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Los Justos: Borges sobre el p2p


fotografía encontrada en mundolatino.org

Lo cuenta Jorge Luis Borges,

Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Lo siento el casi copypaste, pero lo explica magistralmente, como de costumbre, Hernán Casciari.

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  1. es brillante…. estan salvando a mundo” cualquier persona por mas insignificante que sea su labor en esta tierra lo esta salvando…por que ?? no lo se pero hay algo que impulsa al hombre a seguir ese ideal …cualquiera que ese sea la magnanimidad que este tiene hace actuar por inercia la existencia del mundo ..¿que sera cuando la utopia deje de fluir por la mente humana? …posiblemente el fin de los tiempos (:

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  • Quemarlasnaves.net | derecho, internet y tecnología » Blog Archive » Borges y la difusion de las obras artisticas November 7, 2007

    […] Un día como ayer 😛 hace 20 años fallecía Jorge Luis Borges, uno de los más creativos escritores conocidos por estas zonas. Ya habíamos hablado de él hace un tiempo respecto de esa maravilla a estas alturas ultra referida y linkeada de mi admirado Hernán Casciari denominada Los Justos. Buenos Aires, 1923. Borges acaba de publicar su primer libro, el poemario Fervor de Buenos Aires. Son 300 ejemplares, sin índice, sin numeración en las páginas. Borges cree que la mejor difusión de su obra es regalarla. Una tarde llega a la revista literaria Nosotros con cincuenta ejemplares bajo el brazo. Alfredo Bianchi, uno de los directores, lo recibe y pregunta azorado: “¿Esperás que venda todos estos ejemplares?”. “No —responde Borges—. Aunque escribí este libro, no estoy loco. Pensé que podría pedirle que los metiera en los bolsillos de esos sobretodos que están ahí colgados“. Un año después, de regreso de su segundo viaje a Europa, Borges descubrirá que algunos de los dueños de esos sobretodos habían leído sus poemas e, incluso, escrito acerca de ellos. Se gana, así, su primera reputación de poeta. […]