A principios de Octubre les contaba de la iniciativa de Defectivebydesign del día mundial contra el DRM o sistemas de gestión de derechos digitales (del inglés Digital Rights Management), tecnologías orientadas a restringir a los consumidores de ciertos usos por los titulares de derecho de autor de una obra protegida independiente de la voluntad del usuario final.
En este contexto, los inquietos chicos de FreeCulture.comorganizaron un concurso de videos al que denominaron Down with DRM en el que se pusiera en evidencia los problemas detrás de la existencia de los sistemas de protección de gestión de derechos digitales.
“El copyright se ha convertido en un asunto de política económica, incluso desde entidades como Disney, que nunca hizo nada original en su historia. Los derechos intelectuales se están convirtiendo en un obstáculo para la creación y están extendiendo esas trabas hacia el futuro”
Pettibon nació en Tucson, Arizona, en 1957. Es uno de los artistas más polémicos en artes visuales en el último tiempo. Como dice la nota, para él imagen y texto tienen que unir sus esencias para tener un sentido unitario, para darse fuerza. ¿Como la letra y la música en una canción? “Sí, es una manera elegante de explicarlo. Mis dibujos son como una canción“, explica.
Todo esto nos dice, obvio, que el tema está de lo más hot, por tanto no podemos ser menos en QLN.
En el capítulo anterior les explicaba la situación de Youtube en el tiempo y en el espacio. Les contaba en particular de las decisiones que deben estar tomándose en estos momentos respecto de cual modelo de negocios seguir para explotar económicamente este monstruo mediático.
Todos quienes conviven con niños saben quien es Barney. Si usted no convive con niños o bien no tiene televisión, deberá saber que Barney (se pronuncia “barni”) se supone que es un tiranosaurio rex rosado extrañamente asexuado y panzón que provoca reacciones realmente asombrosas a los chicos de la generación sub-12. Y no se sorprenda, porque su humilde servidor incluso ha visto a mayores de edad cantando enérgicamente “la canción de Barney” para caerle en gracia al infante de turno.
Qué tendrá que ver Barney con QLN se preguntará usted.
Stuart Frankel es un musicólogo neoyorquino que en un rincón de su página personal intervino una imagen del cariñoso dinosaurio agregándole cuernos, ojos rojos, dientes sangrientos y un pentagrama en la panza. Satanás, digamos.
Electronic Frontier Foundation lo asistió legalmente y le ayudó a responder dos de estas cartas, las que nunca fueron respondidas. Dado aquello, Frankel decidió recurrir a los tribunales para que declaren que sus dibujos de Barney diabólico son parte de la libertad de expresión garantizada por la Constitución norteamericana en su primera enmienda.
Explica la gente de EFF que el abuso de estas cartas de “cese y desista” se ha transformado en un problema importantísimo en Internet, toda vez que han servido más que para proteger eventuales derechos afectados, para limitar los derechos de libertad de expresión de los ciudadanos, como el caso de Frankel. “Es hora que Barney de pie atrás a su ejército de abogados y se dedique a entretener a los niños” dijo Fred von Lohmann, uno de los hombres a cargo del caso en EFF.
Ahora si uno lleva este caso a Chile, la cosa se pone mucho más delicada. No obstante que pudiera construirse jurisprudencialmente la figura a la luz de la norma constitucional que resguarda la libertad de expresión, nuestra ley de propiedad intelectual NO CONTEMPLA la excepción de parodia a partir de la cual en esta causa la que EFF pretende argumentar. En otras palabras, si usted pretendiera adulterar una imagen de Mampato y utilizarlo como un ícono de la causa homosexual, le aseguro que los abogados de Themo Lobos lo llevarían a tribunales. Y a juntar plata, juntar miedo.
Este señor es Carlos Fernandez Ballesteros. En el diario Las Últimas Noticias de ayer domingo aparece una pequeña entrevista que le hacen al uruguayo quien es “experto” en derecho de autor y Ex Sub Director General de la Organización Mundialde la Propiedad Intelectual (OMPI). Fernandez vino a Chile a hacer clases al Master en Derecho Internacional, Inversiones, Comercio y Arbitraje que imparte la Universidad de Chile en conjunto con la Universidad de Heidelberg.
La cosa es que en la entrevista Fernandez se manda unas joyitas dignas de destacar.
Probablemente Fernandez no tenga idea respecto de la legislación chilena en materia de derecho de autor, por lo que es posible perdonar que señale que “bajar música para el consumo personal no es ilegal, comercializarla sí”, no obstante que nuestra anticuada legislación no contempla distinción alguna desde el punto de vista de la ilegalidad entre reproducciones (“bajar música”) para uso personal o para fines comerciales.
Claro que señalar que “la fotocopia dentro de la constitución argentina es un delito penado por la ley” es bastante distinto. Obviando el eventual sinsentido jurídico que se colige de la frase, sólo basta darle una mirada a la Constitución argentina para saber que no hay norma alguna que diga lo que Fernandez Ballesteros cree que existe en el texto constitucional.
Agrega:
Lo que preocupa es que si tú copias un CD y luego lo regalas entre tus amigos y después a los compañeros de clase, esa copia toma dimensiones que paulatinamente comienzan a distorsionar el normal desarrollo de las obras y como consecuencia provoca perjuicios tanto en los autores como en las empresas que invirtieron en sus creaciones
Increíble la forma de plantear los préstamos de discos. Muchos de nosotros crecimos comprando esos cassettes TDK, realizando compilaciones personales de lo que sonaba en las radios de los ochenta y así llegamos hasta hoy, donde nos hemos transformado en unos amantes de la música. E incluso músicos como Thurston Moore, de Sonic Youth explicaba todo esto diciendo que las compilaciones “Existen simplemente como una seña de amor verdadero y del ego que implica compartir música con amigos y amores.“.
Además llama la atención que durante toda la entrevista no se refiera en ningún caso a que el derecho de autor está pensado tanto en la protección de los autores pero también en el acceso de las obras al público. Al derecho de autor no le interesa que las obras que se creen terminen amontonando polvo en vetustas bodegas, le interesa de sobremanera que dichas obras sean dispuestas al público. Pero el discurso de personas como Fernandez lleva a pensar que es correcto que las cintas de uno de los últimos recitales de Claudio Arrau en Chile en estos momentos se estén carcomiendo en las bodegas de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile porque carecen de los permisos para poder ser digitalizadas. ¿Para eso queremos derecho de autor?
Explicando la famosa copia privada -de la que en Chile hablaremos muchísimo en estos meses- y sus beneficios, Fernandez dice:
En estos casos, la ley autoriza la copia de uso personal, pero hay que pagar un pequeño impuesto al comprar un CD o DVD virgen. Por ejemplo, si cuestan un dólar cada uno, se venden a un dólar diez centavos (…) Y ese dinero proveniente del impuesto no va al gobierno, sino a la Sociedad del Derecho de Autor, así se compensa la pérdida de las copias. Es una idea digna de imitar.
Curioso. Lo que plantea Fernandez se puede ilustrar con un ejemplo. Es como si Horst Paulmann (dueño de una de las cadenas de supermercados más grandes de Chile) exigiera al gobierno que se recarguen los precios de los productos básicos para el hogar en un determinado porcentaje para compensar las pérdidas debido a los robos-hormiga que se producen repetidamente en dichas tiendas. Y que claro, ese impuesto no vaya al Estado, sino que vaya directamente a los bolsillos de la agrupación de supermercados. Así, cuando la señora compre aceite en el almacén del barrio, tenga que pagar ese porcentaje para paliar los problemas de la industria de los supermercados.
Muy razonable, como se pueden dar cuenta, sin contar -cosa no menor- que cuando compras el CD de Sufjan Stevens y copias algunos tracks para hacerle una compilación a la chica que te gusta, Sufjan Stevens no ve disminuido su patrimonio producto de esa copia, ni aunque hagas 500 copias del disco. Pero esa es otra discusión. Por ahora quedémonos con las curiosas lecciones de derecho de autor del señor Fernandez Ballesteros.
Antes de comenzar este megaevento mundial, les comentábamos respecto de la FIFA y su posición respecto de qué hacer con las imagenes del Mundial de Fútbol que se desarrolla en Alemania. Además nuestra cabeza futbolera nos ha enfrascado en dudosas discusiones respecto de lo que nos iba a deparar el mundial.
Por mi parte, no he podido ver muchos partidos del Mundial porque he estado viajando, pero no me he perdido los partidos fundamentales. Ver Argentina / México en Rio fue priceless. Claro que por otros motivos no tengo muchas fotos para compartir, así que en mi caso no aplica mucho este post.
Hoy, oh sorpresa, la misma FIFA está invitando a que los hinchas suban a su web fotos de su experiencia respecto del Mundial, pidiendo en forma expresa que sean licenciadas bajo una licencia Creative Commons Atribución (CC-BY).
Cada cierto tiempo nos informan las pérdidas que sufre la industria del entretenimiento por culpa de la piratería y de los delincuentes juveniles que recurren al P2P. Pobre industria, pierde cada vez más millones de dólares por culpa de todos nosotros los fascinerosos e inescrupulosos que no dejamos que Britney Spears cambie su velero por uno del año.
Siempre me han parecido sospechosas estas cifras. Porque claro, merece mis sospechas si en primer lugar quien dice cuando ha perdido es el sujeto de las supuestas pérdidas. Además, la lógica de la industria es hacer equivalente la descarga de, por ejemplo, un disco en Mp3 con el precio de un disco en una tienda, señalando que quien descarga un disco de Internet en el fondo está dejando de comprar el mismo disco en formato analógico en la tienda. Argumento que cae por su propio peso por lo discursivo y falto de comprobación empírica.
Pensando en eso, un bloguer tomó las cifras de descargas de música por Internet que informa la RIAA y las cifras de descarga de The Pirate Bay (un tremendo tracker que ofrece descargas vía Bittorrent) y las metió en un gráfico.
En enero de 2006, hubo aproximadamente 2370 torrents musicales publicados. Si estimamos que cada archivo musical pesa 5 megabytes, podemos estimar el número de infracciones como el número de descargas multiplicado por el número estimado de canciones involucradas. Corro mi programa, y cuando veo los resultados caí en shock!. Usando estos datos, hubo aproximadamente 76,272,931 infracciones causadas por los torrents publicados en Enero! Usando el valor que usa la RIAA, de $150,000 por cada infracción, el costo total de que sufre la industria musical era de $11,440,939,650,000!
La conclusión es que, según la industria, las pérdidas mensuales de la industria discográfica son más de ocho veces mayores que el producto interno bruto (anual) de Francia.
Una belleza de la estadística y de la forma de calcular cuando se trata de tu bolsillo.
Nos enteramos gracias a los fantásticos chicos de Elástico respecto de XM, una compañía de radio por satélite que a través de un Inno permite que sus radioescuchas (?) puedan grabar los programas que reciben en sus aparatos bajo el lema “Hear it, click it, save it” (escúchalo, cliquéalo, grábalo).
¿El problema? Ese mismo.
La RIAA demandó a XM señalando que con este sistema de grabación de programas radiales se estaba realizando una masiva infracción del copyright, exigiendo el pago de la módica suma de 150.000 dólares por cada canción copiada. Leyeron bien.
Los medios señalan que la empresa pretende resolver el tema en tribunales y pelear hasta el final.
El tema me recuerda una discusión que seguro vendrá en algunos meses más en Chile respecto a las radios chilenas y sus Podcasts en línea. Bueno, espero que ni siquiera se de, porque el día en que la SCD sepa lo que es un podcast y se le ocurra por tanto cobrar por esas reproducciones, en ese preciso instante se acaban los podcasts de programas radiales chilenos. Como todos los podcasts de radio Concierto y de Radio Zero, por ejemplo.
Como mi querido Super45, por ejemplo. Pero esto será material para otro post.
Por ahora, quedémonos con este ejemplo nefasto de como el ejercicio de derechos de autor pretende matar a la tecnología. Nótese que digo pretende.
Hace algunas semanas, con un título más que sugerente, les comentábamos acerca de la ilegalidad del iPod en nuestra deficiente legislación de derecho de autor.
Hoy, The Register publica una nota donde señala los resultados a los que llegó la encuesta encargada por el National Consumer Council (NCC) de Inglaterra, donde el 55% de los encuestados señala que sería perfectamente legal ripear un CD y pasarlo a formato digital como el MP3, y el 59% de los encuestados sostienen que ya lo han hecho alguna vez.
Cuando las leyes existentes promueven situaciones tan absurdas como esta, pues el problema no es que exista demasiado relajo por parte de las autoridades en la persecusión de delitos derivados de violaciones al derecho de autor, sino que el problema es con la existencia de dicha legislación abusiva y anacrónica a los tiempos de Internet. Por lo demás, no se persigue porque probablemente los carabineros que eventualmente enviarían, bajan música constantemente a través de redes P2P, así como también los jueces.
Según nos cuenta The Register, como parte de una estrategia proveniente de la MPAA la Federation Against Copyright Theft (FACT) ha entrenado a un par de perros labradores, llamados Lucky y Flo, para que tal como algunos otros perros detectan drogas dentro de los bolsos en los aeropuertos identifiquen DVDs dentro de los bolsos de los pasajeros.
Luego del entrenamiento, los pusieron a prueba en el aeropuerto de Stansted, en Londres, donde identificaron con relativa facilidad los bolsos que contenían efectivamente DVDs. El problema es que, claro, no podemos pedirle a los perros que además puedan distinguir entre DVDs legales de DVDs con contenidos ilegales, por lo demás, al parecer huelen igual. No obstante este más que obvio problema, el director general de FACT, Raymond Leinster, ha señalado que la iniciativa supone un gran éxito (?).
Parece que para estos señores el futuro perfecto es el que los impuestos de todos nosotros se inviertan en organizar redadas y destinar funcionarios públicos para que se dediquen a defender los problemas que están asolando a una industria que, a pesar de todo lo que se dice, goza de bastante buena salud. Ya se quisieran los dueños de farmacias tradicionales los índices de crecimiento de la industria del espectáculo.