Desde hace algunos días está en línea Musicapopular.cl, una notable iniciativa de los periodistas Marisol García, Jorge Leiva, Iñigo Díaz, David Ponce, Cristóbal Peña, Gabriela Bade, Paulina Cabanillas, Carlos Costas, Ana María Hurtado y Alejandra Lazo, que pretende ser la gran enciclopedia on line de música chilena.
Desde acá celebramos la iniciativa y los invitamos a visitarla principalmente porque ayuda a la difusión de la música chilena, utilizando licenciamiento abierto y libre (a pesar que para muchos dicha licencia no es libre, pero esa es otra discusión).
Starbucks Café junto con Astrocaglia producciones organiza periódicamente encuentros con personas que realizan actividades que les llama la atención. Esta vez es el turno de ONG Derechos Digitales.
Como parte de la plana mayor de ONG Derechos Digitalesestaré presente este Miércoles a eso de las 18,30 horas en el Starbucks de Agustinas 640 a conversar sobre Creative Commons y la formación de una cultura libre en ambientes colaborativos. En el fondo, de muchas de las cosas que hemos conversado en este blog.
Están todos cordialmente invitados. Además de los entretenidos temas de los que pretendemos conversar, la casa invita a una cata de exquisito caféExpresso Roast.
Nos enteramos gracias a los fantásticos chicos de Elástico respecto de XM, una compañía de radio por satélite que a través de un Inno permite que sus radioescuchas (?) puedan grabar los programas que reciben en sus aparatos bajo el lema “Hear it, click it, save it” (escúchalo, cliquéalo, grábalo).
¿El problema? Ese mismo.
La RIAA demandó a XM señalando que con este sistema de grabación de programas radiales se estaba realizando una masiva infracción del copyright, exigiendo el pago de la módica suma de 150.000 dólares por cada canción copiada. Leyeron bien.
Los medios señalan que la empresa pretende resolver el tema en tribunales y pelear hasta el final.
El tema me recuerda una discusión que seguro vendrá en algunos meses más en Chile respecto a las radios chilenas y sus Podcasts en línea. Bueno, espero que ni siquiera se de, porque el día en que la SCD sepa lo que es un podcast y se le ocurra por tanto cobrar por esas reproducciones, en ese preciso instante se acaban los podcasts de programas radiales chilenos. Como todos los podcasts de radio Concierto y de Radio Zero, por ejemplo.
Como mi querido Super45, por ejemplo. Pero esto será material para otro post.
Por ahora, quedémonos con este ejemplo nefasto de como el ejercicio de derechos de autor pretende matar a la tecnología. Nótese que digo pretende.
En una excelente nota en su blog, Rodrigo Guaiquil, quien además es Director de medios digitales de COPESA, nos cuenta del salto que ha dado La Tercera (un de los principales periódicos chilenos) en su tercera versión digital. Destaca Guaiquil la adaptación a 1024 de la resolución de la web y además la aparición del “Papel Digital” (que yo creía que eran pantallas con forma de hoja de papel) como elementos novedosos que podrían traer grandes repercusiones, no obstante que el “papel digital” trabaja con Flash, formato que está bastante lejos de ser novedoso en la web y que además adolece de serios problemas de usabilidad.
El artículo me hizo pensar respecto del título del post, del futuro de los periódicos digitales. Bien dice Rodrigo que en un principio, el proceso de digitalización de los periódicos consistió en realizar réplicas digitales que reprodujeran de alguna forma las versiones analógicas, pero hoy la cosa es distinta. Si analizamos someramente las tendencias de los principales periódicos que han apostado por sus versiones web, veremos que la primera de ellas es la gratuidad en el contenido. En noviembre de 2003, el diario El Pais de España anunciaba un cambio en su política inicial de puertas abiertas en el acceso a su contenido web por una agresiva versión de pago bajo el argumento de que “la mejor información había que abonarla”, diciendo que
“El Club de los Mejor Informados”, “(..) ha llegado el momento de trasladar a Internet la lógica que rige en el mercado tradicional de prensa: lo que tiene valor, cuesta” o “(..) el internauta exigente empieza a comprender que el todo gratis en la Red no es precisamente sinónimo de calidad y fiabilidad”.
En los próximos días, la edición web de El Pais celebrará un año desde que recapituló de esta política de cierre de contenidos y decidió volver a abrirse al público.
Pero esta no es la única tendencia. Es más, me atrevería a decir que la tendencia a cerrar los contenidos de los medios digitales está completamente condenada al fracaso. Un segundo paso fue la adopción de feeds RSS como una forma de acceder a contenido desde lectores de contenido sindicado. Pero como se señala en Caspa.TV, “si el debate hasta hace poco era contenidos de pago & contenidos gratuito, el próximo campo de batalla para las empresas de medios es contenidos en mi web & contenidos distribuidos anárquicamente”. Y esto es claro.
Si pensamos que la naturaleza de la web es considerar al lector no en un sentido pasivo, sino como un eventual generador de contenidos en sí mismo, podremos explicarnos proyectos como en feedback que se hace vía Pings a los artículos del Washington Post y el Post Remix del mismo periódico, además del create with the BBC de la tradicional cadena inglesa. Hasta El Mundo de España nos pide que hagamos cosas con su contenido.
Estos ejemplos no pretenden opacar la labor de La Tercera y su apuesta por la innovación, cosa que celebramos desde acá. Pero, y en esto me sumo a las observaciones hechas en La Naturaleza del Software, en las innovaciones al sitio se observan cambios más bien cosméticos y pensados más en la visibilidad que en la usabilidad. Tantas las energías en el cambio basado en cuestiones cosméticas que se observan errores como que si navegamos a través de los menús ubicados en el inicio, no nos lleva a la sección prometida sino que nos mantiene mostrando el index, sin contar que cuando accedemos a una noticia de una sección particular, por ejemplo, cultura, no nos da ningún link para acceder a la sección completa.
En definitiva, la idea no es echar por tierra la labor de La Tercera, que se nota que ha hecho una apuesta importante para no quedarse atrás en tecnología, pero me parece que la idea de web en que están pensando fue dejada atrás hace bastante tiempo. En el nuevo sitio de La Tercerano hay espacio alguno para la interacción del lector, y eso, en estos tiempos, lo hace ser un paso atrás, no adelante.
Hace rato que el Sello Alerce está mostrando formas creativas de acercarse a la tecnología, lo que es sorprendente, puesto que si bien es un sello independiente, tiene una trayectoria notable de más de 30 años apoyando la música local. Tanto así que no hay ningún sello que tenga un catálogo mayor de discos chilenos que ellos.
Su última movida, totalmente inédita en el mercado chileno fue colgar en la web del sello los singles de sus artistas en formato MP3 codificados a 192 kbps y 44,1 kHz en formato podcast.
Como el mismo sitio señala, inicialmente y como una forma de ponerse al día con los lanzamientos realizados hasta la fecha, se irán ingresando los singles de artistas de Alerce desde el 2000 al 2005, mediante una siguiente programación que va entre el 11 de abril y el 22 de mayo, fecha en la que estarían disponibles todos los singles desde el año 2000 a la fecha.
Que sean subidos en formato podcast implica que con la sola suscripción al feed RSS cada vez que el sello suba un single nos llegará una notificación en el lector de contenidos que usemos, en mi caso, Bloglines. Estupendo, ¿no?
Un aplauso para Claudio Gutiérrez y a toda la gente de Alerce por atreverse a apostar por formatos nuevos en un mundo donde la industria antes que adaptarse a la tecnología, pretende ilegalizarla y apuntarnos con el dedo como delincuentes.
Con esta campaña, la Consumer Electronics Association pretende negarse a los ataques que provienen de la industria del entretenimiento respecto del derecho del público de grabar desde una radio digital.
De reactivarse en nuestro Congreso la reforma a la ley de propiedad intelectual (reforma denominada Ley Antipiratería), deberíamos ser tanto o más imaginativos que ellos para primero generar conciencia respecto de lo que está en juego, y segundo para evitar que los lobbys parlamentarios ganen la partida.
Hoy es el día del derecho de autor, y para quienes estamos permanente observando lo que se dice, escribe y publica sobre el tema, ha sido un día distinto. Hasta hace poco este día era utilizado como plataforma para denunciar la piratería, ese mal que aniquila(ba) nuestras industrias culturales y de pasada deja(ba) a los autores sin dinero para pagar su pan.
En días como este, nos acostumbramos a ver a autores, ya sean escritores o músicos, quemando libros piratas o pasando un aplanadora a cerros de cds y dvd incautados del mercado cuneta. El mensaje era claro y contundente, con piratas circulando, los creadores se van al carajo.
Pero algo no cuadra. Cada día salen nuevas bandas y solistas, cada día hay más gente haciendo y estudiando música, yendo a escuelas de rock, jazz, pop, ensayando nuevas mezclas, etc. Los talleres literarios no cubren la demanda, mucha gente está escribiendo, presentado proyectos al fondart o a las editoriales. Un amigo editor me sopla que al año reciben casi mil manuscritos, de todos los géneros y calidades, pero que sólo logran publicar un poco más del 5% de esa cantidad. Entonces, en qué quedamos, ¿no era que la piratería mataba la creación?
Me huele (y en algunos casos, hiede) que estos no eran más que gritos desesperados de las industrias y sus intermediarios, o de aquellos que pensaban trabajar un par de años para vivir luego de las rentas. Claro que tenemos problemas en las artes, la piratería es uno de ellos, pero nunca ha sido el central. No hay un círculo de tocatas en Chile, no hay buenos espacios para tocar, la venta de libros es un verguenza, ni hablar de la formación de hábitos de lectura y el IVA al libro tampoco ayuda demasiado. Decir que el problema eran los piratas, era la vía fácil y caradura de justificar las ineficiencias de un modelo de negocios anacrónico y sin mucho futuro, que sigue pensando en vender ejemplares de obras.
Hoy, ha sido distinto. Hoy la prensa me ha sorprendido gratamente. Ellos, inconcientes probablemente, obedeciendo quizas a la simple lógica de reconocer lo que está pasando en el mundo de la creación y su distribución, omitiendo los comunicados de los quejosos de siempre, han sacado un buen par de notas, de esas que da gusto leer y releer, donde es dificil encontrar la pillería (quizás simplemente porque esta vez no la hay).
Hay partos intelectuales, y el de los derechos de autor en el nuevo siglo es como uno de trillizos. Pese a ello, burlarse de la paranoia alrededor del tema es sumamente sencillo. La industria musical ofrece ejemplos insuperables de una alerta exagerada que hoy cree que debe resguardar incluso aquello que nunca tuvo dueño.
La segunda referencia viene de Sara Bertrand en el reportaje Músicos Independientes: Sin etiquetas, por favor publicado en el Artes y Letras de El Mercurio. La periodista resume y publica de muy buena manera una verdad evidente hace rato:
[Los músicos independientes] No le temen a ser bajados y copiados por internet; todo lo contrario, la red es la Quinta Vergara para sus canciones. Gracias a ella, sus discos se reproducen una y otra vez, y suenan, a pesar de que muchos no tengan manager, ni sellos ni cadenas de distribución.
Y cierra con este comentario acerca de los músicos que prefieran nuestra querida expresión “algunos derechos reservados” por sobre la abominable y anticreativa “todos los derechos reservados”:
La difusión que los discos tienen en el ciberespacio es, ni más ni menos, la forma de respirar como grupo y conlleva el que más tarde el público rellene locales y los coree en sus tocatas. Por eso, para la mayoría de ellos, la demanda billonaria iniciada por Metallica contra los reproductores MP3 es sencillamente anacrónica.
Ha sido un buen día para el derecho de autor. Espero que siga estos pasos y deje de ser de una vez por todas esa herramienta compleja que se utiliza a veces para perpetuar monopolios e impedir a todos gozar libremente de las artes y cultura.
A estas alturas ya manejamos algunos conceptos de derecho de autor. Y manejamos también que debido a las inconsistencias de nuestra legislación -y la presión de las empresas, por supuesto-, muchas de las actividades que a diario realizamos son ilegales. Muchas de las formas por las que nos hicimos amantes de la música ahora resulta que son delictivas. Resulta que cosas que para muchos de nosotros son de sentido común, son delitos.
Para la ley, somos todos delincuentes.
Incluso George Bush. En este video cuenta varias cosas, entre ellas los tracks que tiene en su iPod.
Bush: Beach Boys, Beatles, let’s see, Alan Jackson, Alan Jackson, Alejandro, Alison Krauss, the Angels, the Archies, Aretha Franklin, the Beatles, Dan McLean. Remember him?
Yo encantado haría una campaña para investigar las prácticas de nuestros parlamentarios en este mismo sentido. Ya veremos qué hacer cuando este año vuelva a discutirse la ley corta antipiratería que sigue restringiendo las escasas excepciones y limitaciones.
Esto me recuerda una conversación off the record que por razones de trabajo tuve con un grupo de juezas de Santiago, donde una de ellas me mostraba su pendrive lleno de música bajada de Internet, según su propia confesión. Y sin ninguna conciencia de la antijurididad de esa práctica. Tanto así que una de ellas dijo “bueno, pero qué tanto, si es que no fuera por la piratería mucha gente no tendría acceso a la cultura“. No sé si estoy tan de acuerdo con eso, pero a lo menos creo que apunta al verdadero problema.
Siempre me había llamado la atención el que ciertas bandas utilizaran determinados servicios de alojamiento gratuito como MSNSpace o Myspace para publicitar su música. El caso más famoso es el de los Arctic Monkeys, quienes venden más de un millón de discos en un mes gracias a Internet. A tanto llegó su fama y las buenas críticas que incluso han sido catalogados por las exageradas revistas especializadas inglesas como uno de los 10 mejores discos del rock británico de todos los tiempos. Tal cual. A pesar de que personalmente creo que es un grupo menor, hasta fome, y que se les infla más de la cuenta, la realidad cae de golpe: en una semana fueron capaces de vender 360.000 discos, cifra que es el debut más vendido en Gran Bretaña en su primera semana, más que Oasis, por ejemplo. Bien impresionante.
La cosa es que la difusión de Arctic Monkeys fue a través de una de estos sistemas de alojamiento gratuito, en particular de MySpaces, plataforma que permitió a los fans bajar libremente sus canciones, dándose así a conocer y saltando al estrellato.
¿Cuál es el problema entonces?
Los contratos, obviamente.
Quienes usamos regularmente Internet todo el tiempo redactamos contratos. Para crear una cuenta de correo, para abrir un blog en blogger, para utilizar un programa que hemos bajado, etcétera. El drama es que muchas veces, sino nunca, nos fijamos en lo que dicen los contratos y nos lanzamos rápidamente a buscar el “I agree” que nos permitirá pasar a la siguiente pantalla para proseguir con los “next… next”. Sin tener idea de lo que estamos aceptando. Y de repente vienen los problemas.
Y les pasó a los Arctic Monkeys. Como señala Marta Peirano, Arctic Monkeys, que saltaron a la fama precisamente desde Myspace, han estado a punto de quedarse sin los derechos de sus temas por esa misma razón. Por los contratos abusivos. Si uno ingresa a la famosa página hoy puede leerse un mensaje que señala “Este sitio no es creado ni administrado por la banda. Por tanto este sitio podría ser considerado un “fansite” y nada más. Sólo para clarificar, para quienes tengan dudas.
Lo destaca Marta en su artículo, el contrato de MySpace, establece que:
“al mostrar o publicar ['postear'] cualquier contenido o material [textos, fotos, sonidos, diseños, películas, etc] en o a través de cualquier área pública de MySpace.com, el usuario garantiza automáticamente una licencia internacional, no exclusiva, completa y exenta de royalties [con derecho a sublicenciar de manera ilimitada con sublicenciatarios] para utilizar, copiar, modificar, adaptar, traducir, representar, publicitar, almacenar, reproducir, retransmitir y distribuir dicho contenido en y a través de sus servicios”.
Esta licencia finalizará cuando el contenido sea borrado del servidor. Lo que parece obvio, ¿no? Pero no. “Sin embargo”, continúa el contrato, “después de haber sido borrados los contenidos puede quedar un residuo u copia de seguridad de dichos contenidos en los servidores, y MySpaces.com mantiene los derechos sobre dicha copia“.
En castellano, cada vez que publicas una canción en MySpace le das todos los derechos patrimoniales de tu tema a la empresa. Incluso una vez que lo hayas borrado. ¿Lindo, no?
¿Sabrán de esto, por ejemplo, estupendos grupos chilenos como el proyecto de Javiera Mena Tele-Visa y la Dadalú y mis admirados Colectivo Etéreo?
A veces la tecnología nos sirve, y a veces gracias a estos contratos tramposos puede jugar en nuestra contra.