Libro Internet, Copyright y Derecho: Opiniones Contingentes

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Siempre cuento que si le pidieran a mi madre que describiera aun ligeramente lo que hago para ganarme la vida, la pondrían en una situación incómoda. Bueno, una de las cosas que hacemos en ONG Derechos Digitales es escribir cosas y publicarlas.

Mañana Jueves 13 de Enero tendremos la oportunidad de lanzar nuestra última creación. Es un libro que hemos denominado «Internet, copyright y derecho: Opiniones contingentes” y que consiste en una serie de columnas que escribimos con Alberto Cerda sobre temas relacionados con el derecho y la tecnología. Es un texto de aproximación sobre temas de alta complejidad pero de directa relación con el interés público. Lo que intentamos hacer allí fue concebir artículos para la lectura breve que provoque una pasajera reflexión siquiera acerca de las nuevas y las viejas ventajas y problemas que las tecnologías, e Internet en particular, ocasionan a nuestra existencia.

Yo estoy particularmente orgulloso de su existencia.

Mañana en nuestra querida Facultad de Derecho de la Universidad de Chile lanzaremos este libro gracias al apoyo de los amigos del CEDI y comentarán el libro Alejandro Barros (ex Secretario Ejecutivo de la Estrategia Digital y actual director de ACTI) y Salvador Millaleo (profesor de derecho UDP). Será a las 18:30 horas y, además de tener el libro a precio rebajado, dicen que habrá vino de honor para los asistentes. Estoy seguro que varios de los lectores del blog les interesaría asistir. Si lo desean, les ruego confirmar al correo cedi@derecho.uchile.cl.

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La cultura del todo gratis

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La fundación Wikimedia acaba de recaudar 16 millones de dólares en su campaña de recaudación de fondos, dinero donado por más de medio millón de personas alrededor de más de 140 países. En promedio, cada uno donó 22 dólares a la fundación que maneja, entre otros, la ubicua y maravillosa Wikipedia.

Además de ser una gran noticia (no sólo por llegar a la meta sino también para dejar de ver la cara de perro apaleado de Wales), me ha hecho recordar los rabiosos argumentos por los paladines del derecho de autor en Chile sobre esa extraña cultura del todo gratis que esgrimen algunos y que pareciera ir en contra de la cultura y nuestros autores.

Esta cultura, que pareciera ser una campaña orquestada quién sabe en qué oficina de odiosa multinacional, estaría llevando a una crisis en nuestra industria cultural, que pareciera estar pereciendo cada minuto que pasa producto de estos malditos internautas que no pagan lo que debieran.

Tres ideas. (1) En Chile se editaron 70 nuevos discos chilenos el 2010, sólo dos de ellos por multinacionales: Los Bunkers (Universal) e Inti Illimani (Warner). (2) No se recuerda en Chile otro año con más conciertos en vivo que el 2010. (3) Si Wikimedia recauda 16 millones de dólares, quizás el problema no es que la gente no quiera pagar. El problema quizás está en que no les ofrecen algo por lo que valga la pena pagar, que es diferente.

La fotografía es de Mike Perez, CC:BY

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Las canciones de Los Prisioneros son de todos (cuando me conviene)

El largo camino al éxito parece estar lleno de obstáculos. Dificultades que no se reducen al escenario o al estudio de grabación. A veces las dificultades están mucho más cerca de lo que se cree.

Claudio Narea lo sabe. El ex-prisionero ha pasado por todo. Tener que guardar el orgullo en el bolsillo por los pesos de tocar en vivo de nuevo con la banda que lo hizo famoso, una fallida candidatura al Congreso Nacional, y dubitativos pasos por la literatura son testigos de los empellones de la vida de una estrella pasada. Como sea.

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Hoy parece estar embarcado en un nuevo proyecto con Miguel Tapia, y anuncia en LUN que en sus presentaciones en vivo también tocarán canciones de Los Prisioneros. Luego de indicar Miguel Tapia que le parece bien que Jorge González presente “La voz de los 80″ y que ellos también tocan los temas que les pertenecen (el destacado es mío), Narea indica que «Esas canciones no son de Jorge [González], son de todo el mundo».

Yo no tengo claro cuál es el alcance de la frase de Narea. Pero parece interesante que, mientras defiende a veces con más énfasis que el requerido ciertas posiciones proteccionistas y conservadoras en materia de derechos de autor, cuando se trata de usar las creaciones de González resulta que la cosa es milagrosamente de todo el mundo. Al final, somos todos comunistas hasta que nos tocan el bolsillo.

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Mirko Macari sobre HidroAysén y El Mostrador

Muchos se alarmaron con la publicidad de Hidroaysén que repentinamente comenzó a mostrar el periódico electrónico El Mostrador. Algunos, de hecho, intentaron hacer cruces y relacionarlo con la partida de la periodista de medio ambiente a la competencia.

Mirko Macari, director de El Mostrador, escribe una editorial para hacer frente al tema pero termina diciendo un par de verdades respecto del estado actual del debate público en Chile. Les recomiendo la columna completa y comparto un extracto del final.

(…)

El punto es que este no es un hecho aislado sino uno de los síntomas más nítidos de la decadencia de la discusión pública en Chile, convertida en un espacio sin espontaneidad ni alma, donde todos recitan clichés y frases huecas calculadas por asesores bien pagados. Un lugar donde nadie está dispuesto a dejarse convencer, ni a escuchar, ni menos seducir.

Y aunque uno esté cada vez más viejo y por lo mismo crea cada vez en menos cosas, en lo que sí sigo comulgando a pie juntillas es en el periodismo que cuenta buenas historias sin calcular objetivos. En el periodismo que se hace sin razón de Estado, en el periodismo que renunció a cambiar el mundo, pero quiere comprender los procesos. En el oficio que se resiste hasta el final al guión de los buenos contra los malos y tiene clara conciencia de sus limitaciones y falibilidades. Que vive feliz en la incertidumbre y se niega a disparar desde una trinchera preestablecida, como lo fue la prensa partisana del siglo XX.

Sorry si los decepciono pero no escribo calculando la huella de carbono del notebook. Perdón si duermo tranquilo y no tengo pesadillas por el duopolio ni me deprimo por el avance de las transnacionales. Excúsenme si abuso de mi libertad de responder.

 

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Los mejores discos del 2010

En Super 45 nos piden un listado de los 20 discos que más nos gustaron en el año. Y es medio costumbre que en estas fechas publique acá el mio.

Mucha gente me lo agradece porque así descubren discos que no conocían. A mi me pasa lo mismo con las listas de otros. Acá el listado en orden. Al final, aquellos dolorosamente «descartados» del top 20. Los que van con link, es porque son descargables y va link de bajada. De nada ;)

1.- Beach House – Teen Dream
2.- Deerhunter – Halcyon Digest
3.- Dënver – Música, Gramática, Gimnasia
4.- Arcade Fire – The Suburbs
5.- LCD Soundsystem – This Is Happening
6.- Javiera Mena – Mena
7.- The Radio Dept- Clinging to a Sheme
8.- Joanna Newsom – Have one on me
9.- Ariel Pink’s Haunted Graffiti – Before Today
10.- El Guincho – Pop Negro
11.- Gepe – Audiovisión
12.- Crocodiles – Sleep Forever
13.- ESDLCP – Historial de caídas
14.- Avi Buffalo – Avi Buffalo
15.- Surfer Blood – Astrocoast
16.- Gorillaz – Plastic Beach
17.- Sleigh Bells – Treats
18.- Maifersoni – Telar Deslizante
19.- Afrocubism – Afrocubism
20.- Cevladé – Coronación

Mgmt – Congratulations; Wavves – King Of The Beach; The Walkmen – Lisbon; Caribou – Swim; Teenage Fanclub – Shadows; Women – Public Strain; Tunng – …And Then We Saw Land; The books – The way out; Tame Impala – Innerspeaker; Ratatat – LP4; Owen Pallett – Heartland; Carlos Cabezas – Desamanecer; Jonsi – Go; Hot Chip – One life stand; Harlem – Hippies; Vampire Weekend – Contra; Protistas – nortinas war; Best Coast – Crazy for You.

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Wikileaks y la restricción de los derechos por privados

Señor Director,

Lo que ha sucedido con Wikileaks es probablemente uno de los problemas más importantes que ha enfrentado internet en muchos años. No sólo por la relevancia de la filtración de documentos que muestran labores diplomáticas rayanas en el espionaje ni el brutal ocultamiento de información sensible respecto de la guerra, sino a propósito de lo débil que se demuestra el ejercicio de los derechos fundamentales en el entorno en línea.

Hoy el enlace wikileaks.org no funciona producto de la repentina decisión de la empresa gestora de DNS de cancelarles el servicio. Hace un par de días Amazon dejó de prestarle servicios de hosting luego de la presión política de parlamentarios norteamericanos. En el papel, las razones de ambas empresas fue violación a los términos y condiciones de uso, contratos que pocos leemos cuando suscribimos servicios en internet. En la práctica, implicó un violento intento de acallar un discurso que se encuentra en disponible en internet.

Durante años hemos escuchado que internet es la panacea de la libertad de expresión. Pero la verdad es que hoy más que nunca existe la posibilidad de controlar y violentar los derechos humanos en internet y lo sucedido con Wikileaks es el ejemplo más radical de aquello. El desarrollo de los derechos que podemos hacer en la red, sea en nuestros blogs, en Twitter o en Facebook finalmente está condicionado a las decisiones arbitrarias de los administradores de los servicios basados en sus complejos contratos de adhesión. Esta esfera pública electrónica, en definitiva, se encuentra privatizada y a merced de decisiones de privados a veces particularmente sensibles ante las presiones políticas. Lo que nos enseña Wikileaks, entonces, es la urgente necesidad de establecer condiciones legales adecuadas para proteger no sólo la libertad de expresión sino los derechos fundamentales en internet para tener una mejor democracia.

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Wikileaks y las lecciones para la democracia

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A pesar de las sospechas de muchos, a estas alturas nadie parece cuestionar la carencia de justificación para la guerra de Irak. Por otro lado, muchos intuían que la guerra era bastante más cruenta de lo que contaban los cables de prensa y los fríos comunicados del gobierno norteamericano, pero hoy muchos tenemos claridad respecto de muchos de los abusos que se produjeron.

La diferencia entre uno y otro caso es la forma en que llegamos a esas conclusiones. En el primero, fue a través de la falta de evidencia de armas de destrucción masiva pese a la larga ocupación militar. En el segundo, sin embargo, tuvimos certeza de la muerte de inocentes a través del filtrado de un video que mostraba un helicóptero Apache piloteado por oficiales norteamericanos masacrando civiles desarmados en Bagdad. Ese video fue filtrado, a través de fuentes secretas, por Wikileaks.

Algunos han argumentado que se trata de documentación confidencial y que los Estados tienen derecho a declarar cierta documentación secreta, pero la verdad es en principio no puede existir secretismo en los actos del Estado. Es perfectamente legítimo que el Estado declare ciertos documentos como reservados, pero la filtración de los últimos días nos ha enseñado que los criterios para tomar la decisión de ocultar información son bastante más confusos de lo que uno pudiera pensar en principio y no han tenido por objeto la seguridad del país sino ocultar serias evidencias de manipulación de la opinión pública o derechamente ocultar actividades delictivas. Actividades diplomáticas más cercanas al espionaje que a mejorar la convivencia internacional y presiones oficiales al gobierno español para cerrar investigaciones sobre torturas de Guantánamo no parecen ser razones suficientes para que dicha información no sea revelada. Como debiera ser una lección aprendida en Chile el secreto, la confidencialidad de cierta documentación, no puede jamás en una democracia ser una excusa para ocultar abusos de privilegiados agentes del Estado. En una democracia no existe la “vida privada” de los estados.

Por otro lado, existe una relación directa entre calidad de la democracia y la transparencia del actuar de los funcionarios públicos. Por cierto mucha de la documentación filtrada es información que no reviste más interés que develar ciertos fisgoneos innecesarios y la arrogancia de algunos funcionarios diplomáticos norteamericanos. Pero muchos de esos documentos también nos dan cuenta de prácticas que creíamos olvidadas, de presiones políticas a gobiernos y de abusos inaceptables. Una de las enseñanzas fundamentales es que tanto la prensa como los ciudadanos tenemos derecho a saber lo que el gobierno y los organismos del Estado hacen a nombre de todos y a costa del erario público. Particularmente tenemos derecho a saber cuando los funcionarios del estado, además, han utilizado dichos recursos para mentirle a la población.

Por último, la repentina decisión de Amazon de dejar de prestar el servicio de hosting a Wikileaks debido a presiones del gobierno norteamericano devela además la fragilidad de la defensa de los derechos fundamentales en internet y demuestra el poder actual de los gobiernos por sobre el estado de derecho. Esto último, curiosamente, lo que Wikileaks parece informarle a gritos al mundo con su filtración. Wikileaks nos enseña el valor del escrutinio de los actos públicos y la importancia del control del poder. En una democracia robusta, la libertad de expresión, la transparencia y el acceso a la información pública son herramientas fundamentales para el control del poder. El que hoy ambos conceptos sean puestos por algunos en tela de juicio para proteger ambiguos conceptos como seguridad nacional o la estabilidad internacional es el gran triunfo, y la gran enseñanza, de Wikileaks.

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Así se construyó el último disco de Girl Talk

Acá podrán ver de dónde salió cada uno de los cortes del disco All Day de Girl Talk. De verdad es impresionante.

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El suicida del copyright

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(Fotografía Justin Davis, CC:BY-SA)

Hace algunos días Jammie Thomas-Rasse fue condenada a pagar más de un millón y medio de dólares a la industria discográfica norteamericana por la descarga de 24 canciones desde su hogar. La misma industria que no tiene escrúpulos en inventar productos que insiste en denominar artistas y la misma que se esmera en entregar pretenciosos premios con nombres de piedras preciosas a cantantes que aun no venden ni una sola copia en las disquerías.

Esta semana recién pasada Gregg Gillis ha publicado su quinto disco. La totalidad de sus canciones son tan originales como ilegales. Según Wikipedia, en nota editada solo horas después de la publicación online, Gillis -también conocido como Girl Talk- se sirvió de 372 piezas de canciones para construir All Day, sin contar con la autorización de sus titulares de derechos de autor. Sin ir más lejos, el sello que lo publica se llama, casi como si fuera un arriesgado guiño a una industria que ha hecho de los tribunales de justicia la mesa a patear, Illegal Art. Todo comienza con uno de los riffs más famosos de la historia del rock y la quebradiza voz de Ozzy Osburne en War Pigs repentinamente comparte pista con las rimas de 2Pac y Jay-Z. Siguiendo el cálculo de los abogados de la industria discográfica -según algunos los únicos que se benefician en esta guerra del copyright- Gregg Gillis debería haber depositado en las cuentas de la industria musical más de 23 millones de dólares para hacer un disco que respetara los dictámenes de la regulación del derecho de autor. De ese derecho que al parecer tiene poco de protección a autores y mucho de defensa de la industria y sus abogados.

Varios se han preguntado por qué Gillis no ha sido llevado a alguna corte norteamericana a confesar sus delitos flagrantes. Una de las explicaciones es que Girl Talk hace rato que dejó de ser un artista inofensivo y under. Ha tenido aparición estelar en varias películas que se refieren a la reflexión crítica sobre el derecho de autor, profesores universitarios y legisladores hablan de él y en definitiva se ha convertido sin quererlo en un caso ejemplar de esta cultura del remix y el mashup. Demandarlo, sostienen algunos, implicaría encender las sirenas para grupos de defensores del fair use sirviendo como un ejemplo paradigmático de por qué tenemos que cambiar la ley. No sólo probablemente sería defendido por los abogados más prestigiosos de Estados Unidos (fundamentalmente EFF y el Berkman Center de Harvard), sino que de pasada sería un cuestionamiento radical a las prácticas de la industria. En Chile, la SCD debe estar tranquila porque, cosa curiosa, el artículo 71B de la ley de propiedad intelectual podría autorizar al uso que hace Girl Talk sin necesidad de pago alguno.

Los gurús 2.0 -casi siempre más preocupados de inventar conceptos que parezcan nuevos que del rigor- dicen que estamos en una etapa extraña en la historia, superando el llamado paréntesis de Gutenberg. La idea, en resumen, sostiene que la masificación de la tecnología implica una vuelta al principio, un rompimiento con las lógicas de la era moderna en lo que se refiere a la producción cultural. Estaríamos ante una vuelta de la producción propia, de lo artesanal, la fragmentariedad y, sorpresa, el remix. En esta vuelta a las raíces, Girl Talk viene a ser el perfecto negativo, el doppelgänger, del artista del renacimiento europeo. El creador renacentista, ese ermitaño malgenio y vividor que soñaba con la aparición del ‘genio’ que le ilustrara el camino de la creatividad, es hoy un ingeniero químico que debe plastificar su computador para evitar algún percance derivado del sudor o de la cerveza desperdiciada por los aires al calor de su energético show en vivo.

Pero tratamos con las leyes que querían proteger al idealizado artista clásico al artista del futuro que hace de la mezcla insolente una construcción cultural valiosa, creativa y, paradójicamente, original. Desde la óptica del derecho de autor tradicional, Girl Talk está más cerca de ser un suicida que el cada día menos rockero -y más delirante y menos creativo- Claudio Narea, agresivo paladín de los intérpretes criollos. Girl Talk no sólo hace un ejercicio obsceno y provocador de rescate y remezcla cultural sino también pone en jaque las concepciones clásicas de autoría y obra original. Sin querer queriendo, y con cinco discos que parecen una extraña pero valiente inmolación, también nos muestra las fronteras del derecho de autor del futuro.

(artículo publicado en Super45.net)

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Este es un blog bielsista

Marcelo Bielsa

Derechos de autor de Terra.cl.

Si eligen a ese otro señor que celebró que los hinchas no votaran, apoyado por el gorila que comparó la decisión de Bielsa con el corte de gas argentino (?), prometo aquí y ahora no ir al estadio ni abonarme al CDF por tres años.

Dirigentes, no nos avergüencen de nuevo. Marcelo, en serio, no nos dejes.

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