La trampa de Google Chrome


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Primer acto. Google lanza Chrome, un navegador por el que muchos suspiraban desde hace años. Bonito, minimal, rápido y open source. Largamente comentado en la blogósfera, medios especializados y en la prensa tradicional.

Segundo acto. A alguien se le ocurrió leer los términos del EULA (End User License Agreement) o licencia de uso de Chrome y se llevó una sorpresa. Resultaba ser que la cláusula 11 de los términos de uso implicaba una serie de condiciones insólitas sobre el contenido producido a través del programa que habrían ruborizado al mismísmo Bill Gates.

11.1 [Usted] Conservará los derechos de autor y cualquier otro derecho que ya posea del Contenido que envíe, publique o muestre en los Servicios o a través de ellos. Al enviar, publicar o mostrar Contenido, estará concediendo a Google una licencia permanente, internacional, irrevocable, no exclusiva y que no está sujeta a derechos de autor para reproducir, adaptar, modificar, traducir, publicar, representar y mostrar públicamente, así como para distribuir cualquier Contenido que envíe, publique o muestre en los Servicios o a través de ellos. Esta licencia se otorga con el único propósito de permitir a Google publicar, distribuir y promocionar los Servicios y puede revocarse para determinados Servicios, según lo estipulado en las Condiciones adicionales asociadas.

En otras palabras:

1.- Llama la atención que sean “Términos de Servicio” y no un contrato de licencia de uso, como el que se estila en el caso de los programas de computador. Es lo que hace Firefox, sin ir más lejos.

2.- Se mantienen los derechos de autor del contenido publicado a través de “los servicios”. Pero al mismo tiempo, y por la sola aceptación del acuerdo, el usuario autoriza a Google a reproducir y publicar cualquier contenido que se envíe o publique a través de los Servicios. Wow, sí, sin invitar ni a una piscola.

Tercer acto. En menos de 24 horas desde el lanzamiento del navegador, Google debe dar explicaciones a sus usuarios. Rebecca Ward, Senior Product Counsel for Google Chrome, explica que (traducción libre e ilegal):

“Para mantener las cosas simples para los usuarios, intentamos usar los mismos términos legales (nuestros Términos Universales de Servicio) para muchos de nuestros productos. Algunas veces, como en el caso de Google Chrome, esto significa que los términos legales para un producto específico podría incluir términos que no sirven muy bien para el uso de ese producto. Estamos trabajando rápidamente para eliminar el lenguaje de la Sección 11 de los términos de servicio actuales de Google Chrome. Este cambio tendrá efecto retroactivo para todos los usuarios que han descargado Google Chrome.”

Fiuu! O sea, cambiaron los términos de servicios y ahora todo bien. Y tendrá efecto retroactivo para todos los que ya bajaron el dichoso programita. Todo bien.

Pero la mala noticia, es que sólo cambiaron los términos de servicio para el idioma inglés.(!)

En español, siendo pasadas las 18 horas del Jueves 4 de Septiembre, el EULA se ve como sigue:

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Pareciera ser que a Google le importa bastante poco la comunidad no-angloparlante. La otra alternativa es que le importa mucho. Tanto, que quiere mantener una licencia draconiana para hacer lo que quiera con el contenido en español producido dentro de Google Chrome.
Bueno, en estricto rigor, la licencia BSD con la que se distribuye Chrome permitiría que cualquiera de nosotros tomara el código, lo compilara, y use una nueva versión de Chrome sin condiciones draconianas de uso. Too hacker to handle it.

Y no, esta entrada no fue publicada a través de Chrome :P

Actualización:

Hoy sábado aparecen actualizados los términos de servicio de Chrome en español.

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*Artículo escrito para Fayerwayer.com

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Política 2.0

Todavía voto en La Florida, comuna donde residen mis padres y donde crecí. No había pensado en cambiarme de circunscripción. Hasta ahora. Ricardo Jeldes me está haciendo cambiar de opinión.


Ya lo sabe. Jeldes Alcalde por Quilpué. Obligatorio ver el resto de los videos de nuestro candidato.

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Brasilia VIP

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Toda esta semana he estado en Brasilia, invitado a dar un par de charlas sobre licenciamiento de software, software libre y sobre la experiencia de ONG Derechos Digitales como articulador del interés público en materia de derechos y tecnología, fundamentalmente en materias de derechos de autor. Todo esto en el marco del Congreso CONSEGI 2008 al que fui cordialmente invitado.

Hasta acá todo bien. Nuevos contactos, oportunidades de desarrollo y colaboración entre distintos proyectos, conocer iniciativas interesantísimas como la de IndiosOnline.org -que por esas cosas de la vida la lleva adelante un argentino muy simpático-, la elaboración de una coalición entre instituciones del Sur para el desarrollo de alternativas libres y abiertas, entre muchas otros asuntos.

Además hubo una serie de cuestiones que me llamaron la atención. No les voy a hablar del lugar donde este encuentro se hizo. Lo que me llamó poderosamente la atención es el compromiso de las autoridades brasileñas hacia las alternativas abiertas y con el desarrollo como país sobre la base de software libre como una posibilidad de evitar dependencia tecnológica. De control tecnológico.

Más allá de la opinión personal que uno podría tener respecto de la necesidad de la utilización de software libre por parte de la administración, parece notable que el norte no sea la añeja discusión open source versus software propietario. La discusión es cómo hacer para desarrollar un país sin dependencia tecnológica, y ahí, ciertamente las alternativas libres tienen mucho que decir. Más en un país que pretende dejar de depender de otras fuentes de recursos distintas a las de la producción nacional en todo ámbito. Por eso me llamó poderosamente la atención las palabras de Marcos Mazoni, Presidente de SERPRO, la mayor empresa pública de tecnologías de la información en Brasil, explicando todo esto e invitando a soñar en un mejor mundo posible. Digo, estas cosas en Chile no las dice ni el portero del Ministerio de Economía.

El punto es que hoy fue la ceremonia de cierre. Con una banda de música tradicional brasileña increíble, como debe ser. Luego vendría un coctel que incluía Johnny Walker on the rocks. Pero, otra vez, eso no era lo más interesante.

Mientras departía sanamente con algunos contertulios, se acerca a saludarme doña Ana María Amorim, coordinadora general del evento y que por esas cosas de la vida es la señora del Canciller del Brasil don Celso Amorim. Llevaba un ramo de flores en la mano y se notaba feliz. Claro, toda esta iniciativa de tener una reunión sobre temas tan diversos como televisión digital y software libre, nació de ella. Me saludó y me correspondió felicitarla por la organización. Me dio un beso, reímos un rato y siguió adelante. En paralelo el Presidente de SERPRO y un par de ministros literalmente se divertían y compartían con activistas de distintos lugares. Todo esto sin contar que salieron del salón plenarios bailando tras la banda de samba.

Al lado nuestro, toda la gente que colaboró en la organización, guardias, choferes de los buses, etcétera, hacían lo mismo. Y con otros dirigentes conversaba la gente del grupo musical que aún no se sacaba sus implementos de baile.

Yo no lo podía creer. En Chile de partida no habría whisky. Segundo, sobre las autoridades, lo más probable es que todos se hubieran excusado y habrían dado palabras de buena crianza y se habría retirado dentro de un enjambre de escoltas y hablando seriamente por celular. La otra alternativa es que hubieran estado todos concentrados en esa institución que tanto nos gusta a los chilenos que es el salón VIP, con un catering VIP y lejos del resto de la gente.

Sólo quería compartir el que hay momentos en que uno reflexiona y entiende por que estos tipos tienen políticas públicas increíbles, su apuesta es por la independencia tecnológica y el software libre, por que tuvieron a Gilberto Gil como ministro de Cultura, tienen las mujeres más lindas y más encima nos golean en el fútbol.

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Titulares y autores: la lección del Voyager

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Imagen: NASA, felizmente en el dominio público.

Hace 31 años, desde Cabo Cañaveral, Florida, despegó una de las aventuras más fantásticas de la era espacial. Las sondas Voyager fueron diseñadas para estudiar Júpiter y Saturno, pero continuarían su misión saliendo fuera de los límites del sistema solar. Durante varios meses un comité dirigido por Carl Sagan de la Universidad de Cornell hizo una selección de más de 115 imágenes y otros sonidos que capturaran la vida y cultura en la tierra, las que fueron añadidas en un disco gramófono construido de plata, cobre y oro que iba dentro de la Voyager. Además de la sección de sonidos de la tierra que incluye el código morse, el sonido de un beso y el de un tren, entre otros, el disco dorado incluye una selección muy ecléctica de música del mundo, que va desde el “Concierto de Brandenburgo” de Bach al “Johhny B. Goode” del inconfundible Chuck Berry.

En su libro “Murmurs of Earth“, Carl Sagan cuenta que también quiso incluir música de The Beatles, en particular “Here Comes The Sun”, la canción compuesta por George Harrison para el disco Abbey Road. Nos guste o no, una compilación de los sonidos de la tierra sin una composición de The Beatles, no es una compilación completa.

Se comunicó con los músicos, sin problemas de su parte. Hasta que tuvo que hablar con Apple Records, el sello que agrupaba a los ingleses, donde no tuvo el mismo éxito para conseguir la autorización que había conseguido por parte de los artistas. En palabras del propio Sagan,

Queríamos enviar “Here Comes The Sun” de los Beatles, y los cuatro Beatles dieron su aprobación. Pero los Beatles no eran titulares del derecho de autor, y el status legal de la canción era muy turbia para arriesgarse.

En noviembre de 2004, el Voyager se transformó en la cuarta sonda construido por el ser humano que traspasó las fronteras del sistema solar. Sin música de The Beatles.

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Copiar es natural

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Giacomo Rizzolatti es uno de los neurobiólogos más importantes del mundo. Entre otras cosas, descubrió las denominadas “neuronas espejo“, neuronas que se activan cuando un animal o persona desarrolla la misma actividad que está observando ejecutar por otro individuo. Según expertos “El descubrimiento de las neuronas espejo hará por la psicología lo que el ADN por la biología”. En entrevista recién publicada en España, Rizzolatti se refirió a las formas de creatividad, la copia y la cultura

¿Y la creatividad? ¿La historia se reduce a la mera imitación?

Copiar es la base de nuestro aprendizaje, gracias al sistema espejo. Sin imitación no habría cultura. Es más, somos grandes imitadores, no como los monos. Hacemos como los viejos pintores: iban al taller, la bottega del artista, aprendían y luego desarrollaban su estilo. ¡Veamos los primeros cuadros de Picasso! Una vez interiorizado, mejoramos, inventamos. Ahí llega la originalidad.

Ups, parece que la creatividad no aparece por generación espontánea. Si los desarrollos científicos se basan en descubrimientos anteriores, ¿Alguien podría sostener seriamente que los nuevos científicos debiesen pagar un royalty a quienes hicieron descubrimientos con anterioridad? ¿Los científicos al matrimonio Curie o a Fleming? ¿Los astrónomos a Copérnico y Newton? ¿Jorge González a The Clash? ¿Huasonic a Leo Prieto? :P

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Los comunistas del derecho de autor

e715cbbb9c0ddd871525284d4b4925940_main.jpg(Siempre pensé que era claro que este era un blog personal. Que el que tenía dudas se dirigiría silenciosamente a leer el link correspondiente. Pero bueno, parece que no. Lo aclaro acá mismo entonces: esto que usted ve aquí ES UN BLOG PERSONAL).

Durante la dictadura en Chile, los prohombres que dirigían este país debían esforzarse por explicar las fechorías que cometían en nombre de la libertad. Y para explicarle a la dueña de casa y al trabajador desempleado de qué se trataba esta lucha dirigida desde los cuarteles y CEMA Chile solían recurrir a ingeniosas formas.

Pero había dos metáforas que eran por lejos las favoritas de Pinochet y sus amigos.

La primera, era tratar de mostrar a las autoridades castrenses con alguna ligazón al ideario religioso nacional. “El demonio es manejado desde Moscú“, solía decir la máxima autoridad del ejército. Nombrar a la Virgen del Carmen como patrona, incluso su aparición en Villa Alemana en los momentos más escabrosos de la represión política y que su imagen pudiera verse entre las trizaduras de uno de los vidrios del Mercedes Benz luego del atentado en El Melocotón son sólo perlas que explicaban un mandato metafísico, espiritual de la Junta Militar. La segunda metáfora recurrente era caricaturizar con fineza militar a quienes no estaban de acuerdo con el régimen. “Auquénidos metamorfoseados” para referirse a los bolivianos que pedían salida al mar, “marihuaneros, drogadictos, melenudos, homosexuales y sindicalistas” apuntando al ejército de la RFA de postguerra. Moscotivas y humanoides a quienes osaban levantar la vista y preguntar por las violaciones a los derechos humanos.

“El diálogo es un juego que tienen los comunistas. A mi no me interesa”

comentó alguna vez el desaparecido general.

Todo esto a propósito de las discusiones aparecidas por la reforma a la ley de propiedad intelectual hoy en curso. Algunos han utilizado añejas tácticas para enturbiar la discusión a través, entre otras cosas, de ese viejo amigo que es el miedo . El miedo al cambio de paradigma era lo que impedía a los navegantes de la antigüedad entender por que yendo hacia el occidente era posible llegar a oriente. La arrogancia y la desinformación las nuevas herramientas utilizadas por algunos para evitar estar de acuerdo.

Trato Justo para los Artistas chilenos es el nuevo eslogan. La exigencia para un gobierno que ha sido electo gracias a ellos y no gracias a los votos de todos nosotros, según su particular forma de entender la democracia.

Como militares en dictadura, han recurrido a las mismas metáforas para explicarle a la gente común de la justicia de sus peticiones. Al mismo tiempo que sostienen carteles en marchas a favor de derechos que creen violentados por un proyecto de reforma que a todas luces en su mayoría no han leído, señalan con el dedo a quienes piensan diferente manoseando el ideario religioso y utilizando repetidamente las palabras comunismo y anarquismo para referirse a quienes plantean diálogo y una postura moderada y diferente. Desacreditando gratuitamente a quien piensa distinto en lugar de discrepar. Primero te ignoran. Luego se ríen de ti. Después te atacan. Entonces ganas.

Justificar una posición utilizando las palabras despojo, indefensión, hipocresía, abuso patronal, expropiación, doble estándar, pillería, escándalo y multinacionales nos debiera hacer reaccionar a todos, qué duda cabe. Diciendo que existe gente que pretende destruir a los artistas. Que hay una serie de ideas que destruirán a los artistas chilenos y que son enumeradas por donde pasamos.

Dicen que todo el proyecto de ley se ha hecho a espaldas de los artistas. Que no han sido oídos. Que la Ministra de un momento a otro perdió la cordura y se olvidó de sus colegas, de artistas, cantantes y saltimbanquis. Que los colmillos de las multinacionales ha llegado al Congreso y ha arrasado a los artistas con su lobby.

Lo siento, pero llegó el momento de decir las cosas como son, de transparentar.

  • Que el proyecto de ley no pretende exterminar a los artistas, sino que pretende romper desequilibros inaceptables en una normativa de derecho de autor. A tatuárselo en el brazo, compañeros.
  • Que si hay alguien que ha sido oído tanto en el Congreso como en la Moneda misma, consiguiendo entrevistas privadas con políticos -de las que por lo demás se jactan- han sido los mismos artistas que levantan carteles y quedan disfónicos de tanto gritar contra las multinacionales.
  • Que los que más han visitado el Congreso en el marco de esta ley han sido las sociedades de gestión que agrupan precisamente a los que más fuerte sostienen los carteles denunciando depredación y destrucción.

Entonces llega el momento de decir basta de tergiversaciones, demonizaciones y caricaturas. En democracia tenemos derecho a disentir y a poner argumentos sobre la mesa. Pero la mesa de la discusión sobre la propiedad intelectual en Chile está separada entre quienes aportan propuestas e información y quienes avanzan con anteojeras hacia la concesión de privilegios sin propuestas normativas claras.

En esta democracia de salón, donde todos son condes, duques y príncipes, la única forma de disentir parece ser a través de la descalificación ad hominem y la ofensa. A través del monólogo y la burla soterrada. A través del silencio cómplice y el cuchicheo tras las bambalinas del poder.

En una democracia de verdad los ciudadanos tenemos derecho a exigir que las políticas públicas sean dictadas en base al bien colectivo y no a intereses gremiales de un grupo de ciudadanos. Por eso no se puede discutir ni puede haber intercambio de ideas sobre lo que es mejor para el país cuando no hay propuestas del otro lado de la mesa. Cuando las únicas propuestas parecen estar del lado de la billetera antes que del corazón, descalificando de paso a quien se ponga en frente acusándolo de delirantes alianzas con empresas multinacionales y extraños e imaginarios anarquismos.

Frente a eso, queridos lectores de este humilde blog, no queda más que rebelarse. Rebelarse frente a estos demócratas de salón que con discursos trasnochados e insostenibles no pretenden convencernos, no pretenden hacernos entrar en razón.

Pretenden imponernos una versión particular de la realidad que sólo es posible ser visualizada a través de anteojos 3D especialmente diseñados al efecto. Mientras todo el mundo ve una táctica magistral de Radiohead para saltarse a las multinacionales de la música que históricamente han maltratado a los artistas, ellos ven insólitamente fracasos. Un poco como la democracia del general, donde si no estábamos con él estábamos contra él, donde quienes disienten son infiltrados de multinacionales.

El derecho de autor requiere de un trato justo para todos. Para príncipes, para artistas, para periodistas, blogers, fotógrafos. Para amateurs y profesionales. Para bibliotecarios, profesores y hermanos chicos.

Pero en este debate, los que tenemos que exigir respeto y un trato justo y digno somos todos los ciudadanos. Basta de permanecer inmóviles frente a panfletos con desinformación y delirios, los ciudadanos tenemos que exigir información.

La ilustración de arriba es una ilustración de la edición de 1550 de la "De sphaera mundi", libro de astronomía más influyente del siglo XIII. En el dominio público, naturalmente.

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El derecho de autor requiere un Trato Justo Para Todos


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Por si usted no lo sabe, en Chile buena parte de la biblioteca para ciegos de Providencia es ilegal. Es ilegal también fotocopiar el libro que compraste para poder subrayar y destacar con colores amarillos ese capítulo que tienes que estudiar para una prueba. Es igual de ilegal comprar un CD de Kudai y pasarlo a MP3 para poder escucharlo en un pendrive. Es ilegal hacer un collage o samples de canciones sin autorización. Es ilegal publicar en tu blog una foto del volcán Llaima que viste en El Mercurio para ilustrar un post. Aunque dejes clarito que quien sacó la foto fue un fotógrafo del diario y no tú. Igual de ilegal es hacer una cita que supere las diez líneas. Sí, leíste bien, diez líneas. Para la legislación chilena de propiedad intelectual hacer reproducciones de obras intelectuales sin autorización (MP3, libros, películas, etc) es ilegal. Sea que lo hagas para vender o que lo hagas para uso personal. Igual de ilícito. Igual de pirata.

Todo lo anterior resulta de aplicar al día de hoy una ley que se redactó antes del año 1970, antes que siquiera se pensara en ver televisión a color. Si bien esta ley ha sufrido varias modificaciones, todas ellas han sido para sobre proteger a los titulares de derechos de autor (más bien a las transnacionales de la música y del espectáculo que a los autores, dado que son ellas quienes detentan estos derechos), aumentando las penas en forma desmesurada frente a las infracciones a la ley y aumentando los plazos de protección de 30 a 70 años luego de la muerte del autor, yendo bastante más allá que los estándares internacionales, entre otras cosas. Para ponerlo en contexto, en Estados Unidos, los 70 años son gracias a una ley llamada por algunos Mickey Mouse Protection Act, que aumentó los plazos para evitar que el ratón Mickey pasara al dominio público. En otras palabras, para proteger los bolsillos de la Disney Corp. y no el de los pobres dibujantes.

Los derechos de autor son derechos que la sociedad le entrega a los autores de una obra para que la exploten comercialmente por un lapso de tiempo. Una vez que expira ese lapso de tiempo, la obra pasa a ser patrimonio cultural común, patrimonio de todos. Lo que es obvio, dado que ninguna obra se ha creado por generación espontánea, todas se crean emulando a otro, mejorando ideas anteriores y utilizando patrones existentes. Los Prisioneros no hubieran existido sin The Clash, y nadie en su sano juicio desearía que Jorge González le pagase un impuesto a Joe Strummer o a Mick Jones. Por eso, una vez expirado el plazo, la obra pasa a lo que se denomina dominio público. Y por eso el derecho de autor no es lo mismo que la propiedad que tiene un músico sobre su guitarra.

Pero si hay una tendencia en el derecho de autor en los últimos cincuenta años ésta es aumentar la protección y eliminar progresivamente las excepciones que benefician al público, tendencia de la que Chile no ha estado ajeno. Por eso llama la atención que en este momento se esté discutiendo una reforma a la Ley de Propiedad Intelectual (LPI) que pretende de una vez por todas restablecer el equilibrio y la cordura perdidas, estableciendo excepciones que permitan funcionar a las bibliotecas, que favorezca a los discapacitados y, en definitiva, que no nos convierta en delincuentes por usar internet. Es una reforma que pretende volver las cosas a su equilibrio. Tomar en cuenta de una vez al público.

Pero aunque ustedes no lo crean, en Chile hay quienes piensan lo contrario .


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Donde se aprecia apertura y coherencia, algunos ven violaciones. Donde yo veo equilibrios, algunos ven destrucción. Donde usted ve internet y acceso, algunos ven robo.

Así es como durante los últimos días hemos visto desfilar con pancartas y chapitas a conocidos artistas nacionales como Juan Carlos Duque, Horacio Saavedra, Denisse Malebrán y muchos otros en contra de esta reforma a la LPI. Según ellos, esta reforma privilegiaría a “las grandes empresas de internet” dejando desprotegidos a los creadores. Han armado grupos en Facebook y pagado caros insertos en diarios de circulación nacional. Se han encargado de llenar las casillas de los medios nacionales haciendo saber su enojo por una ley que según ellos se ha hecho a espaldas de los artistas y que llevará a la muerte de la cultura en Chile.

De hecho, montaron una página web -un newsletter, en estricto rigor- donde expresan su malestar exigiendo un TRATO JUSTO para los artistas de Chile con las siguientes palabras

El proyecto de ley de propiedad intelectual que se tramita en el Congreso maltrata a los artistas y autores; destruye sus organizaciones; contradice los hermosos discursos oficiales en favor de la cultura y de las organizaciones ciudadanas; da la espalda a la tradición nacional de apoyo a autores y artistas; abre las puertas a la pillería, el abuso y el dominio sin contrapesos de las grandes empresas multinacionales perjudicando a los creadores; y daña finalmente al país completo porque un país que trata mal a sus creadores se trata mal a si mismo. Tal como está, esta ley no garantiza un trato justo.

El problema, mis amigos, es que ellos están hablando a nombre de todos nosotros, porque todos somos creadores. Desde el momento en el que sacamos una fotografía o cuando escribimos en nuestros blogs. Lo que ellos están exigiendo es un trato justo para algunos. Nosotros debemos exigir un trato justo para todos.

A pesar de lo que ellos dicen, las reformas que están hoy en el Congreso no quieren eliminar a los artistas, quieren entregar derechos al público. No suprime a los autores, sino que integra a los usuarios. No fomenta la piratería, sino que pretende no criminalizar todo lo que hacemos en Internet. No decirte pirata si pasas un CD a MP3. No llamar delincuente a la biblioteca si copia un libro para proteger el original de los ratones o la humedad.

La pelea por un derecho de autor hace rato dejó de ser una discusión de expertos. Tampoco es una discusión entre artistas. Es una cuestión de interés público y que afecta nuestro día a día. Por eso hay que estar atento a lo que pasa en el Congreso y atentos a la desinformación que algunos pretenden imponer en la opinión pública.

Si alguien pide un trato justo para algunos, entre todos digamos que necesitamos un trato justo para todos.

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Los artistas del mañana y el derecho de autor del futuro

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Hace un par de semanas, la sociedad de gestión de derechos colectivos española (SGAE) anunció la creación de la Coalición de Creadores e Industrias de Contenidos, la cual pretende representar dos intereses, en principio disímiles, en pos de lograr una adecuada protección de los derechos de los autores frente al florecimiento de la piratería favorecida por la masificación tecnológica. La creación de este tipo de organizaciones, bajo el alero de las sociedades de gestión no es un caso aislado, y se han creado grupos similares en otros países, como Chile, sin ir más lejos.

Lo anterior da muestra de una extraña relación entre dos de los grupos de interés involucrados en la regulación de los derechos de autor. Pareciera ser que, al contrario de lo que uno podría suponer, los intereses de los miles de artistas y creadores se identifican con los intereses de las transnacionales discográficas de la música y del software; que Adobe y Microsoft levantan las mismas banderas que nuestros artistas plásticos y poetas. Pareciera que súbitamente somos testigos de un milagro, de un momento mágico, donde quienes han negociado condiciones nefastas para los artistas durante décadas se transforman en el brazo derecho de la creación de cultura.

La regulación actual de los derechos de autor, a niveles internacional, regional y local, responde a una importante y triste tendencia, que pretende acrecentar progresiva y violentamente unos derechos que fueron pensados para proteger al autor en los tiempos del mundo analógico en detrimento de los derechos de acceso. Es que los derechos de autor no son sino monopolios de explotación exclusiva por un lapso de tiempo. Como sociedad creemos que la creación intelectual es algo importante para nuestra cultura, y por ello inventamos estos derechos, para que nuestros autores puedan explotar comercialmente sus obras intelectuales por un tiempo determinado. Pero esta garantía ha sido entregada a los autores en el entendido que sus obras intelectuales circulen a través del público. Si el autor mantiene sus obras escondidas en un cajón con siete llaves, no tendría sentido alguno que lo beneficiemos con este monopolio de explotación exclusiva.

Lo cierto es que esta tendencia mundial hacia la sobreprotección de los derechos de autor ha llevado a la creación de titulares sui generis de cierto tipo de derechos y a la amputación de las excepciones y limitaciones a los derechos de autor, que pretenden equilibrar el interés de los autores con el interés del público, de todos nosotros. Esto explica que, si analizamos las normativas de la región, veremos un número críticamente insuficiente de excepciones, que supone que muchas de las actividades que diariamente realizamos en Internet se tornan ilegales. Que en ciertos países el acto de transformar las canciones de un disco compacto a un archivo digital o la digitalización de libros con fines de recuperación patrimonial que hacen bibliotecas sean actos de piratería.

Esta regulación la verdad es que dista de proteger a los autores. Una regulación desequilibrada, que no responda a las necesidades de la sociedad de la información, además de perjudicar al público termina perjudicando a nuevas formas de creatividad que se ven facilitadas por la tecnología. Cada día que pasa se avanza en la superación de la denominada brecha digital, que permite además de otorgar acceso a miles de personas que de otra forma no tendrían cómo acceder al contenido que se ofrece en la red, la creación de obras intelectuales a un costo infinitamente menor de lo que sucedía en el mundo analógico; hoy no es necesario tener un piano de cola para poder escribir obras musicales y cada vez es posible acceder a cámaras fotográficas a más bajo precio, las que permiten generar fotografías y por tanto crear obras intelectuales. Pero mientras la tecnología apunta hacia la apertura, esta regulación desequilibrada apunta hacia el control.

Artistas como Warhol o Duchamp, que cambiaron la forma de entender las artes plásticas en el siglo XX lo hicieron lejanos a las rígidas formas que impone la creación cultural de este derecho de autor desequilibrado. Así, hoy artistas que hacen mashups, collages o artes integradas a través de tecnología son denominados también piratas por una regulación que está lejos de querer proteger la creatividad, sino que pretende proteger una determinada industria cultural bajo el nombre de los artistas.

En este contexto, son las entidades de gestión colectiva en conjunto con la industria multinacional de la cultura y el software las que llevan adelante un discurso anticuado y punitivo respecto de cómo debiera ser el derecho de autor del futuro. Mientras el mundo ve oportunidades y acceso, ellos parecen ver piratería, destrucción y ciertamente menos dinero para sus arcas. Probablemente azuzados por los mismos, es común ver connotados creadores rasgar vestiduras por una nueva regulación que -según ellos- destruirá la cultura y a los artistas, exigiendo con histeria más protección de sus derechos, cueste lo que cueste, y abogando por subir al paredón a quienes pretenden un sistema más justo y razonable.

Pero la verdad de las cosas es que la necesidad de tener un derecho de autor equilibrado dista de ser una necesidad sólo del público. Debe ser una necesidad para el público, para los nuevos creadores y para los nuevos emprendimientos. Mientras la tecnología supone grandes oportunidades de desarrollo y avance de las ciencias y de la distribución de las ideas, algunos lo enfrentan poniendo obstáculos en el camino, parecen preferir avanzar con las anteojeras de un caballo de carreras, evitando observar el flujo de información, acceso y oportunidades que presenta la tecnología para el futuro de la innovación y de la creatividad.

Columna escrita originalmente para Terra Magazine.

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Requiem por María Música


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No voy a descubrir acá la relación directa que existe entre democracia y disidencia. Esta idea que explica que la democracia supone la existencia de grupos de disidentes, de descontentos, que ponen en duda y cuestionan continuamente esos sospechosos acuerdos generales entre quienes toman decisiones.

Y claro, la democracia moderna supone además, entre otras cosas, que los intereses públicos se vean legítimamente reflejados en esta toma de decisiones, sea a nivel parlamentario, sea a nivel de gobierno. De no ser así, de no cumplirse estos estándares formales y materiales simplemente no estaríamos frente a una democracia verdadera.

Todo esto a partir del hecho que marcó la semana en Chile. El martes pasado se desarrollaba la Jornada de Clausura de Diálogos Participativos por la Educación Pública que convocaba a estudiantes, profesores y autoridades frente a las eventuales reformas a la Ley General de Educación. Cuando la Ministra de Educación Mónica Jiménez estaba en plena exposición, fue interrumpida por estudiantes encarándola por defender la famosa ley. En el marco de esa batahola, María Música Sepúlveda, una escolar de 14 años se acercó a la Ministra y le vació un jarro lleno de agua a la autoridad.

Como usted se podrá imaginar, luego del bochornoso episodio todo el mundo opinó, desde la presidenta hasta la conferencia episcopal (?). Todos, por supuesto, estuvieron de acuerdo en repudiar el acto de la estudiante así como también la torpe reacción del colegio de profesores frente al asunto.

En uno de los mejores highlights de la jornada, el senador Eduardo Frei, apuntó seriamente que el hecho revelaba “la existencia de una escalada de violencia” y agregó sin arrugarse que

“Si seguimos por este otro camino vamos a la anarquía, vamos al caos, vamos a la violencia institucionalizada y lo más grave es que los profesores justifican esa violencia”

En el mismo tenor, el alcalde de la comuna donde estudia María pidió su expulsión del colegio como medida disciplinaria, la que fue respaldada por la Dirección de Educación. Como había cámaras de televisión, el siempre hiperventilado alcalde de La Florida Pablo Zalaquett no pudo evitar opinar y sostuvo que frente a la falta de arrepentimiento de la menor de edad, “lo mínimo que puede haber es la expulsión del colegio“.


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Como decía al principio, tiendo a levantar las antenas y a sospechar cuando todo el mundo está de acuerdo. Es que la verdad de las cosas es que yo no le veo tanta gravedad al jarrazo de la María Música. Me parece mal. Pero más bochornoso es utilizar el hecho para reprimir discurso disidente de una serie de actores que durante años han tratado de ser escuchados en una reforma educativa como es el caso de estudiantes y profesores. E infinitamente más bochornoso me parece que la Ministra se mofe de los estudiantes después del episodio agradeciendo ser mojada con agua y no por el “guanaco“.

No estoy diciendo que el lanzar jarros de agua sea una forma correcta de expresarse en democracia. Lo que me sí parece inaceptable es que se demonice la reacción de una chica de catorce años que incluso ha terminado declarando ante los tribunales de familia por haber “atentado contra la autoridad”. Todo esto porque actores políticos sostienen sin un atisbo de duda que el problema es que la chica no se ha arrepentido y por tanto es necesario una “condena moral” e incluso algunos sostuvieron la necesidad de “sanciones formativas” (lo que sea que ello signifique).

Más inaceptable me parece que una Ministra de estado se luzca con la siguiente declaración que ha pasado aséptica por buena parte de la prensa nacional y que demuestra una concepción de la educación y de la democracia que no quiero compartir con mis hijos.

“Yo le preguntaría qué pasó antes de la violencia. ¿Qué pasó? ¿por qué anda en la calle desde los 11 años? ¿por qué ella se ha convertido en una activista desde los 11 años?. ¿Es eso lo que esperamos de un niño de 11 años, que ande reclamando como decían ellos, hoy por las ballenas, mañana por la Ley General, pasado mañana por la causa mapuche?”

Una sociedad realmente democrática cuida a sus hijos, no los envía a la policía ni los expulsa de los colegios cuando cometen faltas. Por lo demás, una sociedad sana se sentiría orgullosa con que sus hijos sean capaces de participar en política desde temprana edad. Cuando quienes están en el poder sugieren poner límites arbitrarios a la libertad de expresión, perdemos parte del corazón de la democracia y nos transformamos en una sociedad más pobre, abúlica y enfermiza. Las María Música de este mundo, a pesar de los excesos ciertamente evitables, nos sirven para testear qué tanto creen nuestros políticos y nuestra sociedad en una democracia deliberativa. Lamentablemente, esta vez en esto salimos reprobados.

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DELL, la venta de computadores y la pillería

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Foto por effigie en Flickr

Hace algunas semanas, por un error de algún tipo la página de la empresa de computadores DELL permitió la venta de computadores Inspiron 1525 a USD$150, siendo que su precio normal parte en los $279.001 pesos chilenos o USD$535.

Me di cuenta del asunto estando en Colombia revisando el correo electrónico, con muchas personas avisándome de la noticia y otros preguntándome qué hacer, cómo podían exigir que les llegue un computador pagando el 10% de lo que se suele pagar por un notebook nuevo.

Varios han salido comentando el asunto, hasta el propio Director del SERNAC quien afirmó que la empresa debe respetar el precio informado tal como lo señala la Ley del Consumidor.

Y eso es cierto. Pero está mal.

Es que la ley del Consumidor, así como el Código del Trabajo, pretende proteger los intereses de quienes están más desprotegidos en una relación. A los consumidores, en el primer caso; a los trabajadores en el caso de relaciones laborales. Es que la ley supone, con mucha razón en ciertos casos, que debe propender a proteger a quienes no tienen la mejor posición de negociación en una relación que en principio es privada, y como tal debiera proteger la autonomía de la voluntad de los involucrados. Así, por mucho que un trabajador pretenda trabajar más de 48 horas semanales, e incluso esté dispuesto a esclavizarse y a formar un contrato que así lo estipule, la legislación laboral se lo impedirá por razones que van desde derechos inalienables establecidos en la Constitución, hasta el entender que muchas de esas condiciones fueron acordadas en condiciones desfavorables para el más débil.

Apuesto a que muchos empleadores y empresas serían felices sin pagar las cotizaciones previsionales de los trabajadores y sin darles horarios de colación. Y todos estaríamos en contra y probablemente miraríamos con regaño y algo de desprecio a esos empleadores sin corazón ni ética. Y con razón.

Pero en Chile estamos acostumbrados a beneficiar al pillo, al vivaz, al oportunista. En Chile pareciera ser un valor el talento para funcionar al borde de lo permitido y beneficiarse del desorden ajeno. Así es como por ejemplo nos parece tolerable y hasta justificamos al niño que aprovecha la más mínima desatención de su amigo para quitarle parte del postre, y aplaudimos a las empresas que para evitar pagar impuesto a la renta crean sociedades de responsabilidad limitada filiales, a quienes envían regularmente sus excedentes.

Permitimos que los pillos se suban a las micros del Transantiago por las puertas traseras y seguimos leyendo el diario, o aprovechamos de cambiar la canción del MP3 asegurándonos de esquivar alguna perdida mirada escrupulosa que no esté de acuerdo silenciosamente con el actuar del héroe que es capaz de evitar pagar el mismo viaje por el que nosotros sí pagamos.

Y en el caso de DELL y sus computadores a 77 mil pesos es igual. Una ley que pretende y ha beneficiado a una serie de consumidores de todo el país de los abusos que regularmente realizan multitiendas, supermercados, tarjetas de crédito y bancos, esta vez pretende beneficiar no al consumidor sino al pillo.

Es que los derechos de quienes enhorabuena compraron los computadores no son derechos que deriven de su calidad de consumidores. Son ‘intereses’ que derivan de su calidad de oportunistas, en el buen sentido de la palabra. De su talento para haberse ubicado en el lugar preciso y haber seguido el conjunto de instrucciones y la seguidilla de clicks que permitía que el sistema de compras de DELL le entregara un regalo navideño a precio de huevo.

Y así como creo firmemente la necesidad de resguardar los intereses de los consumidores ante las compras en línea, también creo que es necesario tomarnos en serio la ley que sugiere protegernos para que no se transforme, como puede suceder, en un arma de doble filo. De doble filo porque mientras por un lado es posible conseguir un beneficio ante la torpe digitalización del precio por parte del programador de la página de DELL, por otro puede implicar efectos desastrosos.

No me sorprendería que de ser condenado DELL a entregar todos esos computadores a un precio irrisorio, una serie de empresas de tecnología y de las otras piensen muy bien antes de embarcarse en un negocio en internet. Claro, porque ante cada desatención del digitador de precios, va a haber una jauría de geeks esperando el descuido para atacar en grupo.

Y la verdad de las cosas es que la ley está hecha para proteger a los consumidores de las empresas que sin escrúpulos publicaban precios baratos en catálogos de día domingo para lugar publicar erratas en letra Arial 9 el día martes. Pero la ley, ni esta ni cualquiera, está para proteger el aprovechamiento, la frescura y al pillo que todos llevamos dentro.

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