegando en algunos casos a destrozar tu sistema operativo.

Pero gracias al link que nos indica Beatriz Busaniche, la Canadian Music Creators Coallition piensa distinto. En un comunicado de prensa firmado por disímiles artistas entre los cuales están Avril Lavigne, Sarah McLachlan, Stars, y mis admirados Broken Social Scene sostinen dos puntos fundamentales:

1. Demandar a nuestros fans es destructivo e hipócrita
Los artistas no queremos demandar a nuestros fans. Los sellos han estado demandandolos en contra de nuestra voluntad, y las leyes que permiten estas demandas no pueden ser justificadas en nuestros nombres. Nos oponemos a cualquier reforma a la propiedad intelectual que facilite a las compañías seguir haciendo esto. El gobierno debería abolir las cláusulas de la Copyright Act que permita a los sellos castigar injustamente a los fans que compartan música con propósitos no comerciales con daños legales que van desde us$500 a us$20,000 por canción.

2. Los candados digitales son riesgosos e improductivos
Los artistas no apotan el uso de candados digitales para aumentar el control de los sellos sobre la distribución, uso y disfrute de música o de leyes que prohiban el evitar estas medidas tecnológicas. El gobierno no debiera ciegamente implementar tratados de hace décadas para entregarles el control a los grandes sellos y tomar decisiones lejos de los artistas y los consumidores. Las leyes deberían proteger a los artistas y a los consumidores, no limitar a las tecnologías. Los consumidores deberían ser capaces de transferir la música que han comprado a otros formatos bajo el derecho de uso justo, sin tener que pagar dos veces.

Notable escuchar la voz de los músicos en un mundo en el que son los sellos y las multinacionales las que aparecen todo el tiempo hablando a nombre de ellos. Siempre sospeché cuando esa banda que tanto amo me decían que me tachaban de delincuente sin haber jamás robado algo. O cuando me decían que esa otra banda que tanto amo me miraba con desaprobación si le envío por email a mi amigo esa canción que tanto me emocionó.

Lo que es bueno para los artistas, lo saben los artistas.

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  1. broken social scene
    el retorno de la melodía
    o del carácter iconoclasta del rock

    Broken social scene. Buen nombre para un grupo. Antes de comenzar a escribir pensaba en ello. No son ingleses, tampoco del sur norteamericano. Tampoco tienen apariencia de ‘rockers’. Se parecen más bien a un grupo universitario después de la última clase. Si se cruzan con alguno de ellos por la calle ni se enteran. Y es que la apariencia es accesoria; sin el músico no dice nada. No está bien jugar con factores como la ropa que usan o “a qué suena su nombre” (sobre todo al momento de comprar un disco) si no es por reflexionar un poco qué estamos escuchando. En este sentido, no sólo como nombre, sino como grupo, BSS es perfecto. Mientras repaso algunas de sus fotos y sus discos, pienso que la buena música no siempre ha partido de una sencilla estrategia de marketing, sino de, simplemente, decir la verdad.

    Aunque parezca inconcebible, hasta hace diez años las estrellas del rock hacían lo imposible por parecer rebeldes y díscolos. El último intento por reivindicar la rebeldía, terminó por claudicar porque detrás de las apariencias, la distorsión de los sonidos y la reproducción de monótonos e irritantes compases, no había nada, sólo el carácter iconoclasta del rock y la banalidad de algunas de sus corrientes.

    Gracias a que los músicos aceptaron la fugacidad de la fama y el disfrute, el rock ha sobrevivido y evolucionado a tal punto que quizá por ello no necesita formularse lo que prefiere su público, sino sólo tocar cada vez como si fuera la última.

    La euforia inicial que estremeció no sólo los oídos de los adolescentes sino también la cultura mundial, se transformó en una actitud reflexiva, una forma sutil de rebeldía como la de Gandhi o Lennon, o los ‘beatniks’ y Siddartha Gautama.

    A partir de la muerte de Kurt Cobain, el rock comenzó lo que sería su nuevo éxodo; se notó una intensa búsqueda por originalidad, pero en círculos no tan masivos, como, digamos, los del ‘rock alternativo’. Por otro lado, lo ‘comercial’ comenzó a ser cada vez más rápidamente digerido, y por cierto, también menos escuchado. Esta coyuntura propició el advenimiento de nuevas ideas. Una generación de músicos, desde diferentes lugares del planeta, crecía con propuestas mucho más realistas. El mundo giraba en torno a masacres, genocidios y guerras, y mientras eso sucedía, la radio fantaseaba con propuestas bastante menos creativas y anacrónicas.

    Fue así como el rock volvió a mirar hacia adentro y acertó con la siguiente fórmula: estética más una coherente exposición de ideas: regresar al origen y recapitular. Quedaron rezagados en este proceso los berrinches del hip hop y los alaridos del punk: no más distorsiones gratuitas ni tamborileos de loco. El siguiente paso fue identificar al auditorio con sus experiencias presentes. Y así se hizo, con creatividad.

    camera obscura

    Esta ola trajo consigo, además de una propuesta artística nueva, también nuevos términos: emo, por ejemplo, es un apócope de la palabra inglesa emotion (emoción, en castellano), usada también como prefijo de otros sustantivos de corrientes musicales (emo punk, por ejemplo); representa no sólo una moda, también el discurso de una generación, un estado emocional permanente e intenso, pero sutil y misterioso, que se mantiene siempre en el límite, ‘con el arco templado en el blanco’. Coincide, además, con el retorno de un espíritu postergado: la melodía. Nos recuerda en muchas de sus formas a los beatniks y quizá tiene un poco de esa melancolía gótica de inicios del siglo 19.

    La moda, por su parte, definió el estilo. Optó por negar la tendencia iconoclasta que caracterizó durante muchos años al rock, y definió el nuevo estilo: cuanto más nerd pareces, más atractivo resultarás, no necesitas romper tu guitarra ni untarte el torso con mantequilla para fascinar a tu auditorio. Términos como hard core o death metal ahora son meros arcaísmos. Ya no concebimos músicos sin peinado con raya al costado y con la misma expresión de Edward Scissorhands. Ahora no sólo deben tener oficio, sino también practicar mucho frente al espejo cómo mantener el rostro inexpresivo. Y conocer, además, la diferencia entre ser nerd y parecer nerd.

Webmentions

  • Aló, DRM Pizza? at Quemarlasnaves.net June 11, 2007

    […] conocer el texto, si comprábamos el CD. También respecto del mismo tema, comentábamos sobre una declaración de músicos canadienses sobre los sistemas de DRM y de los problemas del DRM con la ley del […]

  • Día Mundial contra el DRM at Quemarlasnaves.net June 11, 2007

    […] Claro que no todo el mundo piensa lo mismo. También les contábamos de un grupo de músicos canadienses tan dispares como Avril Lavigne, Sarah McLahan, Stars y Broken Social Scene han declarado en forma rotunda su negativa a que sean usados sus nombres para campañas que alienten el uso de sistemas de protección anticopia por ser riesgosos e improductivos. […]