El Blogumental

⎯⎯⎯ Lunes, agosto 1, 2005

J. Baumgart de J’s Scratchpad nos cuenta que el próximo viernes en el Berkman Center for Internet & Society de la Universidad de Harvard se proyectará una suerte de avant premiere del documental de Chuck Olsen denominado Blogumentary. Este es un documental independiente de 70 minutos acerca de los blogs y su influencia.

En un mundo de onanistas del fenómeno de los blogs, una expresión de contenido, a ver si alguien por estos lares se anima a algo parecido.


La estupidez del copyright

⎯⎯⎯ Domingo, julio 31, 2005

Cuando uno comienza a adentrarse en los temas del derecho de autor y en las discusiones que en él existen, principalmente entre los talibanes de lado y lado, uno es capaz de darse cuenta de varias cuestiones. Pero desde mi perspectiva, una de las cosas que más me llamaron la atención cuando comencé a estudiar y trabajar en estos temas es la estupidez del copyright.

De hecho, hasta hoy me cuesta entender algunas posiciones que sostienen tanto los paladines del derecho de autor como las sociedades de gestión e insluso algunos políticos. Soy un convencido de los perniciosos efectos que tiene la regulación del derecho de autor en relación a las nuevas tecnologías cuando no se toma en cuenta el equilibrio que debe existir entre la protección a los creadores y el libre acceso al conocimiento y la cultura como un valor fundamental, y por eso mismo me cuesta muchísimo entender por qué quienes dicen proteger a los autores siguen sosteniendo, por ejemplo, que aumentar los plazos de protección es algo positivo, o que el establecimiento de un canon es absolutamente necesario para compensar las copias privadas que puedan eventualmente realizarse.

Bueno, al parecer no son sólo cuestionamientos particulares mios, sino que también se los ha planteado el profesor de la Universidad de Duke James Boyle y codirector del Center for the of the Public Domain, a quien tuve el honor de conocer en Buenos Aires hace algunas semanas en el seminario organizado por la Fundación OSDE. Boyle escribe una columna en el Financial Times donde escribe sobre este fenómeno, y ha denominado a sus columnas “Deconstructing Stupidity”.
La estupidez a la que apunta Boyle es por qué los gobiernos construyen políticas y leyes de propiedad intelectual sin evidencia de que éstas producirán los beneficios económicos o sociales que esperan.

Explica Boyle:

La industria del cine y la industria musical son pequeñas comparadas con la de la electrónica para consumidores. A pesar de lo anterior, el derecho de autor baila al ritmo de lo pasado, no del futuro. El Open source es un gran negocio. Pero las burocracias internacionales de la propiedad intelecutal siguen viéndolo como comunistas infieles.

Si el dinero hablara, ¿por qué entonces quienes toman decisiones sólo escuchan un lado de la conversación? La presión de las empresas puede ser sólo una parte de la explicación. Algo más se necesita. Neceistamos decontruir la cultura de la estupidez de la propiedad intelectual, para entenderla y de esta forma poder cambiarla. Pero esta es una estupidez rica y compleja, como un fino vino Margaux. Yo sólo puedo reconocer algunos pocos sabores.

Y me parece que ese debe ser uno de nuestros desafíos, lograr comprender los motivos que hacen que esto no cambie de rumbo.


Hipatia: Cultura, Software y Tecnologías Libres

⎯⎯⎯ Sábado, julio 30, 2005


Desde Derechos Digitales nos cuentan que ya se encuentra disponible la versión electrónica del suplemento Hipatia: Cultura, software y tecnologías libres, de la revista de arte y política chilena Rocinante. Esta número incluye los artículos:

Hipatia es editado por Rocinante y Derechos Digitales, con la colaboración de Centro del Software Libre, EducaLibre.cl y SoftwareLibre.cl y es publicado bajo licencia Creative Commons.


Quienes comparten compran más discos

⎯⎯⎯ Miércoles, julio 27, 2005

Según informa la BBC, la firma de estudios digtales The Leading Question ha publicado un estudio donde se señala que quienes descargan música ilegalmente de internet gastan cuatro veces más en la compra de discos que quienes no descargan.

De ser cierto este estudio, se iría por tierra uno de los más grandes mitos acerca del p2p, esto es, que bajar música sin autorización es equivalente a un robo. Al parecer, quienes más bajan música ilegalmente no son en su mayoría sujetos que llevan aves en el hombro y un parche en el ojo, sino que al parecer se parecen mucho más a sujetos comunes y silvestres que se gastan lo que no tienen para asistir al recital de su artista favorito en su ciudad.
El ejemplo de los White Stripes que dábamos en NewDisco es bastante claro al respecto. Un grupo de gusto poco masivo, que no vende como vende Birtney Spears es capaz de llenar el estadio Víctor Jara sin problemas. ¿Toda culpa del p2p? Claro que no, pero ciertamente que algo tiene que ver. Yo aseguro que de las 3000 personas que estuvimos ahí, menos de la mitad tiene el disco original.
Me incluyo, nunca tuve un disco de ellos original. Pero amo su música.


Sony condenada por sobornar a las radios

⎯⎯⎯ Martes, julio 26, 2005

Supongo que muchas veces ustedes también han escuchado el argumento que se esgrime cuando alguien dice que la música [o la televisión] son una mierda. El argumento que se esgrime es “bueno, pero es lo que la gente pide”. O sea, no es culpa de la radio que toquen quinientas veces en el día el último hit de Shakira o de, glup, Luis Fonsi. Se toca porque la gente lo pide.

Después de ese argumento, quien dijo que la música que tocaban en la radio era un desastre debe mirar para otro lado y cambiar el tema, porque al parecer lo que estaba diciendo es que la gente es la que tiene gustos poco felices.

Digo todo esto porque muchas veces he estado en ese lado de la vereda. En efecto, desde hace varios años que no escucho radio sino sólo en ocasiones muy puntuales, como por ejemplo cuando vuelvo en auto desde la casa de mi novia y tengo ganas de escuchar noticias. Y si justo aquel día olvidé mis cds en casa, sintonizo Radio Concierto, y para mi no hay más.

Elliot Spitzer es fiscal del estado de Nueva York y desde hace un tiempo está investigando los pagos que hacen los sellos multinacionales a las radioemisoras para que ellas toquen repetidamente las canciones de su corral. Esta práctica es ilegal en Estados Unidos desde los años sesenta, donde después de descubrir que a ciertos famosos DJs se les pagaba para que pincharan sus discos, se prohibió cualquier tipo de regalía hacia las radioemisoras programar temas al aire.

La investigación de Spitzer, obviamente, llegó a buen puerto y descubrió que la Sony realizaba estas prácticas. Reveló que el director de la radio WKSE-FM de Buffalo recibió varios boletos de avión a Nueva York, Miami y Fort Lauderdale a cambio de incluir el tema de Jennifer López “I’m Real” en julio de 2001, el de Good Charlotte “Hold On”, en noviembre de 2003, y el de Franz Ferdinand “Take Me Out” en agosto de 2004, en la lista de las canciones a divulgar en la emisora.

En palabras del propio fiscal:

“Nuestra investigación demuestra que, al contrario de lo que piensan los radioescuchas de que esas canciones son seleccionadas por sus méritos artísticos y popularidad, el tiempo en el aire a menudo se determina por pagos secretos a las radioemisoras y a sus empleados”

Ante esto, ayer llegó a un acuerdo económico extrajudicial con la transnacional donde se compromete a pagar más de 10 millones de dólares

“Este acuerdo (con Sony BMG) es un modelo para detener la perversa influencia de los sobornos en esta industria”, agregó el fiscal.

El avance periodístico en Informativos telecinco
Más info en:
Downhill Battle
LA Times
ANSA
Cambiosonora
Contactomagazine
La Opinion.com
HispaMP3
En Chile, ClaudioG, uno que sabe de estas cosas.


Celebrando el cumpleaños de la EFF

⎯⎯⎯ Sábado, julio 23, 2005

La ya mítica Electronic Frontier Foundation cumple 15 años luchando por las libertades en entornos tecnológicos.

Y para celebrar este evento, han llamado a los bloggers a una blogatón, que consiste en que cada uno cuente el momento en que algo le hizo *click* y decidió luchar por la libertad de expresión en internet, la privacidad, por el fair use, entre otras mil.

La idea es que cada uno cuente su experiencia y para hacer esto más entretenido, habrá un jurado que seleccionará las mejores historias y les darán unos modestos, pero significativos premios, para los interesados que buscan siempre recompensas ;)

En español, ya ha hablado de esto, como no, Eduardo de ALT1040.

A ver si nos animamos desde acá.


Juez echa por tierra el canon

⎯⎯⎯ Viernes, julio 22, 2005

En un mundo digital cien veces más avanzado que el nuestro, un juez español ha ordenado a una tienda a devolver el dinero del canon (gravamen impuesto a los soportes susceptibles de ser usados para grabar material audiovisual protegido por la Ley de la Propiedad Intelectual, un CD, por ejemplo) recibido por la compra de un disco compacto utilizado para grabar software libre.

Reynaldo Cordero, el demandante, asegura que sólo emplea los CDs para grabar software libre y considera por ello una injusticia tener que pagar, aunque sólo sea un céntimo, por derechos de autor.

Una noticia que deberíamos tener presente en un país como el nuestro donde honorables legisladores han propuesto con ahínco la imposición de un gravamen igual al canon español. Menos mal que la iniciativa está muerta hace algunos meses en el Congreso.
A ver si alguno de estos días tengo algo de tiempo y les cuento de la novedosa iniciativa parlamentaria.

Más información en Asociación de Internautas, en Derecho-Internet
La noticia en
ElPais.es


Cuando El Mercurio fomentó la piratería

⎯⎯⎯ Jueves, julio 21, 2005

Me tomo la libertad de reproducir el excelente artículo de Alberto Cerda sobre cómo El Mercurio fomenta la piratería. Gracias Alberto!

Inusual, pero cierto: en la sección Internet de su edición del pasado lunes, El Mercurio, periódico baluarte en la defensa de la propiedad privada, invitaba a sus lectores a convertir esas viejas películas en formato VHS en flamantes archivos DVD, para lo cual ilustraba acerca de los requerimientos de sistema, aplicaciones disponibles y hasta los costos de implementación de un “estudio de edición casero”.

Mientras diversas asociaciones gremiales –tales como los productores de fonogramas, sellos editoriales y distribuidores de software– hacen importantes esfuerzos destinados a obtener la adopción de una ley que reprima con mayor fuerza aquellos actos que califican de piratería, aún poniendo en riesgo importantes derechos y libertades públicas, El Mercurio hace una apuesta en contrario, promoviendo prácticas reñidas con el derecho de autor que ampara tales obras.

En efecto, el matutino invita a generar copias de películas, traspasar las obras de un formato a otro, elegir el orden de las secuencias, cortar las partes aburridas e inclusive agregarles transiciones, como si de un programa de televisión se tratase. Por supuesto, se trata de usos que la legislación nacional no admite, salvo que se disponga de autorización del titular de los derechos de autor.

Más allá de lo paradojal de la situación, la falta de consistencia entre las líneas editoriales, a través de las cuales se aboga por mayores penas para la piratería, y las columnas interiores del periódico, nos pone ante una disyuntiva: ¿se trata de un simple acaso, un hecho fortuito carente de sentido, o el episodio evidencia una falta de sintonía entre el derecho y la realidad?

Es habitual que se reproche la falta de conciencia de las autoridades públicas y los consumidores en relación con la adecuada protección de las obras –ya se trate de libros, música, o software–, menos frecuente es oír voces de alerta que aboguen por un equilibrio entre los derechos de las empresas del entretenimiento, los propios creadores y la comunidad, para participar de los beneficios del progreso de las ciencias, las artes y las tecnologías.

Sin embargo, la “invitación” de El Mercurio abre el debate sobre un nuevo punto: no es que estemos ante una falta de conciencia sobre la ilicitud de los actos de piratería, sino que simplemente no adherimos a calificar tales actos como ilegales. Si la ley califica ciertos usos de las obras como ilícitos, pese al razonable y proporcional uso social que se hace de ellas, conviene cuestionarse el sentido de una ley que carece de respaldo ciudadano.

Por fortuna, el mismo periódico tiene respuesta para nuestro dilema, cuando acudiendo a una cita de Bob Dylan –la que, dicho esa de paso, tampoco cumple con las exigencias legales–, predica que “los tiempos están cambiando”. Es como sucede con las leyes sobre alumbrado público a gas, leyes que siguen vigentes, pese a que toda la ciudad se viste de electricidad por las noches. Si los tiempos están cambiando, las leyes deben cambiar: El Mercurio ya nos ha indicado el camino.

Artículo de Alberto Cerda, Derechos Digitales, Algunos Derechos Reservados.

Fotografía: By Bhell13 publicada en Flickr bajo licencia Creative Commons


Copyfight y su cobertura en Chile

⎯⎯⎯ Martes, julio 19, 2005

Me enteré, oh sorpresa, por un blog español, el blog de David Bravo. La entrada del blog, que me habría gustado haberla imaginado yo es “Otra fotografía para ilustrar la noticia es posible”.

Les cuento.

El equipo de Elastico compuesto por los bloggers Antonio Córdoba, Marta Peirano, José Luis de Vicente e Ignacio Escolar entre otros, esta última semana organizaron un encuentro impresionante al que denominaron Copyfight. El encuentro se realizó en Barcelona y contó con la presencia de, afírmense, John Perry Barlow, músico y miembro de Electronic Frontier Foundation, Cory Doctorow, escritor y editor de BoingBoing, Jimmy Wales, de Wikipedia, nuestro conocido Larry Lessig, of course, entre otros varios más que se hicieron presentes para hablar de varias cosas, entre ellas software libre, los peligros del copyright y la creación de la Cultura Libre.

Terra Chile hizo su pequeña nota de cobertura, pero con una imagen que dista muchísimo del espíritu del encuentro.

Periodistas de Chile, uníos contra la desinformación!

update:
El mismo sitio de Terra Chile incluye tips para bajar contenidos desde redes p2p, lo que no es nada ilegal que yo sepa, al igual que nada tiene de pirata el Copyfight, pero sorpresivamente no se hace referencia a banderas negras con calaberas ni nada.


Grand Theft Auto y Hillary Clinton

⎯⎯⎯ Sábado, julio 16, 2005

gta san andreas

Supongo que el juego es más bien conocido por muchos. De hecho, debe ser de los juegos más vendidos en el último año y en el que tú personalizas a un sicario que sigue las instrucciones de una mafia en alguna ciudad norteamericana parecida a Miami. Es más, podría apostar que en este mismo momento mis hermanos menores están intentando resolver alguna dificil misión que les ha encomendado un mafioso chicano.

Con esa descripción es fácil suponer la cantidad de problemas que ha tenido que sortear la compañía Rockstar Games por parte de una serie de grupos que sostienen que es un juego que no entrega valores correctos al público objetivo al que está destinado, preferentemente adolescentes.

El tema es que hace algunos meses un programador holandés llamado Patrick Wildenborg creó un programa que permite desbloquear ciertos contenidos del juego que se encontraban de fábrica ocultos al público, en particular ciertas formas de interacción sexual que es posible tener con el sujeto que personificas en el juego, de manera tal que ahora es posible tener encuentros sexuales con tu polola, la que te da cierto puntaje, juntarte con prostitutas, entre otras cosas que es posible imaginar.

Todo esto ha generado un debate en Estados Unidos, donde la punta de lanza la ha tomado la conocidísima senadora Hillary Clinton. Según informa BBC News, Clinton pretende que la Comisión Federal de Comercio descubra quien puso el manterial de sexo explícito en el juego. La discusión precisamente es esa. Rockstar Games sostiene que ellos no pusieron ese código en el juego, sino que fueron ciertos hackers como Wildenborg quienes manipularon el código para permitir el material.

Menuda discusión. Y tengo la impresión que por esas cosas de la vida esto va a derivar en una discusión de propiedad intelectual si es que Rockstar Games puede demostrar que el programita modificó su código fuente.