El último minero de hielo
Él es Baltazar Ushca y es el último minero que queda, de aquellos que van a conseguir hielo al Chimborazo, en Ecuador. El video es una maravilla. (vía Kottke)
Él es Baltazar Ushca y es el último minero que queda, de aquellos que van a conseguir hielo al Chimborazo, en Ecuador. El video es una maravilla. (vía Kottke)
En el Chile postdictatorial, la élite gobernante (de derecha e izquierda) ha convencido al pueblo de que en democracia mandan la ley y las instituciones, no la gente. Y si mandan las instituciones, entonces manda la élite tecnocrática que, como en toda burocracia que –desde Weber en adelante– se precie de moderna, se estructura en torno a la noción de mérito. Nos han convencido, como dice el cientista social Eduardo Rojas, de que en Chile no manda el pueblo, sino la élite, y que así es como debe ser. Es una nueva élite, mezcla de aristocracia tradicional, nuevo empresariado y expertos del Estado, pero élite al fin. Así, nos dicen, es como debe lucir un país moderno. Es, sin embargo, un país eminentemente no deliberativo. En el Chile meritocrático las instituciones funcionan, y la democracia sobrevive en sus márgenes.
Matías Cociña publica dos estupendos artículos en CIPER sobre la meritocracia que tienen pasajes como el que destaco acá arriba. Hacía tiempo que no leía un par de textos no solo bien escritos, sino al mismo tiempo provocadores y brillantes.

A principios de los dos mil Chile estaba en una situación diferente. Luego de décadas de exclusión en el contexto internacional, la economía de Chile necesitaba un empujón que permitiera su desarrollo comercial, y para ello la firma de un tratado de libre comercio con Estados Unidos fue un objetivo que al que Chile quiso llegar como quiera fuesen las circunstancias y sus costos. Los costos fueron varios, pero de entre los más sonados son el aumento radical de los criterios de protección en materia de derechos de autor, incluyendo aumento de plazos de protección más allá de los estándares internacionales.
Hoy Chile está en un momento diferente. Y el mundo está en un momento diferente. No solo China ha desplazado a nuestros principales socios comerciales de la época, sino también Chile tiene en su cartera una buena cantidad de acuerdos comerciales que fomentan el libre comercio a nivel global. Con todo esto, es llamativa la tenacidad del gobierno de Sebastián Piñera de cerrar un nuevo tratado de libre comercio llamado eufemísticamente Trans Pacific Partnership (TPP), que tiene como socios solo a países con los cuales Chile tiene ya firmados acuerdos de libre comercio lo que supondrá re-negociar estos acuerdos que no tienen ni siquiera diez años desde su suscripción. A lo anterior, debiera indicarse aspectos aún más problemáticos, como el excesivo celo en las negociaciones, declaradas secretas, que hace imposible saber -incluso para el Congreso Nacional- a qué nos estamos comprometiendo normativamente en el TPP.
Las voces críticas en contra de la conveniencia de este tratado vienen de todas partes. Sin ir más lejos, el que fuera jefe negociador de Chile en TPP hasta hace un par de meses, levantó alertas respecto de lo que los países están comprometiendo y los problemas que esto podría suponer. Adicionalmente, un informe del ex-jefe de DIRECON durante 2004-2010 añade aún más dudas, indicando que las ganancias para Chile en TPP serían, de existir, marginales; y los costos altísimos, destacando, entre otros, temas de derechos en internet.
Este es un tratado que se negocia de manera secreta, sin que existan señales claras de los beneficios que podría tener para el país -pero muchas luces de sus problemas- y que, dado lo complejo de su alcance, sus negociaciones se han trabado en aspectos sensibles. Pese a todo lo anterior, el gobierno del presidente Piñera parece esmerado en cerrarlo antes de la cumbre de presidentes APEC en Octubre de este año. La pregunta entonces ya no es solo por qué el gobierno mantiene como secreto algo que se supone beneficioso, sino también qué razones -y a cual precio- el presidente Piñera está ofreciendo cerrar este acuerdo y a sólo algunos meses de dejar el poder. Quizás, este es el momento en que debiera intervenir la política.
-Columna escrita para ONG Derechos Digitales.
Chris Hadfield es canadiense. Estaba en el espacio, a unos 400 kilómetros de la tierra. Se le ocurrió hacer una preciosa versión de Space Oddity de David Bowie.
Desde el punto de vista del derecho de autor Hadfield hizo una ejecución de una obra protegida. No contento con eso, la adaptó, fijó la interpretación en video y, por cierto, hizo copias digitales y la distribuyó y comunicó al público a través de Youtube.
Si no aplica un esquema de licencias obligatorias, cada uno de estos actos requiere permiso de los titulares respectivos a cada uno de esos derechos. A Hadfield le tomó varios meses.
Vivimos en una sociedad donde es más fácil enviar a un hombre al espacio que conseguir los derechos para cantar una canción. Kottke lo dijo perfecto.
Good article in @theeconomist. I’m very glad we were methodical and legal with David Bowie’s creation. economist.com/blogs/economis…
— Chris Hadfield (@Cmdr_Hadfield) May 24, 2013
The Obama administration is right to direct federal agencies to make public, without charge, all scientific papers reporting on research financed by the government. In a memorandum issued on Friday, John Holdren, the president’s science adviser, directed federal agencies with more than $100 million in annual research and development expenditures to develop plans for making the published results of almost all the research freely available to everyone within one year of publication.
Lo dice la editorial del New York Times.
Pero la cruel fiscal Ortiz, sean cuales fueren sus excesos de celo, dijo algo perfectamente razonable al sustentar su acusación: “Robar es robar, sea lo robado una cartera o un archivo informático y tanto si se roba con una ganzúa como con un ordenador”. Impecable. Añado: y tanto si se roba para repartirlo entre los pobres, a lo Robin Hood, como para lucrarse. Amigos y familiares de Swartz aseguran que él repetía que lo único que quería era “cambiar el mundo”. Admirable idealismo aunque en sí mismo encierra una amenaza, porque el mundo puede cambiar para mejor o para peor: nadie menos de fiar que quien cree que todo cambio es bueno por ser cambio, advirtió hace tiempo el filósofo Odo Marquard. Ahí tenemos por ejemplo a un hacker de indudable peso, Kim Dotcom, cuyo idealismo presenta más dudas que el de Aaron Swartz. Sin embargo, él también nos anuncia que su nuevo sistema de almacenamiento MEGA “cambiará el mundo”. Significativa coincidencia del gángster y el desprendido profeta. Tal parece que ambos creyeron que la transformación del mundo que viene se basa en que el robo deje de ser robo, maldita sea la fiscal Ortiz: la diferencia es que para Aaron Swartz habría de convertirse en virtud y para Kim Dotcom me temo que en vicio impune…
Así reflexiona el escritor Fernando Savater en el diario El País ante la muerte de Aaron Swartz. Le parece impecable la frase de la fiscal Ortiz.
Probablemente Aaron no murió -al menos de manera directa- producto del extraño celo de la fiscal en un caso que no reportó un solo peso de ganancia económica. Un caso donde el principal afectado por lo que Savater denomina robo, JSTOR, levantó todos los cargos contra Swartz. Pese a ello, la fiscalía siguió adelante con especial determinación.
Los problemas del derecho de autor no se acaban ni terminan con un caso judicial. Tampoco se resuelven los problemas profundos que llevan a algunas personas a tomar determinaciones lamentables. Pero por suerte hay estadios de los que, por suerte, se puede salir con más facilidad, como la ignorancia. Claro que eso requiere trabajo.

En lo que vendría a ser la única tradición de este blog en sus más de ocho años de existencia -no lo es siquiera su periodicidad- (ver 2005, 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, y 2011), les comparto los discos que más me gustaron durante este año 2012.
Un año raro en lo personal por cien mil razones, pero también para la elaboración de este listado. Como muchos de ustedes sabrán, este año junto con Boris Orellana hemos estado cada martes y jueves en Radio Zero seleccionando lo que más nos gusta de la música nueva que va profusamente y sin control apareciendo. Como resultado de esto, al día de hoy mi carpeta 2012 de iTunes cuenta con 3.447 ítems, lo que equivale a unos nueve días y medio de música ininterrumpida. Ahora, claro, la falacia clásica es pensar que la exposición a tanta música debiera ser razón suficiente para seleccionar mejor música, y no. Las canciones y los discos que se quedan en tu corazón tienen que ver más bien con momentos, con historias, lugares, olores y rincones más que con la cantidad de horas con los audífonos puestos. Acá va el mío.
Otros que me gustaron y quedaron fuera:
Ty Segall & White Fence – Hair; Patrick Wolf – Sundark and Riverlight; Kishi Bashi – 151a; Lightships – Electric Cables; Los mil jinetes – Mundo tan mal hecho.
Lo que sigue es lo que me pidieron escribir sobre lo de Jorge González -el ‘invitado sorpresa’- en el festival Primavera Fauna de la semana pasada. El texto fue publicado en Super 45 y las fotografías son de mi amigo Rodrigo Ferrari.

“Amiga mía” abrió los fuegos como de costumbre, con un público respetuoso que copó el ala oriente del recinto y con un Jorge González más conectado que nunca con un público que coreó cada momento de la presentación, pese a la inminente presentación de Pulp en el escenario contiguo. Acompañado además por Cecilia Aguayo -otra injustamente incomprendida en la historia de la banda- no hizo un ejercicio de memoria o de trivia descontextualizada, sino que conectó al público presente con un espacio creativo particular y brillante, gracias a las fórmulas probadas (“Estrechez de corazón”, “Tren al sur”), pero particularmente gracias a esos instantes tensos, que tuvieron en “Cuéntame una historia original” y “Es demasiado triste” dos de los momentos más interesantes de todo el festival.

Mientras La voz de los ochenta le disparó al pecho a la década de las zampoñas y el vino navegado, Corazones fue el canto del cisne de la banda de rock más importante que haya existido en las últimas décadas. Jorge González, vigente y en forma, de alguna manera regaló también un trozo de esos dolores que le dieron forma a Corazones. Reconciliado con ese pasado, y particularmente agradecido por la oportunidad de mostrarlo en público, González además nos llenó de guiños que de pronto explican no sólo la dimensión de un disco que sigue sonando vigente, sino la potente influencia sobre varios de los músicos que amenizaron la jornada sobre ese mismo escenario. Mostrar un disco como este se va a quedar con nosotros así como se quedan esos recuerdos borrosos de amores confusos que nos prenden las luces del camino. Como toda estrechez de corazón.

Foto de ISOC, CC: BY-NC-SA
Durante estos días estoy en el Internet Governance Forum. IGF es un foro organizado por Naciones Unidas desde 2006, donde en un formato de multistakeholders representantes de estados (más de ochenta presentes), de empresas y de organizaciones sociales discuten sobre las políticas de lo que se denomina internet governance, básicamente la forma en la que las políticas públicas y las prácticas privadas van moldeando la forma en la que usamos internet.
Un foro muy importante, con mesas de discusión en formatos abiertos y participativos. De las más de mil quinientas personas hay dos participantes chilenos y los dos somos representantes de sociedad civil.
Pese que el gobierno de Chile ha tenido un discurso agresivo en torno a sus políticas digitales, la realidad ha mostrado unos pasos más bien sinuosos y confusos respecto de sus políticas de internet sin tener -aún- siquiera un único interlocutor cuando se trata de políticas en internet. Lo que lo hace más grave, con una “agenda digital” extremadamente ambiciosa y concentrada en la generación de servicios y en un rol del Estado vertical hacia el ciudadano, como un proveedor de servicios, antes que un articulador de internet como una herramienta para el desarrollo de derechos humanos. Como si se tratara de un acto fallido, y salvo los esfuerzos de MINSEGPRES, en la web de SUBTEL no es posible encontrar mucha información y el sitio web de la Estrategia Digital está “en mantención” (!) desde hace meses.
La ausencia de Chile en IGF es una consecuencia de dos elementos. Primero, de la confusa estructura de las políticas digitales en Chile (¿depende de MINSEGPRES? ¿De Subtel?) donde ciertamente no hay una autoridad hacia la cual exigir accountability de este tipo de asuntos. Segundo, de la existencia de una «Agenda Digital del silencio», donde no hay plan alguno que pretenda desarrollar políticas públicas que apunten a potenciar las nuevas tecnologías como una herramienta para el desarrollo de derechos. El respetuoso silencio que han tenido las dos agencias respecto del proyecto de ley de datos personales que se tramita en el Congreso y la inexistente información que SUBTEL ha entregado respecto de la posición de Chile en WCIT en Dubai no hacen sino reforzar la idea de la Agenda del silencio. Claro, los derechos nunca han servido para cortar cintas.
El show de Jorge González, además, sirve para ponerlo en contexto. Con la actualidad de sus canciones, y lo que entrega sobre el escenario, pareciera implícitamente reconocer también que su lugar en nuestra música popular es formar parte de un caudal que avanza junto a él; no como un tótem observando desde la orilla lo que sucede a la distancia. Probablemente es ello lo que explica el inesperado homenaje a Javiera Mena en una preciosa versión desnuda de “Esquemas juveniles”, hacia el final del show.
(Parte de la reseña del concierto de Jorge González el martes 30 de Octubre de 2012). La foto es de Rodrigo Ferrari.