coComment

Por los objetivos de este blog, son pocas las veces en que nos explayamos acerca de herramientas de blogging o acerca de blogs en general. Y además en QLN sabemos tanto de herramientas como tú, o quizás menos, por lo que claridad para presentar temas de tecnología pura y dura es relativamente complejo.

Pero lo de hoy es distinto y les diré porqué.

Supongo que les ha pasado que visitan un blog, leen un artículo y lo comentan. Pasan las horas, pasan los días y olvidaste tanto el tenor de tu comentario, a veces el blog, y por tanto seguir la conversación que se dio a partir de tu comentario. Acá en QLN hemos intentado superar ese problema para nuestros lectores con la ayuda de un plugin para WordPress que permite suscribirse a las discusiones, avisando vía email cuando se escribe un nuevo comentario sobre el ya realizado. Muchos de ustedes lo usan, yo también lo uso y siempre pensé que debería ser una herramienta por defecto en los sistemas de Blogs.

Pero hace unos días apareció CoComment, una herramienta de seguimiento centralizado de lo que has comentado por allí. Como explican en ñblog, se trata de centralizar todos los comentarios que haces en cualquier blog para su seguimiento, pudiendo además colocarlos en tu propia web o blog.

La idea es realmente espectacular. Por el momento es un beta cerrado, pero puedes inscribirte y esperar tu invitación. Yo lo hice ayer, y hoy ya he probado el servicio. Pinta muy, pero muy bien, puesto que parece ser la herramienta que se necesitaba.

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Los Justos: Borges sobre el p2p


fotografía encontrada en mundolatino.org

Lo cuenta Jorge Luis Borges,

Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Lo siento el casi copypaste, pero lo explica magistralmente, como de costumbre, Hernán Casciari.

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El iPod te produce sordera?


imagen de Michal Ferák @ stock.xchng

Por lo menos así lo asegura John Kiel Patterson en su demanda contra Apple en una corte federal de San José, California.

Agrega el artículo de La Tercera que “El artefacto puede producir sonidos de más de 115 decibeles, un volumen que puede dañar la audición de una persona expuesta a ese tipo de sonidos por más de 28 segundos al día, de acuerdo con la querella.

Yo la verdad no sé si es mi idea, si ya estoy quedando sordo o qué, pero siempre he estimado que el volumen del iPod es bastante más bajo que el de otros aparatos de música móvil que he tenido, léase principalmente el Discman. De hecho, fue una de las cosas que más me sorprendió cuando adquirí mi maravilla. Y me sorprendió quizás no porque suene efectivamente despacio, sino porque tal vez para los estándares norteamericanos o europeos los niveles de decibeles que reciben sus oídos son absolutamente mínimos al lado de los que recibimos, por ejemplo, los santiaguinos.

En zonas residenciales, entre 7 y 21 horas los niveles de ruido no pueden superar los 55 decibeles, pero según mediciones del SESMA en la mayoría de las esquinas de la capital esto no se cumple, llegando a superar los 80 decibeles en muchísimos casos.

¿A donde apunto?

Apunto a que el tercermundismo se refleja también en estas cosas, en aceptar como algo normal cantidades de ruido alarmantes que hacen que tengas que subir el volumen de tu reproductor de música para evitar el ruido del sound y la cumbia que al chofer de turno le gusta tanto poner a todo volumen te ponga de mal humor, o que tengas que subir el volumen porque con tanto bocinazo en las calles definitivamente no puedas escuchar tranquilo lo que llevas.

Por ahí va la cosa. Si a algún abogado astuto se le ocurre presentar una demanda como esta la verdad es que sería paradójico. ¿Quién tiene la culpa?
¿Apple por permitirte subir el volumen de tu música, o el ruido de ambiente que te obliga?

Si es así, todos quedaremos sordos, y no por culpa de ruidos agradables a volumenes altos, sino que por estar expuestos a altos ruidos además de desagradables e involuntarios.

gracias, Cristian!

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Una de ladrones de dominios

Copio, destaco y pego:

“En 1997 registré el dominio deusto.com. Ahora viene Planeta Agostini, propietaria de Ediciones Deusto, y mediante sus abogados me envía cartas y burofaxes diciendo que les transfiera el dominio porque tienen la marca “deusto” registrada. Ellos registraron la marca en el 2002 (repito, el dominio lo registré en 1997), y el dominio ha estado aumentando, con mucho trabajo y esfuerzo, en visitas y en contenido durante 8 años y medio, con más de 1.250 relatos publicados y 3.300 subscriptores al boletín de noticias. Hasta la semana pasada recibía 80.000 visitantes únicos mensuales.

Me han puesto una demanda ante la WIPO, han contratado a un importante bufete de abogados de Madrid, y me han suspendido el dominio, con lo que mis visitantes han desaparecido y mi sitio ha bajado estrepitosamente en Google.

Deusto es el nombre de un barrio de Bilbao, de la Universidad de Deusto (http://deusto.es), de una ferretería, de una consultora, de una panadería, etc.

¿Es esto justo? ¿Me van a quitar el dominio sólo porque tienen más dinero para pagar a los abogados?

El contenido del sitio lo podéis ver todavía en http://literatura-digital.com. Espero que no registren esa marca también mañana y me lo quiten.

Por cierto, Planeta no tiene ni deusto.es, ni deusto.net, ni deusto.org. Y deusto.biz y deusto.info no están siquiera registrados. ¿No será que lo que les interesa no es el nombre sino mis visitantes sin tener que pagar a cambio? ¡No, que va, cómo va a ser eso, qué cosas se me ocurren, lo que quieren es proteger su marca!

¿Será entonces que mi amigo Luis, que vive en Deusto, les pertenece?”

La transcripción de arriba corresponde al relato de Edgardo Pérez, dueño del dominio Deusto.com, el que como bien explica, quiere apropiárselo la editorial Planeta Agostini en base a ciertas prácticas semi matonescas y basados en el escaso poder negociador de Pérez comparado con la troupe de abogados y lobbistas de la editorial.

El caso me recordó nuestro famoso elmercuriomiente.cl, donde la empresa editorial El Mercurio impugnó aquel dominio basándose en que el nombre de dominio es engañosamente similar a la marca de que es titular la demandante, “El Mercurio” y su utilización constituye un acto de mala fe pues vulnera la ética comercial. Tal como lo comentamos en su momento, el fallo del juez árbitro a cargo del caso fue lamentable en su argumentación, pero aquello no viene el caso.

Lo relevante, y que quisiera destacar, es cómo tanto en el caso de deusto.com como en elmercuriomiente.cl en el sistema de resolución de nombres de dominio el criterio marcario es ampliamente aceptado como el criterio fundamental para resolver estos conflictos, criterio que echa por tierra el supuesto que a través de los sitios en la Internet se expresa muchas veces la libertad de expresión y así como se expresa se pone en riesgo con la aplicación de este tipo de criterios.

Otros fallos arbitrales chilenos algo menos conocidos son sindicatoemosaguasandinas.cl y exoneradospoliticosdegasco.cl, donde ambos dominios fueron adjudicados a las respectivas empresas y no a las agrupaciones de trabajadores, basándose en argumentos relativamente similares. Un dominio como los recién mencionados, ¿socaba la marca comercial que está en juego?
¿No será que más bien las empresas a través de influyentes estudios de abogados argumentando a partir de la protección de marcas comerciales en el fondo prohiben disidencia pública en contra de la empresa?

Estos son temas especialmente relevantes cuando uno analiza a lo menos la forma de resolver los conflictos de nombres de dominio en Chile. Y el caso de Deusto.com no es sino una aplicación adicional de este salvajismo amparado a la protección marcaria que en definitiva intenta salvaguardar intereses comerciales.

En el caso de Deusto.com al parecer para quedarse con su marca además de los suscriptores de la página de Edgardo Pérez. En los casos chilenos, para acallar voces críticas, siendo ambas situaciones malas, pésimas noticias para los derechos fundamentales en Internet.

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