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MP3 para celulares: primera batalla

La noticia salió en la edición de hoy de Las Últimas Noticias. El sello La oreja, uno de los sellos nacionales más importantes del momento, junto con Movistar permiten que los usuarios de dicha compañía de teléfonos celulares bajen en forma directa MP3 de las bandas pertenecientes al catálogo del sello previo pago de $1.300 (unos us$2.5) por canción. El catálogo del sello incluye a artistas chilenos bastante importantes, como Los Búnkers y el mismísimo Álvaro Henríquez.

José Miguel Torres, gerente de desarrollo de Movistar explica que

La música se obtiene del catálogo de La Oreja y se ofrecen en distintos niveles de compresión y calidad de sonido. Una vez almacenado el archivo en el teléfono, se puede traspasar al computador o a cualquier otro dispositivo para escucharlo

Bueno, ¿Cuál es el problema?
Pues el formato de almacenamiento, nuestro conocido MP3.

Como sabemos, el formato MP3 por definición no incluye sistemas de protección ante la reproducción de obras protegidas, lo que permite hacer lo que José Miguel Torres señala, esto es, que una vez comprada la canción, pueda ser traspasada a otra unidad de almacenamiento sin necesidad de volver a pagar por lo ya pagado.

Y los sellos multinacionales, evidentemente que no están de acuerdo con esta liberalización. Los sellos alientan más bien la comercialización de música en formatos que permitan la protección de los “derechos de autor” que en estos casos es un eufemismo para señalar “derechos patrimoniales que eran del autor y ahora nos pertenecen a nosotros“. Los sellos prefieren sistemas también propietarios como WMA 9, pero que no permiten su ejecución en sistemas que no sean Microsoft Windows. Simpático, ¿no?

Más todavía, el gerente de productos y servicios de Entel PCS, Juan Cristóbal Marchena se atreve a agregar que “el MP3 no es seguro y fomenta la piratería“.
A pesar que mi objetivo no es defender el formato MP3 (por filosofía preferiría el OGG, pero esa es otra historia), hay que tener cuidado con hacer aseveraciones como esa por dos motivos:

1.- “El MP3 no es seguro”. Bueno, entonces ¿WMA sí es seguro? Es cosa de recordar la tristemente célebre historia del rootkit de Sony del cual ya hablamos acá mismo en su momento. ¿Para la industria es más seguro un sistema de protección que instala software espía en los computadores de sus consumidores? ¿Es ese el paradigma de seguridad del que se está hablando?

2.- “El MP3 fomenta la piratería”. Preguntas: ¿El .DOC fomenta las cartas de amor? ¿El .PDF fomenta la producción científica? Decir que la existencia de un sistema que permite distribución libre (insisto, a pesar de no ser un sistema en sí mismo libre) fomenta, es decir promueve, impulsa o protege a la piratería, es una estupidez de tal calibre como sostener que los cuchillos fomentan los asesinatos a sangre fría. Quien se atreve a decir cosas como estas debe estar en condiciones de tener muy buenas razones para decirlas. Y yo las espero con ansias.

Después de todo hay que tomar en consideración incluso una última cosa:
¿Quién reclama? ¿Los autores? No, la industria.

Créditos de la imagen: Wazari, Stock.Xchng

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  1. Entre las instituciones chilenas que dicen “proteger” a los autores y la SGAE española no hacen uno.

    Comparando con lo que he visto en sitios extranjeros dedicados a la venta de singles en formato MP3 me parece un poco excesivo $1.300 por cada tema en comparación por ejemplo con http://www.soundclick.com, en donde el valor de la mayoría de los singles en ventas no supera los USD$0.99

  2. Sabes que eso tiene una explicación, y creo que se la escuché a alguien de la industria musical. Me contaban (si alguien tiene más información, porfa que contribuya acá mismo) que la SCD tiene una tarifa por la distribución de canciones a través de Internet. Y cobra (acá estoy sólo lanzando una cifra) $500.- por canción sólo por cobro de derechos. Esto significa que cualquier negocio de venta de música por Internet deberá vender sus temas a un precio superior a estos $500, lo que implica un encarecimiento sustantivo respecto de las tiendas de venta de música internacionales. Una vez más vemos como quienes dicen defender a los autores les impiden ser distribuidos a través de precios excesivos.