El mundo de los artículos académicos que nadie lee

⎯⎯⎯ Martes, marzo 25, 2014

Un estudio de la Indiana University descubrió que «hasta el 50% de los artículos académicos no son leídos por nadie más que sus autores, árbitros y editores de revistas.» Ese mismo estudio concluyó que «aproximadamente el 90% de los artículos que han sido publicados en revistas académicas jamás han sido citados». O sea, nueve de cada diez trabajos -que a menudo toman años de investigación, compilación, presentación y finalmente ser publicados, y son la principal evaluación de un investigador- contribuyen muy poco a la conversación académica.

(Via @apalet)


Acerca de los refritos de los ochenta

⎯⎯⎯ Domingo, marzo 16, 2014

De hecho, ha sido tan explotado que ya nos hemos quitado todas las manías y hemos y podemos canibalizar a A-Ha, Hall & Oates, el Tango in the night de Fleetwood Mac o incluso alguna aventura en solitario de Sting. Lo que entonces era asquerosamente maduro, hoy es melancólico. Lo que antes era música para yuppies, hoy es pop para listillos. Primero era irónico y no hacía gracia. Ahora se presenta sin máscara, ni coartada intelectual, ni nada que se le parezca. De aquí a poco, si seguimos a este ritmo, celebraremos el legado de Shania Twain y no se nos escapará ni media sonrisa.

Xavi Sancho de El País, reflexionando de estos refritos ochentenos a los que nos hemos tenido que acostumbrar en estos últimos años, a propósito del estupendo disco nuevo de Broken Bells. 


El problema de los ciclistas

⎯⎯⎯ Martes, enero 14, 2014

Desde hace más de cinco años tengo la suerte de vivir a una distancia razonable de mi lugar de trabajo y puedo ir y venir en bicicleta. Luego de muchos años pasando dos horas diarias en micros llenas de gente camino a La Florida, vivir cerca de mi trabajo era una prioridad. La misma bicicleta me acompañó todos estos años y recién hace un par de meses la renové por otra single speed (bicicleta sin cambios, solo una velocidad), que me permite circular con tranquilidad por los cinco kilómetros y medio que me separan de la oficina.

Pese a lo que algunos puedan decir, transitar en bicicleta por Santiago es una actividad peligrosa. A diferencia de modélicas ciudades del norte de Europa, en Santiago no sólo no hay una cultura asociada a un respeto mínimo a quien circula por la calle impulsado a través del esfuerzo de su cuerpo, sino que nuestras calles tienen hoyos, hay rejas de desagüe imprudentes y las micros y su trayectoria bipolar son un estímulo a circular con todos los sentidos puestos en la vía. Los taxis que doblan a la derecha sin señalizar, las puertas de los autos que se abren intempestivamente y las micros que adelantan para luego detenerse en el paradero que está a 10 metros más adelante son también obstáculos que desincentivan el uso de la bicicleta. Si me preguntan a mi, el mayor problema es la ridícula velocidad a la que circulan los automóviles en Santiago, siendo la excepción que lo hagan a 60 km/h, haciendo arriesgado circular por la calle y han hecho aparecer, así, a los criticados ciclistas de vereda

Pero el problema en la calle son también los ciclistas.

Los ciclistas no usan casco. En Chile, más allá de las discusiones filosóficas que tanto le gusta a los amigos ciclistas, usar el casco es obligatorio para quienes circulan en zonas urbanas. Es incómodo, es caluroso, es una lata, es cierto. Pero también es cierto que, al menos a mi, en el único accidente que he tenido -que fue en una espantosa ciclovía- básicamente me salvó la vida. No estoy tratando de hacer de mi experiencia personal una regla a seguir, pero circular sin casco por las calles de Santiago -que lamentablemente parece ser la regla, particularmente en los recién llegados- es una irresponsabilidad juvenil, una pataleta adolescente demasiado arriesgada. 

Los ciclistas no usan luces. Usar luces es atadoso también. Hay que sacarlas cada vez que uno se estaciona, son feas y casi todas usan pilas. Y hay que conseguir pilas. Es alarmante el número de ciclistas que no usan luces. Lo he visto circulando yo mismo en bici o manejando el auto. Honestamente, ¿Habrá alguna buena razón para circular en bicicleta por la noche sin luces que te hagan visible para automovilistas que suelen circular a exceso de velocidad? No. 

Los ciclistas no respetan a los automóviles. Circular por la calle, ser tráfico, supone también comportarse como un vehículo. Respetar la señalización, respetar los semáforos, respetar a los peatones y respetar a los compañeros ciclistas. Lamentablemente, esto no suele pasar. Usualmente, y cuando digo esto pienso en todos-los-días, veo ciclistas bajando por Avenida Bilbao a toda velocidad haciendo slalom a través de las pistas de los autos ni respetando los semáforos. Adelantando a bicicletas que te han adelantado algunos metros atrás, usando la pista de la derecha y luego la de la izquierda sin motivo aparente y subiéndose a la vereda cuando los requerimientos del tráfico así lo indican. 

Sí, la culpa no es sólo de los ciclistas y es fácil echarle la culpa al resto -que vaya que en este caso tienen harto de culpa- pero hasta que no construyamos una cultura de respeto por las reglas del tránsito, y por el respeto al que va al lado tuyo, circular por Santiago va a seguir siendo no sólo peligroso sino patrimonio exclusivo de quienes circulan en vehículos a motor. El problema también somos nosotros. 


Los mejores discos del 2013

⎯⎯⎯ Lunes, diciembre 23, 2013

Suuns - images du futur

En parte por estar dos veces a la semana en la radio Zero presentando música nueva —y buena, al menos según los eclécticos estándares de Boris Orellana y el suscrito-, y en parte por esa necesidad inexplicable y absurda de escuchar casi todo lo que pasa por delante, este año nuevamente ha sido un año de excesos, al menos en lo que se refiere a mi consumo personal de discos. 

Un año que nos intentó llevar a la fuerza a principios de los ochenta, como si la película de Michael Mann no hubiera ya cerrado la puerta por dentro a la estética flúor y a la velocidad hedonista. Discos como el de Blood Orange (alter ego de Dev Hynes aka Lightspeed Champion), Rhye o The Weeknd muestran que esa nostalgia moralista de la que hablaba Simon Reynolds estaba allí, agazapada esperando  engatusar al crítico musical de turno, ávido de novedad (vaya paradoja) y de re-descubrir lo ya descubierto. Una cosa es hacer el nuevo Funeral, otra muy distinta husmear entre líneas la fórmula del éxito. 

Estos son mis veinte favoritos del año.

      1. Suuns – Images du futur
      2. Bill Callahan – Dream river
      3. My Bloody Valentine – m b v
      4. Nick Cave and the bad seeds – Push The Sky Away
      5. Of Montreal – Lousy with Sylvianbriar
      6. Suede – Bloodsports
      7. John Grant – Pale Green Ghost
      8. Run the Jewels – Run the Jewels
      9. Kurt Vile – Wakin On A Pretty Daze
      10. Phosphorescent – Muchacho
      11. Low – The invisible way
      12. Mutual Benefit – Love’s crushing diamond
      13. William Onyeabor – Who is William Onyeabor?
      14. Atom TM – Atom TM
      15. Eleanor Friedberger – Personal Record
      16. Fármacos – Los días más largos
      17. Cate le bon – Mug museum
      18. Yo La Tengo – Fade
      19. Arcade Fire – Reflektor
      20. Franz Ferdinand – Right thoughts, right words, right action

Otros que me gustaron y quedaron fuera:

Matías Aguayo – The Visitor
Chvrches – The Bones Of What You Belive
Edwyn Collins – Understated
Foxygen – We Are the 21st Century Ambassadors of Peace & Magic
Emiliana Torrini – Tookah
RJD2 – More is than isn’t
Baths – Obsidian
Volcano Choir – Repave
Alex & Daniel – Alex & Daniel
Amor de días – The house at sea
M.I.A., “Matangi”
Jagwar Ma – Howlin
Tus amigos nuevos – no sí son

(ver ediciones 2005200620072008200920102011 y 2012).


¿Está muerta la privacidad?

⎯⎯⎯ Lunes, noviembre 25, 2013

A fines de 2012 desde la Fundación Comunica y el Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo (IDRC) me invitaron a coordinar una mesa de trabajo relativa a privacidad en el marco de la Cuarta Conferencia Ministerial sobre la Sociedad de la Información en América Latina y el Caribe. 

Esta mesa de trabajo era parte de un esfuerzo un poco más grande de análisis desde la sociedad civil de aspectos a tomar en cuenta por nuestras autoridades en el marco de la larguísima discusión en torno a la sociedad de la información. 

A la mesa invitamos a Carlos Gregorio, a Beatriz Busaniche de Vía Libre, a Katitza Rodríguez de EFF y a Ramiro Álvarez de la Asociación por los Derechos Civiles de Argentina. Todos aportaron tanto en su presencia como por escrito sus reflexiones sobre la regulación y los desafíos regulatorios de la privacidad en la era de internet (previo a las revelaciones de Snowden). El documento es rico y trata una serie de temas de interés. La fundación Comunica ha decidido editarlo en libro y puede descargarse gratuitamente desde su web o bien comprarse en Amazon en formato Kindle

A continuación es la reflexión que preparé para el encuentro.

Propuestas para una reflexión crítica sobre la protección de la privacidad en la era de internet

Internet ha cambiado la forma en que nos comunicamos, interactuamos, accedemos a la cultura y a la información. Ha cambiado, de buena forma, la manera en la que nos enfrentamos al mundo. Estos cambios, que en muchos casos supone buenas noticias (acceso, conectividad, inmediatez), en otros casos supone conflictos y problemas desde la óptica de los derechos. Particularmente, serán las formas tradicionales de entender y tratar los derechos de propiedad intelectual y los derechos vinculados con la privacidad las más afectadas con estas nuevas dinámicas y prácticas derivadas de las nuevas tecnologías.

En el caso de los derechos vinculados a la vida privada, la masificación de las nuevas tecnologías ha supuesto la renovación de antiguas preguntas y la aparición de otras nuevas, vinculadas básicamente a las nuevas posibilidades relativas al tratamiento de información personal de los ciudadanos a través de estas plataformas. Mientras en un principio los derechos relacionados con la privacidad parecían verse agotados con el asegurar el derecho a estar solo o a la no intrusión del Estado, la emergencia de las tecnologías de la información parecen enfrentarnos a antiguas preguntas sobre al alcance de lo privado, pero también a otras nuevas, relativas al consentimiento para el procesamiento de información personal por terceros o a los grises contornos del derecho constitucional a la vida privada. Tanto así que algunos son reacios a utilizar incluso el concepto de ‘privacidad’ por considerarlo un anglicismo inaceptable, prefiriendo usar ‘vida privada’ o intimidad (que suelen utilizar los textos constitucionales de la región) para hacer referencia a aquellas áreas distintas de lo público.

Así por ejemplo, la masificación de las denominadas redes sociales debe ser uno de los desafíos más importantes que ha enfrentado la privacidad en los últimos años. En la era pre-digital existían una serie de prácticas que se encontraban confinadas al núcleo familiar o bien a un círculo delimitado de confianza, como compartir recuerdos o hablar de sus relaciones sociales. Las plataformas sociales han cambiado la forma en que dichas prácticas se reproducen, donde ya no parecen ser solamente dentro aquellos espacios de confianza donde se expresan, sino que esta vez también se alrededor de grupos con intereses colectivos, donde a través de las prácticas -y no necesariamente lo que establece la ley- dichos contornos se hacen cada vez más difusos.

Adicionalmente, acuerdos regionales o bilaterales de comercio han supuesto otro cambio en la forma en que enfrentamos la privacidad desde el punto de vista normativo, especialmente en el manejo de los datos personales. Latinoamérica, desde esta perspectiva de análisis, ha sido campo fértil para la experimentación y para la adaptación de esquemas normativos foráneos, sea a través de la adopción como propios de los criterios europeos, sea a través de la aceptación de estándares más difusos, como los de Estados Unidos. La privacidad en la región es más bien un concepto lleno de espacios, grietas y rendijas que ha permeado toda clase de abusos y de pereza legislativa. El resultado final es un estándar insuficiente de protección y, lo que es aún más grave, la carencia de una reflexión respecto de los aspectos más problemáticos de la privacidad en el siglo veintiuno desde la región.

Dada esta masificación de estas prácticas, ¿será que la privacidad como la conocemos se encuentra en fase terminal? ¿Será que debemos abandonar la idea de un derecho a la vida privada, reformular el concepto, o bien dedicarnos a abordar los nuevos riesgos que enfrenta? ¿Será que los derechos vinculados al tratamiento de información personal por parte de terceros debieran ser reconceptualizados a la luz de los cambios paradigmáticos de las nuevas tecnologías? ¿Será que es hora de hablar de nuevos conceptos e inventar nuevas asociaciones para saber qué es necesario proteger? ¿O será que los instrumentos internacionales de derechos humanos nos pueden dar pistas y orientaciones para hacer este análisis crítico sobre la privacidad en la era de internet?

Por cierto estas no son las únicas preguntas que vale la pena hacerse cuando se trata del tratamiento de información personal. No solo a través de prácticas de privados, sino fundamentalmente también a partir de políticas elaboradas por organismos del estado es que los derechos vinculados a la privacidad se ven en constante amenaza. Las nuevas tecnologías y su masificación han supuesto cambios importantes en la manera en la que nuestros derechos fundamentales son entendidos. Estos cambios han supuesto también cambios en los modelos de vigilancia, que en principio estaban pensados para reducir la comisión de delitos y, en general, derivados de requerimientos de seguridad, últimamente se ha convertido en un fantastma omnipresente, haciendo de la vigilancia estatal y privada algo así como un costo de la vida moderna. Así, respecto de la privacidad cabe una gran paradoja. Por un lado es de aquellos derechos fundamentales con orígenes claros en su reacción ante los abusos de las prácticas monárquicas, como una construcción primigenia de derechos de tipo civil de no intromisión en aquellas cosas privadas. Como un escudo frente a los abusos de la autoridad. Pero por otro, en nuestra vida moderna los requerimientos derivados de la protección de la privacidad parecen difíciles de asir para buena parte de la población. Además de ser un costo de la vida moderna, y a diferencia de otros derechos, los peligros de la falta de protección de nuestra vida privada son difusos, grises y de difícil definición, básicamente por su propia naturaleza. ¿Por qué ocultar cosas si es que no tengo nada que ocultar?

Adicionalmente, dos elementos son de especial preocupación cuando hablamos de la privacidad en el siglo veintiuno. En primer lugar, y como se señalase con anterioridad, los esfuerzos normativos de los países de la región han sido más bien erráticos y, en general, no son más que remedos de soluciones normativas parciales llevadas a cabo en otras partes del mundo. La adopción de dichos estándares normativos responden por un lado a ciertos requerimientos a los países del sur por parte de economías más desarrolladas en torno a lógicas del libre comercio, pero también suelen responder a factores relativos a la generación de economías de escala y a la creación de empleos y necesidad de configurar un modelo amistoso para la inversión extranjera. Así las cosas, países como Argentina, pero fundamentalmente Chile, son pradigmas de unos intentos normativos que pretendido establecer mejores condiciones de inversión y generación de empleos de industrias basadas en el tratamiento interfronterizo de datos, particularmente, de inversionistas europeos, que requieren de una estructura normativa acorde cuando se trata de tratamineto de datos de ciudadanos europeos antes de tomar la decisión de invertir. Así, los requerimientos, prácticas e intereses de los ciudadanos locales de ver merjorada su protección de datos personales en un ambiente hostil para la privacidad como son las nuevas tecnologías, son sólo requerimientos de segundo nivel.

Las nuevas tecnologías han supuesto, además, la creación de nuevas prácticas en nuestra interacción con estos implementos, particularmente cuando se trata de medios digitales. La reacción del Estado, como hemos visto, es particularmente errática y se balancea entre la inacción y la sobre reacción normativa, por cierto no obteniendo resultados esperanzadores desde la óptica de los derechos, al final. En este contexto, dichas prácticas que, como indicábamos, ha hecho bajar ostensiblemente los costos de transacción en el intercambio de información, también suponen desafíos esta vez no solo normativos sino también de educación y de comprensión de los efectos que tienen esas prácticas en el ejercicio de derechos que, en el mundo pre-digital, parecían un poco más concretos, un poco más presentes. Así, ambas preocupaciones en definitiva tienen mucho que ver con el rol que debiera jugar el Estado. Al menos en un triple sentido. Primeramente, asegurando un marco normativo adecuado que esté pensando en los ciudadanos y el resguardo de sus derechos en un entorno hostil para la privacidad, recopilando y orientando políticas de prevención de riesgos cuando se trata de intercambio de información personal. Segundo, educando respecto no solo de los beneficios que, como veremos, se tornan cada vez más concretos y palpables, sino fundamentalmente de los riesgos que supone este intercambio de información facilitado por las herramientas derivadas de estas nuevas tecnologías. En tercer lugar, masificar buenas prácticas derivadas del uso de herramientas sociales y relativas a la entrega de información personal a compañías que, por lo demás, están interesadas en dicha información como base de un modelo de negocios que descansa en la personalización de la publicidad. Lamentablemente, a la luz de las prácticas existentes en la actualidad, la respuesta en general de las instituciones públicas distan de dicho estándar.

Y no sólo eso. En latinoamérica, como se verá, esta tensión entre la protección de los derechos y el errático rol del Estado ha tomado una dimensión un poco más compleja, si se quiere. Prácticas vinculadas con la videovigilancia promovida bajo la cortina de la lucha contra el delito o bien derivadas de la necesidad de controlar ciertos flujos como información biométrica o información derivada del transporte de los ciudadanos, han aparecido en los últimos años como nuevas amenazas para la privacidad de en la región. Si a esto se le suma lo dicho con anterioridad respecto de la escasa efectividad de la aún precaria protección normativa, nos hace ver un paisaje algo desalentador para el futuro de la privacidad en la región.

En relación a lo anterior, y como se verá, algunos parecen esgrimir como solución el establecimiento de protocolos especiales y privados para la gestión de la información personal cuando se trata de medios digitales. Sin duda alguna dichas medidas reducen de manera sustantiva los riesgos de filtración y vigilancia respecto de información que de otra manera circula con cierta libertad a través de las redes, pero no parecen ser una respuesta adecuada a un problema de carácter público. Dichas soluciones suelen ser la salida para el ciudadano avezado y con conocimientos técnicos y, por lo mismo, tiene alcances demasiado restringidos. Problemas de carácter público debieran ser más bien enfrentados a través de una batería de medidas que partan de la base del establecimiento de una plataforma normativa adecuada y progresista, pero que vaya de la mano con políticas públicas eficaces, como se ha indicado más arriba.

Adicionalmente, en la región queda abierta la discusión respecto de *cómo* debiera ser una apuesta normativa progresista y liberal que haga frente a estos problemas. Obviamente no existen fórmulas y, las que existen, carecen del carácter contextual que debiera gozar una respuesta fuerte desde la óptica de los derechos, no respondiendo necesariamente a las prácticas que hemos indicado y que, en muchos, casos tienen un fuerte carácter socio cultural. Probablemente una orientación para esta normativa podría estar dada por la vinculación de la protección de la privacidad con otros derechos fundamentales. No es casual que, sea de la mano de la jurisprudencia en ciertos casos o en otros derechamente de una apuesta regulatoria de nivel constitucional, en muchas ocasiones se destaque la relación existente entre la protección de la privacidad y la libertad de expresión, en el sentido de ser la primera en ciertas circunstancias una expresión de la segunda. Así, por ejemplo, la dimensión de la protección de los datos personales entendidos como un presupuesto de la autodeterminación informativa, configura un derecho fundamental complejo que comparte muchos de los fundamentos de la libertad de expresión, siendo de alguna manera también presupuesto de una sociedad basada en principios democráticos robustos.

Otro de los desafíos de la protección de la vida privada vis a vis los datos personales tiene que ver con un aspecto ya tratado anteriormente relativo a las prácticas. En reiteradas ocasiones se argumentan estas novedades a partir de los beneficios concretos y palpables que podemos -y *es deseable*- recibir, siendo por tanto las vulneraciones a nuestra vida privada nada más que costos de ser aprte de una sociedad moderna. Quizás una forma de comenzar a responder a las preguntas presentadas con anterioridad sea configurando también cuales son los desafíos que *concretamente* suponen estas vulneraciones a la vida privada. Evaluar, entonces, los peligros eventuales con los beneficios concretos parece ser un buen punto de partida.

Talvez las pistas para responder a las preguntas presentadas estén dadas por las apuestas normativas a las que Latinoamérica se ha visto expuesta. Talvez podemos encontrar otras pistas en las dinámicas y en las prácticas locales y en las reflexiones a partir de esas prácticas. Si el concepto de privacidad, al menos como la entendíamos antaño, está muerto o debe ser reconceptualizado, el punto de partida hacia una respuesta quizás se encuentre en tales prácticas como también en la forma en que lo hemos entendido en cada país y en la región a la luz del desarrollo de los derechos fundamentales.


Sobre el uso de la corbata

⎯⎯⎯ Domingo, noviembre 3, 2013

La corbata es tan potente que no sirve para nada: solo para definir a quien la usa. La corbata es, sobre todo, un signo de pertenencia: un uniforme. La corbata es el nudo que los ata a un pasado ni siquiera glorioso: soy así, soy un hombre, soy igual a mi papá y mi abuelo. La corbata los ata a las tradiciones más oscuras: poder, grandes empresas, el gobierno, los tribunales, el curro en cada una de sus formas. La corbata los ata y los delata: soy uno de esos que creen está bien que el jefe me mande y que yo reviente diez horas por día por la plata, para ganar un poco de plata para mí y mucha para ellos –o, si no me lo parece, no se me ocurre otra manera.

Martín Caparrós, uno que casi siempre tiene razón, en diario El País de principios de octubre de 2013


La revolución que no fue: ¿cuánto ha avanzado Chile en su política digital?

⎯⎯⎯ Lunes, octubre 21, 2013

El año 2010, y luego de un proceso de deliberación relativamente rápido en el Congreso, Chile se convirtió en uno de los primeros países del mundo en tener una ley de neutralidad de la red. A través de ella, y por vía legal, se prohibe a las empresas de telecomunicaciones discriminar contenidos, aplicaciones y servicios a través de sus redes.

El mismo año, y con solo meses de diferencia, fue aprobada en el Congreso la reforma más importante que se le haya hecho a la ley de propiedad intelectual desde el año 1970. En ella, se incluye una serie de excepciones y limitaciones que favorecen el acceso al conocimiento y la cultura, junto con un sistema de limitación de responsabilidad de prestadores de servicio de Internet de avanzada, que cumple con estándares de protección de la libertad de expresión.

Estos hitos normativos sitúan de alguna manera a Chile en la avanzada regulatoria cuando se trata de políticas públicas y nuevas tecnologías. Lamentablemente, ninguno de estos proyectos fue parte de una estrategia común o de un plan de desarrollo digital que ayudara a posicionar a Chile como un referente a nivel regional y global. Estos proyectos son un par de buenos ejemplos que ilustran la falta de una política digital consistente y robusta de largo plazo desde la óptica de los derechos fundamentales.

Hace un par de años, en una cena con la industria de tecnología, el presidente Piñera anunció la llegada de una ‘revolución digital’, que se ha quedado en un par de proyectos de escaso aliento y en un puñado de políticas denominadas ‘open’ —siempre en estado beta, por cierto- de dudosa efectividad práctica. La falta de una estrategia digital en serio, de largo plazo y con énfasis en los derechos, además se ve demostrada en la práctica inexistencia ni de proyectos de ley que refrenden esta promesa de ‘revolución’ tecnológica.

A nivel internacional, la situación lamentablemente no cambia de manera sustantiva. En el Internet Governance Forum, foro convocado por Naciones Unidas y que probablemente sea el espacio de diálogo más importante del mundo en materia de regulación de Internet, jamás ha asistido un representante del gobierno de Chile. Conocida es, además, la gris participación de Chile en los últimos foros de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU) -donde ante la pregunta sobre la posición de Chile el subsecretario a cargo se limitó a decir que “la contaría en Dubai”.

En temas de gobernanza de Internet, donde foros como ICANN son fundamentales, la realidad no es tan disímil. De acuerdo a Cancillería, Chile sólo ha participado en dos reuniones del Governmental Advisory Committee de ICANN (de 47 a la fecha) y sólo para cerrar filas en defensa del dominio ‘patagonia’ ante la embestida de la empresa homónima norteamericana.

La revolución digital no va a llegar a través de la pantalla de iPad de un funcionario de turno. Las buenas políticas públicas tampoco aparecerán como los frutos del bosque, sino que debieran ser parte de una estrategia, de un plan de ruta, que ojalá convoque a toda la comunidad nacional.

Al día de hoy, no queda sino mirar con cierta melancolía el pasado y cierta pesadrumbre el futuro cercano donde, ad portas de una elección presidencial, ninguno de los nueve candidatos a La Moneda pareciera ver en las tecnologías digitales una puerta de entrada a un desarrollo más inclusivo y democrático.

Esta columna fue también publicada en la web de ONG Derechos Digitales.


El último minero de hielo

⎯⎯⎯ Viernes, junio 14, 2013

 

Él es Baltazar Ushca y es el último minero que queda, de aquellos que van a conseguir hielo al Chimborazo, en Ecuador. El video es una maravilla. (vía Kottke)


Contra la meritocracia

⎯⎯⎯ Martes, junio 11, 2013

En el Chile postdictatorial, la élite gobernante (de derecha e izquierda) ha convencido al pueblo de que en democracia mandan la ley y las instituciones, no la gente. Y si mandan las instituciones, entonces manda la élite tecnocrática que, como en toda burocracia que –desde Weber en adelante– se precie de moderna, se estructura en torno a la noción de mérito. Nos han convencido, como dice el cientista social Eduardo Rojas, de que en Chile no manda el pueblo, sino la élite, y que así es como debe ser. Es una nueva élite, mezcla de aristocracia tradicional, nuevo empresariado y expertos del Estado, pero élite al fin. Así, nos dicen, es como debe lucir un país moderno. Es, sin embargo, un país eminentemente no deliberativo. En el Chile meritocrático las instituciones funcionan, y la democracia sobrevive en sus márgenes.

Matías Cociña publica dos estupendos artículos en CIPER sobre la meritocracia que tienen pasajes como el que destaco acá arriba. Hacía tiempo que no leía un par de textos no solo bien escritos, sino al mismo tiempo provocadores y brillantes. 


Los mejores discos del 2012

⎯⎯⎯ Jueves, diciembre 20, 2012

walkmen-heaven

En lo que vendría a ser la única tradición de este blog en sus más de ocho años de existencia -no lo es siquiera su periodicidad- (ver 2005, 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, y 2011), les comparto los discos que más me gustaron durante este año 2012.

Un año raro en lo personal por cien mil razones, pero también para la elaboración de este listado. Como muchos de ustedes sabrán, este año junto con Boris Orellana hemos estado cada martes y jueves en Radio Zero seleccionando lo que más nos gusta de la música nueva que va profusamente y sin control apareciendo. Como resultado de esto, al día de hoy mi carpeta 2012 de iTunes cuenta con 3.447 ítems, lo que equivale a unos nueve días y medio de música ininterrumpida. Ahora, claro, la falacia clásica es pensar que la exposición a tanta música debiera ser razón suficiente para seleccionar mejor música, y no. Las canciones y los discos que se quedan en tu corazón tienen que ver más bien con momentos, con historias, lugares, olores y rincones más que con la cantidad de horas con los audífonos puestos. Acá va el mío.

  1. The Walkmen – Heaven
  2. Dirty Projectors – Swing lo Magellan
  3. Godspeed you! Black emperor – ‘Allelujah! Don’t Bend! Ascend!
  4. Frank Ocean – Channel Orange
  5. Ases Falsos – Juventud Americana
  6. El-P – Cancer for Cure
  7. Beach House – Bloom
  8. Protistas – Las Cruces
  9. Dexys – One Day I’m Going to Soar
  10. Alabama Shakes – Boys & Girls
  11. Grimes – Visions
  12. Goat – World Music
  13. Damien Jurado – Maraqoopa
  14. Purity Ring – Shrines
  15. Deerhoof – Breakup Song
  16. Django Django – Django Django
  17. Los Embajadores – Faisanes
  18. Gepe – GP
  19. KA – Grief Pedigree
  20. Lotus Plaza – Spooky Action At A Distance

Otros que me gustaron y quedaron fuera:
Ty Segall & White Fence – Hair;  Patrick Wolf – Sundark and Riverlight;  Kishi Bashi – 151a; Lightships – Electric Cables; Los mil jinetes – Mundo tan mal hecho.