
Fotografía por jennaphoenix, CC:by-sa-nc
Con precios que fluctúan entre los 5 y los 300 dólares Nine Inch Nails sigue la senda de Radiohead y de lo que ya había esbozado hace unos meses con The Inevitable Rise And Liberation Of Niggy Tardust, ofreciendo su último disco, enteramente instrumental llamado Ghosts: I-IV.
Según se explica en la propia web, puedes escuchar el disco completamente gratis a través de un pequeño player en flash o bien comprarlo según las distintas opciones que cuenta la propia página web.
Las opciones serían:
a) Gratis: Descarga gratuita de los nueve primeros tracks del disco, en formato MP3 encodeados con LAME a 320 kbps sin DRM + PDF de 40 páginas y extras como wallpapers, iconos, etc.
b) us$5: pagar 5 dólares y así puedes escoger si prefieres MP3 en 320kbps encodeados con LAME, FLAC o Apple Loseless. Todo sin el asqueroso DRM, por cierto. Además te llevas un librito en formato PDF de 40 páginas y una serie de extras.
c) us$10: pagar 10 dólares por un CD set de 2 discos, que además te da derecho para descargar el disco en las mismas condiciones que la opción anterior.
d) us$75: Pagar 75 dólares, que te da derecho a una edición deluxe que incluye los 2 cds, un DVD con los archivos de audio en WAV para reconstruir las pistas, un disco Blue-Ray con las mezclas en audio de alta resolución (sic), un mega libro de 48 páginas con lindas fotos de Phillip Graybill y Bob Sheridan + la descarga del disco en la forma que ya se ha explicado.
e) us$300: pagar 300 dólares por la edición ultra exclusiva-delux, con todo lo anterior + otro libro y todo firmado por el mismísimo Trent Reznor.
Pero tal vez en lo que es la movida más interesante, además de poder ser descargado, el disco se encuentra licenciado con Creative Commons Atribución, No comercial, Compartir Igual, lo que quiere decir que estamos autorizados para copiar, distribuir el disco y hacer obras derivadas como remixes y demases siempre que mantengamos la atribución de los tracks originales, no hagamos usos comerciales y las obras derivadas que se hagan sean licenciadas también con Creative Commons.
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Fotografía por Ficken. CC:BY
Este artículo pertenece a la serie de artículos escrita por invitados finamente seleccionados para usted, celebrando los tres años de Quemarlasnaves.net. Este, es un texto escrito por Marisol García, periodista.
Un mercado discográfico pequeño no es sólo el que consigue cifras de venta insatisfactorias para los álbumes prioritarios del año o el que no logra justificarse como plaza de conciertos internacionales. Suficiente se ha escrito ya sobre nuestra marginación geográfica para grandes tours y las exiguas estadísticas de inversión en música de los consumidores locales. En comparación con los países con una industria musical sólida, en Chile somos pocos, pobres y –para peor– teleadictos. Dedicarse a la música, desde la plataforma que sea, aquí exige cierto estoicismo (sí, incluso cuando se hacen baladas).
Pero que los chilenos seamos poco melómanos sostiene, también, otra serie de taras culturales que rara vez se analizan y que internet está obligando a revisar. Mucho más allá de la manida crisis de los sellos, la música popular se defiende aquí de acuerdo a una dinámica de interrupciones, prejuicios y descuido que es mucho más preocupante que el pirateo del último de Chayanne. Un mercado mezquino en la compra de discos es, también, uno que no justifica la existencia de prensa especializada, que desvaloriza a la música popular en comparación con otras manifestaciones creativas, que ubica a los músicos en los márgenes del mercado del entretenimiento (no merecedores, por lo tanto, ni de buenos espacios ni de buenos salarios) y que bloquea el acceso a todo aquel registro que no suponga un lucro inmediato.
Un buen argumento de Lawrence Lessig contra el histerismo en torno a la piratería de discos ha sido demostrar la falacia en la suposición de la industria de que cada disco “bajado” es un disco menos que se vende. Rodrigo Olavarría es un joven santiaguino que desde hace un tiempo mantiene dos blogs ineludibles para cualquier interesado en la música chilena de los años ’60 (principalmente). En discosvioleta.blogspot.com, Olavarría ha dispuesto en links de descarga gratuita desde Rapidshare la discografía completa de Violeta Parra, junto a otras ediciones (libros, tributos, notas de prensa) vinculadas a su eterno legado. La oferta está más cerca del sentido común que de la provocación legal: de los siete álbumes grabados por Violeta para Odeón, sólo hay uno disponible en CD (Carpa de La Reina, reeditado recién el año pasado), y la edición que circula de Las últimas composiciones, su último y mejor disco, no le ha rendido ni un peso jamás a ella o sus herederos, debido a un turbio apropiamiento maquinado luego del Golpe de Estado por un sujeto cuya historia merecería otro posteo. Ante tan patético panorama –¿no sería inconcebible que no hubiera CDs ni regalías de Atahualpa Yupanqui, Elis Regina o Chabuca Granda, por poner ejemplos cercanos?– no me extraña en lo absoluto que los hijos de Violeta Parra no sólo agradezcan el blog de Olavarría, sino que hasta lo hayan contactado para hacer algo similar con sus propias descontinuadas discografías. El mismo blogger mantiene Dicap y más, el único modo que hoy tenemos los no coleccionistas de conocer el catálogo del mejor sello independiente que ha habido en Chile, y cuyos masters y vinilos fueron pisoteados y quemados al día siguiente del Golpe militar. La red ofrece otros tantos blogs con buen acceso a discos perdidos del “boom pop” de los años ’80, la primera psicodelia local y las apuestas pioneras en metal y hip-hop chileno.
Para los aficionados a la música, las redes de distribución P2P y los sitios de alojamiento de discos han permitido recuperar un legado discográfico prácticamente perdido del que no se iba a hacer cargo institución alguna (ni privada, ni pública), y cuya reedición probablemente no es lucrativa para quienes están legalmente autorizados de hacer el esfuerzo. Son, como afirma Lessing, discos que se bajan no para ahorrarse la compra, sino para hacer posible el acceso. No puede robarse lo que nadie quiere poner a la venta.
Llegamos a Johnny Cash porque así nos lo dijo Nick Cave, y a éste porque nos lo recomendó Depeche Mode. Nuestra cultura musical se forja en la investigación retroactiva, y esa búsqueda está asegurada en un medio cultural de efectivo resguardo patrimonial. ¿Pero qué hacer en un país que ha asumido como un dogma que la oferta discográfica debe ser un continuo de apuestas nuevas, y en el que una edición de hace cinco años ya es considerada “de colección”? Incluso de Los Jaivas o Los Prisioneros las disquerías de Santiago prefieren tener compilados en vez de los discos originales. ¿Qué le queda, entonces, a Christianes o a Pánico? ¿Cómo aprende un trovador de 22 años los antecedentes locales de su mismo estilo?
Si aceptamos que cada país tiene el mercado discográfico y periodístico que se merece –el capitalismo es hábil para cargarnos sus negligencias–, entonces también sostengo el derecho a subsanar las deudas derivadas de esa limitación con una búsqueda autónoma, creativa y de compromiso sincero a través de los medios técnicos al alcance. Habrá dónde subir las entrevistas a bandas que a “nadie le importan” (según tu editor) y habrá también desde dónde bajar los discos de músicos “que no le han ganado a nadie” (según el A&R de turno). Y en esa combinación de bodegas visibles e invisibles, con la guía de esas notas de tinta o de luz, iremos armando nuestra discoteca ideal.
Este artículo pertenece a la serie de artículos escrita por invitados finamente seleccionados para usted, celebrando los tres años de Quemarlasnaves.net. Este, es un texto escrito por Marisol García, periodista.
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Fotografía por Abbey Drucker
En un año de decisiva redefinición del mercado musical (no hablemos de crisis; eso suena a alucinación y Apocalipsis), de pataleta corporativista y reacción transnacional, de NetLabels, de descargas y más descargas, nunca habíamos tenido tanta buena música al alcance de la mano. La siguiente es la selección de los mejores discos del 2007 -la primera parte- según nuestro equipo. Recuerden que está hecha con cariño y absoluta subjetividad. Esperamos vuestras impresiones.
Seguro que el 2008 habrá el doble de buena música; esto ya es imparable.
El 2007 fue un año raro. Principalmente porque se transformó, en perspectiva, en un año definitivo para ciertos fenómenos que comenzaron a tomar forma hace un lustro o más, para llegar al 2007 como una realidad a la que debemos adaptarnos.
Hemos sido testigos de tendencias como la masificación y consolidación de algunos NetLabels como Pueblo Nuevo o los hace rato presentes Jacobino Discos, transformación de iTunes como una de las más importantes tiendas de ventas de música en línea, alternativas como eMusic de venta de música independiente sin DRM, masificación de sistemas de intercambio de archivos persona a persona como Soulseek, Bittorrent y eMule, pasión y muerte de Oink!.
Los melómanos hemos encontrado en Internet una caja sin fondo para proveernos de la música que las cadenas de distribución tradicionales sistemáticamente nos negaron. Antaño, Feria del Disco insistía en vendernos a La Ley cuando buscábamos lo último de Sonic Youth. El circuito era pequeño y artesanal, restringido, under y en algún sentido, elitista. La irrupción de Internet supuso el quiebre de las barreras con las cadenas de distribución tradicional y el errar de tienda en tienda y pagar cantidades absurdas por un disco sin book ni extras, lo cambiamos por un par de clicks en Rapidshare conseguido en el blog de turno. Se democratiza el acceso, se democratiza la cultura.
Mientras día a día nuestros primos y hermanos comienzan a explorar música que va más allá de la que nos quieren imponer los grandes sellos, la industria tradicional del entretenimiento sigue sosteniendo obtusamente que Internet está matando la música y que cada día pierden más dinero, cuando la realidad pareciera dirigirse por principios opuestos. En Chile no se recuerda un año con más conciertos y de calidad que el 2007: Erlend Oye, José González, Battles, The Rapture, la vuelta de los Chemical Brothers, Caléxico, Juana Molina, Dominique A; un poco fuera quizás de nuestros gustos, pero Coldplay, Roger Waters y Soda Stereo también hicieron lo suyo en este mundo musical en constante ‘crisis’. Mientras la RIAA y sus tentáculos bajan Oink! y se llevan detenidos a estudiantes por descargar MP3, en Chile Bjork y el raro tándem The Police+Beck llenaron estadios con gente que pagó más de 20 mil pesos (40 dólares) en la boletería. La música en crisis para cualquiera menos para los músicos y el público.
Así las cosas, es como hemos accedido a más música que nunca e hicimos este ranking antojadizo y arbitrario, pero lleno de cariño y dedicación. Juntar y tabular las elecciones de más de veinte colaboradores que hacen posible hoy Super45 es una tarea compleja. Más compleja cuando se juntan gustos tan disímiles como educados, algunos tendenciosos y otros derechamente hypes. Si bien los algoritmos sirven para darle un sentido al asunto, para finiquitar el ranking terminamos decidiendo a la vieja usanza, frente a un pizarrón sucio con tiza en mano, debatiendo y argumentando respecto de los puestos definitivos para un año riquísimo en discos y bonitos descubrimientos.
Pues eso. Estas tendencias del 2007 nos ayudan a pensar en el futuro de la música. Y en la música, claro. Los invitamos a compartir nuestra sudada elección, que puede servir como un elemento más para felicitarnos, descubrir nuevos discos, y criticarnos. Que algo de gracia tiene cuando hay discusión. Sin discusión, no hay alegría.
Lo anterior, y por eso escrito en tercera persona, lo escribí para presentar la lista de los mejores 45 discos según Super45.
Este año, repitiendo una costumbre que ya hicimos el 2005 y el año pasado, donde coronamos a Garden Ruin de Caléxico como el disco del año, les dejo mi humilde listado de los mejores 20 discos que nos deja este año 2007 y que tuvo que “competir” con las listas de los colaboradores de Super45.
Por definición, un listado de los mejores discos del año es superficial, discriminatorio (?), sesgado y ambicioso. No será esta una ocasión distinta. Como decía más arriba, lo importante es que nos permite conversar y discutir. Nos trae la alegría. A continuación mi listado.
1.- The National – Boxer
2.- Panda Bear – Person Pitch
3.- Low – Drum and Guns
4.- Spoon – Ga Ga Ga Ga Ga
5.- Von Sudenfed – Tromatic Reflexxions
6.- Blonde Redhead – 23
7.- Of Montreal – Hissing Fauna, Are You the Destroyer?
8.- Caribou – Andorra
9.- Arcade Fire – Neon Bible
10.- Jens Lekman – Night Falls Over Kortedala
11.- Battles – Mirrored
12.- Animal Collective – Strawberry Jam
13.- Andrew Bird – Armchair Apocrypha
14.- Iron & Wine – The Shepherd’s Dog
15.- The Besnard Lakes – Are the Dark Horse
16.- Radiohead – In Rainbows
17.- Okkervil River – The Stage Names
18.- Tunng – Good Arrows
19.- Deerhunter – Florescent Grey
20.- Wilco – Sky Blue Sky
Aunque no alcanzaron a clasificar acá, menciones honrosas para Elvis Perkins, M.I.A., Feist y mi amada PJ Harvey
Premio limón para: Justice, Bjork, The Rapture, Bloc Party, Tegan and Sara y St Vincent.
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foto adaptada de por thetripwirenyc, CC-BY
A uno le puede gustar o no, pero la música de Manu Chao tiene una gran característica, que es adaptar y apropiarse creativamente de sonidos, ruidos y sensaciones, particularmente de países del tercer mundo, cosa que viene haciendo por lo demás desde los últimos discos de su anterior banda, Mano Negra. Así por ejemplo sus canciones están llenas de referencias cruzadas a costumbres, pueblos y personajes, referencias que de alguna manera los homenajean y los decontruyen para dar paso a melodías y ritmos muy reconocibles.
La cosa es que según informa el diario El País de España (gracias por el link, carobotero!), desde hace cinco años el francés tiene un juicio por infracción de derechos de autor en su contra interpuesto por dos locutores cuyas voces aparecen sampleadas en las canciones “Me gustas tú”, “Ferry Blues” e “Infinita tristeza”, del disco “Próxima Estación: Esperanza”, publicado el año 2001. En efecto, el aporte que hacen la locutora María Jesús Álvarez y el actor de doblaje Javier Dotú es decir, en el caso de ella “próxima estación”, y en el caso de él la palabra “esperanza”, en algunos de los samples que contiene el disco.
Lo insólito es que acaban de ganar el juicio, obligando a Manu Chao a señalar que esa grabación se hizo sin el consentimiento de los afectados y que la intención nunca fue perjudicarles, entre otras cosas.
Javier Dotú, por su parte, señala que no fue “el ánimo de lucro” lo que lo motivó a demandar, sino el que fueran “resarcidos sus derechos, como finalmente ha ocurrido”.
Llama la atención como, a partir de leyes absurdas, se termina castigando la creatividad y la posibilidad de generar obras a partir de lo que escuchamos a diario. Como, a partir de leyes que son apoyadas por organismos que dicen defender a los autores, terminan perjudicando a músicos como Manu Chao, a favor de locutores que se vieron perjudicados (alguien que me explique por favor cómo!) por su inclusión en los temas del francés.
En el mundo de la estupidez, luego dicen por ahí que somos nosotros los extremistas. En definitiva, usted que defiende un sistema más fuerte de derecho de autor, díganos la verdad: ¿a quién defiende?
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Foto, EFE@20minutos.es
Ya perdí la cuenta las veces que he visto Aloha from Hawaii y ya no me acuerdo cuando fue la primera vez que me conmoví con Also Sprach Zarathustra de Strauss, con la que El Rey acostumbraba abrir sus conciertos. Todavía guardo -casi sin poder escucharlo- el cassette donde solía escuchar reiteradamente aquel recital en el Madison Square Garden. Y por supuesto que sé casi de memoria Can’t Help Falling In Love, que hacía del final algo absolutamente glorioso.
En la última de las siempre interesantes columnas de mi admirada Marisol García intenta desmarcar a Elvis de las acusaciones de racismo que se le han formulado hasta hoy, y sostiene que una de las explicaciones de la antipatía que generaba en círculos conservadores se explica, en gran medida, porque Presley cantaba “cosas de negros y como los negros a las hijas de las familias blancas y decentes“.
Y claro, uno de los lugares más comunes que existen respecto de la figura del hijo ilustre de Memphis es que a través de su música logró romper barreras sociales absolutamente consolidadas en la época, dándose el gusto de rescatar desde el ostracismo de la segregación racial a viejas leyendas de la canción negra. De más está agregar, qué hizo El Rey con las barreras sexuales: sacudidas de pelvis hasta más allá de lo permitido mientras en países como el nuestro, nuestras madres o abuelas recién aprendían lo que era tener derecho a voto.
Y como sucede en casi todo lo que tiene que ver con Elvis, hay discusiones profundas y sin solución a la vista. Como decía, para algunos, Elvis tuvo la gracia de cooptar la rica tradición musical afroamericana que de otra forma era muy difícil que pudiera ser conocida a través de medios tradicionales en los años cincuenta. Para otros, estas indudables contribuciones de la música negra al rock&roll se transformaron en aportes invisibles a la transformación de la música popular, sirviéndose por tanto, Elvis, de la música negra sin dar los suficientes créditos de su éxito.
Sea como fuere, hasta hoy Elvis es también una máquina de hacer dinero. Y bien lo sabe la temible EPE, siglas de Elvis Presley Enterprises, figura legal que hoy controla la explotación de todo lo que tenga que ver con la figura del rey del rock. Y dicho sea de paso, desde hace varios años que sus dueños distan de tener relación con familiares directos de Elvis Presley.
Desde su fundación, esta compañía ha intentado controlar cualquier tipo de utilización o explotación comercial que se haga no sólo de la música de Elvis, que como cuenta Erika Doss, ha llegado incluso a llevar a juicio a algunos imitadores suyos en Las Vegas, quienes hacían uso indebido -según EPE- de características propias del Rey, como el falsete, los trajes y el peinado.
Con el tiempo es claro que Elvis es uno de los mayores ejemplos conocidos de alusión musical, de uso y re uso del patrimonio cultural musical. Lo que resulta paradójico una vez más, es que al igual que lo que sucede con el nefasto Stephen Joyce, los intereses de quienes terminan siendo titulares de los derechos de creadores distan profundamente de lo que el propio artista quiso expresar. Lo que Elvis hizo con B.B King, Chuck Berry, Ike Turner, Arthur Crudup y Fats Domingo, los músicos actuales no pueden hacerlo por miedo a las empresas Presley.
Hoy, que se cumplen treinta años de la muerte del Rey, sigue vendiendo más discos que hace décadas atrás y generando más discusiones que a su muerte. Desde acá el más sincero homenaje de QLN.
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foto por arustom en Flickr
No, no es día de los inocentes. Incluso debo reconocer que me pasó por la cabeza en algún momento que podía haber sido obra de algún hacker simpaticón. Pero no. La noticia es que la semana pasada nada menos que el presidente de la Sociedad Chilena de Derecho de Autor (SCD, y amigos de este blog), Fernando Ubiergo ha subido a su web personal tres de sus últimos discos en formato MP3 con el fin de poder ser descargados libremente.
Impresiona principalmente debido a la campaña del terror promovida por la sociedad que dirige en contra de la nueva ley de propiedad intelectual, que ya comentamos críticamente tanto acá como en SUPER45 respecto, en particular, de la genial idea de traer el canon por copia privada desde España a Chile. Si no está muy al tanto, les recomiendo los comentarios de ese artículo en Super45, donde aparece incluso Denisse Malebrán a hacer sus descargos. Muy interesante.

Ahora, llama la atención que la iniciativa de Fernando Ubiergo deja al desnudo buena parte de los problemas de tener un derecho de autor desequilibrado como el chileno. Más aún, deja pone en evidencia los beneficios del licenciamiento abierto para los creadores, dado que el subir los temas de la forma como lo hace Ubiergo deja planteada una serie de interrogantes respecto de las implicancias jurídicas de esta acción. Más todavía cuando la noticia en el sitio Musica.cl -de la propia SCD- sostiene que Ubiergo REGALA sus canciones en Internet.
¿Qué podemos hacer con los MP3 quienes llegamos a dicha página y descargamos los archivos?
Dado que el acto de descomprimir el archivo ZIP es técnicamente un acto de reproducción ¿Estamos autorizados a realizar dicha reproducción en nuestros computadores?
¿Podemos grabar esos MP3 en un disco compacto?
¿y un compilado?
¿Podemos subirlo a una red p2p para compartirlo con más personas que, dicho sea de paso,
también lo pueden adquirir por descarga directa en el sitio del cantautor nacional?
¿Podemos hacer samples con estas canciones?
¿Podemos hacer covers de esas canciones?
¿Podemos hacer usos comerciales de ellas?
Misterios sin resolver
¿Por qué decides regalar tu música?
“Esta es una decisión que tomé hace bastante tiempo y que hoy se materializa. De algún modo sentía que era un injustificable desperdicio tener guardada toda esa música, pudiendo entregarla y compartirla con tantas personas, elegí hacerlo sin intermediarios ni publicidades asociadas, del modo más simple, en mi sitio web.”
¿Pero esto no está reñido con los derechos de autor que defiendes como Presidente de la SCD?
“Soy un cantautor independiente que defiendo y promuevo los derechos de mis compañeros autores y músicos. Y justamente aquí es donde suelen confundirse bastante las cosas. Yo estoy haciendo uso del derecho más preciado de un autor, que es disponer libremente sobre el destino de sus obras sin la imposición de terceros, y esto es legítimo como parte esencial de los derechos de un autor. La música es mi vida y me alegra profundamente poder hacer esto.”
Como se puede imaginar, una de las gracias del licenciamiento con licencias abiertas como Creative Commons, es todas estas preguntas se encuentran resueltas de antemano, positiva o negativamente.
Lamentablemente, hoy no podemos decir lo mismo con la iniciativa de Fernando Ubiergo, que debido a los problemas que tiene nuestra antigua ley de propiedad intelectual, a veces publicar en Internet más que significar acceso, muchas veces significa dudas y cortapisas tanto para el público como para eventuales creadores.
Para una ley vetusta, antigua y desequilibrada, a veces subir música en Internet es hasta mala idea.
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Sepa usted que en estos momentos uno de los temas más candentes en el Congreso Nacional es la tramitación de un proyecto de ley que pretende modificar nuestra vetusta ley de propiedad intelectual que data de 1970.
Dos son los fundamentos de gobierno para hacer esta modificación. La primera, la necesidad de aumentar las penas para la piratería (cosa que no sorprende a nadie, dado que es lo que vienen haciendo desde la vuelta a la democracia: aumentar las penas por delitos) y también equilibrar de una vez por todas los intereses de los titulares de derecho de autor con los intereses de todos nosotros.
Pero como se podrán imaginar, son todos comunistas hasta que les tocan el bolsillo. En una actitud desesperada e histérica, la Sociedad Chilena de Derecho de Autor (SCD) hizo circular internamente entre sus asociados un comunicado donde intentan explicar porqué esta modificación sería perjudicial para los músicos de Chile. Lo resumen en tres puntos que en otro lado explico con detalle: se oponen a la modificación del sistema de tarifas, se oponen a la existencia de una “super excepción” (sic) y, acá viene lo bueno, apoyan la existencia de un canon por copia privada, igualito de lo que existe en España.
Para los que no saben, en España existe algo que se llama copia privada con compensación remuneratoria (conocido como canon). Esto significa que por cada pieza computacional o técnica que pueda reproducir archivos, debe cargarse a su precio una cantidad de dinero que debe ir a los titulares de derecho de autor, administrados por las entidades de gestión, en España para el caso de la música, la SGAE.
Esto significa que en España se pagan, adicionalmente a su precio, €16.67 de canon (ch$12.000 aprox.) por cada grabador de DVD que se compra, 10 euros a cada impresora multifunción, 14 euros por cada reproductor de MP3, y 140 euros por una torre de 100 dvds vírgenes.
Es una especie de impuesto que tiene destinación especial. Es como si los dueños de supermercados quisieran imponer un impuesto especial para sobreponerse ante las pérdidas de los robos hormiga. A ver cuantos de nosotros apoyaríamos la moción.

Mientras muchos rasgan vestiduras por la disminución sostenida de las ventas de los CD de música, culpando a esos piratas malolientes y sin escrúpulos, las descargas P2P se multiplican y cuando los artistas visitan países remotos como Chile, somos capaces de llenar el Victor Jara cuando toca White Stripes o The Strokes. Según datos del INE, el año 2005 más de cuatro millones de chilenos asistieron a espectáculos musicales, tanto gratuitos como pagados. Siendo que somos un país de un poco más de 16 millones, la cifra no suena del todo mal.
Pero el canon no solamente tiene esos efectos. En España, según datos de la revista Expansión
Las entidades de gestión de derechos de autor elevan un 511,7% sus ingresos totales procedentes del sistema de remuneración compensatoria por copia privada en apenas seis años. En 2007 podrían, incluso, cuadruplicarse.
De más está decir que la SGAE española, luego del canon tuvo ingresos de 300 millones de euros, de los que dice repartir el 80% a sus socios, pero compra diez sedes en tres años.
Más aún, desde el punto de vista de los precios, la AETIC informa de que el precio medio de un sintonizador de TDT (Televisión Digital Terrestre) con disco duro integrado se incrementaría un 78%; el de un grabador de disco duro un 80%; un dispositivo MP4 un 68%, un disco duro externo/multimedia un 55%; un reproductor MP3 más de un 70%; un ordenador portátil un 25%, y una memoria USB de 1GB casi un 10%. (fuente 20minutos)
Me imagino que a casi todos los que visitan este sitio son amantes de la música. Pero una industria que huele a naftalina, como la industria musical actual, no puede sobrevivir a costa de nuestros bolsillos. Una iniciativa como la que pretende imponer en el Congreso la SCD, más que beneficiar a los músicos de Chile, pretende gravarnos con una carga que no tenemos porqué soportar. Desde acá rechazamos completamente la medida, que injustamente pretende que seamos los amantes de la música los que tengamos que pagar los platos rotos de una industria que no sabe cómo adaptarse al siglo XXI.
Pasó cuando se inventaron los refrigeradores y quedaron sin trabajo los repartidores de cubetas de hielo. No es nuestra culpa que el modelo de negocios de la industria musical haya quedado obsoleto con la masificación de Internet.
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Artículo publicado también en Super45
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Esto, amigos, es como del viejo Oeste. Se busca vivo o muerto. Se ofrece recompensa. O si ha visto a ese fugitivo, de cuenta a los siguientes correos y teléfonos.
Pero no. Y aunque parezca un miserable spam, no es a ningún Lee van Cleef a quien se anda buscando. Esta vez, según algunos, en el Congreso se estaría cocinando un proyecto de ley que atentaría contra los músicos y significaría el desastre de las entidades de gestión. A continuación, le explicaremos didácticamente quien dice semejante patraña, dónde está el truco, quien quiere ganar, y por qué mienten. No se lo pierda.
El intento es desesperado. Son como los últimos manotazos de George Foreman para evitar caer a la lona en Zaire. Como si todo se fuera a acabar. Como si nuestros músicos estuvieran siendo horrorosamente aplastados por una serie de políticos irracionales que no los escuchan.
Son básicamente tres los puntos a los que apunta la SCD en su intento desesperado, emocional y demagógico de obtener apoyos… cuando se acaban los argumentos. Como dijo Hans Pozo, vamos por parte:
1.- “Por nuestro derecho a establecer el valor de nuestras obras”: No a la modificación del sistema de tarifas. (leer argumento 1)
El artículo 100 que se propone, pretende simplemente que, en ciertos casos, el cobro de derechos guarde relación con la utilización de las obras. Y que si en ese supuesto existen problemas, se someta la controversia a arbitraje. ¿Le parece razonable, no? A la SCD no.
Sostiene la SCD que la acreditación del “uso efectivo” es innecesaria y perjudicial. Mire, se lo traduzco. Si yo lo acuso a usted de haberme robado mucha plata de mi caja fuerte (que no tengo, pero bueno), es razonable que sea yo el que tenga que probar que tenía plata y cuanto era. Pues bien, la SCD pretende que sea exactamente al revés: que cuando se trata de determinados usuarios deban ser los acusados los llamados a probar la supuesta infracción que se comete.
Todo esto sin siquiera tomar en consideración que la norma que se propone no sería aplicable ni a usted ni a restaurants ni a fuentes de soda ni a establecimientos educacionales, quienes según el criterio que la SCD ha intentado hacer efectivo en tribunales, sin éxito, es que cuando son acusados de infracción, son los acusados quienes deben probar lo que se dice que están infringiendo. Insólito, injusto y abusivo.
2.- “Por el respeto a la propiedad de los autores”: No a la “super excepción” (sic) a los derechos de autor. (leer argumento 2)
Dejando de lado la discusión sobre la “propiedad” y el derecho de autor, que hemos explicado antes en este mismo blog, son los argumentos de este segundo punto los más llamativos por inaceptables y groseramente errados.
Señala la SCD que el artículo 71R que se propone sería una suerte de “fair use” norteamericano a la chilena, lo que es absolutamente falso.
O sea, ojalá se estableciera una excepción general de “fair use” en Chile y nos permitiera pasar a MP3 nuestros CDs antes que se sigan rayando. Lo que hace la norma que se propone es simplemente traer a nuestra legislación criterios que están establecidos en tratados internacionales como el Convenio de Berna, que por lo demás no creo que pueda ser leído como un tratado anti-autores.
Además, y dado que las sentencias en Chile tienen sólo efecto para el caso del que se trate y no necesariamente para otros, el alcance real que pudiera tener esta norma en Chile es absolutamente menor, dado que sólo le aplicaría a quien lo alegase, implicando un costo altísimo para poder acogerse a esta “excepción”
Esto es una leguleyada, pero sostienen que atentaría contra el principio de “reserva legal” porque se establecen limitaciones a la propiedad intelectual “que no se encuentran determinados en la ley”, como si de lo que se discutiera no es de una modificación a LA LEY de propiedad intelectual 17.336 de 1970. Que no le pasen cuchufletas.
3.- “Por el justo equilibrio entre autores y consumidores”: Sí a la copia privada libre pero con compensación para los autores. (leer argumento 3)
Este debe ser el punto más impresentable de todos los que hacen alusión. Primero, porque en ninguna parte del proyecto de ley que se envió al Congreso se contempla la copia privada con canon. Segundo, porque este tema lo quiere traer a colación a como de lugar la SCD y quiere imponerlo en esta reforma legal. Sí, escuchó bien, como en España: copia privada con canon compensatorio es lo que quiere la SCD.
Dice el comunicado de la SCD que “el proyecto introduce por primera vez en nuestra legislación una excepción de copia privada. Esto es, permitir realizar copias sin pedir autorización al autor“.
Yo no sé dónde aprendieron a leer, pero como ya les comenté, en ninguna parte del proyecto se contempla la copia privada, por lo que esa frase es falsa. Segundo, la explicación de copia privada es totalmente tergiversada, porque esa definición a la que hacen alusión es la definición de lo que es una excepción, no una copia privada.
Les presento la copia privada española que tanto le gusta a la SCD, regulada en el Artículo 31 Ley 22/1987 España:
Las obras ya divulgadas podrán reproducirse sin autorización del autor en los siguientes casos:
(…)
2. Para uso privado del copista y siempre que la copia no sea objeto de utilización colectiva ni lucrativa.
Repita conmigo: Copia privada es la copia para el uso privado del copista y siempre que no sea un uso colectivo ni de lucro. ¿Dónde sale esto en el proyecto de ley?
Además, si comenzamos con tecnicismos es una suerte de impuesto revolucionario que debiéramos pagar por cada máquina o soporte que eventualmente podría servir para la reproducción de obras protegidas. ¿Leyeron, dirigentes de la UDI? Un impuesto y más encima con un objetivo específico. Vamos diputados de la UDI, que confiamos en ustedes ;)
No voy a seguir con los millones de argumentos que se pueden esbozar en contra de esto que está proponiendo la SCD porque es darles la razón e insertar el tema en la discusión antes que los ciudadanos tengan tiempo para organizarse y oponerse. El mensaje es: si lo que quieren es guerra, guerra tendrán.
En definitiva, da entre risa y rabia el mensaje de la SCD. Risa, porque un panfleto como este, con argumentos de escaso rigor técnico y apareciendo como los pobres y oprimidos me causa una mezcla de risa y repulsión, principalmente, cuando son ellos quienes han monopolizado el discurso sobre derecho de autor en los últimos quince años, un discurso anquilosado, viejo y desequilibrado, jamás cuestionándose la posibilidad de equilibrarlo con los intereses de todos nosotros.
Pretenden hablar a nombre de los autores y creadores, cuando todavía no entienden que en el siglo XXI , bienvenidos a Internet, todos somos creadores. Usted, yo y ellos. Y los intereses de Shakira, ciertamente no son nuestros intereses. Acá estaremos: armados y esperando.
Más información en ONG Derechos Digitales
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Ya antes en QLN hemos hablado de Trent Reznor cuando les contaba, en la prehistoria de este blog, de la decisión de descargar una de las canciones que componían su próximo disco e invitarte a mezclarla, en una demostración notable respecto de cómo utilizar la red desde el punto de vista de la creatividad.
Pero Reznor además de creativo, es un tipo deslenguado. En estos días anda de gira por Australia promocionando el nuevo disco de NIN, Year Zero. Y realizó una extensa entrevista para The Herald Sun, y los chicos del Portal Alternativo la tradujeron. Está sabrosa y no tiene desperdicio.
Como pueden ver, tenemos un nuevo invitado al salón de la fama.
Los destacados son míos.
Son tiempos raros para ser un músico que está en una multinacional porque hay tanto resentimiento hacia la industria discográfica que es difícil ponerte en una posición donde los fans no te miren como un gilipollas avaricioso. Pero a la vez, cuando salió nuestro disco (“Year Zero”) quedé decepcionado por el número de gente que realmente lo compró. Si hubiera sido hace 10 años habría pensado, ‘Bueno, no hay tanta gente a la que le haya llegado. Vale, es una mierda. Si, podría señalar a otros pero la culpa es mía, quizá ya no sea relevante’. Pero con este disco, sé que la gente lo tiene y que está en el iPod de todo el mundo pero el clima es tal que la gente ya no lo compra porque es más fácil robarlo.
Y lo entiendo – yo robo música, no voy a decir que no. Pero es duro no ofender a gente por hacerlo cuando tu eres el tío que hace la música por la que quieres obtener algún beneficio. Por otro lado, tienes los sellos discográficos que están haciendo todo lo posible para cabrear a la gente y estafarles. He causado un problemilla aquí porque la primera cosa que hice al venir a Sydney fue meterme en un HVM (tienda de discos), la semana en que salió el disco, y verlo en la estantería con un puñado de otros lanzamientos. Y cada lanzamiento que veía: 21’99$, 22’99$, 24’99$. Y el nuestro no tenía pegatina. Mire de cerca y ‘Oh, está a 34’99$’. Así que fui a ver nuestro DVD en directo “Beside You In Time” y vi que estaba seis, siete, ocho dólares más caro que cualquiera de los otros discos que habían ahí. Y no puedo hacerme una idea del porqué.
Una vez en Brisbane, acabé reuniéndome con varias personas del sello, muy amables, y le pregunté al tipo de ventas, ‘¿Por qué pasa esto?’ Y me dice, ‘Porque tu caja es mucho más cara’. Yo sé lo que vale la caja y el libreto – me cuesta a mi, no a ellos, me vale 83 céntimos más que el CD tenga tinta que cambia de color. A mi me dan el sablazo, no a ellos. Así que dije, ‘Bueno, no vale 10 dólares más’. ‘Ah si, es verdad, no lo vale. Básicamente es porque sabemos que tienes una audiencia fiel que comprará cualquier cosa que saques, por lo que podemos ponerle precio más alto a eso. Son las cosas pop las que rebajamos para que la gente las compre. Los auténticos fans pagarán lo que sea’. Y yo le dije, ‘Es la cosa más insultante que he oído nunca. ¿Me he ganado una audiencia fiel que a ti te parece bien estafar? Que te jodan.’ Es por eso que no verás a nadie del sello aquí porque les he dicho, ‘A la mierda. Fuera de mi puto concierto. Si queréis venir, compraos la entrada como cualquiera. Jodeos’. Son todos unos ladrones. No culpo a la gente por robar música si con ello consiguen quitar esta clase de mierda.
Esos diez dólares de más que piden no van a mi bolsillo, eso te lo prometo. Simplemente estos tíos que se han jodido su propio empleo, ahora esencialmente se lo compensan estafándole al público. Tengo una batalla donde trato de sacar material de calidad que importe y tengo fans que sienten que tienen derecho a robarlo y tengo una compañía tan burocrática, torpe, ignorante y desfasada que no sabe lo que hace, así que estafan a la gente.”
Teniendo en cuenta todos estos antecedentes le preguntan a Reznor si sabe como afrontará el lanzamiento de su próximo disco. “Me queda un disco por hacer con una multinacional, y luego nunca volveré a estar en una situación como esta. Si pudiera hacer lo que quiero ahora mismo, sacaría mi próximo álbum para que pudiese descargarse de mi web al bitrate que se quisiera, pagando 4 dólares vía PayPal. Ven a un concierto y compra una camiseta si te gusta. Sacaría una cosa bien presentada si quisieras la cosa física. Y saldría el día en que lo hubiera terminado en el estudio, no esta mierda de ‘Espera tres meses’.”
Todo el marketing con sitios web en plan ARG (Alternate Reality Game = Juego de Realidad Alternativa) fueron pensados por Reznor sin que su compañía tuviese nada que ver en todo ello. “Escogí hacerlo por mi cuenta, con grandes gastos financieros por mi parte, porque, primero, sabía que ellos (la compañía) no lo entendería. Y segundo, no quería que viniese de un sitio de marketing, quería que viniese de un sitio que fuese puro. Es una forma de presentar la historia y sirve de telón de fondo, algo que me emocionaría encontrar siendo un fan. Sé que desde el primer momento en que se lo contara a alguien del sello, estarían viéndolo en términos de ‘¿Como conseguiremos meter esto a una compañía de telefonía móvil?’ Eso es lo que hacen. Si algo se presta a eso, vale, no soy contrario a no perder un montón de dinero (risas) Pero solo se hará si tiene sentido. He tenido que posicionarme como el artista loco, irracional y testarudo. Al final, no estoy ahí para sabotear mi carrera pero la calidad importa y la integridad también. Pasar por cualquier aro o aprovecharme de cualquier situación desesperada que aparezca solo para vender un producto es dañino. Lo es.”
¿Y cree que las compañías le copiarán la idea? “Bueno, su respuesta cuando vieron que la cosa iba propagándose rápidamente fue, ‘Mira lo listos que hemos sido vendiendo este disco’. Esa es la reacción que he recibido. Otros artistas que se reunieron con el sello les preguntaron por ello: ‘¿Os gusta lo que hicimos para Trent? Mirad lo que hicimos para Trent’. Han tratado de comprar la compañía que lo hizo para aplicarlo a todos sus grupos. Así que estoy contento por haberles podido ayudar. Estoy seguro de que aún no entiende qué hicimos o porqué funcionó. Pero estad atentos al ARG de Black Eyed Peas, eso será maravilloso.”
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Cuando meses atrás supe que por motivos de trabajo debía viajar a Nueva York y a Washington DC, lo primero que hice fue conseguirme la cartelera local. Es que para uno, que esperanzado cruza los dedos cada vez que se entera de alguna banda relativamente importante que visitará Brasil o Argentina, estos viajes son muchas veces la oportunidad de ver bandas que quizás nunca darán una vuelta por nuestras tierras.
La cosa es que si es que te lo propones, Google es tu amigo. Y así me enteré que uno de los shows más esperados de este mes en NYC, junto con Elvis Costello y con el cacareado disco nuevo de Bjork, era el show que traería a la ciudad que nunca duerme a The Arcade Fire teloneados por los magníficos The National. Reviso raudamente Ticketmaster y la respuesta era esperable: Sold Out.
Pero supongo que usted haría lo mismo que yo. A pesar que el lugar era el desconocido The United Palace (imperdible el website: anunciando a Raphael de España) y que lo más probable es que en esta aventura me la jugara solo, tenía que hacerlo. La mañana del lunes tomé aire y decidí que entraría como fuese.
Luego de pasar más de cuarenta minutos en un metro casi completamente vacío, a unas 20 estaciones de mi hotel, me bajé en Broadway a la altura del 4200. Dado que las cosas nunca resultan como uno las propone, por supuesto que me bajé en la estación equivocada. Cuento corto, a dos cuadras de distancia es posible apreciar el famoso teatro, que en ese preciso momento descubrí que es de los típicos recintos, casi siempre teatros o cines en desuso, que son finalmente ocupados por sectas agrupaciones evangélicas con gurúes brasileños. Poca gente afuera a pesar de que faltaban sólo minutos para las 8, hora en que se daría comienzo a todo.
Cruzo la calle buscando alguna mirada cómplice. No de algún chileno ni menos de alguna neoyorquina. Sino la mirada cómplice de ese oscuro personaje que, esta vez esperaba, fuera mi pasaje non stop para levantar el puño diciendo lies, lies!: algún revendedor. Todo fue más fácil de lo que pensaba. Lejos de un flaite con mirada desconfiada y manos dentro de un polerón como escondiendo algo (ahora que lo pienso es casi una mejor definición de mi en ese momento), cruzando la calle me encuentro con un chico mostrando una entrada. Pregunta de rigor, subida de precio de rigor por su parte. A pesar de pagar casi 15 dólares más del precio de taquilla, el gran obstáculo ya lo habíamos salvado: teníamos nuestro ticket. El resto, era esperar.

Estando dentro, The National ya había empezado lo suyo. Sorprende en todo caso la sobriedad de su puesta en escena. Siendo algo así como casi los evil twin de Interpol -con mezclas precisas de Pulp y quizás por la voz del vocalista Matt Berninger incluso algo de Tindersticks- los de Ohio tocaron casi completo su alabado último disco Boxer en el poco espacio que dejaban los instrumentos del plato fondo de la noche. Se llevaron aplausos cerrados, especialmente porque siempre se agradece cuando se mezcla la melancolía con violines y guitarras afiladas. Bueno, para los amantes de los violines lo mejor estaría por venir.
Luego de algunos pequeños segundos de oscuridad, se iluminan las cuatro minipantallas redondas del escenario proyectando las formas electro-ochenteras de la carátula de Neon Bible, la última gracia de los canadienses y que vienen a presentar en NY. Las luces sobre el escenario apuntando directamente a los violines y a las tres bocinas que los diez Arcade Fire utiizarán con rabia, patadas a micrófonos mediante.
Y arrasan con el público masacrando desde el comienzo. Casi sin pausas pasaron “Black Mirror”, “No Cars Go” y la potentísima “Neighborhood #2 (Laika)”. A estas alturas el dolor de las manos cuando tanto aplaudes con esos ritmos clap-claclap-clap-claclap ya tan característicos queda atrás. Público completamente entregado y algo que no es del todo común ver, a lo menos en Chile, que es una devoción única en el escenario. Como si tocar en vivo estas canciones con subidas de volumen progresivo fuera una suerte de sanación para Win Butler y compañía.
Sobre todo al principio, molesta un poco la actitud de heroína emo que muchas veces exagera Régine Chassagne. Con aleteos sobreactuados y muecas para la galería a veces logra desconcentrar más de la cuenta. Pero especialmente después de alternar en la batería, llega a asustar lo que el multi instrumentismo (?) de los de Quebec puede llegar a entregarnos. ¿La nueva esperanza blanca del indie? Quien sabe. Más allá de lo que la crítica oficial dice, lo de Arcade Fire es de verdad. Te das cuenta que todo vale la pena cuando no te extrañaría que al terminar la última canción hagan todo pedazos. Y eso, hasta donde me enseñaron, es el ethos del rock.
Cuando ya se prendían las luces para retirarse, extrañé el tan nuestro aullido de exigencia de más canciones. Extrañé esa incondicionalidad sudamericana (?). Pero la realidad de un público ordenado que nunca ocupó los pasillos a pesar de volverse loco con cada acorde me hace recordar lo que acabamos de presenciar. Y es que después de una presentación tan sólida como esta y de sólo recordar la ya clásica mezcla “Neighborhood #3 (Power Out)” con “Rebellion (Lies)” donde el teatro casi se vino abajo, no queda más que conformarse. Después de Neon Bible los canadienses no tienen tope. Y yo sigo cada vez más incondicional.
Las fotografías son de Lawrence Fung y la del boleto, mía.
[este artículo lo escribí hace un par de días para Super45, pero quería también compartirlo con los lectores habituales de este rincón.]
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