Agrega el artículo de La Tercera que “El artefacto puede producir sonidos de más de 115 decibeles, un volumen que puede dañar la audición de una persona expuesta a ese tipo de sonidos por más de 28 segundos al día, de acuerdo con la querella.”
Yo la verdad no sé si es mi idea, si ya estoy quedando sordo o qué, pero siempre he estimado que el volumen del iPod es bastante más bajo que el de otros aparatos de música móvil que he tenido, léase principalmente el Discman. De hecho, fue una de las cosas que más me sorprendió cuando adquirí mi maravilla. Y me sorprendió quizás no porque suene efectivamente despacio, sino porque tal vez para los estándares norteamericanos o europeos los niveles de decibeles que reciben sus oídos son absolutamente mínimos al lado de los que recibimos, por ejemplo, los santiaguinos.
En zonas residenciales, entre 7 y 21 horas los niveles de ruido no pueden superar los 55 decibeles, pero según mediciones del SESMA en la mayoría de las esquinas de la capital esto no se cumple, llegando a superar los 80 decibeles en muchísimos casos.
¿A donde apunto?
Apunto a que el tercermundismo se refleja también en estas cosas, en aceptar como algo normal cantidades de ruido alarmantes que hacen que tengas que subir el volumen de tu reproductor de música para evitar el ruido del sound y la cumbia que al chofer de turno le gusta tanto poner a todo volumen te ponga de mal humor, o que tengas que subir el volumen porque con tanto bocinazo en las calles definitivamente no puedas escuchar tranquilo lo que llevas.
Por ahí va la cosa. Si a algún abogado astuto se le ocurre presentar una demanda como esta la verdad es que sería paradójico. ¿Quién tiene la culpa?
¿Apple por permitirte subir el volumen de tu música, o el ruido de ambiente que te obliga?
Si es así, todos quedaremos sordos, y no por culpa de ruidos agradables a volumenes altos, sino que por estar expuestos a altos ruidos además de desagradables e involuntarios.
“En 1997 registré el dominio deusto.com. Ahora viene Planeta Agostini, propietaria de Ediciones Deusto, y mediante sus abogados me envía cartas y burofaxes diciendo que les transfiera el dominio porque tienen la marca “deusto” registrada. Ellos registraron la marca en el 2002 (repito, el dominio lo registré en 1997), y el dominio ha estado aumentando, con mucho trabajo y esfuerzo, en visitas y en contenido durante 8 años y medio, con más de 1.250 relatos publicados y 3.300 subscriptores al boletín de noticias. Hasta la semana pasada recibía 80.000 visitantes únicos mensuales.
Me han puesto una demanda ante la WIPO, han contratado a un importante bufete de abogados de Madrid, y me han suspendido el dominio, con lo que mis visitantes han desaparecido y mi sitio ha bajado estrepitosamente en Google.
Deusto es el nombre de un barrio de Bilbao, de la Universidad de Deusto (http://deusto.es), de una ferretería, de una consultora, de una panadería, etc.
¿Es esto justo? ¿Me van a quitar el dominio sólo porque tienen más dinero para pagar a los abogados?
El contenido del sitio lo podéis ver todavía en http://literatura-digital.com. Espero que no registren esa marca también mañana y me lo quiten.
Por cierto, Planeta no tiene ni deusto.es, ni deusto.net, ni deusto.org. Y deusto.biz y deusto.info no están siquiera registrados. ¿No será que lo que les interesa no es el nombre sino mis visitantes sin tener que pagar a cambio? ¡No, que va, cómo va a ser eso, qué cosas se me ocurren, lo que quieren es proteger su marca!
¿Será entonces que mi amigo Luis, que vive en Deusto, les pertenece?”
La transcripción de arriba corresponde al relato de Edgardo Pérez, dueño del dominio Deusto.com, el que como bien explica, quiere apropiárselo la editorial Planeta Agostini en base a ciertas prácticas semi matonescas y basados en el escaso poder negociador de Pérez comparado con la troupe de abogados y lobbistas de la editorial.
El caso me recordó nuestro famoso elmercuriomiente.cl, donde la empresa editorial El Mercurio impugnó aquel dominio basándose en que el nombre de dominio es engañosamente similar a la marca de que es titular la demandante, “El Mercurio” y su utilización constituye un acto de mala fe pues vulnera la ética comercial. Tal como lo comentamos en su momento, el fallo del juez árbitro a cargo del caso fue lamentable en su argumentación, pero aquello no viene el caso.
Lo relevante, y que quisiera destacar, es cómo tanto en el caso de deusto.com como en elmercuriomiente.cl en el sistema de resolución de nombres de dominio el criterio marcario es ampliamente aceptado como el criterio fundamental para resolver estos conflictos, criterio que echa por tierra el supuesto que a través de los sitios en la Internet se expresa muchas veces la libertad de expresión y así como se expresa se pone en riesgo con la aplicación de este tipo de criterios.
Otros fallos arbitrales chilenos algo menos conocidos son sindicatoemosaguasandinas.cl y exoneradospoliticosdegasco.cl, donde ambos dominios fueron adjudicados a las respectivas empresas y no a las agrupaciones de trabajadores, basándose en argumentos relativamente similares. Un dominio como los recién mencionados, ¿socaba la marca comercial que está en juego?
¿No será que más bien las empresas a través de influyentes estudios de abogados argumentando a partir de la protección de marcas comerciales en el fondo prohiben disidencia pública en contra de la empresa?
Estos son temas especialmente relevantes cuando uno analiza a lo menos la forma de resolver los conflictos de nombres de dominio en Chile. Y el caso de Deusto.com no es sino una aplicación adicional de este salvajismo amparado a la protección marcaria que en definitiva intenta salvaguardar intereses comerciales.
En el caso de Deusto.com al parecer para quedarse con su marca además de los suscriptores de la página de Edgardo Pérez. En los casos chilenos, para acallar voces críticas, siendo ambas situaciones malas, pésimas noticias para los derechos fundamentales en Internet.
La idea es cobrarle a los buscadores de internet (léase Google, Yahoo! o similares) ya que éstos “explotan el contenido” de los periódicos “sin entregar una compensación razonable a los propietarios de los derechos de autor”
Gavin O’Reilly, presidente de esta institución, sostuvo que
“Google, Yahoo! y otros motores de búsqueda no son una nueva especie de benefactores sociales que distribuyen gratuitamente información. Son organizaciones comerciales con fines lucrativos y no de unos nuevos paladines de tipo Robin Hood”
Por supuesto que lo son. Pero por más que nos esforzamos, no logramos comprender en qué parte los buscadores de Internet le provocan daño a la industria de la prensa.
¿Les molesta ser indexados?
¿Tienen problemas en que cuando se tipeen ciertas palabras aparezcan como primer hit sus periódicos, ganando así millones de visitas diarias?
¿Acaso los periódicos no venden publicidad basado en la cantidad de visitas diarias que reciben?
Mire, que yo sepa, los periódicos tampoco son entidades de beneficencia. Pero si parecen ser espacios para albergar absurdos como este.
En otras palabras, lo que la Asociación Mundial de Periódicos pretende, es equivalente a que los fabricantes de detergente le pretendan cobrar a los dueños de supermercados por tener sus productos en sus stands. Claro, si los supermercados tampoco son entidades benéficas.
Desde este modesto espacio les queremos dar un par de ideas a los creativos detrás de esto. No sería mala idea después de todo que les cobraran a los kioskeros por los derechos de reconocimiento y de recompensa que significa tener expuestos a vista y paciencia de todos los periódicos. ¡¿Cómo se les ocurre?! Si los kioskeros tampoco son una entidad de beneficiencia, no señor. Tampoco sería mala idea que los auspiciadores de televisión le cobren a los canales por pasar sus excelentes tandas comerciales. Piénsenlo muchachos, total después de todo esto es llegar y tirar.
Por cuestiones laborales que no viene al caso contar, nos encontramos con Claudio de tour por la décima región, precisamente en la agradable, bella y amable ciudad de Valdivia, luego de un paso fugaz por Muerto Montt donde probamos que la primera ciudad iluminada de Chile es solo un cúmulo de buenas intenciones.
Ya en Valdivia, y una vez que acabamos con nuestra pega en la unidad de asuntos internos, juntámos sed y nos lanzamos a la Bierfest Kunstmann que tan motivados nos tenía, tanto como para llegar casi una hora antes que comenzara, lo que nos permitió ahorrarnos las tres lucas y media que costaba la entrada, con derecho a nada.
Omitiré los detalles de la celebración, sobretodo aquellos que dejan en evidencia al señor Ruiz y sus tratos con la heredera del imperio, por miedo a las represalias del editor y por sufrir un alzaheimer progresivo a partir del quinto vaso del brebaje local.
El asunto es que, cuales niños en sus primeros pasos con el alcohol, se nos olvidaron los nefastos efectos a posteriori de la ingesta industrial de cerveza. Resultado: son las 17 horas del día siguiente, y después de varios intentos, siestas a media mañana incluidas, un par de intentos de ingerir algo sólido (todos fallidos) hemos salido del hachazo, a medias pero hemos salido al fìn. Prometemos nunca más hacerlo, prometemos no estar nuevamente dando jugo en una fiesta en ciudad ajena, haciéndo tonteras de escolar borracho. Los registros gráficos vendrán más adelante, cuando juntemos fuerzas y revelemos las fotos (si, revelar, no todo puede ser digital en la vida).
Ahhh… y antes que se me olvide, estamos en el espectacular Café – Bar Moro, ubicado en Libertad con Independencia (jaj, seguro se cruzan esas dos) donde no solo tienen exquisitos brebajes no alcohólicos sino que ofrecen conexión wifi abierta, una buena cantidad de enchufes y puntos de red para conectar a nuestras queridas máquinas IBM.
Con Señor Coconut de fondo (también proveído por Café Moro), nos vamos a buscar el divertimento de hoy. No todo es trabajo, no.
Lo que sí, será cualquier cosa menos con cerveza. Prometido.
Actualización/Aclaración:
El editor de este blog luego de propinarle un par de trompadas al guest blogger por arriesgar tanto su reputación como su estabilidad emocional a través de las escuetas pero imaginativas lineas escritas más arriba, quiere hacer una recapitulación respecto de lo que verdaderamente ocurrió, para contar la verdad histórica:
1.- Efectivamente lo de Puerto Montt, “ciudad iluminada”, puede ser, pero iluminada con Internet inalámbrico, nones. Claro, no necesitamos recurrir a la lintera de nuestro celular, pero conectarse a internet, por ejemplo, mirando el mar, ninguna posibilidad.
2.- Es cierto que fuimos a Bierfest. Es cierto que llegamos antes que abrieran y nos fuimos cuando cerraron. Y también es cierto que el guest blogger hizo de free raider y no pagó los $3.500.- Pero yo sí. (mientras tipeo esto aún no distingo si eso fue lo correcto). Ah, sí, también es cierto que abusamos de las Torobayo con y sin filtro y de las Bock.
3.- Tal vez el alzheimer etílico del guest blogger lo delata, pero no es cierto que este editor haya flirteado con la agraciada señorita Kunstmann. Lo desmiento categóricamente. Repito, lo desmiento categóricamente.
4.- Prometo quedarme alguna temporada en la notable ciudad de Valdivia.
5.- El Café Moro lo ultra recomiendo, tanto por la música, la atención como por la conexión gratuita a internet wifi.
6.- La cerveza hace mal. STOP.
Anótese, regístrese y publíquese donde corresponda.
Si ahora a algunos deberán pagar por conocer las últimas novedades editoriales del Tata Dios INC, los discapacitados no tenían porque salvarse.
Las entidades de gestión y los talibanes del derecho de autor (ellos lo denominan muchas veces con el genérico propiedad intelectual) a menudo argumentan su posición diciendo que los músicos deben vivir de su creación y que las descargas ilegales y la piratería (que conceptualmente no son lo mismo) están “matando la música” y haciendo que los artistas se mueran de hambre. Claro, nada se habla de las políticas destructivas de las multinacionales disqueras que prefieren invertir poco en un producto envasado extranjero antes que jugársela por los artistas nacionales con proyección. En otras palabras, no dicen que las discográficas prefieren invertir poco para promocionar el último disco de Ricky Martin con ganancias seguras que invertir mucho por un disco de (insertar aquí cualquier grupo musical chileno) con ganancias limitadas por el pequeño mercado chileno.
En España, la SGAE (especie de musa inspiradora de la SCD chilena) demostró nuevamente su tacto, sensibilidad e interés por la cultura al amenazar judicialmente y obtener un pago de 518 euros (aprox. $336.000) de la Asociación Taller Cultural de Fuentepelayo, porque varios grupos de muchachos con discapacidad mental utilizaron obras registradas en los montajes que han representado en el Encuentro Nacional de Teatro Especial que esa asocación organiza desde hace varios años.
Esto, a pesar que la asociación demostró que se trata de actuaciones benéficas, sin ánimo de lucro, y que ni siquiera se cobra entrada.
Un diario local español ha develado que la SGAE, principal gestora colectiva de derechos de autor de España, ha cobrado 518 euros (más de 300.000 pesos chilenos) a un grupo teatral de discapacitados por haber utilizado sin autorización varias obras protegidas y que gestiona la entidad. Las obras que ejecutaron son obra de José Cañas, Fernando Arrabal, Rafael Belmonte, Juan Cervera y algunos otros.
Juan Cruz Serrano, director de la asociación Taller Cultural de Fuentepelayo, lo explicó:
Así fue hasta que hace unas semanas recibimos un requerimiento judicial que nos apremiaba a pagar bajo la amenaza de juicio; decidimos ingresar la cantidad, pero la medida es un correctivo muy severo y un revés muy serio, no solo para la asociación como organizadora de los encuentros teatrales de Fuentepelayo, sino para todos aquellos que luchan cada día en el mundo de la discapacidad y, sobre todo, para los propios deficientes.
Acabo de entrevistar a Juan Cruz Serrano, el responsable del festival, y el tema es aún más espeluznante de lo que ya parece. Este festival dura cosa de 15 días y en él participan unos 500 niños con discapacidad psíquica grave o muy grave. Muchos de ellos no pueden siquiera hablar, por lo que os podéis imaginar la relación entre la obra teatral original y el resultado final que se interpreta. Al parecer, la cosa se queda en una representación de unos cuatro o cinco minutos donde los chicos bailan disfrazados. La única relación con la obra registrada está en el título de la misma, que sí aparece como la real que inspiró la representación. Según cuentan, intentaron explicar la situación con varias cartas a la SGAE tanto de Segovia como de Madrid y lo único que han recibido ha sido la denuncia judicial.
Estos absurdos no hablan mal de quienes infringen la ley. Habla mal de la ley. Una ley que saca dinero del bolsillo de los discapacitados por adaptar obras teatrales y que lleva ese dinero a los bolsillos de los autores, pasando por el porcentaje respectivo correspondiente a la entidad (léase SGAE o SCD) es una ley que nos hace dudar respecto de su razonabilidad.
Afortunadamente, una de las poquísimas excepciones que tiene nuestra ley, se refiere precisamente a las interpretaciones que se realicen con fines de beneficiencia y sin ánimo de lucro. Pero con ellos nunca se sabe.
Actualización: Como informan en la web de la asociación de internautas de España, la SGAE ha dado marcha atrás con el cobro y admite un error en cobrarle a la Asociación Taller Cultural de Fuentepelayo los 518 euros. También hacen referencia de este post en Quemarlasnaves.net para de esta forma ejemplificar la repercusión mediática que ha tenido el caso.
En Informativos Telecinco, por su parten señalan que Juan Nebreda, director de la SGAE en la zona centro, que es el máximo responsable de la gestión de Segovia, reconoce que se trata de un “tremendo error”. “Vamos a devolver el dinero, por supuesto”.
Juan Nebreda también se ha comprometido a “revisar los procedimientos para que este error no se repita”. “Esto nos sirve para aprender muchas cosas y esperamos que no vuelva a pasar en el futuro”.
Lo grave de todo esto no es que en el caso concreto no se le cobrará al Taller Cultural, sino que los talibanes del derecho de autor tienen a la ley de su parte. Por eso es importante sacar a la luz las situaciones ridículas que se dan cuando se aplican leyes sin sentido. De nuestro lado no está la ley, pero sí el sentido común.
En las vísperas de la que será la primera encíclica del obispo de Roma, Benedicto XVI, comienzan a dejarnos las cosas claras. Por primera vez en la historia de la iglesia todos los documentos papales, léase enciclicas y demases, serán administradas por la Libreria Editrice Vaticana, casa editorial oficial del Vaticano. Además, por si eso fuera poco, esta norma tiene expreso efecto retroactivo, siendo aplicable a las encíclicas de los últimos 50 años por lo que incluye escritos de Juan Pablo II, Juan Pablo I, Pablo VI y Juan XXIII.
Por tanto, las editoriales que quieran propagar la palabra de dios™ deberán pasar por caja y aportar entre un 3% y un 5%. Sí, un precio por promover los dichos del papa de turno.
Guillermo se pregunta con acidez ¿Que será lo siguiente? ¿Podcasts del Papa en iTunes a 0,99 euros? ¿Bonos de 10 sesiones para entrar en una iglesia a 3 euros la sesión?
Bonita manera de masificar la palabra de Dios.
Tal vez si en los tiempos de Jesús hubiesen existido las grabadoras en lugar de crear una iglesia hubiesen creado un sello discográfico. Habrían sido igual de ricos. E igual de frescos
Hace un tiempo les contaba respecto de la enorme discusión generada por el anuncio de Google de su servicio Google Print, que esencialmente permite a los usuarios acceder al contenido de ciertos libros previamente escaneados por la compañía.
Uno de los principales defensores no de Google, sino de la legalidad de Google Print es nuestro conocido Lawrence Lessig.
El video que se ve arriba no es técnicamente una presentación en vivo del profesor de Stanford. Es un video hecho por el mismo y grabado en su casa donde sincroniza maravillosamente texto y discurso. Los que no vieron a Lessig cuando se lanzaron las licencias Creative Commons en Julio, esta es la oportunidad para ver cómo se hace una presentación. Y de pasadita aprovecha de explicarnos porqué Google Print es bueno.
Recomendado.
El autor de este blog -su seguro servidor- se encuentra temporalmente fuera de servicio producto que el día tiene menos horas de las que planeaba en su cabeza.
Por su atención, y por aguantar las molestias, muchas gracias.
Ya volveremos con más pilas gracias al auspicio de Pharmaton.