
Imagen por Suribe
Harta agua ha pasado bajo el puente para ser una noticia que tiene menos de 48 horas. Y algo de orgullo siento porque los dos quienes han motivado la avalancha de protestas y de discusión cibernética han sido mis dos amigos y socios en Circobit, Carlos Moffat y Christian Leal, a.k.a. El Francotirador.
No voy a descubrir la pólvora, y los invito a leer el artículo de Christian Leal, que como siempre explica con peras y manzanas algo que es ligeramente más complicado que eso. Desmenuza el texto del acuerdo punto por punto infinitamente mejor de lo que pudiera haberlo hecho yo.
Lo que tengo que decir respecto del conflicto, y que creo no se le ha dado suficiente atención, son dos.
1.- Desde el punto de vista legal, tengo la impresión que no hay mucho que hacer. Ni desde la perspectiva de las compras públicas ni tampoco desde la eventual vulneración de la privacidad o datos personales de todos nosotros, como muchos han intentado equivocadamente poner el énfasis. Les explico por qué.
a) Compras públicas: Desde el punto de vista de las compras públicas o la forma en que el Gobierno debe adquirir productos de privados, no hay discusión. Es un Acuerdo de Cooperación como el que pudiera tener el gobierno con cualquiera que le ofrezca algo conveniente a escaso costo. Bueno, sí, Microsoft está lejos de ser cualquiera. Cierto, pero esa es harina de otro costal.
b) Privacidad o datos personales: El punto quizás más comentado del Acuerdo es el famoso “Domicilio Digital” donde el Gobierno se compromete a contar un infraestructura para conectar la base de datos del Registro Civil. O algo así. Pero sepa usted que, como pasa en otros temas en Chile, el sistema de protección de nuestros datos personales es absolutamente deficiente, comparando lo que pasa con países desarrollados.
Tan deficiente es, que con el sólo carné de identidad es posible saber el nombre completo de alguien, quienes son sus padres, su fecha de nacimiento y su sexo. Estando, ninguno de estos datos, debidamente protegidos por alguna agencia gubernamental ni nada. El descampado, como le dicen.
Porque revisemos lo que Microsoft ofrece a los 15 millones de chilenos:
* Domains@live: el gobierno podré manejar su propio dominio para las cuentas de correo y mensajerías en un formato del tipo ciudadano@xxxxx.cl
* La aplicación incluyen ente otros: correo, tareas, to do, blogs, alertas, calendario
* Hosting gratuito de las aplicaciones.
* 2 gigabytes de almacenamiento por Ciudadanos soporte premier 7×24 on line para los administradores de las cuentas de correo.
* interfaces automáticas para la carga y creación de cuentas de ciudadanos.
* Acceso vía celular en modalidad WAP y Windows Mobile neutralidad tecnológica
http://www.elfrancotirador.cl/2007/07/23/el-dia-que-chile-se-vendio-a-microsoft/
Hasta donde sé, todas pueden ser conseguidas en Internet a precio cero. Cero. Y con prestaciones infinitamente mejores. Sí, yo también me reí con los 2 gigas de almacenamiento para ciudadanos.
2.- Lo que me parece más grave, en cualquier caso, es la falta de transparencia y la corrupción que ha mostrado el gobierno para presentar este “acuerdo marco de cooperación”. Si no es por el incontenible Senador Navarro, no se hubiera sabido absolutamente nada. Quizás nos hubiéramos enterado cuando se publicite que cada uno de nosotros tiene derecho a tener su email (dónde he escuchado esto… :P).
Segundo, el gobierno muestra una vez más una falta de rumbo impresionante. Es decir, mientras por un lado sostiene mesas de conversación con los actores más relevantes del mundo del Software Libre en Chile para analizar formas de implementar FLOSS en la administración, en la sala de al lado firma este acuerdo con Microsoft.
¿Dije corrupción? Alguien que nos explique entonces que el viajecito del ministro Ferreiro con el Director de Chilecompras a Cartagena de Indias al encuentro mundial de líderes Microsoft no tiene ninguna relación con esto. Quiero creer.
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Sepa usted que en estos momentos uno de los temas más candentes en el Congreso Nacional es la tramitación de un proyecto de ley que pretende modificar nuestra vetusta ley de propiedad intelectual que data de 1970.
Dos son los fundamentos de gobierno para hacer esta modificación. La primera, la necesidad de aumentar las penas para la piratería (cosa que no sorprende a nadie, dado que es lo que vienen haciendo desde la vuelta a la democracia: aumentar las penas por delitos) y también equilibrar de una vez por todas los intereses de los titulares de derecho de autor con los intereses de todos nosotros.
Pero como se podrán imaginar, son todos comunistas hasta que les tocan el bolsillo. En una actitud desesperada e histérica, la Sociedad Chilena de Derecho de Autor (SCD) hizo circular internamente entre sus asociados un comunicado donde intentan explicar porqué esta modificación sería perjudicial para los músicos de Chile. Lo resumen en tres puntos que en otro lado explico con detalle: se oponen a la modificación del sistema de tarifas, se oponen a la existencia de una “super excepción” (sic) y, acá viene lo bueno, apoyan la existencia de un canon por copia privada, igualito de lo que existe en España.
Para los que no saben, en España existe algo que se llama copia privada con compensación remuneratoria (conocido como canon). Esto significa que por cada pieza computacional o técnica que pueda reproducir archivos, debe cargarse a su precio una cantidad de dinero que debe ir a los titulares de derecho de autor, administrados por las entidades de gestión, en España para el caso de la música, la SGAE.
Esto significa que en España se pagan, adicionalmente a su precio, €16.67 de canon (ch$12.000 aprox.) por cada grabador de DVD que se compra, 10 euros a cada impresora multifunción, 14 euros por cada reproductor de MP3, y 140 euros por una torre de 100 dvds vírgenes.
Es una especie de impuesto que tiene destinación especial. Es como si los dueños de supermercados quisieran imponer un impuesto especial para sobreponerse ante las pérdidas de los robos hormiga. A ver cuantos de nosotros apoyaríamos la moción.

Mientras muchos rasgan vestiduras por la disminución sostenida de las ventas de los CD de música, culpando a esos piratas malolientes y sin escrúpulos, las descargas P2P se multiplican y cuando los artistas visitan países remotos como Chile, somos capaces de llenar el Victor Jara cuando toca White Stripes o The Strokes. Según datos del INE, el año 2005 más de cuatro millones de chilenos asistieron a espectáculos musicales, tanto gratuitos como pagados. Siendo que somos un país de un poco más de 16 millones, la cifra no suena del todo mal.
Pero el canon no solamente tiene esos efectos. En España, según datos de la revista Expansión
Las entidades de gestión de derechos de autor elevan un 511,7% sus ingresos totales procedentes del sistema de remuneración compensatoria por copia privada en apenas seis años. En 2007 podrían, incluso, cuadruplicarse.
De más está decir que la SGAE española, luego del canon tuvo ingresos de 300 millones de euros, de los que dice repartir el 80% a sus socios, pero compra diez sedes en tres años.
Más aún, desde el punto de vista de los precios, la AETIC informa de que el precio medio de un sintonizador de TDT (Televisión Digital Terrestre) con disco duro integrado se incrementaría un 78%; el de un grabador de disco duro un 80%; un dispositivo MP4 un 68%, un disco duro externo/multimedia un 55%; un reproductor MP3 más de un 70%; un ordenador portátil un 25%, y una memoria USB de 1GB casi un 10%. (fuente 20minutos)
Me imagino que a casi todos los que visitan este sitio son amantes de la música. Pero una industria que huele a naftalina, como la industria musical actual, no puede sobrevivir a costa de nuestros bolsillos. Una iniciativa como la que pretende imponer en el Congreso la SCD, más que beneficiar a los músicos de Chile, pretende gravarnos con una carga que no tenemos porqué soportar. Desde acá rechazamos completamente la medida, que injustamente pretende que seamos los amantes de la música los que tengamos que pagar los platos rotos de una industria que no sabe cómo adaptarse al siglo XXI.
Pasó cuando se inventaron los refrigeradores y quedaron sin trabajo los repartidores de cubetas de hielo. No es nuestra culpa que el modelo de negocios de la industria musical haya quedado obsoleto con la masificación de Internet.
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Artículo publicado también en Super45
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Esto, amigos, es como del viejo Oeste. Se busca vivo o muerto. Se ofrece recompensa. O si ha visto a ese fugitivo, de cuenta a los siguientes correos y teléfonos.
Pero no. Y aunque parezca un miserable spam, no es a ningún Lee van Cleef a quien se anda buscando. Esta vez, según algunos, en el Congreso se estaría cocinando un proyecto de ley que atentaría contra los músicos y significaría el desastre de las entidades de gestión. A continuación, le explicaremos didácticamente quien dice semejante patraña, dónde está el truco, quien quiere ganar, y por qué mienten. No se lo pierda.
El intento es desesperado. Son como los últimos manotazos de George Foreman para evitar caer a la lona en Zaire. Como si todo se fuera a acabar. Como si nuestros músicos estuvieran siendo horrorosamente aplastados por una serie de políticos irracionales que no los escuchan.
Son básicamente tres los puntos a los que apunta la SCD en su intento desesperado, emocional y demagógico de obtener apoyos… cuando se acaban los argumentos. Como dijo Hans Pozo, vamos por parte:
1.- “Por nuestro derecho a establecer el valor de nuestras obras”: No a la modificación del sistema de tarifas. (leer argumento 1)
El artículo 100 que se propone, pretende simplemente que, en ciertos casos, el cobro de derechos guarde relación con la utilización de las obras. Y que si en ese supuesto existen problemas, se someta la controversia a arbitraje. ¿Le parece razonable, no? A la SCD no.
Sostiene la SCD que la acreditación del “uso efectivo” es innecesaria y perjudicial. Mire, se lo traduzco. Si yo lo acuso a usted de haberme robado mucha plata de mi caja fuerte (que no tengo, pero bueno), es razonable que sea yo el que tenga que probar que tenía plata y cuanto era. Pues bien, la SCD pretende que sea exactamente al revés: que cuando se trata de determinados usuarios deban ser los acusados los llamados a probar la supuesta infracción que se comete.
Todo esto sin siquiera tomar en consideración que la norma que se propone no sería aplicable ni a usted ni a restaurants ni a fuentes de soda ni a establecimientos educacionales, quienes según el criterio que la SCD ha intentado hacer efectivo en tribunales, sin éxito, es que cuando son acusados de infracción, son los acusados quienes deben probar lo que se dice que están infringiendo. Insólito, injusto y abusivo.
2.- “Por el respeto a la propiedad de los autores”: No a la “super excepción” (sic) a los derechos de autor. (leer argumento 2)
Dejando de lado la discusión sobre la “propiedad” y el derecho de autor, que hemos explicado antes en este mismo blog, son los argumentos de este segundo punto los más llamativos por inaceptables y groseramente errados.
Señala la SCD que el artículo 71R que se propone sería una suerte de “fair use” norteamericano a la chilena, lo que es absolutamente falso.
O sea, ojalá se estableciera una excepción general de “fair use” en Chile y nos permitiera pasar a MP3 nuestros CDs antes que se sigan rayando. Lo que hace la norma que se propone es simplemente traer a nuestra legislación criterios que están establecidos en tratados internacionales como el Convenio de Berna, que por lo demás no creo que pueda ser leído como un tratado anti-autores.
Además, y dado que las sentencias en Chile tienen sólo efecto para el caso del que se trate y no necesariamente para otros, el alcance real que pudiera tener esta norma en Chile es absolutamente menor, dado que sólo le aplicaría a quien lo alegase, implicando un costo altísimo para poder acogerse a esta “excepción”
Esto es una leguleyada, pero sostienen que atentaría contra el principio de “reserva legal” porque se establecen limitaciones a la propiedad intelectual “que no se encuentran determinados en la ley”, como si de lo que se discutiera no es de una modificación a LA LEY de propiedad intelectual 17.336 de 1970. Que no le pasen cuchufletas.
3.- “Por el justo equilibrio entre autores y consumidores”: Sí a la copia privada libre pero con compensación para los autores. (leer argumento 3)
Este debe ser el punto más impresentable de todos los que hacen alusión. Primero, porque en ninguna parte del proyecto de ley que se envió al Congreso se contempla la copia privada con canon. Segundo, porque este tema lo quiere traer a colación a como de lugar la SCD y quiere imponerlo en esta reforma legal. Sí, escuchó bien, como en España: copia privada con canon compensatorio es lo que quiere la SCD.
Dice el comunicado de la SCD que “el proyecto introduce por primera vez en nuestra legislación una excepción de copia privada. Esto es, permitir realizar copias sin pedir autorización al autor“.
Yo no sé dónde aprendieron a leer, pero como ya les comenté, en ninguna parte del proyecto se contempla la copia privada, por lo que esa frase es falsa. Segundo, la explicación de copia privada es totalmente tergiversada, porque esa definición a la que hacen alusión es la definición de lo que es una excepción, no una copia privada.
Les presento la copia privada española que tanto le gusta a la SCD, regulada en el Artículo 31 Ley 22/1987 España:
Las obras ya divulgadas podrán reproducirse sin autorización del autor en los siguientes casos:
(…)
2. Para uso privado del copista y siempre que la copia no sea objeto de utilización colectiva ni lucrativa.
Repita conmigo: Copia privada es la copia para el uso privado del copista y siempre que no sea un uso colectivo ni de lucro. ¿Dónde sale esto en el proyecto de ley?
Además, si comenzamos con tecnicismos es una suerte de impuesto revolucionario que debiéramos pagar por cada máquina o soporte que eventualmente podría servir para la reproducción de obras protegidas. ¿Leyeron, dirigentes de la UDI? Un impuesto y más encima con un objetivo específico. Vamos diputados de la UDI, que confiamos en ustedes ;)
No voy a seguir con los millones de argumentos que se pueden esbozar en contra de esto que está proponiendo la SCD porque es darles la razón e insertar el tema en la discusión antes que los ciudadanos tengan tiempo para organizarse y oponerse. El mensaje es: si lo que quieren es guerra, guerra tendrán.
En definitiva, da entre risa y rabia el mensaje de la SCD. Risa, porque un panfleto como este, con argumentos de escaso rigor técnico y apareciendo como los pobres y oprimidos me causa una mezcla de risa y repulsión, principalmente, cuando son ellos quienes han monopolizado el discurso sobre derecho de autor en los últimos quince años, un discurso anquilosado, viejo y desequilibrado, jamás cuestionándose la posibilidad de equilibrarlo con los intereses de todos nosotros.
Pretenden hablar a nombre de los autores y creadores, cuando todavía no entienden que en el siglo XXI , bienvenidos a Internet, todos somos creadores. Usted, yo y ellos. Y los intereses de Shakira, ciertamente no son nuestros intereses. Acá estaremos: armados y esperando.
Más información en ONG Derechos Digitales
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1.- Frases impresentables de la semana #1: “tal vez nos desubicamos un poco”
2.- Frases impresentables de la semana #2: “Es normal que los jugadores tomen después de los partidos”
3.- Estoy curco con los Moais y la tontera de las nuevas siete maravillas del mundo. Que alguien me diga si Heródoto le preguntó a alguien para elegir, no sé, los jardines colgantes de Babilonia.
4.- También estoy curco con el circular tema de la delincuencia. Que si es o no un peligro para la sociedad, que si estamos rodeados por delincuentes, etc. Aquí alguien está ganando y no es usted.
5.- Esta es pregunta: ¿Soy yo no más o los últimos discos de Cerati y la vuelta de Soda Stereo es una reverenda y soberana lata? Cerati debe ser el artista latinoamericano más sobrevalorado de los últimos cincuenta años. No se me ocurre otro. No, Alberto Plaza no cuenta.
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Foto por codeman38 en Flickr
La Business Software Alliance (BSA) está lejos de ser una defensora de los derechos humanos. Está lejos, también, de estar a favor del reforzamiento de los derechos de los consumidores. Por si fuera poco, está alejadísima de estar a favor de mejorar la relación entre los productores de software y sus clientes, quienes en definitiva hacen a las empresas que producen programas, millonarias.
Según sus propios dichos, “BSA entrena a los usuarios de ordenadores acerca de los derechos de autor y la seguridad cibernética, aboga por la política pública que promueve la innovación y expande las oportunidades comerciales, y combate la piratería de software.”
Y claro, es obvio porque la BSA debe ser de las pocas organizaciones que tiene en sus filas a enemigos acérrimos e incluso competidores en el campo de la tecnología, como Adobe, Apple, Autodesk, Borland, Cisco, Dell, HP, IBM, Intel, McAfee, Microsoft, Symantec, entre otras más.
Todo, con el fin de promover la innovación y, no olvidar, combatir la piratería del software.
Y es precisamente este último objetivo el que ha hecho famosa a esta organización. Cartas, propagandas, encuestas de dudosa rigurosidad y campañas, sin contar los feroces lobbys parlamentarios para fortalecer las leyes de propiedad intelectual, son sólo algunas de las tácticas que la BSA ha utilizado para conseguir combatir a la piratería. Claro, porque hay otras estrategias, llamémoslas más “creativas”. Desde filtrar contenidos defectuosos en redes P2P hasta demandar a ancianos, sin contar lo siguiente.

Foto: Gentlewhisper en Flickr
Resulta que esta semana se publicitó la nueva campaña de estos señores (ah, porque ¿les conté que cosa que dicen tiene repercusión en todos los medios del mundo?), campaña que pretende una vez más combatir a estos malditos criminales de los piratas que nos hacen estar cada vez más pobres y desamparados, esta vez estableciendo recompensas para quienes delaten a quienes utilicen software pirata, recompensas que van desde los 5.000 al millón de dólares, dependiendo de los daños sufridos por el uso de estas copias ilegales.
“Denunciar la piratería de software es lo correcto y la BSA se complace en recompensar a las personas que salen adelante con información creíble,” dijo en una declaración Jenny Blank de BSA. “Las empresas a menudo tiene millones de excusas de por que tienen software sin licencia en las computadoras de sus oficinas, BSA ahora esta ofreciendo hasta un millón de dólares a los empleados que los entreguen,” ella agrego.
Así que ya sabe.
Si ya le parece que nuestras leyes no son lo suficientemente duras para combatir estos delitos.
Si le parece que además nuestra policía y el gobierno no hacen nada para combatir a estos malhechores.
Si además se da cuenta del tremendo daño que le hace a estas empresas que forman la BSA que pierden cada día millones de dólares por piratas.
Entonces tome la calculadora, vaya al PC más cercano y póngase a calcular. Invítese solo a tomar té donde su mejor amigo y mire de reojo su PC y calcule cuantos programas usa ilegalmente. Vaya al trabajo de su papá, salúdelo afectuosamente, abrácelo y con la otra mano muévale el mouse hasta mirar la licencia del Outlook.
De repente se gana unas buenas lucas apoyando una buena causa que permitirá que no mueran estas empresas que día a día pierden tanto dinero por estos malhechores. No sea cosa que algunos de ellos empiecen a hacer BUENOS PROGRAMAS.
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Imagine lo siguiente.
Usted es el notable Alberto Montt y hace ilustraciones. Bonitas y divertidas ilustraciones y las comparte con la gente en su sitio web.

Ilustración de Alberto Montt, con licencia Creative Commons BY-NC-ND
Llega un señor -llamémoslo, no sé, Eduardo Castillo- quien toma varias de las ilustraciones de Montt y las sube a su propio sitio web. A veces se toma la molestia de decir que son de Montt, a veces no, y además le agrega un aviso de derecho de autor señalando que sólo pueden ser usadas esas imágenes con fines de educación preescolar en colegios particulares subvencionados, y sólo con la supervisión de educadoras de párvulos egresadas de la Universidad Católica.
¿Suena raro?
¿Suena injusto?
Pues bien, lo que hace hoy la DIBAM con su sitio MemoriaChilena.cl, es bastante peor.
Dice la propia DIBAM, que en el sitio Memoria Chilena tienen tanto obras que pertenecen a colecciones de DIBAM, como obras que están en el dominio privado pero que cuentan con autorización de sus titulares, y obras que están en el dominio público.
Usted, como lector atento de QLN, a estas alturas ya sabe que las obras que están en el dominio público son obras que son parte del patrimonio cultural común, y por tanto, podemos hacer prácticamente cualquier cosa con ellas: traducirlas, editarlas, reproducirlas, crear obras nuevas a partir de ellas, y un largo etcétera sin restricciones y sin necesidad de pedir permiso.
Un sitio que se dedique a difundir las obras que están en el dominio público, pues, es una gran noticia para la difusión del acervo cultural común. Salvo, cuando lo hacen según reglas propias.
Salvo, cuando lo hacen violando el derecho de autor de obras que pertenecen al patrimonio cultural común.

Fotografía de Gustavo Milet Ramírez, 1890. En Dominio Público.
Memoria Chilena escanea documentos e imágenes que pertenecen a este patrimonio común (como la de arriba), y le agrega la siguiente nota de derecho de autor:
Los contenidos de Memoria Chilena, tales como documentos e imágenes, pueden reproducirse citando la fuente y son exclusivamente para uso privado o con fines de investigación. Está prohibida la reproducción de cualquier tipo de material para uso comercial, académico o su exhibición en línea, radio, televisión, cine, video u otro medio de difusión pública.
En otras palabras, cuando usted toma una obra de Vicente Huidobro y quiere hacer una canción con el Canto II de Altazor, y venderla en iTunes, por decir algo, puede hacerlo, porque esa obra está en el dominio público.
Pero según las condiciones de uso de Memoria Chilena, a pesar de poder acceder a estas obras que están en el dominio público, usted sólo podría hacer usos privados de ella, y no podría reproducirla sino en las restringidas condiciones que señalan las draconianas condiciones de uso.
¿Por qué, cree usted?
Públicamente alguna vez le pregunté esto a la directora de la Biblioteca Nacional doña Ximena Cruzat, y no supo darme una explicación, confundiendo condiciones de acceso con condiciones de uso. Claro, ella decía “pero si el contenido está disponible en línea“.
Lo que suele suceder en estos casos es que dado que la DIBAM realiza una labor de escaneo de documentos, creen, suponen que tienen determinados derechos sobre el resultado del escaneo. Como si no fuera separable la obra con el soporte material de ella. ¿Me siguen?
Es por eso que es impresentable que una institución pública como DIBAM tenga estas condiciones de uso de obras que nos pertenecen a todos nosotros.
Y eso explica que una serie de organizaciones de la sociedad civil tales como Colegio de Bibliotecarios de Chile A.G., la Asociación de Editores de Chile, la ONG Derechos Digitales, la Comisión Asesora de Bibliotecas del Consejo de Rectores, Educalibre y Creative Commons – Chile, han hecho una solicitud a DIBAM para que modifique las condiciones de uso de Memoria Chilena, toda vez que vulneran en forma grave la difusión y el acceso a obras que pertenecen al patrimonio cultural común, y no a una institución pública.
En el fondo, es un llamado a liberar el dominio público.
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Artículo actualizado, ver al final.
La iniciativa del nuevo sitio web de la Biblioteca del Congreso Nacional es bien notable. De partida, es bonita. Segundo, todo el contenido está licenciado con una licencia Creative Commons. Y además tiene RSS, lo que permite enterarse casi en forma instantánea de lo que se publica diariamente.
Y gracias a la magia del RSS, nos enteramos de un horroroso artículo sobre derecho de autor, justo cuando se encuentra en plena discusión en la cámara de diputados el proyecto de ley que pretende reformar nuestra desequilibrada ley de propiedad intelectual. Nunca un peor momento.
El artículo se titula “Piratas en el nuevo milenio”, y tiene como objeto, según sus propias palabras, “La piratería crece cada año, dejando pérdidas por 200 millones de dólares para la industria, los autores y el Fisco. El Gobierno pretende combatirla con más fuerza y para ello presentó un proyecto de ley que endurece las sanciones.”
Lo más sorprendente no es que BCN diga lo que diga. Lo que llama la atención es que todo esto aparezca cuando está en plena discusión el proyecto de ley que reforma la ley de propiedad intelectual. No deja de llamar la atención que pareciera que los únicos que tienen algo que decir respecto de la “piratería” sea la industria, representada por Eduardo Castillo, el autodenominado “Zar” antipiratería, de quien ya hemos hablado anteriormente en este mismo blog y Nivia Palma, ex gerente de la Cámara Chilena del Libro y -ups, ¡sorpresa, sorpresa!- hoy directora de la DIBAM.
Todo esto sin contar que todas las cifras que se muestran son cifras que vienen de la industria.
Y ah, entérese que
Otro factor que ha impactado de manera negativa en los derechos de propiedad intelectual es la posibilidad de descargar música, películas, softwares o libros de forma gratuita desde Internet, a través de programas que permiten compartir archivos entre usuarios (también llamados redes P2P). Ello, porque las leyes para enfrentar este tipo de piratería son todavía débiles, y los gobiernos no cuentan con los recursos suficientes para combatirlo.
Y no, esto no significa que sean los usuarios los que utilizan estas redes para intercambiar, por ejemplo, distribuciones de Linux ni menos sus archivos personales. Tampoco en que pudieran intercambiar el DVDRIP del Acorazado Potemkin, felizmente en el dominio público. Menos significa que las empresas no se estén adaptando a nuevas formas de distribución de contenido en Internet. No, porque resulta que la industria del entretenimiento siempre ha estado a favor de las innovaciones tecnológicas en el sector.
Mire, con todo respeto, esto es igual de absurdo que si se hiciera un reportaje sobre la delincuencia en Chile sólo utilizando como fuente a los capos del crimen organizado.

Lo que más molesta, mis queridos amigos lectores, es que acá lo que existe es una profunda falta de respeto hacia todos nosotros, hacia todos los consumidores y ciudadanos.
Porque lo que parece querer decir el sitio de BCN (que a todo esto financiamos todos nosotros con nuestros impuestos) es que el problema de lo que ellos llaman “piratería” es un problema que sólo tiene un interlocutor válido: la industria del entretenimiento.
Señalan ellos mismos, con toda soltura:
La piratería, en todo caso, es un problema global que preocupa a los gobiernos, a los gremios de artistas, creadores y autores, y también a las empresas que distribuyen y comercializan los productos, obligándolas a reinventarse y a ofrecer nuevos servicios para mantenerse vigentes. En 2002, las ventas globales por concepto de piratería alcanzaban los 30 mil 900 millones de dólares.
Ah, claro. Es un problema global que afecta a todos, MENOS A LOS CIUDADANOS que con leyes hechas a la medida de la industria, sin excepciones y limitaciones para los usuarios y con gobiernos y legisladores que responden sin cuestionarse a las presiones de la industria, y de los titulares de derecho de autor. De los que ponen las lucas, de más está decir.
Y claro, pobre industria que además tiene la mala suerte de tener que reinventarse y ofrecer nuevos servicios para mantenerse vigentes.
Lo mismo deben haber pensado los vendedores de hielo a granel cuando a principios del siglo XX se inventó ese terrible invento llamado refrigerador o frigorífico.
Mientras todos estos sujetos lloran y rasgan vestiduras en contra de la tecnología y lo que ellos llaman piratería, hay un grupo que en lugar de patalear se dedican a descubrir y explotar las oportunidades que la misma tecnología entrega. Sí, mientras la industria llora y patalea en contra de las descargas de Internet, nosotros, los que no usamos ni pata de palo ni parche en el ojo, llenamos los estadios cuando vienen nuestros artistas favoritos.
La música, el gusto por el compartir lo que nos gusta, señores, no se va a morir por culpa de sus leyes anquilosadas. Y van a tener que aprender que, lo que necesitan, lo que les hace falta, es tener respeto por quienes hacen que vuestro negocio funcione: sí, nosotros, los piratas del siglo XXI.
Actualización:
Si usted quiere acceder al artículo de BCN que se ha criticado en este post, ya no podrá hacerlo sino a través del caché de Google.
Sí, porque BCN ha bajado el artículo en forma completa.
Desde acá esperamos que BCN recapacite y replantee el tema desde un punto de vista equilibrado y poniendo en la palestra todas las posiciones, rescatando fundamentalmente el interés público y no el interés privado de la industria del entretenimiento. Clap, clap para todos.
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1.- Lo único malo de viajar es el primer día de trabajo que te espera. Tener más de 300 correos sin leer es algo estresante. A eso súmele los 4 grados bajo cero, viniendo del verano.
2.- No he escuchado nada más lindo últimamente que el track que abre el disco nuevo de The New Pornographers. La canción se llama My rights versus yours (sic). Dele una oportunidad.
3.- Todavía me duele la guata por pagar 18 euros por un pinche almuerzo en París. Panini con bebida es la mano.
4.- Hacía muchos meses que no me pasaba una semana sin Internet. Debo confesar que de repente me daban tiritones. Pero no iba a andar pagando 3 euros por los 15 minutos. Fanático, pero nunca tanto.
5.- Para los lectores varones: Sí, el mito de Croacia es verdad.
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Dentro del marco del Stream 1: “Peer production: legal and architectural norms”, se desarrolla el panel “A cultural environmentalist movement and beyond?” en el que expondrán el siempre interesante James Boyle, del board de Creative Commons, Jenny Jenkins del Centro de Estudios del Dominio Público y mi admirado Cory Doctorow, editor de Boing Boing. La idea es presentar ideas respecto de la forma en que debiera configurarse el movimiento cultura libre, tomando en consideración los éxitos en materia de organización de los movimientos ambientalistas durante los años cuarenta.
La conversación básicamente giró en torno a cómo configurar el movimiento de los commons a partir de la experiencia de los movimientos ambientalistas durante los años 40 y 50 en Estados Unidos. Boyle apuntó específicamente a tres factores que hicieron fuerte al movimiento
1.- fue construida a partir de una serie de ideas relativas al cálculo económico y a la irracionalidad que lleva consigo
2.- se agruparon varios intereses basados en una idea particular
3.- hacer de un grupo de casos particulares el tema del ambientalismo como de interés común.
A mi me parece una más que interesante idea desde el punto de vista de analizar la forma en que ha ido componiendo el movimiento y cual será la forma final que éste tendrá. Porque claro, uno puede estar de acuerdo con la analogía, pero en principio, el ambientalismo pretende defender a la naturaleza humana, algo que en principio suena más relevante que la lucha por un derecho de autor equilibrado, la defensa de los commons, bienes comunes o lo que sea. Segundo, y más importante, es que el tema ambientalista es un asunto que preocupa a la gente ex ante la existencia de grupos ambientalistas. Los que estamos luchando desde las fronteras de la cultura libre lo hacemos dado que creemos que es un tema de interés público. En fin. Como muchas cosas acá, queda mucho por recorrer y meditar.
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Una vez al año, casi 300 personas de más de 50 países se reúnen a celebrar y a armar estrategias acerca de una Internet libre para todos.
Líderes de los Creative Commons, del software libre, educación abierta y comunidades de acceso al conocimiento conversan respecto de su visión del futuro y discuten estrategias para constrir una cultura libre global que se enriquece en términos de viabilidad económica y diversidad geográfica.
Al igual que el año pasado, mañana este siervo del señor parte al encuentro mundial de Creative Commons e iCommons, que este año se realizará en la preciosa ciudad de Dubrovnik, al sur de Croacia, casi cayéndose al Adriático.
Como comenta mi querida Caro Botero, quien también estará allá, una de las gracias será que el evento podrá ser seguido a través de Second Life. No hay entonces excusas para perdérselo.
Una vez que termine el evento enviaré un reporte completo que será publicado en Derechos Digitales. Ahora, eso no quita que les estaré contando detalles sabrosones y quien sabe, una que otra sorpresa.
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